49 Festival Internacional de Cinema Fantástic de Catalunya – SITGES

Del 7 al 16 de octubre tuvo lugar la 49 edición del Festival Internacional de Cinema Fantástic de Catalunya – SITGES. Durante diez días la población costera barcelonesa vistió sus mejores galas para convertirse, un año más, en el epicentro mundial del cine fantástico, ofreciendo un perfecto escaparate en el que tomar el pulso a la última hornada de producción genérica gracias al centenar largo de títulos proyectados en sus cinco sedes y repartidos entre sus diferentes secciones. Ante la imposibilidad material de comentar todos los films proyectados, a continuación presentamos una selección representativa a través de la cual pretendemos ofrecer nuestra personal visión de lo que fue el certamen y de las realidades que en él se vivieron.

LAS GALARDONADAS

GRAVE –CRUDO- (Julia Ducournau, 2016)

Si a número de galardones se refiere, la gran triunfadora de esta 49 edición del festival de Sitges fue Grave, ópera prima en el formato largo de la cineasta Julia Ducournau. Para ella sería el Citizen Kane a la mejor dirección novel, además del premio del Jurat Carnet Jove y el Méliès d’Argent a la mejor película europea. Excesivos reconocimientos para un film que llegaba precedido por los supuestos desmayos registrados durante sus pases en Toronto y Cannes ante la dureza de sus imágenes, si bien lejos de lo que cabría esperar a tenor de estos antecedentes su nivel de grafismo resulta bastante limitado, pudiendo contarse con los dedos de una mano aquellas escenas con contenido gore.

En lo que a sus resultados se refiere, esta fábula sobre el tránsito de la adolescencia a la madurez y los radicales cambios sociales, biológicos y de todo tipo que acompañan a esta etapa de profundas transformaciones se ven lastrados por las mal asimiladas ínfulas autorales que se gasta la realización de Ducuornau, representada por la inclusión de esas teóricamente alegóricas imágenes de un caballo trotando que poco aportan a lo narrado. Lo mismo ocurre con su labor al frente de la escritura de un libreto en el que toda coherencia interna es sacrificada en pos de la articulación de su discurso. Entre los muchos ejemplos que se podrían citar a este respecto, nos pararemos en la revelación que le hace su padre a la protagonista en la escena final. ¿Es que esa familia nunca había ido a la playa, por poner un caso, como para que la aspirante a veterinaria no hubiera visto nunca desnudo el torso de su progenitor? Eso, por no hablar del reaccionario mensaje en contra del vegetarianismo que puede extraerse de su argumento, y en el que pocos parecen haber reparado, al presentar a sus practicantes como una panda de fundamentalistas que coartan sus verdaderos impulsos naturales.

TRAIN TO BUSAN (Yeon Sang-ho, 2016)

Ya es casi una tradición en los últimos años que la cinematografía surcoreana se lleve alguna recompensa en forma de premio en su paso por Sitges. Nada raro en vista del extraordinario nivel que atesora y que en esta edición quedó expuesto en tres exponentes tan diferentes entre sí a todos los niveles como El extraño (The Wailing), del ya galardonado en Sitges por su anterior The Chaser, Na Hong-jin, lo nuevo del responsable de Oldboy, Park Chan-wook, con la muy singular The Handmaiden y Train to Busan, con la que el hasta ahora cineasta especializado en cine de animación Yeon Sang-ho ha hecho su debut en el cine de imagen real. Las tres formarían parte del palmarés de Sitges 2016. The Handmaiden se llevó el siempre democrático premio del público, el galardón a la mejor fotografía recompensaría la labor de Hong Kyung-pyo en El extraño (The Wailing), ganadora también de la sección “Focus Asia”, mientras que Train to Busan se alzaría con los premios a los mejores efectos especiales y a la mejor dirección.

Fiel representante de la concepción de blockbuster de aquella industria, Train to Busan ofrece un apocalipsis zombi enclaustrado en el interior de un tren, brindando un trabajo que destaca por su rara capacidad para aunar tensión narrativa, reflexión humanista y un envidiable manejo de diferentes tonos y registros narrativos de tal modo que consigue que se pasen por alto su tendencia al sentimentalismo melodramático más pretendidamente lacrimógeno y un discurso un tanto reaccionario en favor de la familia, por otra parte típico del cine comercial surcoreano. En todo caso, el plato fuerte de la película son, por supuseto, las escenas de zombis. En este sentido, cabe referir que se trata de la modalidad de “infectados”, que muerden masivamente, pero no existe gore en las escenas, y lo que más se ve son los maquillajes aparatosos, con venas azuladas en el rostro y ojos de pescado muerto. Una vez se desata la primera actividad zombi en el tren, es un no parar hasta el final. La película dura casi dos horas, pero el viaje se hace rápido, la acción es trepidante y la cinta resulta sumamente divertida.

I AM NOT A SERIAL KILLER (Billy O’Brien, 2015)

Una de las más agradables sorpresas que nos dejó esta edición fue, sin duda, I Am Not A Serial Killer, premio a la mejor película dentro de la sección “Panorama Fantástic”. Buena parte de su mérito se halla sustanciado en la original aproximación a la figura del asesino en serie que realiza por medio del retrato de su protagonista, John, un joven sociópata diagnosticado que, aunque obsesionado por las andanzas de los serial killers, intenta no convertirse en uno de ellos. En su primera parte, la película se sumerge con rara habilidad en la psicología y lucha interna que libra el personaje, adoptando las formas de un drama adolescente presidido por un negrísimo sentido del humor, que evoluciona a algo completamente distinto una vez John se sitúe ante su propio espejo con la aparición de un asesino en serie en la pequeña comunidad en la que reside. A partir de este momento se inicia un particular juego del gato y el ratón ente sociópata y asesino, en el que no es difícil ver un reflejo de la atracción/repulsión que la figura de los asesinos en serie ejerce en la sociedad estadounidense, dentro de un discurso rico en contenidos.

Tomando como base la novela homónima de Dan Wells, el irlandés Billy O’Brien firma así el que es su mejor y más ambicioso trabajo, abandonando los esquemas del cine de género más convencional que había venido abonando hasta la fecha para abrazar el tono y la estética de cierto cine indie actual, apostando por un desarrollo sobrio y contenido que solo es roto durante el desenlace, por medio de un innecesario giro hacia lo fantástico, en el que se explicita aquello que quedaba mejor en el plano metafórico. A destacar el trabajo de sus dos protagonistas, Max Records como el sociópata protagonista y un inmenso Christopher Lloyd en su papel de inhumano asesino en serie octogenario.

PET (Carlos Torrens, 2016)

Cinco años después de dar el salto con Emergo, lapso de tiempo en el que ha dirigido varios cortos, entre los que se encuentra el extraordinario Sequence, Carles Torrens regresa al formato largo con Pet, una pieza de cámara desarrollada básicamente con unos pocos actores y dos localizaciones. Y aunque sus resultados no estén exentos de virtudes, singularizadas por la interpretación de su pareja protagonista, formada por Ksenia Solo y Dominic Monagham, recordado mayormente por su papel de Merry en la saga de El señor de los anillos, este thriller sobre relaciones enfermizas queda muy por debajo de lo que cabría esperar. Potencial, al menos, había para ello.

No se puede negar que Torrens se afana en proveer al conjunto de una factura formal a la altura de cualquier producción homónima hollywoodiense realizada con mayores medios. Pero, precisamente, ahí radica uno de los problemas: la pulcritud de una puesta en escena que contrasta con un argumento que, por sus propias características, pedía a gritos un tratamiento mucho más turbio en el plano visual. Por otra parte, tampoco se libra de caer en molestos subrayados que ponen en duda su confianza sobre sus capacidades narrativas (o en la inteligencia del espectador). Aunque quizás el aspecto más reprobable resida en el galardonado guion de Jeremy Slatter, responsable de los libretos de The Lazarus Effect o la última versión de Los 4 Fantásticos, en el que todo es confiado al impacto de sus efectivos giros, sin que parezca importar los muchos cabos sueltos e interrogantes que se acumulan por el camino. Una circunstancia que, dicho sea de paso, hace especialmente sorprendente la elección del jurado de nombrarle el mejor libreto de todas las participantes dentro de la Sección Oficial.

THE NEON DEMON (Nicolas Wanding Refn, 2016)

Por mucho que se alzara con el premio José Luis Guarner otorgado por el jurado de la crítica, The Neon Demon evidenció la preocupante deriva en la que se encuentra inmerso su director, Nicolas Wanding Refn, quien, por cierto, finalmente no pudo estar en Sitges como en un principio se había anunciado. Ambientada en el mundo de la moda, el cineasta danés confía todo el potencial de The Neon Demon en una estética en verdad preciosista que, no obstante, le asemeja a un anuncio de colonias antes que a una obra cinematográfica, como ejemplifica el modo en el que descuida sus aspectos puramente narrativos. Y no solo por lo inconexo de su argumento, quién sabe si en un intento de añadir una impostada densidad a una trama de lo más simple; es que lo que expone ya ha sido contado antes muchas veces y, además, de forma mucho más convincente. Para los interesados en el tema recomendamos el visionado de una película vista en el certamen hace un par de años y que, injustamente, pasó bastante desapercibida. Me refiero a la mucho más conseguida Starry Eyes, algo así como la otra cara de la moneda del film de director de Drive, cambiando el mundo de la moda por el de la industria cinematográfica.

IT STAINS THE SAND RED (Colin Miniham, 2016)

El premio de “Midnight X-Treme”, la sección dedicada a las propuestas más salvajes y gamberras y, ¿por qué no decirlo?, con un mayor espíritu de Serie B, fue a parar a It Stains the Sand Red, un título del que podemos decir que va de más a menos. Y es que la película del anteriormente integrante de los denominados The Vicious Brother, Colin Miniham, padece lo que podríamos denominar “el síndrome del corto alargado”. Partiendo de un planteamiento minimalista, Miniham consigue el difícil reto de despertar el interés del espectador gracias a su humor gamberro por las andanzas de una stripper perseguida por la inmensidad del desierto de Nevada por un zombi. Sin embargo, todo se viene abajo una vez toca desarrollar la narración más allá de esta premisa, y lo que hasta entonces era una propuesta valiente y arriesgada se acaba convirtiendo en un lacrimógeno melodrama con su protagonista transformada en una madre coraje que desemboca en un acto final que se antoja, literalmente, un pegote añadido procedente de otra película distinta.

YOUR NAME (Makoto Shinkai, 2016)

El premio a la mejor película de la especializada sección “Anima’t” fue para el nuevo trabajo de uno de los nombres propios del cine animado japonés actual, Makoto Shinkai, por el anime Your Name, declarada por muchos una obra maestra. Y si bien no será un servidor quien le niegue sus atributos, está lejos de tratarse de esa maravilla que los exagerados de siempre han corrido en declarar. Sus valores saltan a la vista, cierto. Su apartado visual es sencillamente apabullante, con mención especial para el magnífico uso de la luz y los colores que compone una fotografía que realza aún más la excelencia de su animación, reflejado en el detallismo del que hace gala su puesta en escena. Por otra parte, Shinaki da muestra de sus habilidades como narrador para, casi sin que nos demos cuenta, evolucionar de una forma orgánica su historia sobre intercambio de cuerpos desde la comedia amable en la que se enmarcan sus primeros compases hasta el drama y la tragedia, sin que en ningún momento los cambios de tono chirríen.

Pero aun siendo un título notable, frente a estas virtudes también se alzan un puñado de puntos negros. Evidenciando su lugar de procedencia, algunos de sus pasajes, significativamente los más relevantes, son desarrollados de una forma por momentos un tanto confusa, mientras que su tramo final está a todas luces dilatado en exceso, incluyendo varios finales que dan la sensación de ser un pegote añadido a lo anterior. Del mismo modo, sus responsables no logran disimular la comercialidad con la que está encarado el proyecto, patente en las numerosas canciones pop que trufan su metraje, sin olvidar lo que, en la opinión de quien esto escribe, se erige en su principal defecto: el tono sensiblero y azucarado bajo el que discurre la narración, y que provoca que algunos seamos incapaces de entrar en su propuesta.

Por cierto que en su metraje puede rastrearse las cicatrices dejadas en la sociedad nipona por el accidente de Fukushima, en especial la desconfianza ante la administración y las clases dirigentes, dentro de un conjunto que confronta la tradición propia del Japón rural con la modernidad del Japón urbanita, representados a través de cada uno de sus personajes principales. Una tendencia detectables en otros exponentes proyectados durante el certamen procedentes del país del Sol naciente, como ahora veremos.

THE GIRL WITH ALL THE GIFTS (Colm McCarthy, 2016)

Pese a ser una co-producción entre el Reino Unido y los Estados Unidos, la película tiene un sabor genuinamente británico, recordando mucho a otras cintas de ciencia ficción procedentes de esas latitudes. Además, destila un sabor que también remite a la obra literaria de un escritor –británico– tan estimulante como es John Wyndham. Y el arranque es muy similar al de la estupenda película Hammer Estos son los condenados (The Damned, 1963), de Joseph Losey.

Hasta cierto momento Melanie podría parecer una más del montón, pero el film aporta dos elementos muy interesantes: por un lado, su peculiar perfil de personajes, muy británico, donde destaca esa niña zombi tan espabilada, algo resabidilla también, muy educada sobre todo, salvo cuando decide dejar a un lado los modales culinarios. Y por otro, la muy atractiva mitología zombi que crea, aportando a los infectados una gradación mutante, donde existen etapas distintas donde la conocida es solo la primera de ellas, transformándose de un modo paulatino en otra cosa…

Colm McCarthy, el realizador, demuestra ser un artista con personalidad, con un punto de vista para los detalles peculiares, que sabe dotar a la narración de un tempo sereno pero intenso. Y también muestra ser un director de actores capacitado, donde el plantel protagonista alcanza un excelente nivel, destacando el trabajo de la actriz infantil Sennia Nanua, en un cometido nada fácil, y que justamente fue recompensada en el festival con el premio a la mejor interpretación femenina. Aunque suene a tópico y algo exclusivista, The Girl with All the Gifts es algo más que “una de zombis”, y de hecho puede ser uno de los títulos más estimulantes del fantástico de este año. Carlos Díaz Maroto

OTROS TÍTULOS

SEOUL STATION (Yeon Sang-ho, 2016)

Dentro también de la sección “Oficial Fantàstic Competición” pudo verse la anterior cinta del flamante ganador al premio al mejor director por Train Busan, Yeon Sang-ho; la animada Seoul Station, considerada por muchos como la precuela de la aquella. ¿Los motivos? Aparte de su idéntico director, tal creencia se sustenta en su exacta estructura e hilo argumental, con los esfuerzos de una familia para reunirse en medio de un apocalipsis zombi, pero, sobre todo, por narrar lo que en la película de imagen real queda en off visual: el origen de la infección.

Las diferencias entre una y otra, así las cosas, se encuentran en el cambio del marco de acción de un espacio cerrado como es un tren en marcha por el mucho más abierto de las calles de la capital de Corea del Sur, y la sustitución del tono melodramático que subyace en Train to Busan por un patente componente de crítica social, no obstante también presente aunque en menor medida en aquélla, mediante el cual se recuperan las connotaciones metafóricas del personaje del zombi/infectado para hablar, entre otros temas, del egoísmo y la individualidad propias de la sociedad moderna, en la que todos, en mayor o menor medida, solo nos guiamos por nuestro interés, sin preocuparnos en las consecuencias que puedan tener en los demás, dentro de un planteamiento que es plasmado por el nihilismo que desprende su desenlace.

En cualquier caso, la ausencia de una conexión argumental clara hace que, antes que una precuela, Seoul Station deba verse como una suerte de borrador en bruto con el que Sang-Ho ensaya una serie de elementos narrativos y argumentales que acaban cristalizando en la realización de su muy superior hermana mayor.

COLOSSAL (Nacho Vigalondo, 2016)

No cabe duda de que Colossal es una película un tanto diferente. Lo cual no significa que, necesariamente por ello, sea buena. Podría decirse que en ella coexisten dos filmes simultáneos: una tragicomedia indie y una cinta de monstruos, que se alimentan una de la otra y viceversa. En el aspecto de comedia indie que paulatinamente va adquiriendo matices más trágicos existen muchos referentes en un tono similar, con el personaje regresando a su población de origen, y viendo cómo todo ha cambiado y ese personaje intenta integrarse en un mundo al cual ya es ajeno. Este tipo de películas suele mostrar una trama en apariencia inexistente, con diálogos diríase casuales, pero muy bien pensados, que paulatinamente van forjando a los personajes y sus relaciones.

Colossal intenta tirar un tanto por ahí… pero no lo consigue. Los diálogos supuestamente pueriles son, en realidad, totalmente pueriles. Hay momentos, por supuesto, destinados a desarrollar los personajes e imbricarlos entre sí… Pero en muchas, demasiadas ocasiones, todo se basa en diálogos baladíes, un intento de hacer interactuar a los personajes sin ningún otro objetivo, sin crear un todo homogéneo en el cual a cada circunstancia haya una consecución narrativa global. Además, la variedad de tonos que van apareciendo carecen de una ilación homogénea, y esos saltos sin red en el guion arrostran que el film se la pegue, y el espectador quede desconectado por la sucesión de desvaríos incoherentes que se suceden.

Otro tema sería el de los agujeros de guion, o el “todo pasa porque sí”, tan habitual, por otro lado, en la filmografía de Vigalondo. Pese al tono ligero y sin pretensiones del conjunto, cuesta trabajo hallar cohesión a la globalidad del film. Y si en el aspecto del guion el resultado es tan deslavazado, la puesta en escena tampoco resulta demasiado brillante, adquiriendo más modales de sitcom que de otra cosa. La primera aparición del kaiju, por lo demás, se ofrece en un plano frontal, que lo hace semejar lo que es: un señor disfrazado paseando entre maquetas; un leve encuadre en contrapicado hubiera resaltado la magnificencia de la criatura y habría otorgado mayor veracidad. En realidad, toda la película está planificada así, a base de planos frontales y fríos, que exponen a los personajes al desnudo, sin que el lenguaje cinematográfico procure otra cosa que ilustrar, antes que describir. Así, los actores son los únicos que pueden otorgar algo de sinceridad a los resultados, y ahí Vigalondo ha mostrado un gran tino en la elección, pues todo ellos ceden una credibilidad de la que el resto del film carece. Carlos Díaz Maroto

31 (Rob Zombie, 2016)

Dentro de una edición plagada de visitas de personalidades ilustres del género fantástico, una de las que más expectación creó entre los aficionados fue la de Rob Zombie y su inseparable musa y esposa en la vida real Sheri Moon para presentar el que ha supuesto el retorno a la dirección de Zombie cuatro años después de la polémica The Lords of Salem. Quizás de estar parcialmente financiada mediante crowfounding, el polifacético artista ofrece en 31 un producto que diríase ideado, única y exclusivamente, para satisfacer a la sorprendentemente amplia legión de seguidores que el otrora líder de White Zombie ha acumulado en su paso al séptimo arte.

Carente de cualquier atisbo de evolución o innovación, Zombie ofrece un nuevo catálogo de las obsesiones y referencias visuales y estéticas que se han convertido en sello distintivo de su cine a lo largo de su filmografía. Nada que objetar si no fuera porque tras ello poco más hay que llevarse a la boca, con la excepción del carismático personaje de Doom-Head y sus diálogos. Resulta muy sintomático en este sentido que 31 tome su título del macabro juego de caza del hombre que articula su metraje. Sobre todo teniendo en cuenta que tan escueta premisa es todo el argumento que acumula un conjunto cuyo desarrollo queda así limitado a un continuo “corre que te pillo”, sin que tampoco existan personajes que puedan aportar algo de colorido, más allá del referido Doom-Head. Para colmo de males, no acaba aquí la cosa, ya que ni siquiera reduciendo la propuesta a la mera condición de splatter sanguinolento logra salir mejor parado, en gran medida por culpa de una cámara temblorosa que no permite apreciar lo que acontece en pantalla durante las escenas violentas.

BEYOND THE GATES (Jackson Stewart, 2016)

Zombie a un lado, entre las distintas personalidades que visitaron Sitges durante esta edición fueron varios los nombres asociados al cine fantástico realizado en la década de los ochenta. Así, Don Coscarelli presentaría la nueva versión remasterizada en 4K de su emblemática Phantasma, junto a la nueva entrega de la saga, Phantasma; Ravager, Brian Yuzna formaría parte del jurado, mientras que una actriz vinculada a este, Barbara Crampton, recibiría la honorífica Máquina del tiempo. Además de recoger el galardón como reconocimiento a su trayectoria, la norteamericana aprovecharía su estancia en el certamen para presentar uno de sus nuevos trabajos, Beyond the Gates, film que ha producido y en el que interpreta uno de los personajes principales.

Encuadrada dentro de la corriente actual de cine de terror que mira a la producción de los años ochenta, supone la ópera prima de Jackson Stewart, antiguo ayudante, para más inri, de Stuart Gordon, compartiendo parte de su elenco con el de otro director tan característico del presente revival como Joe Begos, comenzando por el protagonismo del actor fetiche de este, Graham Skipper. Pese a estas conexiones, el tratamiento de Stewart difiere mucho del de su colega y amigo, apostando por un acercamiento menos referencial, por más que, simplificando, pueda definirse su contenido como la versión adulta de Jumanji, y más basado en la atmósfera y el tono. Acreedor de no pocos momentos de splatter-gore, el debutante cineasta no confia todo el potencial en su poderío sanguinoliento, mostrando una preocupación por desarrollar el conflicto personal que arrastran sus personajes, sin por ello descuidar sus componentes más genuinamente genéricos, lo que se traduce en una agradecida muestra de Serie B, tan simpática como eficiente.

SWEET, SWEET LONELY GIRL (A D Calvo, 2016)

En un registro totalmente distinto a la actual corriente del revival por el cine fantástico de otras décadas que pudieron representar films como la mencionada Beyond the Gates, o The Void, atmosférico y vigoroso pastiche que entremezcla motivos del primer John Carpenter con el Hellraiser de Clive Barker, el nihilismo gore de Lucio Fulci y la literatura de H. P. Lovecraft, el cineasta de origen argentino A. D. Calvo ofrece con Sweet, Sweet Lonely Girl una historia de fantasmas cíclica de estética retro que mira al universo lésbico propio de la etapa inglesa de José Ramón Larraz. Con ella comparte la creación de un entorno cerrado y poblado por escasos personajes llenos de secretos, el tono intimista y hasta cierto punto melancólico, y una ambientación (neo)gótica, por más que el erotismo mórbido inherente al estilo del catalán sea aquí eludido a favor de una mayor atención al conflicto dramático de los personajes.

Las similitudes alcanzan incluso a la tipología física de sus dos actrices principales, y muy especialmente en el caso de Erin Wilhelmi, cuyo parecido con Angela Pleasence, la protagonista de Síntomas, es notorio, y son continuadas por la presencia de varios planos que diríanse sacados del que quizás sea el título más emblemático de Larraz, Las hijas de Drácula, brindando en cualquier caso un film de lo más estimable.

WORRY DOLLS (Padraig Reynolds, 2016)

Encuadrada dentro de la sección “Midnight X-Treme”, sobre el papel no le faltaban elementos de interés a esta Worry Dolls, al proponer un original acercamiento al manoseado subgénero de las posesiones malignas, utilizando para ello un ingrediente tan poco tratado como son las muñecas quitapenas del folclore guatemalteco, a lo que hay que añadir la idea, finalmente desaprovechada, de que todos los que son poseídos por el espíritu que mora en las muñecas a lo largo del metraje atraviesen problemas personales.

Sin embargo, todos estos ingredientes son malogrados por un tratamiento típico y tópico plagado de situaciones risibles, al que tampoco ayuda una cuestionable dirección de actores. En el descargo del film habrá que decir que, al menos, está llevado con buen ritmo y el contenido gráfico de las diferentes muertes que se suceden en su historia resulta bastante explícito dentro de lo que cabe. Algo es algo.

LAKE BODOM (Taneli Mustonen, 2016)

Según informa un oportuno letrero durante sus primeros compases, el argumento de la finlandesa Lake Bodom se basa en un episodio de crónica negra ocurrida en su país natal durante la década de los sesenta. En concreto, unos misteriosos crímenes nunca resueltos y que acaecieron en las proximidades del lugar que le da título. Sin embargo, el partir de estos supuestos hechos reales no evita que la configuración del producto, claramente dirigido al público veinteañero, responda a los arquetipos del más prototípico slasher que uno pueda imaginarse, con un grupo de jovencitos de acampada en medio del bosque durante un fin de semana. Por si aún hubiera dudas al respecto, la sucesión de los acontecimientos lo deja bien claro. Una vez dos de los adolescentes se aparten del resto del grupo para mantener un encuentro amoroso hará acto de presencia un misterioso matarife que pagará el sexo con muerte.

En vista de lo expuesto, parece fácil adivinar por dónde van a ir los tiros en adelante. Quizás por ello, llegado el momento sus responsables optan por intentar dar una novedosa vuelta de tuerca al modelo. El problema es que para ello no se les ocurre mejor cosa que promover una trama que acusa las consecuencias propias de un delirante desarrollo basado en los cíclicos y tramposos giros dispuestos por un guion que, en su intento por sorprender al espectador, lo único que consigue es saltar por los aires cualquier atisbo de verosimilitud que pudiera existir en lo narrado, circunstancia esta que no deja de ser paradójica viniendo de una cinta que publicita el basarse en hechos reales.

SHIN GODZILLA (Hideaki Anno & Shinji Higuchi, 2016)

Para quien esto escribe no dejó de ser sorprendente lo desapercibido que pasó en Sitges la programación de Shin Godzilla, el esperado regreso del indiscutible rey del kaiju eiga de la mano de su productora original, la Toho, doce años después de la anterior entrega de la franquicia, Godzilla Wars. Puede que en ello no fuera ajeno el perfil de un un film sorprendentemente político en el que afloran, y de qué forma, las heridas abiertas en la sociedad nipona a raíz del accidente nuclear de Fukushima que tuvo al mundo en vilo durante marzo de 2011. Para tal objeto, sus responsables recuperan el carácter alegórico con el que su monstruosa criatura nació en la seminal Japón bajo el terror del monstruo. Si en aquella ocasión Godzilla representaba la amenaza del poder nuclear, con Hiroshima y Nagasaki en la memoria, en esta ocasión simboliza el desastre natural que azotara Fukushima con los efectos colaterales por todos conocidos, lo cual es empleado para articular una contundente crítica con el exceso de burocracia y falta de reacción de los estamentos gubernamentales a la hora de plantar cara a la amenaza que supone Godzilla, reflejando de algún modo el sentir del pueblo japonés ante la forma en la que su gobierno gestionó en la vida real el aludido incidente, al tiempo que apela a la identidad nacional japonesa.

La potenciación del elemento discursivo por encima de la acción propiamente dicha, propicia que las apariciones de Godzilla queden relegadas a un segundo plano dentro del desarrollo de la trama, lo que no quita para que su concurso sea solventado por medio de unos espectaculares efectos especiales en los que, por primera vez en la historia de la franquicia, no se ha utilizado la tradicional técnica tokusatsu, es decir, el que el monstruo fuera interpretado por un actor disfrazado. El responsable de esta decisión que, a buen seguro, está llamada a marcar un punto de inflexión en los cánones estéticos de la saga, ha sido Shinji Higuchi, autor del reciente díptico en imagen real de Ataque a los titanes, que, tras haber intervenido como técnico de efectos en anteriores entregas, aquí se ha encargado de su supervisión, además de ser el codirector de la película junto a Hideaki Anno, muy popular entre los aficionados al anime por su trabajo al frente de la serie Evangelion, y que a su vez se ha encargado del  guion.

SADAKO VS KAYAKO (Kôji Shiraishi, 2016)

Junto con la ya referida Shin Godzilla, esta edición de Sitges también brindó la oportunidad de visionar el otro estreno de la temporada más mediático del fantástico nipón con el pase Sadako Vs Kayako, y su intento por seguir exprimiendo lo que aún pueda dar de sí el cada vez más moribundo filón del J-Horror mediante la unión de las que quizás sean dos de las sagas más importantes y prolíficas de la corriente: The Ring y La maldición. Nacido a raíz de un video viral lanzado como una broma, el encargado de dar forma a este proyecto ha sido Kôji Shiraishi, cineasta afín al género entre cuya filmografía destaca Grotesque / Gurotesuku (2009), film que en su momento levantaría cierta polémica debido a la explicitud y sadismo de sus imágenes, siendo prohibido en varios países europeos, entre ellos el Reino Unido.

Pero a pesar de las ansias renovadoras con las que su director y guionista ha manifestado en varias oportunidades con las que afrontó la película, lo cierto es que su trabajo no pasa de formulario. A grandes rasgos, el grueso de la película se sustenta sobre dos tramas paralelas cada una de las cuales remite a cada una de las franquicias en las que se basa y que no confluyen hasta los últimos compases, en el que se produce el anunciado enfrentamiento entre Sadako y Kayako, por el que, no obstante, pese a su teórico protagonismo, en realidad se pasa bastante de puntillas. Shiraishi entrega así un producto del todo intrascendente que no aporta nada a las dos sagas en las que se basa más allá de su mera condición de crossover. No obstante, gracias a su dignidad formal consigue, al menos, lograr el consuelo de alcanzar el aprobado. Algo es algo.

ARRIVAL (Denis Villeneuve, 2016)

La sesión sorpresa del festival fue lo último del sugerente Denis Villeneuve, Arrival, adaptación de la novela corta “La historia de tu vida” de Ted Chiang. Como novela corta que aquélla era, mucho de lo que quedaba implícito ha de desarrollarse de modo explícito, para alcanzar un metraje estándar, y ello va en beneficio de la narración. De esa manera, la arribada de los extraterrestres se plantea desde su inicio, y vemos a Louise en su trabajo tradicional. De ese modo, vamos entrando poco a poco, de mano de la protagonista, en el portento que acontece; mientras que en el libro Chiang, como narrador, iba por delante del lector, gracias a su modo distante y frío, aquí guionista y director nos permiten ir entrando en la historia y su personaje protagonista, ambos igualmente cautivantes.

Es curioso cómo las alternancias entre el proceso de desentrañamiento del lenguaje de los heptápodos y la rememoración de esa conversación entre madre e hija –o monólogo de la madre hacia la hija– se ven plasmadas de un modo tan cinematográfico. Sin embargo, lo mejor es esa unidad que ofrece el film en su totalidad, con un tono intimista perenne en ambas partes, focalizando la narración por medio de dos elementos como, por un lado, es la abundancia de primeros planos de Amy Adams –soberbia, sensacional– y, por otro, el uso del desenfoque como elemento expresivo: muchas de las imágenes se hallan fuera de foco; ello, en lugar de resultar negativo, como en tantas otras películas, aquí su empleo procede de una elección consciente, destinada a aislar al personaje protagonista, para indagar en ella y sus recuerdos o reflexiones. Carlos Díaz Maroto

DESIERTO (Jonás Cuarón, 2015)

Casi diez años después de debutar en el formato largo, el hijo de Alfonso Cuarón, Jonás, vuelve a sentarse en la silla de director con este film en el que trata el tema de la inmigración ilegal proveniente de México en los Estados Unidos, por medio de los pasos de un grupo de espaldas mojadas que son descubiertos mientras atraviesan la frontera por un enloquecido vecino del norte que comienza a darles caza de forma inmisericorde.

Viniendo de un cineasta mexicano que ha desarrollado parte de su trayectoria en los States, lo más lógico sería pensar que tras este premisa su responsable no dejaría pasar la oportunidad para incidir en este drama. Y si bien algo hay, el producto resultante se encuadra dentro de los márgenes de los films centrados en la caza del hombre por el hombre. De este modo, presentada su situación de partida, el grueso del metraje se centra en el juego del gato y el ratón que se establece entre el cazador y su(s) presa(s), a través de un desarrollo esquemático y minimalista en lo moral y psicológico, y previsible en su progresión dramática.

Todo el potencial de la propuesta queda así confiado a la pericia de la realización de su principal responsable, siendo en este apartado donde el film brilla con luz propia. Haciendo gala de un sorprendente oficio teniendo en cuenta su escasa filmografía, el pequeño de los Cuarón se desmarca con un ejercicio de estilo, articulando un thriller extremadamente físico que destaca por el vigor y la intensidad de una puesta en escena en el que el cansancio se palpa, los tiros ensordecen y cada golpe se siente casi como si impactara en la piel propia.

Visto desde esta perspectiva, pocos peros pueden ponerse a Desierto, erigiéndose en un competente y apreciable exponente genérico. Sin embargo, ello no quita para que la valoración de sus resultados deje un sabor agridulce. Y es que, teniendo en cuenta todo el potencial que sobre el papel poseía el componente político que le brinda su premisa, uno no deja de echar de menos una mayor profundización en este aspecto, en lugar de desdeñar su aparato discursivo en favor de un tratamiento más acomodaticio y formulario, teniendo la sensación de encontrarnos ante un producto un tanto desperdiciado.

IKARIE XB-1 (Jindrich Polák, 1963)

Bajo el nombre “Red Planet Marx”, la retrospectiva de este año estuvo dedicada al cine de ciencia ficción rodado en Europa del Este durante el régimen comunista. Acompañado por la publicación del perceptivo libro complementario, el ciclo brindó la oportunidad de visionar auténticas gemas del estilo, por lo general de muy difícil acceso. De entre los títulos programados, uno de los más interesantes fue Ikarie XB-1, film checoslovaco de 1963 que fue proyectado en una nueva copia restaurada en 4K y estrenada durante el pasado Festival de Cannes, que puede considerarse poco menos que el eslabón perdido en la evolución de la ciencia ficción moderna. No en vano, durante su visionado no es muy difícil percibir la influencia que sus imágenes en títulos de la popularidad y trascendencia de Star Trek, 2001: una odisea del espacio, Solaris o Alien, el octavo pasajero.

Caracterizado por un impresionante diseño de producción magnificado por su fotografía en blanco y negro en formato superscope, su historia narra la expedición de la nave que le da título hasta la constelación de Alfa Centauri, donde esperan contactar con formas de vida extraterrestre. Pese a lo que se pudiera deducir de esta premisa, en lugar de los aspectos más espectaculares de la aventura espacial propiamente dicha, como ocurriría en una película norteamericana, la narración fija su mirada en la cotidianidad de la vida de sus tripulantes en la nave y la evolución psicológica que experimentan progresivamente a causa del prolongado tiempo de reclusión alejados de su hogar y los suyos. Este planteamiento eminentemente humanista no quita para que durante la segunda mitad del metraje se de cabida a dos episodios de corte aventurero que destacan por su manejo de la tensión y el suspense. Un film, en definitiva, a recuperar y reivindicar, que anima a proseguir indagando en la producción genérica producida en la época comunista al otro lado del telón de acero.

José Luis Salvador Estébenez

 

Published in: on noviembre 18, 2016 at 7:42 pm  Dejar un comentario  
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