Las fábulas mecánicas. Guillermo del Toro

Título: Las fábulas mecánicas. Guillermo del Toro

Autores: Juan A. Pedrero Santos, Tonio L. Alarcón, Rubén Higueras Flores, Carlos Díaz Maroto, Tomás Fernández Valentí, José Luis Salvador Estébenez, Adrián Sánchez, Javier G. Romero, Diego Salgado

Editorial: Calamar Ediciones

Datos técnicos: 250 páginas (Madrid, septiembre de 2016)

“… un crítico, que en teoría ilumina el quehacer del cine,  sí creo que necesita saber un poco de contexto, dónde se sitúa la obra dentro de la filmografía de quien la hace. Necesita todo lo que pueda saber acerca del contexto, y ello le servirá de apoyo y de referencia.” 

Guillermo Del Toro

Dentro de veinticinco, cincuenta ó cien años lo tendrán realmente fácil aquellos estudiosos del medio que quieran conocer el estado de la crítica cinematográfica patria de este 2016 que ya se acaba: no tendrán que perder tiempo ni emplear esfuerzo alguno investigando en polvorientas hemerotecas, o navegar por blogs de cine como éste que además, y para esas fechas, lo más probable es que ya hayan sido borrados de la (inter)faz de internet. Gracias a libros de naturaleza colectiva como el presente, o como otros que tanto proliferan últimamente en el mercado editorial español, el historiador del mañana contará con la posibilidad de tener compilados en un sólo volumen todo un catálogo de reseñas que representarán en su variedad lo bueno, lo malo y lo peor del ejercicio del análisis cinéfilo actual.

Tras un prólogo escrito por Santiago Segura (bastante menos horrible de lo que cabría esperar) y un perfil de Del Toro a cargo de Juan A. Pedrero Santos,  coordinador asimismo de todo el asunto, el primer bloque importante del libro viene compuesto por nueve reseñas que se encargan de examinar con más o menos fortuna, dependiendo siempre del talento con el que esté dotado cada autor, los nueve largometrajes firmados hasta la fecha por el director oriundo de Guadalajara. Se pasa de puntillas por lo tanto por el resto de disciplinas cultivadas por el responsable de Cronos en más de dos décadas consagradas al entretenimiento: esto es, cortometrajes, novelas, televisión o animación.

De esta manera, y en su referida condición de fiel reflejo del panorama de la crítica española contemporánea, trascendiendo incluso por momentos su propia naturaleza de estudio de la obra del mexicano, nos podemos encontrar en las páginas de este Las fábulas mecánicas con varios arquetipos de las tres mayores corrientes que, en mi opinión, se hacen valer más en nuestro país a la hora de acercarse a la práctica del análisis cinematográfico.

Por un lado podemos identificar a aquel espécimen de cronista irritante en su pretenciosidad, ése que por falta de referentes, por pereza, o simplemente por pura petulancia, se coloca por encima del film a analizar, y, en la mayoría de los casos, incluso por encima del propio lector: críticos estos que se caracterizan ante todo por el intento de dotar de legitimidad intelectual a un cine que no lo necesita, siempre a través de una serie de referencias religiosas, filosóficas, políticas, históricas o sociológicas, entre las que, de manera incomprensible, se deja casi siempre de lado el elemento cinematográfico, o cuando menos, se ve reducido a su mínima expresión. Nos encontramos pues ante un modelo que en este caso en concreto revela su ineficacia no tanto por los cuestionables referentes que maneja, si no por las débiles (cuando no nulas) conexiones que se establecen entre éstos y el cine del mexicano.

En el otro lado de la balanza de este discurso particularmente coñazo y estéril, tan denso en la forma como superficial en el fondo, nos topamos asimismo con un par de ejemplos de la igualmente molesta crítica “sinopsis”, aquella variante obvia, apolillada y poco esforzada del género que se limita poco menos que al rutinario comentario de la película de principio a fin, y en donde, por supuesto, brilla por su ausencia tanto el análisis como núcleo central de la propuesta, así como cualquier intento de contextualizar la obra a analizar dentro de la filmografía de su director.

Cuestión de gustos. Supongo que ambas modalidades son perfectamente válidas, pero en mi modesta opinión los colaboradores de este libro dan en la diana única y exclusivamente cuando optan por acercarse a la obra de Del Toro en términos puramente cinematográficos, visuales y/o narrativos; y, por suerte para el sufrido lector, en Las fábulas mecánicas los partidarios de esta última corriente representan una amplia mayoría.

Así las cosas, y si el libro presenta a fin de cuentas una mínima sensación de unidad entre sus diferentes reseñas, ésta viene dada principalmente por el estilo más o menos común desplegado por la mayor parte de las firmas aquí convocadas: un enfoque éste en el que no falta el análisis, pero tampoco la glosa de las circunstancias en las cuales se fraguaron los diferentes films, así como tampoco lo que representan, o representaron, dentro de la trayectoria fílmica de su realizador. Para leer sinopsis ya existen páginas como IMDb o Filmaffinity, gracias.

De este modo, los numerosos aciertos que podamos encontrar a lo largo de la lectura de Las fábulas mecánicas parecen responder más al talento individual que al esfuerzo colectivo, una sospecha que viene reforzada por el hecho de que en esta primera parte del volumen, y dejando de lado los referidos rasgos estilísticos en común, los nueve autores no parecen disponer ni de una meta definida, más allá de escribir sobre la película de Del Toro que les haya tocado en suerte, ni tampoco de una hoja de ruta colectiva con la cual poder dotar de algo de solidez y continuidad formal al volumen.

Tras estas nueve extensas reseñas nos podemos encontrar a continuación con la trascripción, igualmente prolija, de la conversación de tres horas de duración que Juan A. Pedrero Santos mantuvo vía telefónica la pasada primavera con el protagonista de este libro. A lo largo de casi setenta páginas Del Toro desgrana su trayectoria vital y profesional, sus métodos de trabajo y sus gustos cinematográficos y literarios a través de una charla de todo punto interesante, pero a la que le acaba pesando su desmedida extensión así como cierta falta de fluidez debido al absoluto caos cronológico y temático del cuestionario. Por citar tan sólo un ejemplo, una pregunta de carácter técnico sobre la puesta en escena puede venir seguida de una de naturaleza más profunda y existencial sobre la muerte, y así.

El volumen se cierra con una biografía de unas doce páginas del personaje de Lucille Sharp, encarnado por Jessica Chastain en la estupenda La cumbre escarlata, escrita por el propio Del Toro, y que, esta vez sí, representa el ejemplo más revelador y completo contenido en este libro acerca de la tan apasionada como rigurosa manera que tiene el director azteca de enfocar su trabajo.

Ilustrado con un gran número de carteles y fotogramas, así como con dibujos y storyboards proporcionados por el propio Del Toro, Las fábulas mecánicas se beneficia asimismo de una maquetación clara en cuanto al diseño que deviene en una comodísima lectura, la cual, y junto a su impecable empaque visual, disimula en gran medida el que nos encontremos ante un libro que, más allá del hecho de su autoría colectiva, resulta a todas luces imperfecto, cojitranco, incompleto… monstruoso o resultón, según por donde se mire:

un volumen que, a pesar de volar alto la mayor parte del tiempo, resulta demasiado irregular como para poder considerarlo el estudio definitivo publicado en nuestro idioma sobre la obra del director de Hellboy; y es que, y a pesar de sus muchas virtudes, tanto por intenciones como por sus desiguales resultados, Las fábulas mecánicas está algo lejos de serlo.

José Manuel Romero Moreno

Published in: on noviembre 23, 2016 at 6:57 am  Dejar un comentario  
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