Entrevista a Brian Yuzna

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No deja de ser curioso que en la misma edición en la que el Festival de Sitges entregaba a Barbara Crampton su honorífica “Màquina del Temps” como reconocimiento a su trayectoria, Brian Yuzna formara parte del jurado de la Sección Oficial. Fuese de forma intencionada o no, el certamen catalán reunía así treinta y un años más tarde a dos de los principales artífices de uno de los títulos clave del cine de terror de los años ochenta, Re-Animator, película cuyo impacto popular determinaría en gran medida la posterior evolución de la trayectoria profesional de ambos. Una circunstancia que se hace especialmente patente en el caso del cineasta de origen filipino, que debutaba con dicho título en el mundo del cine en calidad de productor. No solo por haber dirigido las dos secuelas directas del film, La novia de Re-Animator y Beyond Re-Animator, sino por las numerosas oportunidades en las que ha utilizado una fórmula similar, recurriendo a la literatura de H. P. Lovecraft para dar forma a alguno de sus proyectos. Buena prueba de ello está en la filmografía de la Fantastic Factory, su aventura española con la que recuperaría el género fantástico para nuestra industria y en la que adaptaría la obra del escritor de Providence en tres de las nueve películas oficiales del sello: Dagon, la secta del mar, la referida Beyond Re-Animator y Bajo aguas tranquilas, cinta dirigida por él mismo y con la que se pondría punto y final a la andadura de la Fantastic.

Lo anteriormente comentado apenas es un esbozo de la carrera de quien, por derecho propio, se antoja uno de los nombres fundamentales para entender el cine fantástico realizado durante las últimas cuatro décadas. Un Yuzna que, a sus sesenta y siete años recién cumplidos, aún continúa peleando contra viento y marea por levantar nuevas películas en un panorama tan cambiante e impredecible como el de la industria cinematográfica del siglo XXI.

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Naciste en Filipinas y durante tu infancia viviste en diferentes países de Latinoamérica. ¿Ha influido de algún modo toda esta vivencia para que, una vez convertido en cineasta, hayas sido un auténtico trotamundos?

Sí, creo que tiene que ver con que siempre me haya sentido cómodo trabajando en otros países. Como dices, cuando era niño siempre viví en otros países que no eran el mío hasta los quince años. De ahí que a veces lleve mejor trabajar fuera de mi país que dentro, donde a veces me siento más extranjero que cuando me encuentro en otro país que no es el mío. Por eso me gusta Los Ángeles, porque es una ciudad más cosmopolita. Pero, en general, me siento igual de cómodo trabajando en Indonesia o en España que en los Estados Unidos.

Antes de ingresar profesionalmente dentro de la industria cinematográfica desempeñaste varios trabajos. ¿Cuándo decidiste dedicarte seriamente al mundo del cine?

Siempre me había interesado el arte. Yo pintaba, hacía fotos, y hasta tenía una habitación de revelado. Aparte, cuando era niño había tenido una cámara de 8 mm con la que jugaba con mis amigos rodando cositas. Pero cuando yo era niño nadie pensaba en ser director de cine. Todo el mundo quería ser novelista, porque dirigir cine no era posible.

No fue hasta que me hice con una cámara de 16 mm que me comencé a obsesionar. Eran los años setenta y en aquellos momentos los canales de televisión empezaron a rodar los noticiarios con cámaras de video en lugar de 16 mm, como habían hecho hasta entonces. Para deshacerse de aquellas viejas cámaras casi las regalaban, y con un dinero que tenía ahorrado pude hacerme con una Bolex que no funcionaba a pilas, sino que iba con manivela. Comencé a jugar con ella, me gustó mucho, y con otro dinero que tenía ahorrado decidí hacer una película.

¿Cuál fue tu formación?

Yo nunca me preparé para hacer una carrera en el cine; era totalmente autodidacta. Solo te diré que cuando era niño pensaba que los actores se inventaban el diálogo. Sin embargo, todo cambió al tener mi primer Betamax. Comencé a grabar películas y una de las que tenía era Atraco perfecto, de Kubrick. Aquello era algo muy importante, ya que por primera vez el público tenía la oportunidad de poder controlar la reproducción como quisiera; era increíble: podías ver escenas concretas, a cámara lenta, rápida, detenerte en los detalles… Así que me dediqué a estudiar aquellas películas que tenía grabadas y empecé a entender las secuencias, los planos, cómo se montaba una peli… Con esos conocimientos hice el corto que te comentaba antes. Me gustó tanto la experiencia que pensaba que había hecho una obra maestra. Pero cuando se lo enseñé a mis amigos vi que no era bueno. Puse unos anuncios en el periódico pidiendo ayuda de alguien que supiera hacer cine y encontré a un muchacho que en la Universidad había estudiado imagen, y que me echó una mano.

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¿mo surgió el proyecto de la que sería tu primera película profesionalmente hablando, Re-Animator, en la que ejerciste de productor?

Yo entré en el cine con treinta y cuatro años. Para entonces tenía dos hijos y había hecho muchos negocios y muchos trabajos. Pero como quería hacer cine, que me parecía mucho más divertido, me mudé a Los Ángeles para poder dedicarme a ello profesionalmente. Busqué un director que pudiera encargarse de rodar una película y un amigo mío me recomendó que fuera a Chicago a conocer a un director de teatro que era un fan del terror. Se trataba de Stuart Gordon.

Desde esta primera película te decantaste por el terror al que has sido fiel prácticamente en toda tu carrera. ¿Eras fan del género o en su elección tuvo que ver el que fuera un estilo relativamente comercial?

No, no: yo era fan del género. Pienso que a cualquier chico que tiene doce, trece o catorce años le atrae el terror. A los que llegan a tener veinte, veinticinco, treinta años y siguen siendo fans del terror es porque normalmente cuando eran muy jóvenes una peli les infectó el virus por el género. En mi caso mi afición nació cuando, siendo muy pequeño, con cinco o seis años, vi Creature with the Atom Brain, que no es una buena peli, pero que me marcó mucho. Después, con Simbad y la princesa, con los esqueletos y los monstruos, tuve pesadillas. Y a estas le siguieron House on Haunted Hill, con Vincent Price, los Dráculas de Christopher Lee y Psicosis, hasta que poco a poco me convertí en un loco de estas películas. Y cuando hice Re-Animator el modelo que tenía eran las películas de Corman sobre Poe, en especial El péndulo de la muerte.

Si Corman había adaptado a Poe, tú elegiste a Lovecraft…

No exactamente. El basarnos en Lovecraft fue cosa de Gordon. Yo había leído a Lovecraft con dieciséis, dieciocho años, pero no me gustó mucho. Por aquel entonces leí muchos de los autores y títulos clásicos del estilo. Por ejemplo, tampoco me gustó nada Frankenstein, que me pareció muy pesado y poco divertido; nada que ver con la peli. Todo lo contrario que el Drácula de Bram Stoker, que sí que me gustó. Y en el caso de Lovecraft era un autor muy difícil de leer, aparte de que el protagonista siempre caía en estado de shock y cuando veía el monstruo cortaba la historia.

Sin embargo, cuando Gordon tuvo un primer guion para Re-Animator me volví a leer los relatos de Lovecraft. Y entonces sí que lo entendía y no me parecía tan pesado. Y lo mismo me pasó con Frankenstein, hasta el punto de que en La novia de Re-Animator, además de relatos de Lovecraft que no utilizamos en la primera parte, el leitmotiv está sacado de la novela de Shelley, con el dios que rechaza a su creación, es decir, al monstruo. De ahí esa secuencia en la que West grita “¿Qué dios?”, que es puro Frankenstein.

Tras unas cuantas películas más como productor junto a Stuart Gordon, en 1989 debutas como director con Society. ¿Fue un paso natural en tu evolución profesional?

Pienso que cualquiera que trabaja en el cine llega a un punto en el que quiere dirigir. En el set es el director el que decide todo al noventa y nueve por ciento, y llega un momento en el que tú quieres tener esa posición. Creo que es algo normal. Quizás habrá gente que no quiere dar ese paso, pero a mí era algo que siempre me había atraído.

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Sin abandonar la dirección, a mediados de los noventa produjiste Crying Freeman: los paraísos perdidos, una película bastante más ambiciosa en términos industriales a las que venías haciendo, pero que, sin embargo, no consiguió el éxito esperado. ¿Influyó de algún modo este fracaso en que desde entonces tu carrera discurriera entre films de bajo y medio presupuesto?

No. Hombre, es mejor hacer películas grandes, eso no hay ni que preguntarlo. Pero al final haces lo que puedes. Por supuesto, siempre es más complicado cuanto mayor es el presupuesto y estás trabajando con grandes compañías. Sin embargo, si haces una película más pequeña, tienes mucho más protagonismo y libertad. Pero yo nunca elegí hacer películas de bajo presupuesto. Bueno, siempre quería manejar la producción y eso de algún modo decantó que hiciera películas más pequeñas, pero no fue algo que decidiera; era porque mi tendencia era ser el que mandaba, el que coordinaba y el que supervisaba. En cambio, tener este poder en películas más grandes, como digo, es bastante complicado.

Crying Freeman: los paraísos perdidos estaba dirigida por el francés Christophe Gans en lo que suponía su primer trabajo en solitario en el formato largo, no siendo el único caso a lo largo de tu carrera de director novel al que has dado la oportunidad de debutar. ¿Te consideras un descubridor de talentos?

He trabajado con muchos directores noveles, cierto, pero es porque encontré oportunidades. No era porque buscara este tipo de proyecto, sino que ocurrió. La realidad es que lo llevo bien trabajando con directores nuevos, trato de entender su visión y procuro apoyarles hasta donde puedo.

Con el cambio de milenio llega una de las etapas más recordadas de tu trayectoria, al menos en España. Me refiero a la Fantastic Factory. ¿Cómo nació el sello?

El proyecto empezó aquí en Sitges en el año 1998. Filmax era la distribuidora de El dentista 2 y su dueño, Julio Fernández, me preguntó si podría hacer una película como esa en Barcelona, aprovechando que ellos querían entrar en producción. Le contesté que sí, claro. “¿Por qué no? Yo he hecho películas en Italia, en México, en Canadá (…), así que no sé por qué no voy a poder hacerlas en España.” No obstante, le comenté que mi idea era hacer un sello que contara con una línea de películas. A él le interesó mi propuesta y tres meses más tarde lanzábamos la Fantastic Factory.

En los años siguientes aparecerían nueve películas bajo el sello, hasta que en 2005 la aventura de la Fantastic Factory terminó de forma súbita. ¿Qué ocurrió?

Al principio, cuando todos pensaban que era una tontería, era mucho más fácil, pero cuando empezamos a tener éxito llegó un momento en el que la política entró. Pero bueno, eso es normal…

¿A qué te refieres?

Había el problema que cuando empezó la Fantastic Factory en España los que estaban sirviéndose de las subvenciones vieron peligrar su parte del pastel, por lo que se posicionaron en contra, acusando a Filmax de dar soporte a un proyecto que en realidad era americano, cuando no era nada de eso; Julio era el que pagó, supervisó y desarrolló el proyecto, cuyo objetivo final era hacer películas españolas de género fantástico que funcionaran en todo el mundo. Y creo que se logró.

Aparte de sus resultados, visto con perspectiva parece innegable el papel fundamental que la Fantastic Factory jugó en la reactivación de una industria dedicada al cine fantástico en España, creando infraestructuras y formando profesionales que después han propiciado que el cine fantástico español viviera una edad dorada con sonados éxitos internacionales. ¿Piensas que se le ha reconocido su importancia?

Como tú, también pienso que la Fantastic Factory influyó mucho en el cine fantástico español que surgió después. Sin la Fantastic Factory no hubiera existido, por ejemplo, [REC], que aunque no fuera justamente una producción nuestra, sí que era el tipo de producto al que aspirábamos: hacer una película sin tener que traer actores de fuera, ni tampoco importar la historia, sino que fuera cien por cien autóctono. Y, sin embargo, [REC] es una película totalmente internacional; no es una película española. Hablan en castellano, cierto, pero el público no la ve como una película española. Muchas veces vemos las películas de género atendiendo a su nacionalidad: alemana, italiana, española… Pero [REC] en cambio podría ser una película de Hollywood.

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Terminada tu etapa en España, te trasladas a Indonesia, donde creas una nueva productora. ¿La idea era repetir el modelo de la Fantastic Factory en el país asiático?

Más o menos. Hicimos dos películas, pero antes de que pudiéramos coger un ritmo de producción, en 2009-2010 vino la crisis y toda la financiación del proyecto, que era de Singapur, se cayó. La primera se tituló Takut: Faces of Fear, era en idioma indonesio y estaba formado por seis relatos dirigidos por siete realizadores locales y escritos por seis guionistas de allí. Yo desarrollé este proyecto con la idea de comprobar cuál era el talento que había en Indonesia. Como curiosidad te diré que unos de los directores que se encargaron de uno de los relatos que componían el film, los Mo Brothers, han participado este año en el Festival de Sitges con su película Headshot. En cuanto a la segunda película, se llamó Amphibious y trataba sobre una criatura marina. Sin embargo, en este film ya tuvimos que completar su producción en Europa.

Desde entonces no has vuelto a dirigir. ¿En qué has estado trabajando en todo este tiempo?

Regresé a Los Ángeles, donde he estado desarrollando proyectos y vendiendo películas, ya que soy socio en una empresa de ventas.

¿Y no tienes ningún proyecto actualmente con visos de convertirse en realidad a corto plazo?

Tengo varios proyectos desarrollados para los que estoy buscando financiación. Uno se llama El cirujano plástico, con Corbin Bernsen, que realmente es una variación de El dentista. El otro es The Pope, en la que un hombre se viste como el Papa y se dedica a matar a los curas pedófilos. La futura película estaría coproducida por Magic London, una empresa de Barcelona de la que formé parte durante mi estancia en España una vez que me había desligado de Filmax.

Puede decirse que estoy metido en muchas cosas, pero la financiación del cine independiente ha cambiado mucho; es muy difícil conseguir dinero, lo que está provocando que los presupuestos sean muy bajos. La piratería ha matado a todos los independientes. Por otra parte, actualmente hay tantos medios para visionar películas que ha cambiado mucho la forma de consumir el cine. El DVD está muerto por la piratería y el VOD todavía no paga, mientras que hay tantas películas, ya que ahora cualquiera puede rodar una, que es otro mundo totalmente distinto al que existía hace unos años, y si quieres ganarte la vida dentro del cine, como he hecho yo, resulta muy complicado.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Published in: on noviembre 25, 2016 at 6:54 am  Comments (2)  
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2 comentariosDeja un comentario

  1. Muchas gracias por esta estupenda entrevista

    • Muchas gracias como siempre, Alfonso.😉


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