La pirámide

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Título original: The Pyramid

Año: 2014 (Estados Unidos)

Director: Gregory Levasseur

Productores: Alexandre Aja, Mark Canton, Chady Eli Mattar, Scott C. Silver

Guionistas: Daniel Meersand, Nick Simon

Fotografía: Laurent Tangy

Música: Nima Fakhrara

Intérpretes: Ashley Hinshaw (Nora), Denis O’Hare (Holden), James Buckley (Fitzie), Christa Nicola (Sunni), Amir K (Zahir), Faycal Attougui (Cabo Shadid), Philip Shelley, Ait Hamou Amine, Omar Benbrahim (Niño), Joseph Beddelem (Taxista), Chakir El Faaiz, Garsha Arristos, Prince Shah (Trabajadores egipcios)…

Sinopsis: Un equipo de arqueólogos estadounidenses desentierra en el desierto egipcio una antigua pirámide. Su hallazgo promete revolucionar la egiptología, ya que solo tiene tres caras y se cree anterior en el tiempo a las ya conocidas. Sin embargo, el clima de tensión que se vive en el país como consecuencia de la Primavera Árabe hace que el gobierno local obligue a abandonar el yacimiento. Pero antes de marchar, los investigadores deciden explorar la pirámide con el fin de documentar su descubrimiento. Pronto, el  equipo se encontrará perdido en un intrincado laberinto en el que algo les persigue.

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No pueden negarse los muchos alicientes que sobre el papel reúne un film de las singulares características de La pirámide (The Pyramid, 2014). Por un lado, por evocar la fascinación que ejerce en el imaginario colectivo el misterio que envuelve al Antiguo Egipto, con sus construcciones colosales, tradiciones funerarias y toneladas de exotismo. Una atracción que ha sido aprovechada a conciencia en el campo literario y que en el medio cinematográfico ha tenido su principal referente dentro del género terrorífico con las diferentes versiones existentes de La momia, en especial la original dirigida por Karl Freund y protagonizada por Boris Karloff en 1932, y la más palomitera y aventurera debida a Stephen Sommers en 1999. Un legado que, de algún modo, recoge La pirámide, bien sea por su orientación genérica como por basar su argumento en las supuestas maldiciones que esperan a aquellos que osen profanar una tumba egipcia, a través de una premisa argumental harto sugerente y, ¿por qué no decirlo?, de lo más pulp[1], que narra las peripecias de un grupo de arqueólogos perdidos en los laberínticos pasillos de una recién descubierta pirámide donde habita un mal desconocido.

A lo atractivo de este argumento hay que sumarle, además, el tratarse de la ópera prima como realizador de Grégory Levasseur, habitual mano derecha de uno de los nombres propios del cine fantástico actual, Alexandre Aja, quien a su vez se ha hecho cargo de la producción de la película. Colaborador habitual del director de Horns desde que tomara la alternativa en el formato largo con Furia (1999), entre las distintas facetas desempeñadas por Levasseur a lo largo de este tiempo destaca su trabajo como (co)guionista en títulos tan interesantes como Alta tensión (Haute tension, 2003), Parking 2 (P2, 2007) o, sobre todo, Las colinas tienen ojos (The Hill Have Eyes, 2006), Reflejos (Mirrors, 2008) y Maniac (Maniac, 2012), remakes todos ellos cuyos libretos se singularizan por enriquecer el material original del que parten sin por ello traicionar su espíritu. A tenor de estos antecedentes, resulta del todo lógico experimentar cierta expectación por lo que pudiera dar de sí el debut del francés detrás de las cámaras.

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Pero el cine no son matemáticas puras, y la suma de estos factores reunidos queda lejos de arrojar el saldo que cabría esperar en un principio. Mas al contrario, si de algo se puede catalogar a La pirámide es de ser un film fallido en todos los sentidos, en el que nada funciona como debería. No deja de ser significativo a este respecto que alguien como Levasseur, que se ha distinguido profesionalmente hablando como guionista, eligiera para su puesta de largo un material ajeno en lugar de uno propio. Y es que, visto lo visto, uno no puede dejar de preguntarse qué pudo ver para querer llevar a la pantalla el libreto pergeñado por Daniel Meersand y Nick Simon, responsable este último en su faceta de director del que fuera el trabajo póstumo en calidad de productor de Wes Craven, The Girl in the Photographs (2015), otro ejemplo de cinta de atrayente planteamiento desperdiciada por un anodino desarrollo que bordea peligrosamente la frontera del ridículo.

Personajes planos y estereotipados con motivaciones pueriles y conflictos dramáticos nulos, diálogos penosos cuando no risibles, situaciones absurdas, tópicos manidos y disparates varios conforman la base de un guion en el que Meersand y Simon confunden el poder de la sugerencia con el lanzamiento caprichoso de ideas sin ton ni son que, en la mayoría de los casos, no tienen otra función que la meramente decorativa. Una muestra: la historia se ambienta durante las revueltas de la Primavera Árabe egipcia de agosto de 2013. Sin embargo, la invocación de este contexto histórico tan determinado y cercano en el tiempo no busca otorgar un contenido social al conjunto, tal y como ocurría, por ejemplo, en Frontière[s] (2007) con los disturbios parisinos de 2007, sino que es una excusa como otra cualquiera para hacer avanzar la trama en un momento determinado hasta el escenario buscado.

Lo mismo ocurre con los elementos provenientes de la mitología egipcia, totalmente desperdiciados más allá de su mero enunciado. Poco importa que el mal al que deban hacer frente los protagonistas sea nada menos que Anubis, el dios de la muerte del antiguo Egipto. Lo mismo habría sido si en su lugar se hubiera elegido a un monstruo, un alienígena xenomorfo, o una momia, por utilizar un símil egipcio. Todo el desarrollo queda así reducido al de un simple pasacalles con estructura de videojuego, en el que las diferentes escenas funcionan a modo de “pantallas” por las que los personajes deben evolucionar superando las diferentes trampas que salen a su paso hasta alcanzar el inevitable enfrentamiento con el enemigo final. Poco más. Entre medias, se acumulan todos los lugares comunes acuñados a lo largo de los últimos años por el found footage, formato en el que, al menos de forma teórica, se encuadra la propuesta.

Un material que el primerizo Levasseur se muestra incapaz de levantar, haciendo gala de una dirección funcional y rutinaria, además de carente de definición estilística. Como se ha señalado, en principio la película está narrada en primera persona con el pretexto de la presencia entre su grupo protagonista de un equipo televisivo. Pero en la realidad dicha planificación es rota en numerosas ocasiones con la inclusión en el montaje de planos externos filmados de una forma convencional, sin que en ningún momento se dé justificación alguna al porqué de su concurso. Por otra parte, el novel cineasta tampoco acierta a imprimir al relato la sensación de claustrofobia y aislamiento que por sus características necesita, por culpa de una puesta en escena carente de nervio que en contadas ocasiones consigue su propósito de provocar el sobresalto entre la audiencia, a pesar de destinar para ello hasta tres finales sucesivos.

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Para redondear aún más el desastre, añádasele a lo ya comentado unas actuaciones cuyo nivel medio no pasa de mediocre y la pobreza de unos efectos CGI a la altura de cualquier producción de la Asylum, y lo que nos queda es una película intrascendente y prescindible, que si ha logrado cierto recorrido comercial ha sido por el nombre de sus responsables y la factura industrial que luce en consonancia con los medios destinados a su ejecución. Unos resultados que son más dolorosos si se les compara con los obtenidos con sus mismas armas por la, esta sí, apreciable Así en la Tierra como en el infierno (As Above, So Below, 2014) de los hermanos Dowdle, con la que, más allá del cambio de localización de una pirámide de Egipto por las catacumbas de París, comparte sospechosas similitudes, y no solo desde el punto de vista de la elección del lenguaje narrativo escogido, dicho sea de paso.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Precisamente, la premisa recuerda un tanto al relato “Encerrado con los faraones” (“Imprisoned with the Pharaohs”, 1924), la historia adjudicada a Harry Houdini pero que en realidad escribió H. P. Lovecraft.

Published in: on noviembre 30, 2016 at 7:32 am  Dejar un comentario  

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