Crónica de la XXVII Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián

La casualidad, o una maniobra bien calculada, hizo que la vigésimo séptima edición de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián viniera marcada por la recuperación de las que, hasta hace no tanto tiempo, habían sido dos señas características del paisaje del certamen donostiarra. Lo haría, por un lado, con la organización de un concurso de fanzines que, si bien este año contó con una participación más baja de lo que sería deseable, sirvió para dar colorido y añadir un plus de atractivo a las sesiones en las que se presentaban al público cada una de las cabeceras en liza dentro de una competición que acabaría llevándose por votación popular “Ke mal rato, Honorato”. Por otra parte, y sin movernos del terreno editorial, se encontraría la publicación, al fin, de un nuevo volumen de su prestigiosa colección de ensayos monográficos, tras el simulacro que en este sentido significó la aparición el pasado año de un libro coeditado junto al Festival Internacional de Cine de Gijón sobre el found footage y demás formatos de falso documental. Coordinado por Daniel Aguilar y Antonio José Navarro, el encargado de reanudar la colección de publicaciones ha sido Japón fantástico, siglo XXI; una obra reducida en dimensiones pero sustanciosa en contenidos que, como su nombre indica, ofrece una aclaradora panorámica a lo que ha dado de sí la producción genérica en el País del Sol Naciente en lo que llevamos de milenio.

Mesa redonda con directores japoneses en el Museo San Telmo.

Mesa redonda con directores japoneses en el Museo San Telmo.

Aparte de para cerrar de algún modo el círculo iniciado hace quince años, cuando el festival repasara la historia del fantástico japonés desde sus orígenes hasta entonces, la elección de dicha temática para protagonizar el volumen, así como el correspondiente ciclo retrospectivo al que serviría de apoyo, se enmarcaría dentro del convenio de colaboración suscrito por la Semana con la Fundación Eu-Japan Fest coincidiendo con la Capitalidad Cultural Europea que la ciudad guipuzcoana ha detentado a lo largo de este 2016 y que hizo que este año el certamen donostiarra tuviera un claro acento nipón. El protagonismo japonés no solo se limitaría a la considerable programación de films provenientes de aquella cinematografía, sino que también se ampliaría al programa de actividades paralelas. Fruto de ello sería el que, con todo merecimiento, puede considerarse uno de los momentos para recordar, no sólo de esta Semana, sino de las últimas ediciones, y casi me atrevería a señalar que de toda su historia. Me refiero a la mesa redonda realizada en el Museo de San Telmo bajo la moderación de Jesús Palacios, en la que cinco cineastas japoneses afines al género comentaron la situación actual que vive el cine fantástico en su país. Shinji Higuchi, Noboru Iguchi, Yoshikazu Ishii, Minoru Kawasaki y Tomoo Haraguchi compartieron y debatieron sus experiencias en una charla distendida y aclaratoria en la que predominó la visión del fantástico nipón de bajo presupuesto, algo por otra parte lógica, habida cuenta de que la mayoría entre los contertulios estaban habituados a trabajar en este contexto.

Un momento de la delirante presentación en el Teatro Principal de "Kaiju Mono".

Un momento de la delirante presentación en el Teatro Principal de “Kaiju Mono”.

Varios de los mencionados directores aprovecharían además su presencia en San Sebastián para presentar la proyección de alguno de sus trabajos. El más mediático de todos, sin duda, Shinji Higuchi, co-director junto a Hideaki Anno de Shin Godzilla, el reboot por parte de la Toho de su más emblemática creación y título elegido por la organización para protagonizar la sesión inaugural de esta vigésimo séptima edición. Doce años más tarde de la anterior entrega de la franquicia original, el indiscutible rey del kaiju eiga revive en un film sorprendentemente político en el que afloran las heridas abiertas en la sociedad japonesa a raíz del accidente nuclear ocurrido en Fukushima de marzo de 2011. Un potente pistoletazo de salida cuyo tono discursivo, no obstante, sacó de situación a buena parte de la audiencia del Principal, que esperaba quizás un producto de corte escapista. Justo en estas coordenadas se movería Kaiju mono de Minoru Kawasaki. Definida por su responsable como una versión exploit de Shin Godzilla, se trata de una parodia del kaiju bajo el estilo habitual del fantástico japonés más psicotrónico, con todas sus virtudes y todos sus defectos. Aunque no lo hiciera de forma física, tampoco faltó a la cita un habitual de la Semana como Takashi Miike con Terra Formars, adaptación de un manga homónimo que, tras un inicio prometedor, acaba perdiendo fuelle a medida que transcurren los minutos y los excesos característicos de su director van haciendo presencia. Tampoco podemos olvidarnos del que ha sido uno de los estrenos más mediáticos de la temporada en aquellas latitudes: Sadako Vs Kayako. A pesar de las ansias de renovar el J-horror que su director y guionista, Koji Shiraishi, manifestaría durante su estancia en Donosti, lo cierto es que su trabajo se limita a repetir las señas distintivas de ambas sagas, entregando un producto del todo intrascendente, pero que al menos logra alcanzar el aprobado.

Cuadro con las votaciones finales obtenidas por los films y cortometrajes a concurso.

Cuadro con las votaciones finales obtenidas por los films y cortometrajes a concurso.

Ante esta avalancha de films orientales, no es de extrañar que el premio del público al mejor largometraje fuera a parar al continente asiático. No obstante, la merecedora del favor del respetable no llegaría de Japón como podría pensarse en un principio, sino que vendría procedente de la cercana Corea del Sur con Train to Busan. Fiel exponente de la concepción de blockbuster de aquella cinematografía, el debut en el cine de imagen real de Yeon Sang-ho ofrece un apocalipsis zombi enclaustrado en el interior de un tren que destaca por su rara capacidad para aunar tensión narrativa, reflexión humanista y un envidiable manejo de diferentes tonos y registros narrativos de tal modo que consigue que se pasen por alto su tendencia al sentimentalismo melodramático más pretendidamente lacrimógeno y un discurso un tanto reaccionario a favor de la familia. Por cierto que, dentro de las proyecciones complementarias de la Semana, también pudo verse Seoul Station, la precuela animada de Train to Busan, también dirigida por Yeon Sang-ho y de una calidad equiparable a la de su sucesora. Por un estrecho margen de treinta décimas de punto, tras la cinta surcoreana se clasificaría en el cómputo total de votos La autopsia de Jane Doe, el esperado nuevo trabajo del noruego André Ovredal, seis años después de darse a conocer con la muy estimable Troll Hunter, vista también en este marco. Apenas un escenario, tres personajes y el desarrollo de una única situación son los escuetos ingredientes en los que se apoya una historia de sabor clásico cuya fibrosa narración y sentido de la atmósfera logran suplir con creces la sensación de previsibilidad que presenta su argumento. El tercer peldaño del imaginario podio lo ocuparía Crudo de Julia Ducournau, film belga en la línea del cine de su paisano Fabrice Du Welz, pero ni de lejos tan dura ni tan profunda como se ha querido vender y pretende su novel directora, respectivamente.

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Estos tres títulos serían, a nivel popular, la punta de lanza de una Sección Oficial que, como todos los años, sirvió para tomar el pulso a la más reciente hornada de producción genérica. De este modo, fueron varios de los títulos aglutinados por la programación que llegaron a Donosti precedidos por la fama que habían acuñado en su paso por el circuito de festivales. Es el caso de Melanie. The Girl With All the Gifts, ganadora en Sitges del galardón a la mejor interpretación femenina por el trabajo de la actriz infantil Sennia Nanua y, para quien esto escribe, una de las mejores y más inteligentes muestras albergadas por el superpoblado cine sobre zombis y/o infectados por mor de su potenciación de los aspectos dramáticos de una historia que en cierto sentido recupera el espíritu del Soy leyenda de Richard Matheson. También haría justicia a las expectativas creadas la persa Under the Shadow, en la que su, en principio, exótica ambientación en el Teherán de los primeros ochenta, sumido en plena guerra entre Irán e Iraq, contribuye decisivamente a trascender su primigenio estadio de relato de fantasmas para ofrecer una interesante mirada revestida de costumbrismo a la constreñida situación a la que fue marginado el papel de la mujer, política y socialmente, en la sociedad iraní durante el régimen de los ayatolaes. Menos interés levantaron en cambio dos de las consideradas “sorpresas de la temporada”. The Eyes of My Mother se reveló como un indigesto y poco compacto producto que malgasta algunas buenas ideas y la creación de un clima enfermizo a causa de unas mal digeridas ínfulas autorales, representadas por su uso de una, por otra parte, magnífica fotografía en blanco y negro. Peor sería, en todo caso, lo que depararía la mexicana Tenemos la carne, cuya adscripción a los postulados del surrealismo es solo una excusa que no logra enmascarar la nadería de una propuesta cimentada, única y exclusivamente, en su supuesto poder provocativo y transgresor, incluyendo entre su metraje imágenes de sexo explícito.

El director de la Semana, Josemi Beltrán, junto a Monica Strambini, directora de "Queen Kong", cortometraje de temática pornográfica-fantástica que pudo verse en la sesión de Halloween.

El director de la Semana, Josemi Beltrán, junto a Monica Strambini, directora de “Queen Kong”, cortometraje de temática pornográfica-fantástica que pudo verse en la sesión de Halloween.

Proyectada a altas horas de la madrugada, Tenemos la carne sería la encargada de echar el cierre a la tradicional velada de Halloween. Una maratoniana sesión que a lo que a largos se refiere fue inaugurada por 31, lo último de Rob Zombie. Con 31 el polifacético artista compone un nuevo compendio y resumen de las obsesiones que han acompañado a su filmografía, con la década de los setenta en primer término, que si bien es acreedor de algún hallazgo aislado, principalmente las caracterizaciones de sus payasos asesinos, en conjunto resulta solo recomendable para la sorprendentemente amplia legión de seguidores que el otrora líder de “White Zombie” ha acumulado en su paso al séptimo arte. Como no podía ser de otro modo, 31 no fue el único trabajo reciente de un nombre propio del cine actual que pudo verse dentro de la Sección Oficial de la Semana. The Neon Demon evidenciaría la preocupante deriva en la que se encuentra inmerso Nicolas Wanding Refn. Ambientada en el mundo de la moda, todo el potencial de su propuesta es confiado a una estética en verdad preciosista que, no obstante, le asemeja a un anuncio de colonias, descuidando mientras tanto sus aspectos puramente narrativos. Y no solo por lo inconexo de su argumento, quién sabe si en un intento de añadir una impostada densidad a una trama de lo más simple; es que lo que expone ya ha sido contado antes muchas veces y, además, de forma más convincente. Para los interesados en el tema recomendamos el visionado de la reciente Starry Eyes, algo así como la otra cara de la moneda del film de director de Drive, cambiando el mundo de la moda por el del cine. En cuanto a Yoga Hosers, la seudo secuela realizada por Kevin Smith de su previa Tusk, con la que comparte tono, se nutre de un reparto compuesto en su mayoría por amigos y familiares del cineasta, estando sus resultados más cercanos a los de un chiste privado que a los de un producto cinematográfico propiamente dicho.

La Semana también celebró el cincuenta aniversario de "Star Trek" con una exposición conmemorativa.

La Semana también celebró el cincuenta aniversario de “Star Trek” con una exposición conmemorativa.

Así llegamos hasta la participación española en la Selección Oficial de este año, la cual constaría de tres exponentes. De entre ellos, el que mayor nivel de producción exhibiría sería Pet, el que ha supuesto el segundo largometraje del que fuera el gran triunfador en el apartado cortos del certamen hace ahora tres años, Carles Torrens. Al igual que ocurriera en Emergo, su debut en el formato, el catalán regresa cinco años después con un proyecto de miras internacionales y reparto anglosajón, aunque esta vez coproducido con los Estados Unidos, que malgasta sus buenas ideas a causa de un guion disperso, más preocupado en los golpes de efecto de sus giros narrativos que en su cohesión interna. Los restantes representantes patrios serían, curiosamente, dos films independientes realizados prácticamente al margen de la industria y que han servido para brindar la alternativa a sus primerizos directores, quienes se personarían en Donosti para presentar a sus pequeños retoños. Roberto San Sebastián lo haría con La noche del virgen, una comedia esperpéntica que, salvando las distancias, recuerda al primer Álex de la Iglesia, lastrada por una tendencia a la escatología mal entendida y una duración a todas luces desmedida: nada menos que dos horas. Todo lo contrario puede aplicarse a El ataúd de cristal, en la que, haciendo de la necesidad virtud, el también bilbaíno Haritz Zubillaga saca partido a los modestos recursos puestos en sus manos con una propuesta minimalista de contenido metacinematográfico mediante la que plantea un arriesgado ejercicio de estilo, en el que da muestras de una interesante inventiva visual.

La actriz Miriam Cabeza, presentadora de la Semana, y Josemi Beltrán durante la gala de clausura.

La actriz Miriam Cabeza, presentadora de la Semana, y Josemi Beltrán durante la gala de clausura.

En comunión con los largometrajes, un año más la Semana volvió a reservar un importante espacio en su programa para el formato corto, organizando a tal fin diferentes concursos. Sin ánimo de exhaustividad, cabe llamar la atención sobre la calidad de varios de los trabajos a concurso seleccionados como, por ejemplo, Behind y Quenottes. Ambos consiguieron en la capital guipuzcoana sendos galardones a la ya de por sí exitosa trayectoria que vienen desarrollando por el circuito de festivales, hermanándose por su uso de sendas figuras más o menos reconocibles del folclore popular occidental, aunque desde planteamientos radicalmente distintos. En el caso del segundo, gran parte de su atractivo reside, precisamente, en la siniestra visión que ofrece de un personaje infantil en principio tan blanco como “El ratoncito Pérez”. Otros títulos que también destacaron fueron Popsy, perversa recreación de la típica historia del cazador cazado, o Save, una pieza de escasa duración que tiene una de sus principales bazas en su simpleza conceptual a todos los niveles. Mención aparte de los ya comentados merece el nuevo trabajo de Alberto Vázquez, en el que el también dibujante prosigue con el personalísimo estilo que ya guiara su anterior Sangre de unicornio. Aparte de por sus intrínsecos valores artísticos, el motivo está en ser el responsable de una de las coletillas más repetidas a lo largo de la Semana por el público del Principal a la hora de gritar a la pantalla y que, curiosamente, coincidiría con su título: ¡Decorado…!

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

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  1. Un buen año. Lo pasé genial. Espero poder volver el año que viene.


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