Monster Trucks

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Título original: Monster Trucks

Año: 2016 (Estados Unidos)

Director: Chris Wedge

Productores: Mary Parent, Denis L. Stewart

Guionista: Derek Connolly, según una historia de Matthew Robinson, Jonathan Aibel, Glenn Berger

Fotografía: Don Burgess

Música: David Sardy

Intérpretes: Lucas Hill (Tripp), Jane Levy (Meredith), Rob Lowe (Reece Tenneson), Amy Ryan (Cindy), Thomas Lennon (Jim Dowd), Barry Pepper (Sheriff), Danny Glover (Mr. Weathers), Frank Whaley (Wade Coley), Aliyah O’Brien (Científica junior), Daniel Bacon (Técnico), Chelah Horsdal, Holt McCallany (Burke), Samara Weaving (Brianne), Candice Zhao, Jordana Largy, Jedidiah Goodacre (Jake), Chad Willett, Chris Gauthier (Sr. Geldon), Stacey Scowley (Reportero de televisión), Tucker Albrizzi (Sam Geldon), Kathryn Kirkpatrick, Christian Sloan, Giacomo Baessato, Maja Aro, Philip Granger, Devielle Johnson, Scott Patey, Faustino Di Bauda (Roughneck), Jeffrey C.R. Wallace, Howie Lai (Ingeniero), Daniel Boileau, Richard Keats, Simon Chin, Joel Sturrock, Jagen Johnson, Steven Garr, Ian Carter, Ryan Cowie, Emanuel Fappas, Daniel Jacobsen, Arlo Hajdu, Adrian Formosa, Matthew Hoglie, Jeff Kent, Tom MacNeill…

Sinopsis: Tratando de evadirse de la vida y el pueblo en los que se encuentra atrapado desde que nació, Tripp, un estudiante de último curso de instituto, construye un monster truck a partir de piezas y restos de coches de desguace. Después de un accidente en un yacimiento cercano, en el que se estaban realizando perforaciones en busca de petróleo, aparece una extraña criatura subterránea con pasión y habilidad para la velocidad. Así, Tripp descubre que puede haber encontrado la clave para escapar del pueblo… y al más inesperado de los amigos.

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Monster Trucks supone el paso al cine de imagen real de Chris Wedge, si es que así se puede denominar a un film como el presente, en el que la presencia de efectos infográficos juega un papel determinante en el contenido de su propuesta. Tras una dilatada trayectoria en el campo de la animación, donde ha desempeñado labores de productor, realizador e, incluso, doblador, el responsable de Ice Age, Robots y Epic: el mundo secreto debuta en la dirección de actores de carne y hueso con un proyecto que se enmarca dentro de dos tendencias bastante activas en la industria cinematográfica actual. Por un lado, la de las adaptaciones de populares líneas de juguetes, con las franquicias de Transformers y G. I. Joe a la cabeza, por más que en algunas ocasiones, como la presente, carezcan en origen de cualquier tipo de sustancia argumental que permita darles forma. En este caso, cabe recordar que “Monster trucks” es una colección de vehículos tuneados de ruedas gigantescas y suspensión elevada.

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En lo que a su estilo se refiere, la película se encuadra dentro del cansino revival por el cine ochentero que viene asolando en los últimos tiempos el panorama audiovisual. Que duda cabe que en dicha elección influye la carga nostálgica que pudiera ejercer en aquellos adultos que crecieron durante la época aludida jugando con los “camiones monstruosos” y que conforman una parte importante del público potencial de la propuesta. De ahí la presencia en su reparto como villano de Rob Lowe, o el protagonismo que en una determinada escena detenta “Simon”, otro juguete eminentemente ochentero que, al igual que los “Monster trucks, está fabricado por Hasbro. Ahora bien, tampoco puede pasarse por alto la responsabilidad que, en este sentido, pudiera tener la participación al frente del libreto de Derek Connolly, un guionista cuya, por el momento, corta carrera, se ha caracterizado por la enorme influencia recibida del cine fantástico y de aventuras realizado en los años ochenta en general, y por el producido por la Amblin en particular. Así lo demuestran sus dos películas previas, dirigidas de igual modo por su habitual compañero de correrías Colin Trevorrow. Así, la que fuera la ópera prima de ambos en pantalla grande, Seguridad no garantizada, proponía una revisión en clave indie de la saga Regreso al futuro, mientras que la siguiente Jurassic World se situaba a medio camino entre el reboot y el remake de la primera entrega de la popular franquicia creada por Steven Spielberg. Siguiendo estos parámetros, en Monster Trucks Connolly vuelve a mirarse en el espejo de la filmografía del Rey Midas de Hollywood, adaptando una de sus obras mayores.

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Básicamente, el desarrollo argumental y la construcción dramática de Monster Trucks beben de forma directa de la de E.T., el extraterrestre. Salvo por el cambio de su criatura protagonista del alienígena del original por una criatura anfibia procedente del subsuelo terráqueo bautizada con el nombre de Creech, el resto es un calco de la historia escrita por Melissa Mathison, de la que repite sin mayores disimulos sus principales incidencias: la llegada accidental de la criatura al entorno del protagonista humano, llamado Tripp; el primer contacto entre ambos lleno de temor y recelo por una de las partes; el descubrimiento de la particular naturaleza y extraordinarias habilidades del ser desconocido; la progresiva forja de la amistad entre los dos personajes; y la aparición de una organización que pretende capturar al extraño espécimen, en esta oportunidad representada por una poderosa industria petrolera, lo que añade unas pinceladas ecologistas al conjunto. Tal es la similitud existente que también aquí el clímax de la narración es una persecución en la que el objetivo del protagonista es devolver a su hábitat natural a su particular amigo mientras evita que sus perseguidores lo capturen. Para que no haya ninguna duda acerca de las intenciones de Connolly, una vez conseguida la misión con éxito y Creech esté de vuelta junto a los suyos, en un intercambio de papeles Tripp repetirá la misma frase a su peculiar amigo que ET le decía a Elliot durante su emotiva despedida: “Estaré aquí mismo”.

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Dentro pues del asumido perfil imitativo con el que está construido el libreto, en el que también hay cabida para otros elementos tan identificables del cine de la Amblin como la presencia de un conflicto filial o el carácter iniciativo que adquiere la aventura para sus jóvenes personajes y que conllevará para ellos un proceso de maduración, sus novedades más significativas con respecto a la obra en la que se inspira se encuentran en el aumento de edad que experimenta su protagonista, transformándole en un adolescente -lo que facilita el concurso de la consabida historia amorosa con una compañera del instituto por la que, tirando de nuevo de tópicos, en un principio el muchacho tampoco parecerá demostrar demasiado interés-, y un tratamiento mucho menos oscuro y más amable que el del film de Spielberg, acorde, por otra parte, con la pretensión de sus responsables de hacer de la obra resultante eso que se denomina como “un-producto-para-toda-la-familia”. Una decisión que, vista con perspectiva, provoca las principales deficiencias que se pueden achacar a Monster Trucks, dentro de su falta de pretensiones. Se trata de esas detectables concesiones hechas a los más pequeños de la casa por medio del protagonismo que se otorga en la puesta en escena a los gestos y gracietas que ejecuta Creech, y que son secundados por los rasgos paródicos que adquiere el comportamiento de determinados personajes, con los que se rompe el tono algo más adulto, dentro de un orden, con el que se desarrolla el resto del metraje.

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Y eso que, en honor a la verdad, y más allá de detalles como los comentados, hay que reconocer que el trabajo de Wedge brilla a gran altura, sabiendo superar con pericia y oficio las no pocas dificultades que presentaba el material confiado a priori. Partiendo de una premisa de lo más ridícula –el monstruito subterráneo que, colocado bajo el chasis de una vieja furgoneta y gracias al poder de sus tentáculos, hace del vehículo un increíble monster track, capaz de realizar las más alucinantes virguerías- y contando con un argumento que, además de por los motivos ya señalados, resulta fácilmente predecible en su desarrollo para cualquiera que posea un mínimo bagaje cinematográfico, el cineasta se las ingenia para conseguir captar la atención y simpatía del espectador por medio de una eficaz narración de ritmo constante que, si bien no deja ningún poso, se saborea con suma facilidad, logrando con ello brindar un simple e intrascendente producto de consumo capaz de procurar hora y medio de entretenimiento a la audiencia. Cuestión bien distinta es si semejantes resultados serán bagaje suficiente para originar una nueva franquicia, tal y como todo parece indicar que es la pretensión de sus ideólogos a tenor de los antecedentes.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on enero 5, 2017 at 6:56 am  Dejar un comentario  

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