Entrevista a Claudio Fragasso y Rossella Drudi

C. Fragasso 11 fin

Acompañado de su inseparable pareja personal y profesional, Rossella Drudi, Claudio Fragasso visitaba Madrid a finales del pasado mes de marzo para asistir al homenaje que le dedicaba la sexta edición de la Cutrecon. Un reconocimiento que fue escenificado con la entrega del honorífico premio Jess Franco, que recibiría de manos de Enrique López Lavigne. Durante su locución, el productor madrileño destacaría el valor de Claudio para atreverse a hacer casi sin medios las películas que filmó durante los ochenta y noventa, en clara referencia a la que quizás sea la parte más famosa de su dilatada carrera, la serie de exploitations que manufacturara febrilmente durante aquellos años codo con codo junto con Bruno Mattei.

Centrados durante los últimos tiempos en la confección de thrillers de denuncia social, herederos de algún modo del grandioso poliziesco italiano de los setenta en el que ambos participaran en calidad de guionistas, y que de algún modo les ha valido un reconocimiento por parte de la crítica oficial del que carecían hasta entonces, Carlo y Rossella se plantean ahora volver al género por el que son asociados por aficionados de todo el mundo, el fantástico y, más específicamente, el terror, tal y como nos confesaron en la siguiente entrevista, que complementa la que ya les realizáramos hace unos años en Barcelona.

Claudio Fragasso mostrando al público el premio Jess Franco con el que Cutrecon le galardonó por su trayectoria.

Cutrecon te homenajea con el galardón Jess Franco como reconocimiento por tu trayectoria, en especial por Troll 2, película que, con el transcurrir de los años, ha devenido en título de culto para aficionados en todo el mundo. ¿Esperabas cuando la realizabas que consiguiera despertar esta pasión?

Claudio Fragasso: A lo largo de mi carrera he hecho muchas películas de miedo, y en principio esta era una más. La única diferencia es que, dado que el productor nos había impuesto la condición de que en la película no debía aparecer sangre, hicimos que la que se viera fuera verde por la clorofila. Con este condicionante, cuando fuimos a rodar la película a los Estados Unidos decidí que fuera una película divertida. Así que me decanté por la exageración que se puede ver en escenas como la del chico convertido en planta o el famoso plano de “Oh, my God!”, entre otras cosas porque me encantaba hacer algo así, una especie de cartoon. Y aunque los actores no eran realmente actores profesionales, me gustaba porque así daban esa imagen de sobreactuados.

Sin embargo, en su momento Troll 2 fue lanzada como si fuera una película de terror al uso, lo que hizo que no se entendiera y recibiera muy malas críticas. Ya me había olvidado de ella como quien dice cuando un día me llama a Italia uno de los actores que aparecían en ella y me pide que mire en Internet, porque la gente dice que esa película, que antes la consideraban tan mala, es ahora la mejor. Esto fue en 2005, y todo este fenómeno increíble ha seguido manteniéndose e incluso creciendo hasta llegar al día de hoy.

Ya que lo mencionas, ¿qué te parece toda la fenomenología que se ha generado en torno a la película, hasta el punto de ser denominada como “la mejor peor película de la historia”, tal y como reza el título del documental que se realizara sobre ella?

F.: Toda esta fenomenología que hay sobre la película, o que se hiciera un documental sobre ella, es algo que todavía no puedo comprender.

Rossella Drudi: Nos llaman de todo el mundo para invitarnos a proyecciones de la película. Incluso, en una universidad de Canadá nos homenajearon otorgándonos el honoris causa en antropología. ¡Es fantástico! (risas)

F. Hace tres o cuatro años Eli Roth estuvo presentando en el festival de Roma una de sus películas y tuvo un encuentro con todos los directores italianos de cine de terror. En un principio yo no estaba en la reunión, pero me llamó un amigo diciendo que Eli Roth había pedido expresamente que yo fuera. Así que sin pensarlo mucho fui y allí estaban Umberto Lenzi, Ruggero Deodato, Lamberto Bava… Pero cuando llegamos Rossella y yo, Eli Roth vino corriendo emocionado gritándome “¡Claudio Fragasso! ¡Tu eres el director de Troll 2! Amo esa película”. Entonces se abre la cazadora y me muestra la camiseta que llevaba debajo, que era de Troll 2. Mientras tanto, los otros directores italianos se miraban entre sí como preguntándose “¿pero este quién es?”

Es un fenómeno a escala mundial. No solo ocurre en Norteamérica, sino también en Europa: en España, Inglaterra, Francia, Alemania, Hungría, Noruega, Suiza… Ahora, si vas a preguntarme el porqué, no lo sé. Pero estoy contento con ello.

Troll 2 fue producida por Filmirage, la productora de Joe D’Amato.  Aunque ya habíais tenido oportunidad de trabajar para él en otras oportunidades, ¿cómo era D’Amato como productor?

F.: Aristide era el mejor. Era una gran persona y si él entendía que eras la persona adecuada para rodar lo que te había pedido confiaba mucho en ti y te daba una gran libertad. He trabajado con muchos productores, pero como Aristide no ha habido ninguno.

R: D. Era el Roger Corman italiano. Aparte, era un hombre muy generoso, muy altruista y una persona muy creativa. Podía ser director de fotografía, encargarse del montaje, dirigir, escribir el guion… Hacía de todo. Era único. Por ejemplo, guardo de él una pequeña anécdota. Estando en los Estados Unidos durante el rodaje de Troll 2, cuando llevábamos unas dos semanas se me acerca un día en el set y me pide que le siga. Me llevó hasta un cementerio indio y me pregunta: “Rosella, ¿qué te inspira este lugar?” Entonces le respondo que una historia de fantasmas y me dice: “De acuerdo, escríbela”. Y con ese guion rodó una película en los Estados Unidos con un director norteamericano. Así era Aristide.

Rossella y Claudio junto a Carlos Palencia y Paco Fox durante la rueda de prensa de presentación a los medios de Cutrecon VI

Al margen de Troll 2, la trayectoria de Claudio es recordada por tu fructífera colaboración con Bruno Mattei. ¿Cómo le recuerdas?

F.: A Bruno le considero mi padrino, porque, además, no tenía el carácter fuerte que suelen tener los directores. No era Kubrick, obvio, pero era Bruno Mattei. Y él me enseñó mucho sobre el oficio. Porque Bruno era muy buen montador y yo era muy bueno como guionista. Entonces, algunas veces rodaba solo Bruno y otras solo yo, y entre ambos nos complementábamos. Por ejemplo, recuerdo que cuando comencé a dirigir no le daba demasiada importancia al montaje. A mí solo me importaba hacer la escena con los actores, y Bruno me decía que estaba equivocado, que tenía que tener en cuenta el montaje a la hora de rodar como hacía él. Sin ir más lejos, en el rodaje de Apocalipsis caníbal su mayor preocupación era cómo insertar los planos del documental con lo que estábamos rodando. Así que junto con él empecé a trabajar en la sala de montaje y comprendí que tenía razón. Y de esa moda funcionábamos: yo compensaba las carencias de Bruno como guionista y él mis carencias como montador. Y no nos fue mal: juntos trabajamos a lo largo de veinte años.

Muchas de aquellas películas fueron filmación back-to-back para abaratar costes. Ni qué decir tiene que planificar un rodaje de estas características resulta algo sumamente lioso. ¿Cómo os repartíais el trabajo en estos casos?

F.: No es que fuera una cosa de Bruno y mía esta especialización, sino que eran las productoras las que nos encargaban esta clase de proyectos. Nos decían: rodadnos dos películas por el precio de una. Pero más allá de eso, la planificación no tenía mayores dificultades que las de cualquier otro rodaje.

Sin lugar a dudas, uno de los rasgos característicos de tu filmografía conjunta con Mattei reside en la evocación de ingredientes de ciertos films de éxito, algo que por otra parte era bastante habitual en el cine italiano de género coetáneo, y que llegaba hasta el punto de que algunos de vuestros films fueran lanzados en según qué mercados haciéndose pasar como secuelas apócrifas…

F.: En muchos casos la elección de esos títulos era cosa de la productora o la distribuidora. En Terminator 2 el título original era Shocking Dark, Troll 2 se llamaba en un principio Goblin y Non aprite quella porta 3[1], Night Killer.

D.: Otras veces, dos o tres años después de hacer la película veíamos que cambiaban el título para que resultara más comercial en ese momento y pudieran seguir explotándola comercialmente…

¿Y los productores no os pedían que la película se pareciera a algún éxito de esos momentos?

F.: Si, claro. Recuerdo con Bruno el caso de hacer una especie de Depredador, y rodamos Robowar. O un periodo en el que rodábamos en Filipinas una tres o cuatro películas en un año que seguían la estela de Rambo.

D.: Todas con muy poco dinero. Cop Game, Double Target, Strike Commando 1 y 2

F.: Fue una buena escuela para aprender. Tanto es así que, cuando años después rodé en Italia Camino sin retorno, mucha gente me felicitaba por las escenas de acción, y si salieron tan bien fue por la experiencia previa que me había dado el participar en todas estas películas.

El productor español José María Cunillés y Claudio Fragasso presentando “Apocalipsis caníbal” al público de la sala 2 del Cine de la Prensa.

Dos de vuestros proyectos conjuntos que se salen un poco de este patrón, precisamente, es un par de westerns que rodasteis en coproducción con España titulados ¡Scalps! Venganza india y Apache Kid, en una época en el que este tipo de cintas habían dejado prácticamente de realizarse en Europa…

F.: Eso fue cosa de la productora italiana, la Beatrice Film de Roberto Di Girolamo, con la que ya habíamos trabajado antes varias veces. Ellos fueron los que tuvieron la idea de hacer dos westerns; uno dirigido por Bruno y otro por mí. Yo estuve encantado, ya que considero a Sergio Leone el más grande director de todos los tiempos. Y este proyecto me daba la oportunidad de ir a Almería a rodar dos westerns en los mismos escenarios que él utilizó en sus películas. Rodé en varios sitios en los que el hizo La muerte tenía un precio y Hasta que llegó su hora. Aparte de esto, quise homenajearle en la película y, entre otras cosas, incluí un triello, es decir, un duelo entre tres personajes, como en El bueno, el feo y el malo.

Una curiosidad. En algunas bases de datos se acredita al actor Richard Harrison como coautor de la historia de ¡Scalps! Venganza india. ¿Es cierto este dato?

F.: El hijo de Richard Harrison, Sebastian Harrison, era el protagonista de Apache Kid, por lo que pudiera ser que la primera idea fuera suya. Es curioso, porque años antes Richard Harrison protagonizó un par de poliziesci que escribí cuando comencé como guionista en los años setenta: Napoli… i 5 della squadra speciale e I guappi non si tocano, ambos de Mario Bianchi.

Junto con Mattei también trabajaste para la Cannon. ¿Cómo fue trabajar para tan mítica productora, de la que circulan tantos rumores sobre su particular forma de funcionar?

F.: Sí, en Hercules and the Sevent Gladiators[2]. Era un robo todo. Melan y Goblus hicieron una productora de mierda que no era muy honesta. Entonces Bruno y yo teníamos que enfrentarnos todo el rato a problemas. Un ejemplo: la figuración. Al inicio del día teníamos a cincuenta personas de extras. Sin embargo, cuando pasaba una hora había veinte, y tres horas más tarde solo había diez. ¡Va fan culo! (Risas). Así que el rodaje me lo pasé constantemente enfadado.

Rossella, Claudio, el actor Emilio Linder y José María Cunillés.

Pasemos a Zombie 3, película originalmente de Lucio Fulci, pero que tras su abandono os encargasteis de acabar entre Bruno y tú. Del montaje final, ¿cuánto pertenece a lo rodado por Fulci, y cuánto a lo rodado por ti y Mattei?F.: No te puedo decir eso porque no sería justo. La película es una película de Lucio Fulci que él no pudo terminar porque estaba enfermo con un tumor en el hígado. Tras su marcha, el productor me llamó muy enfadado, pidiéndome que le ayudara a terminar la película aprovechando lo ya rodado, a lo que accedí, encargándose Rossella de reescribir el guion de nuevo. Después de varios cambios, y cuando había escrito entre treinta y cuarenta minutos de historia nuevos, el productor nos dijo que teníamos que ir inmediatamente a Filipinas para rodar este material, ya que tenía prisa para llegar a tiempo a la fecha de estreno que había pactado con los distribuidores.

D.: Claudio estaba en Roma, pero Bruno estaba en Filipinas. Así que en cuanto llegamos Claudio se puso en contacto con Bruno para contarle la situación y pedirle que nos echara una mano.

F.: Dadas las prisas, le propuse hacerlo entre los dos, como habíamos hecho tantas veces, y él aceptó.

D.: Es gracioso, porque hay una escena con un zombi en el fuego que todo el mundo atribuye a Fulci y no es verdad. En realidad es de Claudio y Bruno.

F.: En cualquier caso, lo primero que hice antes de embarcarme en el proyecto fue ponerme en contacto con Fulci para saber si él me daba su autorización, porque al fin y al cabo era una película suya. Después él dijo muchas cosas inciertas sobre cuál había sido realmente su participación, pero, bueno, hay que tener en cuenta que Lucio era una persona muy particular.

Precisamente, el protagonista de Zombie 3 fue el hoy reputado realizador especializado en el medio televisivo Deran Serafian, hijo del también director Richard C. Serafian, y para el que poco tiempo antes habías escrito el guion de su película Interzone...

D.: Bueno, he de decir que Interzone realmente la escribí yo…

F.: Conocí a Deran Serafian cuando vine a España a rodar Leviatan / Monster Dog. En el periodo que rodé esta película Deran estaba rodando para la misma productora Cosmos mortal. A raíz de este contacto Deran y yo comenzamos a tener cierta amistad. Cuando llegó a Roma, y como también la que era entonces su novia, Beatrice Ring, era amiga nuestra, volvimos a vernos. Todo el tiempo se quejaban de que tenían que hacer algo porque no tenían dinero, por lo que les presenté a Lucio Fulci, quien estuvo de acuerdo en que ambos participaran como actores en Zombie 3. Después, esta stronza (perra) de Beatrice Ring ha dicho como que se arrepentía de haber hecho esa película, pero lo que no se acuerda es cuando se estaba muriendo de hambre.

En 1993 con Teste rasate dais un giro a vuestra trayectoria, iniciando una serie de películas ambientadas en entornos delictivos y con un acento social, algunas de las cuales serían realizadas para la televisión…

F.: A mediados de los noventa, las películas de terror de bajo presupuesto en las que solíamos trabajar cada vez eran más baratas, porque los norteamericanos empezaron a hacer películas de género baratas, con la diferencia de que el barato para los yanquis es una película con cierto nivel de producción. Vi que no era un buen momento para aquel tipo de cine y pensé en hacer algo en Italia.

D.: Hasta entonces habíamos sido unos cineastas emigrantes. Mientras Claudio era conocido en todo el mundo, en Italia en cambio nadie sabía quién era. Sin embargo, Teste rasate, que era un film muy fuerte, muy violento, de denuncia social, nos sirvió como carta de presentación en Italia.

F.: Después de Teste rasate vino Camino sin retorno, y empecé un periodo de mi carrera centrada en films de acción y de denuncia social.

D.: De esta etapa, uno de nuestras películas que más me gusta es Coppia omicida, que trata el problema de la incomunicación de la pareja a través de las andanzas terroristas de un par de asesinos interpretados por Raoul Bova y Raz Degan: en el amor, en el afecto… Todo ello sin dejar de ser un thriller con mucha acción. Por desgracia en Italia no funcionó, aunque en otros países como Estados Unidos, Alemania o Francia fue bastante bien.

Y de cara al futuro, ¿cuáles son vuestros próximos proyectos?

F.: Una película de miedo. Hay varias en proyecto, la primera de las cuales se llama Zombie Mamma y es una historia muy fuerte de zombis con trasfondo social y un toque muy particular. Tenemos que empezar una nueva carrera y pensamos hacerlo volviendo a las películas de miedo.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

C. Fragasso 03 fin

[1] N. d. a.: Non aprite quella porta es el título italiano de La matanza de Texas.

[2] N. d. a: Ignoro si dicho título era el original del proyecto, pero la película resultante fue estrenada con el título original de I sette magnifici gladiatori y el hijo de Zeus no aparecía por ningún lado, si bien el personaje principal corría por cuenta de Lou Ferrigno, quien por aquellas mismas fechas había encarnado a dicho personaje también para la Cannon en El desafío de Hércules. Teniendo en cuenta que lo que en principio eran escenas adicionales para I sette magnifici gladiatori acabarían desembocando en la confección de una improvisada secuela a cargo de Luigi Cozzi de la previa El desafío de Hércules con La furia del coloso, no se puede descartar que, en origen, la película de Mattei y Fragasso estuviera planteada como otra aventura del semidios.

Published in: on marzo 3, 2017 at 11:25 am  Dejar un comentario  
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