Operación Mogador

Operación MogadorPassword_Uccidete_agente_Gordon_1967

Título original: Operación Mogador / Password: Uccidete agente Gordon

Año: 1966 (España, Italia)

Director: Sergio Grieco [acreditado como Terence Hathaway]

Directores de producción: José María Rodríguez, Aldo Passalacqua

Guionistas: Lucio Battistrada, Gian Paolo Callegari, Ramón Comas

Fotografía: Juan Julio Baena

Música: Piero Umiliani

Intérpretes: Roger Browne (Douglas Gordon), Helga Liné (Karin), Miguel de la Riva [acreditado como Michael Rivers] (Rudy Schwartz), Franco Ressel (Albert Kowalski / Sra. Kastiadis), Rosalba Neri (Amalia), Andrea Scotti (Walter), Susan Terry (Aisha), Mila Stanic (Magda), Peter Blades (Jimmy), Dario De Grassi, Francesca Rosano (Cantante en Paris), Giorgio Ubaldi (Harry), Beni Deus (Conductor furgoneta de reparto), Franco Lantieri [acreditado como Frank Liston] (José), Ángel Menéndez (Kurt), Leu Lii Young (Lao Pat, agente del Vietcong), Cheu Yea Hong (segundo agente vietnamita), Enzo Andronico (Monsieur Lapipi), Antonio Gradoli [acreditado como Anthony Gradwell] (Jefe de Gordon), Umberto Raho (Turista en Paris), Alfonso Rojas (Sancho), Maria Barba, Rossella Bergamonti, Wally Seeber, Jeff Cameron, Osiride Pevarello, Renzo Pevarello…

Sinopsis: Douglas Gordon, agente del contraespionaje estadounidense, es encargado de localizar y destruir a una banda de traficantes de armas que está surtiendo de equipamiento bélico al Vietcong. Para tal fin se hará pasar por representante artístico, ya que según las informaciones de sus superiores los integrantes del gang criminal se camuflan dentro de una compañía internacional de variedades denominada Mogador.

Una avioneta en marcha ametralla desde el cielo a un individuo que huye despavorido a pie por entre la mitad de un desértico páramo. No, no se trata de la icónica escena de Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959). Pese a lo que pudiera deducirse en un principio, la estampa descrita pertenece al prólogo de Operación Mogador / Password: Uccidete agente Gordon  (1966)[1], una de esas cintas de euroespías que a mediados de los sesenta coparan las carteleras de medio mundo a modesta imagen y semejanza de las primeras y exitosas encarnaciones cinematográficas del agente 007 creado por Ian Fleming. Por si hubiera alguna duda en cuanto a su orientación genérica, los consiguientes títulos de crédito resultan de lo más aclaratorios. En ellos, los nombres de los productores, actores y técnicos participantes se superponen sobre imágenes tomadas desde el punto de vista del interior de un automóvil de algunos de los enclaves más emblemáticos de París. Una circunstancia que pone de evidencia la querencia por las ambientaciones turísticas que fuera una de las principales señas características del subgénero y que, dentro de su prototípico recorrido trotamundista, comprende en esta ocasión visitas a Trípoli, Roma, Madrid, Escalona, Brihuega, Getafe y Villaviciosa de Odón (sic), amén de a la mencionada capital francesa, según se informa desde los propios genéricos.

De esta forma tan temprana, el film anuncia su condición de producto formulario sujeto a los más manidos cánones acuñados por este tipo de películas. Tanto es así que se erige en un perfecto ejemplo del grado de codificación que para esas alturas poseía la corriente, sintetizando todos y cada uno de sus ingredientes habituales reducidos a su expresión mínima. Básicamente, su recorrido argumental se reduce a mover la historia de un lugar a otro sin pararse en dar mayores explicaciones del porqué de los acontecimientos, con el único objetivo de acumular el mayor número de secuencias de acción como sea posible. Tal es su abstracción argumental que ni siquiera se molesta en esbozar el carácter de su agente protagonista, como si su personalidad fuera ya de sobra conocida por la audiencia, lo que en cierto modo puede verse como una nada velada mención a la intercambiabilidad de los roles principales de esta clase de films. Poco importa que se llame Douglas Gordon como ocurre en la presente; lo mismo hubiera dado de haber sido el agente 3S3 del díptico de Sergio Sollima o cualquier otro de los sosias de James Bond que inundaron la corriente, parecen querer señalar sus responsables. Ello propicia que durante el visionado de la cinta dé la impresión de estar asistiendo al capítulo de una serie televisiva clásica donde los personajes principales ya son conocidos de antemamo y lo que realmente importa es la misión auto conclusiva que se narra, sensación que es potenciada por el final de la historia en el que se deja la puerta abierta a la prosecución de una nueva aventura.

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A buen seguro que en este tratamiento no es ajeno el que su director, el italiano Sergio Grieco acreditado bajo su habitual seudónimo para tales lides de Terence Hathaway, fuera uno de los más contumaces especialistas con los que contó el también conocido como spionistico, si no el que más. Así lo atestiguan las ocho películas sobre la temática que realizara entre 1964 y 1966, trienio que comprende la eclosión, auge y caída de los seudobonds dentro de la industria cinematográfica europea, de entre las que podemos destacar la trilogía compuesta por La muerte espera en Atenas / Agente 077 missione Bloody Mary / Operation lotus bleu (1965), París-Estambul, sin regreso / Agente 077 dall’Oriente con furore / Fureur sur le Bosphore (1965) y Operación Lady Chaplin / Missione speciale Lady Chaplin / Mission spéciale Lady Chaplin (1966), tríptico dedicado a las andanzas del agente 077 Dick Mallory al que prestara sus rasgos Ken Clark. No obstante, en esta oportunidad Grieco confiaría el personaje principal al que fuera su otro actor fetiche para esta clase de papeles, el inglés Roger Browne, al frente de un reparto cuya estampa femenina es representada por dos de las indiscutibles musas del cine-bis europeo: una jovencísima Rosalba Neri y la no menos morbosa Helga Liné quien, curiosamente, había formado también pareja con Browne en aquellas mismas fechas en otro film de idénticas características, Operación Poker: agente OS-14 / Operazione Poker (1966) de Osvaldo Civirani.

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Dentro, pues, de lo rutinario de la propuesta, cabe llamar la atención sobre una serie de particularidades que se escapan de lo acostumbrado, aunque solo sea a nivel anecdótico. Es el caso de la singularidad que aportan detalles del calibre de la técnica empleada por el tal Gordon para sonsacar información a la bailarina a la que interpreta la Neri, haciéndole cosquillas en los pies, o, sobre todo, el hecho de que el villano de la función, de nombre real Kowalski, se pase la mayoría del metraje disfrazado de mujer, en una idea que, como muy certeramente apunta Roberto Curti[2], sería reciclada por el propio Grieco años más tarde en su thriller El hombre que desafió a la organización / L’uomo che sfidò l’organizzazione (1975). Otro aspecto a destacar es el modo en el que, desechando el elemento fantacientífico tan caro al estilo, la trama se hace eco de la realidad de su tiempo, al hacer que el hilo narrativo de su historia recaiga en la destrucción de una red de traficantes de armas que están surtiendo al bando comunista en la guerra del Vietnam y que se esconden tras la compañía de variedades “Mogador” a la que alude el nombre español de la película.

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Precisamente es dentro de este apartado donde se encuentran los apuntes más interesantes del conjunto a través de las poco disimuladas alusiones que, de forma consciente o inconsciente, se hacen al contexto socio-político de la España de la época durante el tramo de la película que discurre en la Piel de Toro. Véase a este respecto el momento en el que el transformista villano recuerda a Rudy, su hombre de confianza, que se encuentran en nuestro país cuando este le reclame que llame por radio a sus compinches, lo que puede leerse como una velada referencia al supuesto control al que la dictadura franquista sometía a las comunicaciones privadas; o, más tarde, la cara de sugestión y deseo que el empresario teatral español manifiesta ante los insinuantes bailes que el grupo de ballet comandado por Liné ejecuta ante sus ojos de cara a su contratación, y que tan bien ilustra la represión sexual que sufrían los españolitos medios a resultas del pacato nacional catolicismo imperante. Pero mientras que estos elementos quedan al albur de la interpretación que los espectadores puedan buscarle, pocas dudas ofrece en cambio las intenciones que guarda la réplica que espeta el tal Rudy a Kowalski tras que su travestido jefe le inste a no realizar disparos, so pena de alertar a la Benemérita. “¡Que gracioso! Una espía internacional que tiene miedo de la Guardia Civil”, responderá con un grado de ironía que sólo puede equipararse al demostrado por los guionistas a la hora de incluir semejantes líneas de diálogo en su libreto.

José Luis Salvador Estébenez

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[1] No fue este la única cinta del estilo que “homenajearía” al popular film de Alfred Hitchcock. Por aquella mismas fechas también lo haría Con la muerte a la espalda / Con la morte alle spale / Typhon sur Hambourg (1967), curioso híbrido entre seudo-bond y cine de supervillanos del que ya hablamos hace unos años: https://cerebrin.wordpress.com/2010/07/26/con-la-muerte-a-la-espalda/

[2] Italian Crime Filmography, 1968-1980 (McFarland & Company, In., Jefferson, 2013), página 145.

Published in: on abril 7, 2017 at 6:46 am  Dejar un comentario  

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