Ikarie XB-1

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Título original: Ikarie XB-1

Año: 1963 (Checoslovaquia)

Director: Jindrich Polák

Productor ejecutivo: Rudolf Wolf

Guionistas: Pavel Jurácek, Jindrich Polák, basándose en la novela La nube de Magallanes de Stanislaw Lem

Fotografía: Jan Kalis, Sasa Rasilov

Música: Zdenek Liska

Intérpretes: Zdenek Stepánek (Capitan Vladimir Abajev), Frantisek Smolík (Anthony Hopkins, el matemático), Dana Medrická (Nina Kirova, la socióloga), Irena Kacírková (Brigitta), Radovan Lukavský (Comandante MacDonald), Otto Lackovic (Michal), Miroslav Machácek (Marcel Bernard), Jirí Vrstála (Erik Svenson, piloto), Rudolf Deyl (Ervin Herold, piloto), Jaroslav Mares (Milek Wertbowsky), Martin Tapák (Petr Kubes, biólogo), Marcela Martínková (Steffa, la esposa de Wertbowsky), Jozef Adamovic (Zdenek Lorenc), Jaroslav Rozsíval (Doctor), Ruzena Urbanova (Eva, la historiadora), Svatava Hubenáková (Rena, esposa de MacDonald), Jan Cmíral, Vjaceslav Irmanov, Miroslav Abrahám, Nadesda Blazickova, Zdenek Jelínek, Bohumil Klika, Jan S. Kolár, Vera Kresadlová, Alena Martinovská, Ladislav Mrkvicka, Vladimír Navrátil, Olga Navrátilová, Marie Popelková, Hana Prazanová, Olga Schoberová, Gustav Vobornik…

Sinopsis: En el año 2163, la nave espacial Ikarie XB-1 se dirige hacia la constelación Alfa Centauri para buscar en ella una nueva forma de vida extraterrestre. Aunque para los astronautas el viaje dura veintiocho meses, cuando la misión llegue a su destino, en la Tierra habrán pasado quince años. Durante el viaje, cuarenta científicos de todos los países aprenden a vivir juntos y afrontan varias peripecias, entre ellas el encuentro con un aparato espacial del siglo XX, la inestabilidad mental de uno de los pasajeros y la aparición de síntomas de radioactividad.

Ikarie low 1

A más de medio siglo vista desde su realización, existen al menos dos formas de acercarse al contenido de Ikarie XB-1. La más sencilla es aludir a la influencia que sus imágenes han ejercido en renombrados y trascendentales exponentes del cine de ciencia ficción posterior. Entre ellos destacan Star Trek, de la que anticipa la idea de una misión multicultural destinada a explorar los confines del universo así como su visión optimista del futuro; Alien, el octavo pasajero, con la que comparte el costumbrismo con el que muestra el día a día de su tripulación, el encuentro con una vieja nave abandonada o un tramo pesadillesco en el que uno de sus tripulantes recorre los interminables pasillos de la embarcación huyendo de una amenaza cuya naturaleza desconoce; o, sobre todo y ante todo, 2001: una odisea en el espacio, de la que adelanta motivos argumentales, discursivos, escénicos y visuales, con encuadres idénticos, que ponen bien a las claras lo mucho que Stanley Kubrick tuvo presente Ikarie XB-1 a la hora de dar forma a su película. Pero, por encima mismo de su carácter precursor en el devenir del género, se encuentran los valores propios como obra cinematográfica de un film que durante décadas fue conocido en Occidente por la versión adulterada que comercializara la AIP bajo el título de Voyage to the End of the Universe, en la que, al igual que hiciera con otros ejemplares de ciencia ficción procedentes del otro lado del telón de acero, remontaba, modificaba y, en última instancia, desnaturalizaba la versión original, aligerada en al menos diez minutos de metraje[1].

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Rodada en los míticos estudios Barrandov de Praga, la existencia de Ikarie XB-1 se encuadra en un principio dentro de la guerra propagandística emprendida por el bloque comunista y los Estados Unidos. Con la idea de festejar los primeros éxitos conseguidos por la Unión Soviética en la incipiente carrera espacial, la película es concebida por el Partido Comunista checoslovaco en unos términos de lo más ambiciosos, productiva y artísticamente. Para dar forma a su argumento, se decide acometer la adaptación de la novela Obłok Magellana (1955) del polaco Stanislaw Lem, autor de la base literaria de otros de los clásicos del cine de ciencia ficción de Europa del Este durante el periodo comunista, Solaris de Andrei Tarkovskii. Para su realización se invierten alrededor de seis millones de coronas, cantidad que duplicaba ampliamente el presupuesto habitual de los largometrajes checoslovacos de la época, destinándose seis meses a su pre-producción. Durante este tiempo, sus responsables se reunirían con integrantes del programa espacial soviético con el fin de que les asesoraran a la hora de recrear toda la tecnología espacial que la historia demandaba. Pese a ello, “al carecer de verdaderos referentes en materia de películas de ciencia ficción”[2] (por más que la influencia de la norteamericana Planeta prohibido sea notoria, en especial por el robot que el más veterano de los integrantes de la tripulación tiene como compañero, cuyo diseño es sospechosamente similar al del popular Robby), “los autores del guion deben inventarlo todo partiendo desde cero”[3], con la máxima impuesta por su director, Jindrich Polák, de que todo lo que apareciera en pantalla y “fuera fruto de la imaginación de su equipo deberá tener una base real científica y una función lógica”[4].

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No por casualidad, en este apartado reside uno de los principales baluartes del conjunto. La aludida falta de referencias al respecto, unido a su enconada búsqueda de verosimilitud en la forma de representarlo, hace que la visión que ofrece de ese entorno espacial en el que transcurre su historia resultara de lo más revolucionaria en su momento, marcando la pauta a seguir por numerosos films a partir de entonces, mientras que el mimo y empeño puesto en su confección cristaliza en un imponente diseño de producción, singularizado por los cuidados interiores de la nave que da título al film, sin olvidar el acabado de unos efectos especiales que, a pesar del tiempo transcurrido, mantienen su eficacia. Todo ello redunda en el atractivo look visual que luce la película, a lo que no es ajena ni su magnífica fotografía en blanco y negro y formato cinemascope, en la que destaca su manejo de las luces y las sombras en determinadas escenas, ni la realización de Polák. Acreedor de una filmografía superior a la veintena de títulos que le revelan como un cineasta todoterreno, Polák articula su puesta en escena mediante la fluidez que le aportan sus movimientos de cámara y los juegos que establece con los ángulos de tiro para expresar el cada vez más confuso estado de ánimo que se apodera de la tripulación del Ikarie a medida que transcurre el viaje, demostrando buena mano para la creación de atmósferas opresivas en los dos capítulos que conforman la segunda parte del metraje, en los que también evidencia un extraordinario manejo de la tensión y el suspense. Dentro de su inspirado trabajo resalta la sutileza de detalles, como ese perro que adopta uno de los astronautas siendo un cachorro y, mediante cuyo progresivo crecimiento, se evidencia de forma implícita el paso de los meses en el desarrollo de la misión.

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A pesar de sus orígenes de producto propagandístico, lo cierto es que la carga política de Ikarie XB-1 es bastante tenue, máxime si se la compara con otros congéneres soviéticos y estadounidenses realizados en idéntico contexto. Por el contrario, sus responsables se cuidan mucho de cargar las tintas en este aspecto, y mucho menos de caer en lo panfletario. Dejando a un lado el concepto de esa tripulación internacional que trabaja en fraternidad y armonía en busca de vida extraterrestre, más otros pequeños apuntes desperdigados aquí y allá, el componente político se concentra en uno de los puntos culminantes del film: el encuentro de la Ikarie con una nave terrícola botada en el siglo XX que flota a la deriva. Alertado por su presencia, el capitán envía a dos de sus hombres en misión de reconocimiento. Cuando arriban a la nave, los astronautas descubren que su tripulación murió mientras jugaba a los dados vestidos de etiqueta a causa de un gas venenoso liberado por dos militares de alta graduación, cuando el nivel de oxigeno comenzó a menguar, y que acabaron disparándose entre sí. Siguiendo con las pesquisas, también comprueban que la nave está repleta de bombas nucleares, activando por accidente una de ellas, que detona antes de que escapen. La alegoría que se pretende establecer es obvia. La vieja nave, de procedencia occidental como atestiguan sus letreros en inglés, supone una representación de los peligros del sistema capitalista –resulta bien simbólico que lo primero que los astronautas encuentren al acceder al interior de la nave sea una mano sosteniendo un billete-, de su insolidaria individualidad y de su irresponsable uso de la energía nuclear como armamento.

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No obstante, este capítulo es también empleado para lanzar una reflexión sobre las grandezas y miserias del ser humano del siglo XX; el responsable de horrores indescriptibles como “Auschwitz, Oradour e Hiroshima”, como recuerda uno de los personajes, pero también el creador de obras de la sensibilidad de las melodías de Honeger, como le responde su interlocutor. Un componente este que entronca con el tono humanista que preside la propuesta. Y es que, en consonancia con el estilo de ciencia ficción practicado en la Europa comunista, Ikarie XB-1 centra su atención en el componente humano de la historia antes que en la aventura espacial y los aspectos derivados de ella, como solía ser habitual en su variante estadounidense. De este modo, su desarrollo se basa en una trama episódica compuesta en su primera mitad por pequeños fragmentos que ilustran la cotidianidad de la nave, adaptando para ello un estilo contemplativo mediante el que sumergirnos en la vida diaria de los cosmonautas[5]. Sentimientos tan humanos como el amor, el humor, la curiosidad o el compañerismo, pero también los celos, la añoranza por los seres queridos a causa del tiempo y la distancia o la incertidumbre por el futuro, desfilan a través de estos segmentos que según avanza el metraje plasman la evolución psicológica a la que conduce a los protagonistas el largo periodo de encierro en el interior de la nave y la monotonía que acarrea. Ello no quita para que en el desenlace se imponga el optimismo, y tras la tempestad se abra una puerta a la esperanza. Superados los problemas, la Ikarie alumbra el nacimiento de un bebé justo en el momento en que la misión alcanza su objetivo, al encontrar un planeta habitado. Un espíritu que es sintetizado por uno de los comentarios del capitán durante los últimos compases: “Fuimos a la búsqueda de vida y la vida nos ha encontrado”.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Uno de los cambios efectuados en el remontaje se encuentra durante el desenlace, haciendo que en lugar del  desconocido planeta blanco de la original, la nave llega a la Tierra, tal y como es mostrado mediante la inclusión de una imagen de la Estatua de la Libertad semienterrada. Un clímax que, por diferentes motivos, se asemeja al de las posteriores El planeta de los simios y Terror en el espacio, esta última, por cierto, producida por la propia AIP.

[2] Extraído del dossier de prensa distribuido por Capricci con motivo del estreno de Ikarie XB-1 en España.

[3] Op. Nota cita 2

[4] Ibídem

[5] Nótese el paralelismo existente entre las videopantallas desde las que desde el puente de mando observan en numerosas ocasiones las acciones que suceden en distintos puntos de la Ikarie y la relación que se establece entre su público y la pantalla en la que visiona la película.

Published in: on julio 21, 2017 at 8:15 am  Dejar un comentario  

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