King Kong 2

KingKong2

Título original: King Kong Lives

Año: 1986 (Estados Unidos)

Director: John Guillermin

Productor: Martha De Laurentiis

Guionistas: Steven Pressfield, Ronald Shusett, según los personajes creados por Merian C. Cooper, Edgar Wallace

Fotografía: Alec Mills, Peter MacDonald [no acreditado]

Música: John Scott

Intérpretes: Peter Elliott (King Kong), George Antoni [acreditado como George Yiasomi] (Lady Kong), Brian Kerwin (Hank Mitchell), Linda Hamilton (Amy Franklin), John Ashton (coronel Nevitt), Peter Michael Goetz (Dr. Andrew Ingersoll), Frank Maraden (Dr. Benson Hughes), Alan Sader, Lou Criscuolo (doctores de la facultad), Richard Rhodes, Larry Souder, Ted Prichard, Jayne Gray, Debbie McLeod, Elizabeth Hayes (reporteros), Marc Clement, Nat Christian, Mac Pirkle, Larry Sprinkle (periodista), Rod Davis (reportero de televisión), David de Vries, Bonnie Johnson [acreditado como Bonnie Cook], J. Michael Hunter (técnicos), Robin Cahall (Mazlansky), Don Law, Jack Maloney, Jimmie Ray Weeks (mayor Peete), Jeff Benninghofen, Jim Grimshaw (sargento), Bernard Addison, Michael McClendon, Jimmy Wiggins, Mary Swafford (novios), Michael Forest (Vance), Leon Rippy, Wallace Merck, Dean Whitworth, Herschel Sparber (cazadores), Dandy Stevenson, Lydia Smith, Hope Nunnery, Margaret Freeman, Winston Hemingway, Tom Parkhill, Jeffrey Buckner Ford, Derek Pearson, Gary Kaikaka, Duke Ernsberger, Mike Starr, Shannon Rowell, Michael Bard Bayer, Jeff Bridges (Jack Prescott), Benjamin Kechley (hijo de Kong), Scott King, Jessica Lange (Dwan), Eddy Schumacher, Matt Totty…

Sinopsis: Tras caer abatido en el World Trade Center, King Kong ha permanecido en coma durante los últimos diez años, gracias a las modernas técnicas de un equipo de científicos de Atlanta, dirigidos por la doctora Amy Franklin. Para salvarle la vida necesitan efectuarle una transfusión, sin que exista un animal que tenga un plasma compatible con el suyo. En Borneo, un aventurero llamado Hank Mitchell caza a un ejemplar de hembra de gorila gigante, trasladándolo a Atlanta. Una vez despierta de la operación, Kong siente la presencia de la gorila, por lo que va a buscarla, huyendo juntos a un bosque cercano. La doctora Franklin y Hank Mitchell salen tras ellos para evitar que las autoridades, alarmadas, puedan destruirlos.

King Kong 2, titulada en su versión original como King Kong Lives, supone la tardía continuación del remake que en 1976 orquestara Dino de Laurentiis del clásico dirigido por Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack. A pesar de que la realización de esta segunda parte estuvo siempre en la mente del productor italiano, dado el óptimo rendimiento monetario conseguido por su mastodóntica visión de la octava maravilla del mundo, la cual, a decir de algunas fuentes, triplicó en taquilla su presupuesto, tuvieron que pasar diez años hasta que finalmente llegó a cristalizar el proyecto. Quizás por ello, la cinta que nos ocupa arranca con un resumen del desenlace de su predecesora, a modo de recordatorio de cara al público de su condición de secuela de aquella exitosa película. No obstante, en contra de lo mostrado por este prólogo, la siguiente escena nos informa que Kong no murió ametrallado en el World Trade Center, sino que ha pasado la última década en estado de coma, a la espera de un donante compatible que permita hacerle una transfusión sanguínea con el fin de transplantarle un nuevo corazón artificial. Tan delirante premisa es solo el primero de los disparates en los que incurre una película mala de solemnidad.

En su descargo habrá que decir que su producción resultó de lo más accidentada. Por un lado, su director, John Guillermin, que ya se había encargado de la primera entrega, no se encontraba en las mejores condiciones tras haber sufrido la pérdida de su hijo durante el rodaje de su anterior película, Sheena, adaptación al medio del homónimo personaje nacido para la viñeta, hasta el punto de que, según parece, en ocasiones abandonaba el set para ir a comer y no regresaba hasta el día siguiente. Para colmo de males, su relación con el resto del equipo, sobre todo el técnico, fue muy tirante, lo que tampoco facilitó el ambiente de trabajo, a lo que se le sumó el cambio del director de fotografía original, Peter MacDonald, por su colega Alec Mills, tras sufrir un ataque de apendicitis. Por otra parte, la película se vio afectada desde un principio por problemas presupuestarios que obligaron a que el planteamiento original tuviera que ser simplificado. El rodaje en localizaciones brasileñas y jamaicanas inicialmente previsto fue cancelado, eliminándose también varias escenas de efectos que requerían de un fuerte desembolso económico.

Qué duda cabe que todos estos condicionantes acabaron por afectar de un modo u otro al producto resultante. Es posible que las aludidas restricciones presupuestarias influyeran en la pobreza que arroja el acabado de los efectos especiales, merecedores de una nominación en los mediáticos Razzies, en especial en lo concerniente a los trajes empleados para dar vida a los simios, a años luz de los que Rick Baker se enfundara diez años antes, incapaces de disimular en pantalla la sensación de que los gigantescos gorilas se tratan, en realidad, de actores disfrazados. Lo mismo puede aplicarse al exagerado uso que se hace del brazo articulado a tamaño natural de Kong construido por Carlo Rambaldi para el film anterior. E, incluso, estos mismos motivos llegarían a explicar el porqué del esquematismo de una trama articulada a partir de las idas y venidas del gran simio y su descubierta congénere femenina mientras huyen del ejército estadounidense, poblada por personajes unidimensionales y cuya evolución obedece en todo momento al capricho de los guionistas y nunca a la lógica marcada por la sucesión de los acontecimientos. Sin embargo, aún siendo benévolos, todos los problemas padecidos durante el rodaje no sirven para justificar por sí mismos los muchos defectos que se agolpan a lo largo de un film cuyo visionado transita entre el estupor y la carcajada.

Más allá de lo apuntado, el principal problema de King Kong 2 reside en la total disonancia que se establece entre el tono de la realización con el buscado por el guion. Escrito al alimón por el entonces debutante Steven Pressfield y Ronald Shusett, en cuyo haber figuran Alien, el octavo pasajero o Desafío total, el libreto parece remitir a un registro ligero, cuando no humorístico, acorde con la concepción familiar que evidencia el producto[1]. Así lo atestigua las desopilantes indicaciones que el villano de la historia, el coronel Nevitt, da a sus hombres sobre el par de primates a los que tienen que capturar: “miden unos quince metros de alto y van como vinieron al mundo.” En cambio, la teórica comicidad que desprenden diálogos como este es pasada por alto por la, ya de por sí, poco inspirada puesta en escena de un Guillermin que apuesta en todo momento por adoptar una óptica seria, lo que no le libra de brindar no pocos instantes que solo pueden ser tachados de ridículos. Entre los muchos ejemplos que podríamos poner en este sentido, destacan por derecho propio las secuencias en la que se muestran los flirteos amorosos entre Kong y su amada, en la que los dos gorilas se comportan como si de dos quinceañeros humanos se tratara, sin olvidar la sonrojante escena del parto del hijo de ambos, que en su intención de ser emotiva acaba por resultar hilarante.

Pero por más que su trabajo en última instancia evidencie las dificultades del veterano realizador inglés para adaptarse al tratamiento intergenérico, con su peculiar mezcla de romance, acción y comedia, que se había impuesto en las superproducciones hollywoodienses a comienzos de los ochenta, a raíz de los éxitos cosechados por Steven Spielberg y George Lucas, sería injusto culpabilizar al director de El coloso en llamas en solitario de los desastrosos resultados que arroja la película. Máxime, cuando ninguno de los principales apartados implicados consiguen salvarse de la quema. Antes al contrario, ni siquiera lo hace la sección interpretativa, comenzando por la falta de química y carisma demostrada por su pareja protagonista, compuesta por una Linda Hamilton recién salida de Terminator, y el habitualmente secundario Brian Kerwin, quien da vida al aventurero que captura en Borneo a la compañera de Kong, personaje este en el que no es difícil percibir la influencia ejercida por Indiana Jones, en uno de esos rasgos exploits tan característicos de las producciones de De Laurentiis. En este sentido se antoja bien indicativo que en los títulos de crédito finales los nombres de las dos supuestas estrellas queden relegados por detrás del de los desconocidos especialistas que dan vida a la pareja de simios.

Como no podía ser de otra forma a la vista de este panorama, King Kong 2 cosecharía un estrepitoso fracaso en taquilla en su momento de estreno. Con un presupuesto estimado que oscila entre los diez y los veinte millones de dólares dependiendo de la fuente consultada, recaudaría menos de cinco durante su estreno en los Estados Unidos, acaecido en las navidades de 1986, permaneciendo inédita en salas comerciales de mercados tan potentes como el Reino Unido. Ni qué decir tiene que semejante rendimiento económico esfumó la idea de rodar una nueva secuela protagonizada por el hijo de Kong que dejaba entrever el desenlace de la cinta, afectando también a algunos de sus principales implicados. Es el caso de John Guillermin que, casualidad o no, a sus sesenta años no volvería a rodar nunca más para la gran pantalla, dirigiendo únicamente a continuación el telefilm Perseguido en Arizona (The Tracker, 1988), un par de años más tarde.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Lo que no quita para que se muestre al gran simio despedazando humanos. Cabe referir a modo anecdótico que dichos planos serían eliminados para el estreno de King Kong 2 en España.

 

Published in: on agosto 11, 2017 at 6:16 am  Comments (1)  
Tags:

The URI to TrackBack this entry is: https://cerebrin.wordpress.com/2017/08/11/king-kong-2/trackback/

RSS feed for comments on this post.

One CommentDeja un comentario

  1. Recuerdo con qué ganas esperaba su estreno en el cine cuando tenía 12 años. Cuando por fin la vi, no es que me encantara, pero en aquel momento no me pareció tan descabellado su argumento… aún le tengo un poco de cariño.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: