A medianoche me llevaré tu alma

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Título original: À Meia-Noite Levarei Sua Alma

Año: 1964 (Brasil)

Director: José Mójica Marins

Productor: Arildo Iruam, Geraldo Martins, Ilídio Martins

Guionista: José Mójica Marins, Magda Mei

Fotografía: Giorgio Attili

Música: Salatiel Coelho, Herminio Giménez

Intérpretes: José Mójica Marins (Zé do Caixão), Magda Mei (Terezinha), Nivaldo Lima (Antonio), Valéria Vasquez (Lenita), Ilídio Martins (Dr. Rodolfo), Arildo Iruam, Genésio de Carvalho, Vania Rangel, Graveto, Robinson Aielo, Avelino Morais, Luana, Leandro Vieria, Antonio Marins (S. Francisco), Mário Lima, Eurípides da Silva, Luiz Gonçalves, Carmen Marins (D. Joana), Cícero Paulina, Waldomiro França, Cardoso, Jonny Gregio, José Vilar, Suzy Barros, Tomás Sebastiao, Iko Galdine, Laura Duarte, Claudiana, Renato Melo, Almir Barbosa, Raul Malentaqui, Eucaris Moraes (Velha Bruxa)…

Sinopsis: Un siniestro enterrador que se hace llamar Zé do Caixao quiere encontrar a la mujer perfecta para que su estirpe se prolongue en el tiempo. Para ello va secuestrando, aterrorizando y torturando a diversas mujeres.

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Mientras en la Europa de los 60 triunfaba una nueva revisión de los monstruos clásicos del terror, gracias a las producciones de la Hammer, y faltaba poco para que surgieran fenómenos como el giallo o el fantaterror español, al otro lado del Atlántico, concretamente en Brasil, José Mójica Marins creaba con su tercer largometraje como director, A media noche me llevaré tu alma (À Meia-Noite Levarei Sua Alma, 1964), a uno de los personajes más originales y siniestros de la historia del cine de terror: Zé do Caixão –Coffin Joe para el mundo anglosajón–. Un personaje que el propio Mójica se encargó de interpretar y que destaca ante todo por su obsesiva ansia de inmortalidad; algo que, según Zé, solo se logra con la continuidad de la sangre, es decir, la descendencia. Zé es capaz de cometer los mayores sacrilegios con tal de conseguir su objetivo, como torturar a su novia[1] o asesinar a uno de sus mejores amigos para, acto seguido, violar a la novia de este, Terezinha, la mujer elegida para portar la “continuidad de la sangre”. Es el propio Zé quien se encarga de presentar la película y de paso plantearnos, con una performance muy al estilo de los cómics de terror de la EC –influencia notoria en el cine de Mójica Marins–, la inmortalidad como tema central de la película. Tras él, será una bruja, en una aún más clara referencia a los cómics antes citados, la que se dirija a nosotros para recomendarnos salir de la sala.

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Miedos aparte. Es el protagonista quien interesa más que ningún otro aspecto de la película. Su presencia llena la pantalla, tan atractivamente visual que parece que estuviéramos asistiendo a una performance artística. Esto se debe no solo a su aspecto tenebroso, con su traje oscuro de enterrador y sus características uñas[2], sino también por su personalidad. Zé siente desprecio por la religión, los ritos, la brujería o las supersticiones, lo que lo llevará a desafiar al más allá en el mismísimo día de los muertos –hay que tener en cuenta que para él la inmortalidad es, como se ha señalado antes, carnal y no espiritual, basada en la perpetuidad del ser–. Pecará e incitará a que otros lo hagan para liberarlos de las creencias que los atan y adoctrinan, convirtiéndolos en seres estúpidos. Nada más representativo al respecto que la escena en la que Zé devora un trozo de carnero en Viernes Santo mientras desde una ventana observa, desternillándose, el paso de una procesión –un  cuadro casi buñuelesco–. Solo los niños se libran de su desprecio. Ellos son para él símbolo de la vida eterna, son la descendencia. No solo no es capaz de hacerles daño, sino que los defiende de sus agresores, aunque estos sean sus propios padres. Atacar a un hijo es como flagelarse.

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En general, analizando detenidamente sus rasgos psicológicos, podemos señalar que la de Zé es una maldad basada en el instinto de supervivencia: él quiere mantener su estirpe. Cuando incita a otros a pecar, no lo hace como si fuera un enviado del demonio que pone a prueba la fidelidad a Dios de la gente, sino que es su forma de mostrar que pertenece a un eslabón superior a los demás. Él es el pez grande que se come a los pequeños. No resulta descabellado, pues, hablar de una ley de la naturaleza, de una selección del más fuerte en los actos que mueven al protagonista: desecha a su novia, Lenita, y se fija en Teresinha, a quien ve más fuerte y capacitada para portar su “legado”. Si sumamos a esto su desprecio hacia todo lo religioso y su idea de la “continuidad de la sangre”, tenemos por resultado a un personaje casi nietzcheano. Ningún otro personaje merece tanta atención como Zé do Caixao, él es la película. Sus actos y sus palabras son los que estructuran e hilan relato.

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Es tan poderosa la personalidad de Zé que hasta el propio Mójica Marins, intérprete de su criatura –como se ha señalado al comienzo–, quedó absorbido por ella, fundiéndose en uno solo. No está de más recordar a este respecto, que en adelante Mójica Marins aparecerá ataviado en sus apariciones públicas como Zé do Caixão. Son estas, pues, volviendo a repetir un término ya utilizado antes, performances, los actos de un artista devorado por su personaje. Hasta en entrevistas o ruedas de prensa, Mójica Marins, o Zé do Caixão, crea espectáculo.

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Volviendo al filme, resulta sencillo ver las referencias que inspiraron a su director. De hecho, es evidente que no quiere ocultarlas y que es su modo de rendirlas tributo: como en el antes mencionado caso de la presentación rollo Tales from the Crypt. Mójica Marins compone su imaginario, de un gran atractivo visual, mezclando la superstición y los ritos locales junto a elementos más conocidos o “universales” del terror, como son la literatura pulp, los cómics de terror de la EC y los monstruos clásicos de la Universal. De esta última toma varios elementos como el uso de la música y de la narrativa, sobre todo en el tipo de encuadres, pero también recicla la idea del pueblo contra el monstruo que vemos en El doctor Frankenstein (Frankenstein, 1931).

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Como no puede ser de otra manera, teniendo en cuenta su temática, en A media noche me llevaré tu alma prima una estética de la superstición, en donde aparecen brujas, almas desdichadas, gatos negros, cementerios, etc. Se trata de lugares, seres y objetos muy simbólicos que en un momento u otro se dejan ver por la película. Estos, junto al blanco y negro, el sonido enlatado de algunas voces y el lenguaje de los personajes, con un léxico plagado de vocablos que remiten semánticamente a ultratumba, crean la atmósfera idónea para ambientar la acción. Junto a estos, también se utilizan recursos propios del cine experimental que se dejan ver en las transiciones y, sobre todo, en el desenlace del filme. Mójica Marins se sirve de varios efectos propios de obras de vanguardia para crear el ambiente onírico y pesadillesco del final. El resultado es una estética un tanto kitsch, pero de gran potencia visual. Muy lúgubre y acorde con el estilo artesanal de la película.

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A media noche me llevaré tu alma es la primera parte de una trilogía a la que siguen Esta noche poseeré tu cadáver (Esta Noite Encarnarei No Teu Cadáver, 1967), continuación directa –de hecho, juntas podrían ser una misma película– y Encarnação do Demônio, cuya trama tiene lugar cuarenta años después[3] de los hechos de la segunda entrega. Sin embargo, siendo consciente Mójica Marins del éxito de su criatura, Zé do Caixão aparecerá en otras de sus películas, como en el filme de episodios El extraño mundo de Zé do Caixão (O Estranho Mundo de Zé do Caixão, 1968), y hasta podremos verlo en un videoclip de Los fresones rebeldes[4]. Esta última no será su única vinculación con la música; bandas no tan light como Sepultura, Necrophagia o White Zombie también se acordarán de este genio del terror[5].

Rubén Iñiguez Pérez

[1] Esta escena, en la que Zé tortura a Lenita, su novia, parece un curioso antecedente de lo que después se conocerá como torture porn. Décadas después, Mójica Marins participará en este género, o subgénero, con Encarnação do Demônio (2008).

[2] Existen numerosos críticos que señalan este rasgo como un precedente de las garras de Freddy Krueger.

[3] Se trata, para muchos fans, de un título maldito. Debido a innumerables problemas se rodó y estrenó cuatro décadas después.

[4] Los fresones rebeldes, “Al amanecer”: https://www.youtube.com/watch?v=5mfvhreMLHs

[5] Al respecto, merece la pena echar un ojo al siguiente artículo de Juan Sebastián Barriga Ossa: https://noisey.vice.com/es_co/article/6en88n/coplas-a-la-maldad-las-canciones-dedicadas-ze-do-caixao-el-verdadero-dios-del-cine-de-terror

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