Terror en Dunwich

The Dunwich Horror - Cartel

Título original: The Dunwich Horror

Año: 1970 (Estados Unidos)

Director: Daniel Haller

Productores: Samuel Z. Arkoff, James H. Nicholson, Jack Bohrer [no acreditado]

Guionistas: Curtis Hanson, Henry Rosenbaum, Ronald Silkosky basándose en el relato de H.P. Lovecraft

Fotografía: Richard C. Glouner

Música: Les Baxter

Intérpretes: Dean Stockwell (Wilbur Whateley), Sandra Dee (Nancy Wagner), Ed Begley (Dr. Henry Armitage), Loyd Bochner (Dr. Cory), Sam Jaffe (el abuelo Whateley), Donna Baccala (Elizabeth Hamilton), Talia Coppola (Enfermera Cora), Michael Fox (Dr. Raskin), Joanne Moore Jordan (Lavinia Whateley), Michael Haynes (Vigilante)…

Sinopsis: Un joven procedente de la misteriosa población de Dunwich, Wilbur Whateley,  visita al Dr. Armitage, de la Universidad de Miskatonic, con la intención de tomar prestado  un antiquísimo libro, el Necronomicón. Según  antiguas leyendas, en él se esconden los secretos para invocar a una raza de seres primigenios que gobernaron la Tierra antes que el hombre existiese. El Dr. Armitage inmediatamente desconfía del joven y le niega el acceso al libro. Pero Wilbur tiene sus propios planes e intentará acceder al poderoso Necronomicón a través de Nancy, la asistente de Armitage.

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En el cementerio de Providence (Rhode Island, Estados Unidos), necesitarás de toda tu paciencia y una ardua labor de deducción para hallar la lápida de Howard Phillips Lovecraft (Providence, 1890-1937), camuflada entre otras sepulturas análogas y sin que nada, salvo una pequeña placa, nos haga sospechar que estamos ante uno de los escritores que más influencia ha ejercido en los procerosos mundos del fantástico, no solo en literatura (obvio) sino en el mundo del cómic, los juegos de rol y, por supuesto, el cine. Creador de una rica cosmogonía en torno a unos seres primigenios que ansían volver a hacerse con un mundo en el que ya gobernaron hace eones, el cine tardó mucho tiempo, demasiado, en prestar atención de manera, en principio, muy tímida a su obra y considerarla material narrativo para una película.

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Fue Roger Corman con El Palacio de los espíritus (The Haunted Palace, 1963)[1], el primero que dirigió su mirada a la obra de Lovecraft y la vio como material narrativo de primera. No solo fue el primero: durante décadas fue el único. Precisamente en este título seminal de las adaptaciones de H.P. Lovecraft trabajaba, como venía siendo habitual en las producciones de Corman, el director artístico Daniel Haller.

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Haller había demostrado su valía en el departamento de arte en multitud de films de la factoría Corman. A él le debemos que los exiguos presupuestos quedaran disimulados y del todo aparentes en títulos como La torre de Londres (Tower of London, Roger Corman 1962),  El hombre con rayos X en los ojos (X, Roger Corman 1963), La comedia de los terrores (The Comedy of Terrors,  Jacques Tourneur, 1963) y la magnífica serie de adaptaciones que Roger Corman realizara en torno a la figura de Edgar Allan Poe. Su alternativa como director había sido de la mano precisamente de Corman en otra adaptación de Lovecraft, esta vez del relato “El color que surgió del espacio”, en El monstruo del terror (Die, Monster, Die!, 1965), con el que además había recibido buenas críticas. Cuando Corman necesitó que le sustituyeran durante el rodaje de The Dunwich Horror, la elección de Haller parecía la más natural.

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Terror en Dunwich es demasiado mala para ser una obra a recomendar y demasiado buena para convertirse en un placer culpable. Navega en ese limbo de películas que alternan aciertos parciales con monumentales errores. Si algunos fans irredentos de H.P. Lovecraft le tenemos especial cariño es porque fue el título más relacionado que tuvimos con los Mitos de Cthulhu hasta bien entrada la década de los 80. Escuchar mencionar en un film Arkham, Miskatonic, Necronomicón o Yog-Sothoth era, en otros tiempos, motivo más que suficiente para ganarse el cariño de  aquellos “freaks” que seguíamos con delectación  la obra del genio de Providence. Para ser honestos, cuenta con muy poco más, aparte de la mencionada nomenclatura, para ser considerada una obra verdaderamente lovecraftiana.

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Y es que el film desperdicia incomprensiblemente el principal acierto del relato homónimo en el que está basado: el clima opresivo de superstición y miedo atávico de una pequeña y oscura población que se ve sacudida por un horror que escapa a la compresión humana. En el film, Dunwich y sus lugareños apenas aparecen en el tercio final y de manera muy superficial, renunciando a unas posibilidades magníficas para crear una atmósfera adecuada y sustituyendo esta  por una serie de “tics” coyunturales (estamos en los albores de los 70) como son el aspecto de sus protagonistas (los peinados de la Dee, ese bigote varonil que luce Stockwell), algunos leves detalles eróticos, la psicodelia de sus efectos especiales y una música que, si bien habría podido servir para ambientar cualquier título softcore de la época, desde luego es del todo inapropiada como fondo musical de los Primigenios. La dirección de Haller respira esa morosidad casi televisiva[2], con un ritmo pausado y un avance deslavazado de las escenas, que se suceden de manera forzada, sin dar la impresión de que una secuencia es la lógica consecuencia de la anterior y mostrando en demasía la urdimbre de un guion que, por cierto, viene firmado por otro habitual de la factoría Corman, Curtis Hanson, otrora realizador de títulos tan afamados como La mano que mece la cuna (The Hand That Rocks the Cradle, 1992) o L.A. Confidential  (L.A. Confidential,  1997).

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La  película se deja ver especialmente, como ya he señalado, para aquellos seguidores de la obra de H.P. Lovecraft y cuenta con algunos aspectos que la salvan del desastre total. Sin ir más lejos, la estupenda secuencia animada de los créditos iniciales consigue crear unas expectativas que desgraciadamente luego no se cumplen; la dirección artística (como no podía ser de otro modo) y la fotografía son notables, con un uso impresionista del color, especialmente en interiores o en falsos exteriores de estudio, como el de la ceremonia y enfrentamiento final. Algunos detalles directamente extraídos de la novela, contribuyen a crear cierto desasosiego, como es el del canto de los chotacabras cuando alguien muere, o la presencia invisible del “Primordial”[3] mostrado casi siempre en cámara subjetiva y malogrado en parte por el uso y abuso del virado de la imagen que pasa en décimas de segundo por toda la paleta de colores con la esperanza de que un ataque de epilepsia del espectador disimule la nula inversión de presupuesto en la creación de efectos especiales.

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La película está bien interpretada por Dean Stockwell[4], y una Sandra Dee a la que recordamos en multitud de títulos ligeros como En una isla tranquila al Sur (A Summer Place, Delmer Daves 1959) o Trampa para un soltero (That Funny Feeling, Richard Thorpe 1965); aparte podemos encontrarnos  al gran Ed Begley interpretando al Dr. Armitage, en la que sería su última actuación para la pantalla grande (fallecería apenas tres meses después del estreno del film) o a Talia Shire (aquí luciendo todavía el apellido familiar Coppola), a la que recordamos especialmente por su participación en las sagas de Rocky y El Padrino, y que en esa ocasión interpreta a la malograda enfermera del Dr. Cory, personaje que sustituye a los otros dos doctores del relato original[5] y que encarna otro veterano característico de televisión, Lloyd Bochner.

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En definitiva, The Dunwich Horror es un film fundamental para entender la evolución que el cine ha hecho de las adaptaciones de Lovecraft, pero a pocos más puede interesar. Es un film que nació viejo no solo por las concesiones a la estética pop de la época sino por no querer (o no saber) profundizar en el oscuro mundo de un horror cósmico  que, curiosamente, otros títulos ajenos a la obra de Lovecraft sí consiguieron, apenas un puñado de años después, traducir certeramente en unas imágenes que ya forman parte de nuestras pesadillas de celuloide. Estoy pensando, por supuesto, en Alien, el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott 1979) o La cosa (The Thing, John Carpenter 1982).

Quimérico inquilino

[1] Libre adaptación de “El caso de Charles Dexter Ward”, Alianza Editorial, 2016.

[2] De hecho, Daniel Haller encontraría pronto acomodo en la televisión, convirtiéndose allí en un avezado realizador de series como  Ironside, Kojak o El coche fantástico, entre muchas otras.

[3] En la versión doblada al castellano, por cierto, traducen de manera ridícula a los Primordiales o Primigenios por “los Viejos”, dando la sensación en ocasiones, de que los protagonistas se ven amenazados en realidad por una invasión de excursionistas del Imserso.

[4] Como nota curiosa, Stockwell interpretaría años después al Dr. Armitage en una nueva versión realizada para televisión: The Dunwich Horror (Leigh Scott, 2009).

[5] En el relato original, el Dr. Armitage es acompañado en su lucha contra los Primigenios por los doctores Morgan y Rice.

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