Entrevista a Cristina Suriani

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Durante la primera mitad de los años setenta Cristina Suriani fue una celebridad en nuestro país. Las continuas apariciones como modelo en las páginas de diversas publicaciones escritas convirtieron a esta argentina natural de Rosario en un rostro de lo más popular, abriéndole las puertas del cine. A pesar de que su paso por el séptimo arte fue bastante fugaz, su carrera resultó de lo más fructífera. Y es que pocos intérpretes de nuestra industria pueden presumir de contar en su haber con un film nominado al Oscar, Mi querida señorita, y dos exponentes señeros de nuestro fantaterror, El espanto surge de la tumba y La saga de los Drácula, devenidos ambos con el paso de los años en títulos de culto en todo el mundo. Y todo ello con una filmografía que ni siquiera alcanza la media docena de películas.

Retirada de la vida pública desde hace décadas, a día de hoy, a sus sesenta y cinco años, Cristina sigue conservando intacta esa belleza  y figura con la que copara las portadas de revistas y periódicos a principios de la década de los setenta. Simpática, cercana y extrovertida, puestos en contacto con ella aceptó con una gran amabilidad y paciencia contestar la siguiente entrevista, en la que repasamos lo que dio de sí su carrera interpretativa.

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¿Qué te trajo a España a comienzo los setenta y por qué te decidiste a instalarte en nuestro país?

Yo cursaba tercer año de arquitectura en la Facultad de Rosario, pero la dictadura del general Onganía[1] cerró todas las universidades y pensé que continuar mis estudios en Madrid era una buena opción. Con lo que no contaba era con el terrible papeleo en una época en que todo se hacía con “lápiz y papel”. Al final deseché la idea y me lo tomé como unas vacaciones. En febrero debía regresar a Argentina, cosa que nunca hice. Yo había hecho varias fotos retrato con un conocido fotógrafo argentino, Carlos Saldi[2], que ganaron sendos premios en Japón y Buenos Aires, mientras yo estaba en Madrid. Una cosa llevó a la otra y de pronto me vi trabajando como modelo sin yo buscarlo.

En España te conviertes rápidamente en presencia habitual de las páginas de revistas y suplementos dominicales de diarios, como puede ser el del ABC, e incluso no es raro encontrar noticias sobre ti en la prensa del corazón del momento. ¿Cómo vivías está popularidad?

Con total normalidad. Ten en cuenta que eran otros tiempos y no se prestaba demasiada atención ni a modelos ni a actrices. Eso sí, cuando estaba de gira con Pato a la naranja y nos recibían en los pueblos con carteles de “Bienvenida Cristina” era una pasada. En aquella época tener páginas en periódicos y revistas semanales era un reclamo para que te contrataran porque tenían una “poca publicidad asegurada”.

Precisamente esta popularidad hace que Jaime de Armiñán te abra las puertas del cine con un papel en Mi querida señorita. ¿Cómo se produjo tu entrada en el cine?

Por dar bien ante las cámaras, que era en lo único que se fijaban por entonces.

Curiosamente, en este debut coincides con Ana Suriani, tu hermana. ¿Fue una casualidad?

Todo fue muy fácil y espontáneo, ya que la productora de Borau tenía muy claro lo que quería para la película de Jaime: dos hermanas, que fotografiaran bien, que supieran moverse ante las cámaras y que fueran conocidas. Mi hermana estaba rodando en Roma con Enzo Castellari[3] y se programó todo para hacerlo a su vuelta.

Mi querida señorita tocaba una temática muy controvertida en aquel momento en la España de la época, el cambio de sexo. ¿Cómo fue recibida?

Hay que tener en cuenta que fue una de las primeras películas españolas en ser nominada a un Oscar, por lo que se habló más de eso que del tema que tocaba la película, entonces tabú, aunque hoy asumido por casi todos.

El mismo año en que ruedas Mi querida señorita, y de nuevo con López Vázquez, apareces en una película tan radicalmente diferente como es la comedia El vikingo, en la que también intervienen Concha Velasco y Javier Escrivá en los papeles principales. ¿Qué recuerdas de aquella película?

Te resultará raro, pero me acuerdo más de los problemas personales de Concha y de Aurora —Mónica Randall, una delicia de mujer y actriz—, que se hablaban mientras nos maquillaban, que del rodaje en sí. Todos eran grandes profesionales que llegaban con el papel sabido, entre otras cosas porque no nos quedaba otra, ya que el productor nos reprochaba a viva voz los costes de todo. ¿Sabes eso de “Spain is different”? Pues en el cine es lo mismo.

El director de El vikingo era Pedro Lazaga, uno de los realizadores más exitosos y prolíficos del cine español de la época. ¿Cómo era trabajando?

Como todos los demás en aquella época. Preocupado por los costes, los tiempos de rodaje, la censura… Por entonces todos eran “genios” potenciales a los cuales la censura no les permitía hacer todo lo que tenían pensado. Muchas veces, hablando con Jacinto Molina del tema, y siendo los dos muy “políticamente incorrectos”, nos preguntábamos de cuántos bodrios nos habría librado la censura.

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Fotocromo de “Experiencia prematrimonial” en el que puede verse a Crisina a la izquierda del montaje.

Si Mi querida señorita era controvertida para la mentalidad de la época, no menos lo era otra película en la que interviniste por aquel mismo tiempo. Me refiero a Experiencia prematrimonial, dirigida por Pedro Masó. ¿Qué tal fue tu experiencia con este controvertido director?

En una palabra: fatal. Pedro era un egocéntrico y todo debía girar en torno a él. Según su humor cambiaba los guiones y los diálogos en medio del rodaje y nadie rechistaba porque él dirigía, producía y escribía. ¡No sé si alguna vez hasta le quitó las pinturas al maquillador!

Con la que creo que sí hiciste buenas migas con la protagonista de la película, una jovencísima Ornella Muti…

En medio de tanto caos no nos quedaba otra que confortarnos mutuamente.

En paralelo a tu carrera cinematográfica realizas estudios de Arte Dramático en el TEI, signo de que te tomabas tu carrera interpretativa muy en serio…

Sí, siempre me sentí atraída por las artes escénicas en estado puro, y eso es lo que hacíamos en el TEI. José Carlos Plaza[4] era y es un tío genial. Por ahí estaban Victoria Vera, Ana Belén, Kity Manver… Aprendíamos mucho de técnicas teatrales y al mismo tiempo nos divertíamos.

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Portada del programa de mano del montaje de “Pato a la naranja” en el Teatro Gayarre de Pamplona.

Encima de las tablas formas parte junto a gente como Arturo Fernández del montaje de Pato a la naranja, que estaría en cartel desde finales de 1972 a comienzos de 1975, realizando más de mil representaciones. ¿Cómo era el estar haciendo día tras día y durante tanto tiempo el mismo personaje?

¡Agotador y enriquecedor! Muchas veces tomando el té con Julia Gutiérrez Caba y Ana María Vidal, en el ya cerrado Embassy, pasábamos el rato recodando la barbaridad de nuestros antiguos horarios. ¿Tú sabes lo que es hacer dos funciones diarias, seis días a la semana, año tras año? ¡Eso sí que es amor al arte y al trabajo! Ahora hacer teatro es mucho más llevadero que entonces. Y no te cuento cuando salíamos de gira por el norte de España. ¡Eso era agotador!

Imagino que embarcarte en una obra de estas características influiría que no trabajaras de forma tan continuada en el cine…

Es que no se podía. No había tiempo para hacer otras cosas. Rechacé varios programas de televisión, con Lazarov, porque me gustaba más el teatro. Eso de volver a repetir día tras día un personaje, como en el día de la marmota, tiene su encanto.

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Tu regreso al cine se produce en dos películas que, dentro del cine de terror, son muy apreciadas por los aficionados a nivel mundial, El espanto surge de la tumba y La saga de los Drácula. ¿Esperabas que tuvieran esta repercusión?

Bueno, visto cómo lo hacíamos y el presupuesto con que se trabajaba, no. Pero la esperanza es lo único que te mantiene en pie, y Jacinto no solo tenía esperanza, sino fe ciega en lo que hacía, y acertó. Quizá si él viviera ahora y dispusiera de todas las técnicas, de la informática y los efectos que ahora se manejan, sería un fenómeno viral, pero nos tocó lo que nos tocó, y aun así son películas de culto.

¿A qué crees que se debe que casi cincuenta años más tarde sigan siendo reivindicadas por ciertos espectadores?

A que se hicieron con una tremenda visión de futuro. Siendo justos podemos decir que todo ese boom de “Crepúsculos” y hombres lobo, vampiros y demás criaturas del cine actual, tiene su origen aquí. Solo que no teníamos ni los presupuestos ni los medios, pero sí las ideas claras, y en eso Jacinto Molina se debería llevar todo el mérito. Hablaba con tal pasión de lo que hacía y de lo que quería hacer que siempre pensé, y se lo decía, que lo lograría. Y visto cómo van las cosas lo está logrando.

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Cristina a punto de ser vampirizada por Alaric de Marnac y Mabille De Lancré en “El espanto surge de la tumba”.

Cronológicamente hablando, el primero de estos títulos es El espanto surge de la tumba, escrita y  protagonizada por Paul Naschy. Aunque por lo que comentas se ve que le guardas en muy buena estima, ¿qué recuerdo guardas  de él?

Inmejorable. Era un hombre que sabía lo que quería y cómo quería lograrlo. Solo que los medios a su alcance no eran lo suficientemente idóneos, ni disponía del dinero ni de la tecnología. Pero nos sentábamos a hablar entre pausa y pausa del rodaje y me contaba sus fantasías e ideas, y a mí, que siempre me ha gustado creer en otras realidades, me hacía pasar unas horas increíbles. Se ponía serio cuando reflexionaba sobre si su trabajo lograría el éxito que él esperaba. Yo siempre le decía que el éxito de sus películas sería la permanencia en el tiempo… Y mira, acerté. También le decía que quizá en otro universo paralelo estaría ya triunfando, pero de eso aún no sabemos nada.

Según comenta Paul en sus memorias, el rodaje de El espanto de surge de la tumba fue muy difícil por los pocos días de rodaje y las condiciones climatológicas tan duras en que se desarrolló…

¡Claro! Rodábamos en su casa de la sierra a cinco grados bajo cero, sin calefacción, tan solo con alguna chimenea encendida alguna vez, y rodeados de nieve por todos lados. Pero siempre con ilusión y ganas de sacarlo todo adelante.

El espanto surge de la tumba fue la primera película como director de Carlos Aured. ¿Se notaba esta posible inexperiencia por su parte?

Qué va. Era un tipo increíble. Siempre ayudando a todo el mundo y tratando de que todos nos lleváramos bien. En un rodaje no siempre estás de buen humor y él intentaba que todos nos sintiéramos cómodos. Te explicaba las escenas, cómo las quería y cómo deberíamos hacerlo.

Al poco tiempo reincides, como hemos dicho, dentro del terror con La saga de los Drácula, bajo las órdenes de tu paisano León Klimovsky. ¿Cómo era dirigiendo?

Bueno, ahí en realidad quien tenía mucho que decir y decía era Narciso Ibáñez Menta, que era el protagonista de la película. Era un personaje increíble, con mucha fama, mucho ego, que los demás actores jóvenes respetábamos. Pero no todos eran jóvenes y saltaban chispas por todos lados. Pero en general se trabajaba bien, siempre que siguieras sus indicaciones, que no siempre coincidían con las del director.

Como era habitual dentro del cine de terror español de la época, tanto de esta película como de El espanto surge de la tumba se rodó una doble versión para el mercado exterior con desnudos. ¿Cómo era el rodaje de este tipo de escenas que oficialmente estaban prohibidas?

Era todo muy normal. Decían eso de “versión extranjera” y mi doble entraba y hacía lo que tocaba hacer. Nunca fue un drama para nadie, todo el mundo asumía su rol y listo. Ni siquiera se le daba mucha importancia al tema. Nos lo tomábamos como un mal menor.

Curiosamente, tanto El espanto surge de la tumba como La saga de los Drácula fueron producidas por la misma firma, Profilmes. ¿Recuerdas algún detalle en especial de la forma de trabajar de esta productora especializada en aquel momento en cine de terror?

Sí, un detalle menor, pero para un actor muy importante: ¡que sus coches de producción y sus conductores eran los más puntuales de la industria!

Y en cuanto a las dos películas en sí, ¿notabas diferencia con las otras películas que habías rodado, ya fueran en medios o en consideración por parte de la industria?

¡Claro que se notaba! Cuando hay presupuesto y el dinero no es un problema vital, se disponen coches de producción para cada uno, el maquillaje y la peluquería es una delicia, el vestuario está acorde con el guion… se nota hasta en las pausas para la comida. Pero cuando no hay dinero se comparten los coches y empiezan las discusiones sobre a quién se recoge primero y a quién el último, y a veces te tiras tres horas dando vueltas por Madrid antes de llegar al sitio del rodaje. Y con el maquillaje y la peluquería lo mismo. Y ni te cuento cuando el director tiene que revisar tus armarios para ver qué vestidos se llevan al rodaje.

Si no me equivoco, La saga de los Drácula es la última película en la que participaste. ¿Por qué abandonaste el mundo de la interpretación? ¿Tuvo algo que ver que te casaras por aquellas mismas fechas?

Me casé, sí, y me fui a vivir fuera de España. Pero increíblemente fue donde más contactos he tenido con el mundo del cine español. Concretamente, en la década de los ochenta, cuando todos recalaban en Nueva York. Allí consolidé viejas amistades y empecé nuevas. Por otro lado, creé y puse en funcionamiento el club de teatro del Liceo francés donde estudiaba mi hija. Escribía, dirigía y montaba las obras de teatros con niños de nueve a catorce años, y todavía sigue funcionando.

José Luis Salvador Estébenez

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[1] Juan Carlos Onganía (1914–1995) fue un militar argentino, que ejerció de facto la presidencia de la Argentina entre 1966 y 1970. La conocida como “Noche de los Bastones Largos” ocurrió el 29 de julio de 1966 cuando estudiantes y docentes manifestaban en la Universidad, en contra de un intento por parte del nuevo gobierno de facto, de revocar la reforma universitaria. La represión fue particularmente violenta en las facultades de Ciencias Exactas y Naturales y de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

[2] Carlos Saldi es un reconocido fotógrafo argentino. Fue cofundador de la revista Boom de Rosario (1968-1970) y residió en París desde 1975, donde obtuvo éxito con sus montajes fotográficos y llegó a exponer junto a Alberto Jonquières en 1984 (Galerie Le Château d’Eau, Toulouse). Saldi también fue parte del grupo que conformó “Tucumán Arde” y colaboró con Juan Pablo Renzi, El Correo de la UNESCO, Le Monde, Le Figaro, y L’Express. Actualmente reside en Buenos Aires.

[3] La película que Ana Suriani rodaba a las órdenes de Castellari en Italia era el eurowestern cómico Tedeum.

[4] Director teatral, José Carlos Plaza fue uno de los fundadores del Teatro Experimental Independiente (TEI), compañía activa desde 1965 hasta 1977, y considerada precursora de muchos grupos teatrales contemporáneos.

Published in: on enero 5, 2018 at 6:55 am  Dejar un comentario  

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