Entrevista a Maurice Haeems, director de “Chimera”

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Entre los diferentes films que vivieron su premier nacional durante la pasada edición de FANT, uno de los exponentes más exóticos fue, sin duda, Chimera (2018), a causa de su naturaleza de coproducción a tres bandas entre India, Emiratos Árabes y Estados Unidos. Ejemplo paradigmático de la capacidad especulativa del género de ciencia ficción, la película toma como punto de partida los últimos descubrimientos en el campo de la biotecnología para reflexionar sobre los cuestionamientos éticos y morales derivados de estos avances científicos. La inmortalidad o el amor paterno son solo algunos de los temas que plantea una cinta que, en más de un sentido, recoge el testigo de Frankenstein justo cuando se cumplen dos siglos de su publicación y que ha supuesto el debut como director y guionista de Maurice Haeems, un licenciado en ingeniería mecánica, banca de inversión y emprendimiento de software que, superada la cincuentena de edad, ha dado el salto al séptimo arte como medio con el que dar salida a sus inquietudes narrativas.

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Eres ingeniero mecánico y de finanzas. ¿Qué te lleva a dar el salto al cine y dirigir una película?

Sí, tienes razón en que he tenido tres carreras bastante exitosas hasta ahora: ingeniero, banquero y empresario. Sin embargo, me sentía insatisfecho, incompleto, como si me hubiera perdido algo importante. Afortunadamente, no necesitaba terapia para comprenderme a mí mismo; solo era necesario hacer un poco de introspección. Y la respuesta fue clara: necesitaba realizar mi cuarta carrera y mi primer amor: el cine y la narración de historias.

Esto sucedió cuando estaba cerca de celebrar mi cuarenta y siete cumpleaños. Ese año hice algo que nunca había hecho: me compré un regalo de cumpleaños, una clase de escritura de ocho semanas. Yo era, de lejos, el estudiante más viejo de la clase. Creo que los otros estudiantes tenían menos de treinta años (la mayoría tenían entre veinte y treinta años) pero nos llevábamos muy bien. Parecían medianamente divertidos de tener a este extraño hombre canoso en su clase, pero pronto me aceptaron como un estudiante más. Me mantuve enfocado en mi objetivo: escribir el primer borrador del guion de Chimera y completarlo en esas ocho semanas.

Inicialmente, había considerado escribir esta historia como una novela, pero creo que eso habría llevado demasiado tiempo para que mi historia hubiera salido. Además, tenía estas imágenes en mi cabeza que necesitaban ser realizadas. Entonces, ese año para Navidad me compré otro regalo. Esta vez fue una clase de cine, y realmente despertó mi interés en la dirección.

Me dices que en las clases que recibiste de guion ya comenzaste a trabajar en Chimera. ¿Cómo surgió el proyecto?

Visto desde todos los ángulos tradicionales, un proyecto como Chimera no debería existir. Era un escritor novel y también quería dirigir y producir. Estas son tres profesiones muy serias y difíciles y no tenía experiencia o conocimientos en ninguna de ellas. Nunca había hecho un corto. De hecho, nunca había pisado un set de rodaje en ninguna oportunidad.

Entonces, ¿por qué un inversor debía confiar en mí? ¿Qué podría convencer a un actor para participar en mi proyecto? ¿Cómo podría un miembro de la tripulación creer que sabía lo que estaba haciendo? No puedo responder estas preguntas. Pero lo hicieron, y estoy agradecido por ello.

Así que Chimera comenzó como una quimera que se transformó en una ambición audaz y, finalmente, se convirtió en una obsesión compulsiva antes de que pudiera realizarse como el producto final tangible que ves.

¿Cambió mucho la idea de Chimera desde su guion original hasta la versión que finalmente rodaste?

La historia que ahora puede verse en pantalla es completamente diferente del guion original que escribí en aquella clase de ocho semanas. Comencé escribiendo muy contenido un estudio psicológico de bajo presupuesto en la línea de la ópera prima de Darren Aronofsky, Pi, fe en el caos (Pi: Faith in Chaos, 1998), pero mi sensibilidad me empujó a seguir avanzando y al final me alegro de haber escrito y realizado la película que tenía dentro.

Sin embargo, algunas cosas se mantuvieron inalterables: siempre supe que mi película se abriría con la escena del protagonista cortándose el dedo y que en el último plano, mientras se ejecuta su sentencia de muerte, veríamos que su dedo ha vuelto a crecer. Pensé que sería una buena ironía. También sabía que la historia trataría sobre un hombre que está obsesionado con salvar a sus hijos decodificando el ADN de las medusas para descubrir el secreto de la inmortalidad. Pensé que sería divertido escribir una historia donde el protagonista lograra descubrir el secreto de la inmortalidad, que sería el descubrimiento científico más transformador en la historia de la raza humana, pero luego, debido a los defectos inherentes de la humanidad (desconfianza, avaricia, celos, egoísmo, etc.), ese secreto se perdería para siempre.

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Maurice junto a Justo Ezenarro, director de FANT, durante la presentación previa a la proyección de “Chimera” en el certamen bilbaíno.

Antes ya lo has comentado un poco, pero ¿el ser un cineasta novel te supuso un hándicap a la hora de levantar el proyecto?

Como cualquier profesión, el cine también es una comunidad cerrada. Existen puntos de entrada bien establecidos en la industria y pistas profesionales bien definidas dentro del negocio. Lo que Jay[1] y yo estábamos intentando era lanzarnos en paracaídas desde el exterior y pasar por alto los modelos tradicionales del negocio, comenzando directamente como escritor / director / productor. Entonces, sí, nos encontramos con mucha reticencia, resistencia, burla y rechazo.

Pero, con el tiempo, si intentas algo con el suficiente empeño, finalmente sueles encontrar a alguien que te dé una oportunidad. Es posible que recibas miles de rechazos antes de que eso ocurra, pero no importa, porque si obtienes una sola aceptación, cada rechazo se convierte en irrelevante. Para avanzar, y para contrarrestar los miles de rechazos, todo lo que necesitas es una respuesta positiva, una aceptación. Lo que importa es lo que haces con esa aceptación: ¿puedes aprovecharla para producir algo único y especial? Creo que es ahí donde mi edad, madurez y experiencia empresarial se convirtieron en una ventaja.

Chimera toca en clave de ciencia ficción temas como la inmortalidad o el amor paterno, pero también los límites morales y éticos derivados de los avances científicos. Puede decirse que en tu caso la ciencia ficción no es solo un medio con el que hablar de lo que realmente te interesa, sino que forma parte de tus propias inquietudes. ¿No es así?

Amo la ciencia ficción porque la veo en todas partes en nuestras vidas. Algunas personas consideran que las historias de ciencia ficción son frías y desalmadas y que no están conectadas con la realidad. Pero creo que esta gente no aprecia la realidad sobre los humanos, que intuitivamente aceptamos los avances tecnológicos en nuestras vidas sin ni siquiera pensarlo dos veces porque estamos ocupados con nuestros asuntos cotidianos.

Imagina a alguien de una aldea aislada que traiga a un ser querido a un hospital con una afección potencialmente fatal. Ahora imagina que a esa persona se le ofrece una alternativa que le salva la vida: un nuevo tratamiento innovador pero arriesgado (tal vez incluso uno que involucre células madre o edición de genes). Lo más probable es que esa persona opte por el tratamiento y eso simplemente es ciencia ficción en acción en la vida real.

Solo hay que mirar la velocidad con la que adoptamos cambios de paradigma tecnológico como la industrialización, los viajes aéreos, los circuitos integrados, las computadoras, Internet, los teléfonos móviles, etc. Pronto, los automóviles y camiones sin conductor serán una realidad, y eso también se convertirá fácilmente en parte de nuestra realidad. Lógicamente, los aviones sin piloto deberían ser los siguientes.

El tema es que, con cada avance tecnológico, la humanidad se altera para siempre. Todos los que vivimos en 2018 somos marcadamente diferentes de las personas que vivieron en 1918. La diferencia no es (mucho) en la constitución de nuestros cuerpos (que cambia lentamente), sino en el funcionamiento de nuestra mente (que cambia con rapidez, y eso es lo que nos define).

El ritmo de este cambio solo se acelerará. Esto no es negativo ni positivo, simplemente ocurre de facto. Creo que es muy interesante examinar las historias humanas en el contexto del cambio tecnológico y la mejor manera de hacerlo es extrapolar la investigación científica y especular sobre lo que puede deparar el futuro. Esto nos dará una idea de quiénes somos y en qué nos estamos convirtiendo.

Personalmente, cierta parte del discurso de tu película me ha recordado a Frankenstein. ¿Se encontraba la novela de Mary Shelley entre tus referentes?

Como escritor / cineasta de ciencia ficción y amante de la literatura en general, me da vergüenza admitir que nunca he leído Frankenstein. Por supuesto, conozco el esbozo general de la historia, y soy muy consciente de su condición de obra seminal dentro del género de terror y ciencia ficción. Lo cierto es que me han hecho esta pregunta algunas veces, y ahora, después de este cuestionario, he decidido finalmente dedicar algo de tiempo para investigarlo.

En realidad, las dos novelas que más influyeron a la hora de dar forma a Chimera fueron Otra vuelta de tuerca (The Turn of the Screw, 1898) de Henry James y El sentido de un final (The Sense of an Ending, 2011) de Julian Barnes. La primera me impresionó con su uso innovador y subversivo del “narrador poco confiable” y la última me impresionó con su exploración sutil y sensible de la naturaleza de la memoria.

En cuanto a las películas que más influenciaron en Chimera están La posesión (Possession, 1981), La mosca (The Fly, 1986) y Gattaca (Gattaca, 1997). Como mencioné anteriormente, Pi, fe en el caos, fue con lo que comencé, así que hasta cierto punto también se puede considerar una influencia.

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En el reparto de Chimera has contado con la participación de dos actores populares como Henry Ian Cusick y la nominada al Oscar Kathleen Quinlan. ¿Cómo conseguiste involucrarles en el proyecto?

Todo el mérito de conseguir a estos increíbles actores es de nuestro director de casting, Mark Tillman. La mayoría de los directores de casting no estaban dispuestos a entrar en nuestro proyecto y, después de ser rechazados por casi todos en Los Ángeles y Nueva York, nos emocionamos cuando finalmente Mark me envió un correo electrónico para decirme que había leído el guion y que estaba dispuesto a hablar con nosotros. Obviamente, él sabía que éramos nuevos en el cine, pero mostró una gran determinación y compromiso. Mirando ahora en perspectiva veo y aprecio el gran riesgo que asumió al confiar en nosotros.

No obstante, en ese momento Mark había subestimado lo difícil que iba a ser convencer a los agentes y managers de que incluso leyeran el guion, y mucho menos que presentaran el proyecto a sus clientes. Durante meses, Mark lo intentó y se chocó contra muros de piedra. Finalmente, gracias a su obstinación y tenacidad, Mark pudo llevar el guion al manager de Ian y, a través de él, al propio Ian. Afortunadamente, Ian se enamoró del guion y aceptó tener una conversación por Skype conmigo. Ambos conectamos muy bien, ya que nuestras sensibilidades y gustos en cine y literatura son muy similares, por lo que teníamos mucho en común, e Ian me dio una oportunidad. Y debo decir que no puedo estar más contento de que aceptara ser parte de Chimera: transformó y elevó por completo nuestro proyecto.

A pesar de tener a Mark e Ian a bordo, tuvimos problemas para encontrar a una actriz que pudiera encarnar la combinación correcta de diversión y crueldad que demandaba la interpretación de Masterson. Aunque teníamos muchas buenas candidatas, incluso dos semanas antes del rodaje, todavía no teníamos a “la elegida”. Sin embargo, casi simultáneamente, Mark e Ian propusieron el nombre de Kathleen Quinlan. De alguna manera, Mark pudo enviarle el guion (a través de su agente y manager). Durante la llamada telefónica, Kathleen hizo muchas preguntas sobre el personaje y sus motivaciones, algunas de las cuales no me había preguntado nunca a mí mismo. Esto me obligó a sumergirme más en profundidad en la psique del personaje y desarrollarla aún más. En ese momento supe que Kathleen era absolutamente la opción correcta para interpretar a Masterson.

En este sentido, el hecho de que la película esté protagonizada en sus personajes principales por actores anglosajones y se haya rodado en inglés denota el hecho de que Chimera esté orientada principalmente hacia el mercado internacional…

Creo que el mundo se ha abierto lo suficiente como para que la etnicidad de los actores no sea importante en comparación con la calidad de sus actuaciones y los méritos de la película. Así que nos acercamos al casting de Chimera sin ninguna noción preconcebida de identidad racial, nacional o étnica para ninguno de los personajes, excepto los de los niños, que habíamos decidido que serían los propios hijos de Jay y el mío, por lo que sabíamos que uno de sus padres en la ficción tendría que ser indio. Una vez que Ian (que es peruano-escocés) subió a bordo, la única forma de explicar la etnia de los niños (Raviv y Kaavya) era encontrar una actriz de origen indio que interpretara a su madre, Jessie. Esta fue la única vez que tuvimos un requisito étnico para el casting. Sin embargo, las actrices que Mark audicionó y propusieron fueron una mezcla de etnias, incluidas algunas de Oriente Medio y otras de origen sudamericano. Encontramos un sorprendente número de actrices de origen indio con mucho talento en Los Ángeles, aunque debo decir que solo necesitaba una reunión con Karishma Ahluwalia para saber que iba a ser Jessie.

Lo cierto es que los únicos actores realmente anglosajones son Kathleen y Jenna Harrison. Para el papel de Charlie estuvimos haciendo castings en Los Ángeles y vimos actrices de todas las etnias. De alguna manera, Jenna, que vive en Londres, se enteró del proyecto, su agente se puso en contacto con nosotros y ella envió varias cintas que nos dejaron alucinados.

Como empresarios, el objetivo siempre fue posicionar a Chimera en el mayor mercado posible, que es el mercado internacional. Creo que los temas de la historia son universales y la película tiene elementos que atraerán a los amantes del cine en general, aunque desde el punto de vista comercial puede tener sentido resaltar los aspectos de terror y ciencia ficción.

En Occidente tendemos a identificar al cine indio con Bollywood. ¿Cuál es la situación del cine fantástico en tu país y qué tipo de distribución tiene allí una película como Chimera?

Sería tonto por mi parte pintar toda la producción cinematográfica de una nación o cultura de un solo brochazo. Al igual que cualquier otra nación / cultura que produzca entretenimiento filmado, la India también produce algunas películas que amo y con las que me conecto, y otras que no me atraen.

Creo que el público indio, como el público de otros países del mundo, tiene gustos amplios y variados, y hay un mercado de cine bien hecho, inteligente, estimulante y entretenido que incluye productos clasificados como de terror y/o ciencia ficción. El desafío para nosotros, no solo en la India, sino en todos los países del mundo, es encontrar distribuidores que sepan cómo llegar a esta audiencia y que también crean en Chimera. No es fácil, pero como todo lo demás, vamos a intentarlo lo mejor posible.

Me encantaría que Chimera obtuviera un gran lanzamiento en la India, al igual que en cualquier otro país. Creo que Chimera será bien acogida por los aficionados al terror / ciencia ficción… que están en todas partes. La suya es una fraternidad que trasciende las fronteras nacionales y se extiende por el mundo.

Según creo, te encuentras ya trabajando en tu segunda película, The Archetype. ¿Qué puedes adelantar de ella?

Continúo cautivado por los avances en biotecnología, el aumento de la esperanza de la vida humana y la ciencia/ficción sobre la inmortalidad y el transhumanismo. Por lo tanto, esos temas vuelven a tener su lugar en The Archetype.

En los últimos años los científicos han realizado grandes avances en la edición de genes (especialmente CRISPR / Cas-9 y las técnicas de nucleasas con dedos de zinc), y casi todos los días surgen noticias que informan sobre la modificación de genes que podrían servir para combatir las enfermedades. Creo que a medida que estas tecnologías se refinen y desarrollen en los próximos veinticinco – cincuenta años, mejorarán drásticamente nuestras vidas y alterarán para siempre la experiencia humana.

También estoy intrigado con la idea de cargar mentalmente y reproducir la conciencia humana dentro de una máquina. Una vez que se crea esa conciencia, se convierte en una entidad independiente que se separa de la contribución humana. ¿Cómo entendería y reaccionaría esta nueva máquina-conciencia-entidad a conceptos humanos como el amor, las relaciones, la emoción, etc.? ¿Cuáles serían sus objetivos de vida, qué actividades le traerían felicidad, cómo vería, interactuaría y coexistiría con nosotros? ¿Aceptarían construcciones humanas como la familia, la sociedad, la jerarquía, el gobierno, etc., u operaría fuera de estos constreñimientos? Me parece que es algo muy interesante.

Ya completé el guion y comencé a desarrollar esta segunda película, The Archetype, que explorará más a fondo estos temas y su impacto en las relaciones humanas. Espero poder hacerla.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Se refiere a Jay Sitaram, productor y compañero de Heems desde el origen del proyecto.

  • El autor quiere expresar su agradecimiento a Inge Goikoetxea por todas las gestiones y molestias que se ha tomado para que la presente entrevista pudiera llevarse a cabo.
Published in: on mayo 18, 2018 at 6:15 am  Dejar un comentario  
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