Narcos

Título original: Narcos

Año: Italia, España (1992)

Director: Giuseppe Ferrara

Productores: Maurizio Mattei, Adolfo López Sojo, Massimo Vigliar, Maurizio Tedesco, Aldo Sambrell

Guionistas: Giuseppe Ferrara, Armenia Balducci

Fotografía: Stefano Moser

Música: Andrea Guerra

Intérpretes: Juan José Pinero (Jesús), José Maldonado (Miguel), Cristóbal Cornes (Diego), Adriana Sforza (Mercedes), Aldo Sambrell (el jefe), Alfredo Xavier Sánchez (Fernando), Petra de Domínguez (madre de Jesús)…

Sinopsis: Jesús, Miguel y Diego son tres jóvenes colombianos que entran a formar parte de una banda criminal relacionada con el tráfico de drogas y armas.

“Si no estás con la mafia de la coca, estás contra ella”. Con este inmediato y violento tagline se comercializó en nuestro país el largometraje Narcos, una extraña y hoy casi olvidada coproducción hispano-italiana filmada en Colombia y Venezuela bajo la dirección del cineasta Giuseppe Ferrara, un realizador adscrito por lo general al cine político que tanto proliferó en Italia en las décadas de los setenta y ochenta -suya es, por ejemplo, El caso moro (Il caso Moro, 1986), sobre el secuestro del Presidente Aldo Moro-. A medio camino entre el thriller de denuncia y el drama callejero, Ferrara parte de una serie de acontecimientos reales para narrar las vivencias de tres muchachos inmiscuidos en el peligroso mundo del narcotráfico colombiano. “Quería contar las consecuencias que la industria de la droga causa en el proletariado de Colombia”[1], comentó el director en una entrevista poco después de finalizar el rodaje.

La película nos presenta a Jesús, Diego y Miguel, tres adolescentes sin muchas posibilidades que entran a formar parte de una banda criminal, convirtiéndose en asesinos urbanos guiados por un jefe sin escrúpulos que les alecciona con execrables discursos. Es precisamente la parte centrada en su entrenamiento en una especie de “escuela criminal” la que sin duda rebosa más interés, ya que el espectador es testigo de la transformación natural por parte de unos chavales sencillos y hasta discretos, convertidos en auténticas máquinas de matar aleccionados por una serie de malhechores exentos de cualquier reparo. Todo ello contado con una sencillez narrativa, por momentos cercana al documental, que opta por una puesta en escena sin concesiones, mostrando un tipo de violencia que en ocasiones pone a prueba al espectador, aunque sin caer en el exceso gratuito. Y es que, ver a una serie de niños flirteando con las drogas o disparando a bocajarro puede conllevar más crueldad que un espectáculo salvaje orquestado por H. Gordon Lewis.

Por otro lado, la trama alterna diferentes pasajes personales de cada protagonista, con la intención de humanizar -aún más si cabe- la situación. Así, vemos como uno de ellos sueña constantemente con convertirse en un futbolista profesional o como otro inicia una relación sentimental con la hermana de su mejor amigo. Situaciones que en las manos equivocadas podrían desembocar en la sensiblería más vulgar, Ferrara las coloca con brillantez en determinados momentos de su metraje, hilvanando con todo ello una propuesta en apariencia sencilla e incluso inocua, pero que esconde un retrato cautivador de una realidad triste y angustiosa, aderezada con un problema racial también patente en el filme -en una escena el cabecilla de la banda sentencia aquello de “es preferible una tumba en Colombia que una celda en los Estados Unidos”-. Aterrador.

Filmada con escasos medios, pocos artificios y con actores en su mayoría desconocidos o directamente amateurs, Narcos logra, no obstante, adaptarse a las circunstancias debido principalmente a la mano de Ferrara, un director con años de rodajes a sus espaldas que supo aclimatarse de un modo admirable, sacándole todo el partido a sus recursos: “intenté representar una situación como si fuera un periodista con una cámara oculta”[2], comentó. En este sentido, el director apuesta por cargar todo el peso de la acción en las interpretaciones de tres jóvenes sin apenas bagaje, que protagonizan secuencias de tiroteos, sexo, persecuciones y drogadicción, las cuales acogen con notoriedad, dotándole un grado de realismo y veracidad al filme que difícilmente se hubiera logrado con un cast avezado. Hay que remarcar, eso sí, que en el elenco encontramos a un actor muy querido por los aficionados al cine de género como es el madrileño Aldo Sambrell, aquí en la piel del capo criminal que insta con sus malas formas a los protagonistas, cometido que el intérprete cumple a la perfección, acostumbrado como estaba a encarnar a todo tipo de villanos a lo largo de su extensa carrera, tal y como él siempre recordó: “pronto asumí el rol que me había tocado cumplir en el cine (…) he interpretado a los individuos más amorales de toda la fauna humana”[3]. A través de su productora Asbrell Productions, Sambrell participó además en la financiación del filme -“produzco aquellas películas que me parecen interesantes y que tienen un buen guión”[4]– y como curiosidad, mencionar que uno de los muchos secundarios que deambula por la trama es Alfredo Xavier Sánchez, hijo de Aldo Sambrell y, atención, ahijado del gran Sergio Leone.

Sintetizando, la película es un producto notable, no perfecto, claro, pero si lo suficientemente cautivador como para acercarse a él y dedicarle la debida atención. En lo que se refiere a su rodaje, comentar que la filmación estuvo plagada de incidentes, como suele ocurrir en este tipo de producciones, pues parece ser que por miedo a problemas con la auténtica mafia de Medellín, Ferrara y su equipo llevaron la grabación casi en secreto, con un título falso para no levantar sospechas, y rodando, como indicaba al inicio de la reseña, algunas de las secuencias en Venezuela, país al que Ferrara regresó muchos años después con motivo de una retrospectiva, declarando: “Narcos me gusta mucho, creo que es uno de mis mejores trabajos”[5]. Tras su estreno el director rodó otros cuatro largometrajes para cine, una tv-movie, además de participar en un filme colectivo junto a una treintena de cineastas. Finalmente, Giuseppe Ferrara falleció de un paro cardiaco el 25 de junio del año 2016 a los 83 años, dejando algunos trabajos inconclusos.

Javier Pueyo

[1] Extraído de “Ferrara nell´inferno del barrios colombiani”, artículo escrito por Roberto Rombi para “La Repubblica” (16 de octubre 1991).

[2] Op cit. 1

[3] Extraído del libro “Contra el tiempo”, escrito por José Manuel Serrano Cueto y editado en 2012 por Tyrannosaurus Books; concretamente del capítulo “Entrevista a Aldo Sambrell, el villano vallecano” (págs 121-175).

[4] Op. cit. 3.

[5] Declaración de Ferrara en una entrevista realizada por Jaime Bergamin, en Caracas, para el medio “EncontrARTE”.

Published in: on junio 22, 2018 at 5:38 am  Dejar un comentario  
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