3 Days of a Blind Girl / Mang nui 72 siu see

3 Days of a Bling Girl

Título original: Mang nui 72 siu see

Año: 1993 (Hong Kong)

Director: Chan Wing-Chiu

Productor: Alfred Cheung

Guionista: So Man Sing

Fotografía: Tam Chi Wai

Música: Johnny Yeung

Intérpretes: Anthony Chau-Sang Wong (Sam), Veronica Yip (Sra. Ng), Anthony Chan (Dr. Ng), Alfred Cheung (Dr. Wong), Fruit Chan (ladrón), Jaime Luk (policía)…

Sinopsis: La Sra. Ng es operada de la vista y durante tres días no podrá ver. Su marido, el Dr. Ng, marcha durante este periodo a Macao y la asistenta también se encontrará fuera. En el transcurso de estas ausencias y con la mujer carente del sentido de la vista, se presenta en la casa un tipo llamado Sam que dice querer darle las gracias al doctor por salvar la vida de su esposa. Pero las verdaderas intenciones del hombre son bien distintas.

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Terminando la década de los ochenta se constituye en Hong Kong, por entonces aún colonia británica, la calificación denominada categoría III con la intención de no “cortar” las películas extranjeras y que provocó, de rebote, una enorme avalancha de productos autóctonos, generalmente psycho-thrillers, amparados bajo dicha etiqueta y cargados de sexo y violencia (repletos de violaciones, agresiones, torturas, asesinatos gráficos, etc…), terminando por asociarse tal clasificación con estas últimas[1].

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3 Days of a Blind Girl bebe de los films de intriga con “chica invidente acosada por un maníaco”, cuyo modelo principal es la cinta británica Sola en la oscuridad (Wait Until Dark, 1967) que dirigiera Terence Young y protagonizara la eterna Audrey Hepburn[2]. Eso sí, bajo las directrices (repetidas tantas veces) de los thrillers de categoría III, con sus habituales giros bruscos de guión, humor absurdo propiamente cantonés incluso en los momentos más crudos, violencia contra las féminas, hombres arrastrados por sus más bajos instintos(…), aunque en este caso en un tono más ligero que en los ejemplos más recordados del género, caso de The Untold Story (Bat sin fan dim: Yan yuk cha siu bau, 1993) de Herman Yau y Danny Lee, Daughter of Darkness (Mit moon cham on: Yit saat, 1993) de Ivan Lai, o Red to Kill (Yeuk saat, 1994) de Billy Tang. De hecho, parte del gore y los momentos violentos en la que nos ocupa suceden fuera de cámara, lo que motivaría que en su estreno acabara clasificada como categoría II[3].

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La (corta) carrera como director de Chan Wing-Chiu comenzó en 1993 con dos títulos, el que protagoniza estas líneas más (la, ésta sí, clasificada categoría III) Emotional Girl – Doubt of Distress (Na ge shao un bu duo ping zhi tuo de yi). 3 Days of a Blind Girl fue producida por el (principalmente) actor Alfred Cheung, con quien Wing-Chiu había coincidido como asistente de dirección en cintas como My Americanize Wife (Liang wu yi qi, 1992) de Anthony Chan. Metido a realizador, y sin pretender hacer muchos alardes ni buscar una puesta en escena innovadora y/o personal, el cineasta consigue sacarle punta al modesto presupuesto que maneja y se esfuerza en crear suspense en lugar de regodearse sólo en los desnudos y la violencia.

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La actriz, cantante y ex-Miss Asia Veronica Yip encarna a la protagonista, la señora Ng, que no sólo tendrá que pasar varios días sin poder ver debido a una operación, sino que sufrirá un infierno entre las paredes de su hogar tras la intromisión de un psicópata que busca venganza contra el marido de la mujer. El papel del intruso recae en el harto ocupado Anthony Wong, muy dado en aquellos años a roles desquiciados dentro de la categoría III[4], componiendo aquí un personaje muy peligroso a la par que de lo más patético, lleno de odio y ansias de desquite a la vez que de incertidumbres y miedo, llegando a momentos de lo más bizarros junto a otros ciertamente delirantes que ayudan a bajar la tensión en la película. Fruit Chan, futuro realizador de la conocida Dumplings (Jiao zi, 2004), aparece en una breve intervención como un ladronzuelo que pretende también violar a la indefensa joven. No saldrá bien parado.

Llama la atención que el encargado de la fotografía, Tam Chi Wai, optara por una paleta de colores más naturales, cuando los psycho-thrillers made in Hong-Kong de esos años prefirieron una saturación de agresivos tonos azules y verdes que los dotaba de un estilo más cercano al cómic y al giallo italiano[5].

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El libreto, firmado por So Man Sing, recorre los lugares comunes en este tipo de producciones, pero procura no ser del todo previsible, así como dotar al personaje principal femenino de más matices que el de la mera “chica indefensa acosada por el loco de turno”, como parece presentársenos en un principio. Suele ser moneda común en estos thrillers que los personajes masculinos sean altamente negativos[6], y el que tenemos aquí no es una excepción; el menos malo de ellos es un bobo. En esta ocasión la propicia víctima femenina termina alzándose triunfadora, pasando de ser la muchacha desamparada a sacar fuerzas para derrotar a su adversario/acosador y, finalmente, para enfrentarse a un mundo machista dominado por los hombres, como viene a indicar el simpático epílogo.

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Pese a parecer enmarcarse en el esquema, tan habitual esos años, sobre todo en Estados Unidos, del psycho-thriller con extraño metido en casa de una familia perfecta, no van por ahí los tiros. El matrimonio Ng ni tiene niños (como se le presume a una familia modelo), ni es tan pulcro como a priori podría parecer. Es más, queda lejos de las intenciones del guionista y del director representar a ese invasor externo como un cáncer para con la sacrosanta institución familiar (que ésta habrá de exterminar para que todo vuelva a su sitio[7]), y sí como un (otro) obstáculo en la vida de la esposa (causado, para más inri, por el marido), cuya superación significará una revelación para ella, saliendo además del entuerto más fuerte y segura de sí misma, más independiente. Vencido el trance, la Sra. Ng “verá” mejor la vida, con otros ojos, en todos los sentidos.

Alfonso & Miguel Romero

[1] Al igual que pasara en España durante el franquismo con las peregrinaciones a Perpignan para ver las películas que aquí, por la dichosa censura, no se estrenaban, desde Hong Kong se desplazaba la gente a otros puntos para poder visionar íntegros los filmes que se estrenaban “cortados” o aquellos que no llegaban a las salas de la colonia. De igual modo, la clasificación “S” que tuvimos durante la Transición y hasta la permisión de las producciones “X”, para “aquellas películas que por su temática o contenido puedan herir la sensibilidad de espectador”, propició un aluvión de producciones con alto contenido erótico (cuando no era éste su razón de ser) acabándose por identificar tal calificación con aquellas películas; la categoría III que se establece en Hong Kong a finales de los ochenta produjo una oleada de psycho-thrillers violentos y sexuales que terminaron por confundirse con dicha etiqueta.

[2] En los primeros noventa, cuando en los USA se pusieron de moda los thrillers con “intruso invadiendo el hogar familiar” debido a títulos como La mano que mece la cuna  (The Hand tThat Rocks the Cradle, 1992) de Curtis Hanson o Mujer blanca soltera busca… (Single White Female, 1992) de Barbet Schroeder, no faltó una reinterpretación de Sola en la oscuridad con Sola en la penumbra (Blink, 1994), dirigida por Michael Apted y con Madeleine Stowe en el rol de la muchacha invidente.

[3] Cine para adultos pero en el que se permitía la entrada de menores. Algo así como la calificación “R” norteamericana o nuestra “autorizada para mayores de 18 años”.

[4] Fuera de tal clasificación, Anthony Wong se daría a conocer internacionalmente, entre otros papeles, con un nuevo desequilibrado personaje: el villano Johnny Wong que compone en la modélica Hardboiled (Hervidero) (Lat sau san taam, 1992) de John Woo.

[5] De igual forma, el policiaco hongkonés, que vivió su época de esplendor durante las décadas de los ochenta y noventa, tuvo muchas veces como referente al poliziesco transalpino que en los setenta hicieran gente como Enzo G. Castellari, Fernando Di Leo o Umberto Lenzi.

[6] Sin querer entrar mucho en teorías freudianas, llama la atención la cantidad de elementos fálicos que aparecen durante todo el metraje: como los plátanos que come con gula el personaje de Anthony Wong (uno incluso se lo mete en la boca al ladrón interpretado por Fruit Chan), o el enorme salami congelado que utilizará la joven para golpear a su agresor hacia el final de la cinta.

[7] Pongamos por caso En el silencio de la noche  (Hider in the Night, 1989) de Matthew Patrick –un film harto similar a la TV-movie Ronald el malo (Bad Ronald, 1974) de Buzz Kulik-. En aquélla Tom Sykes (un muy adecuado Gary Busey) escapa del sanatorio, tras dieciocho años recluido por matar a sus padres después de sufrir abusos, y se esconde en el desván de una enorme casa. Una familia compra la hacienda y Tom quiere que ellos sean “su” familia. Será un elemento disonante que amenace con romper tan sagrada institución, un tumor por tanto que habrá que arrancar de raíz. Afortunadamente, algunos cineastas, más mordaces y menos reaccionarios, parecen plantearse si el mal no estará en la misma familia, uno de los pilares básicos del país de las barras y estrellas; sería el caso de Joseph Ruben en títulos como El padrastro (The Stepfather, 1987), Durmiendo con su enemigo (Sleeping with the Enemy, 1991) o El buen hijo (The Good Son, 1993).

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