La signora di Wall Street [vd: La señora de Wall Street]

La signora di Wall Street

Título original: La signora di Wall Street

Año: 1990 (Italia)

Director: Aristide Massaccesi [acreditado como Joe D´Amato] 

Productor: Aristide Massaccesi

Guionista: Daniele Stroppa [acreditado como Daniel Davis]

Fotografía: Aristide Massaccesi [acreditado como Federico Slonisco]

Música: Piero Montanari

Intérpretes: Tara Buckman (Brenda), Charlie Edwards (Alex), Louie Elias (Albert Corey), Paul Van Gent (Sonny), Dan Smith (Wilson), Sashin Sardot (Nancy), Bill Wall (Perry), Julia Deane   [acreditada como Julia Howard] (Joan), Richard Frank Sume (Jimmy), Robert Alberta (Walter Greene), Marshall Butt (Aaron Johnson), Moses Gibson (Buttler), Laura Gemser (prostituta)…

Sinopsis: Brenda Baxter es una joven corredora de bolsa. Tiene éxito en el trabajo y no le faltan amantes cuando así lo desea. Pero poco se está enamorando de Alex, un periodista apuesto, cuya auténtica identidad será una sorpresa mayúscula para Brenda.

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Plantear un filme erótico en el terreno de los negocios financieros siempre es cautivador. Temas como el poder, la corrupción, el dinero y los engaños pueden comulgar a diario entre brokers, traders y demás trabajadores, así que añadirle a la situación las dosis adecuadas de lujuria y sexo ofrece la posibilidad de confeccionar propuestas, cuanto menos, sugerentes. Por eso es una pena que La señora de Wall Street sea un filme fallido, falto de encanto y, por lo tanto, arrinconado dentro de la filmografía de su artífice, el italiano Aristide Massaccesi. Encuadrada dentro de las producciones que la Filmirage rodó con miras al mercado doméstico, la película se centra en las aventuras de una agente de bolsa sin reparos y bien posicionada, capaz de hacer cualquier cosa por cerrar una venta. Bella e inteligente, entre su nómina de amantes se encuentra un rico industrial y un joven periodista; el giro inesperado aparecerá cuando la protagonista descubre la relación de consanguinidad existente entre los dos hombres, pues se tratan de padre e hijo, respectivamente.

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Presentada en todo momento como una producción de corte erótico, siendo incluso vendida en algunos circuitos como la respuesta ardiente al mítico filme de Oliver Stone Wall Street (Íd, 1987) -cuando realmente no guardan ningún tipo de relación argumental-, la cinta no es más que una sucesión de números y coreografías sexuales conectadas a través de una sencillo triángulo sentimental que, a fin de cuentas, nos sabe a poco, pues apenas existe emoción, mucho menos empatía, con unos personajes en el fondo planos y carentes de interés. En este sentido, destaca de un modo negativo como Massaccesi desaprovecha la subtrama entre Brenda, la protagonista, y un negocio en el que anda metida bajo la batuta de su superior; una cuestión que podría ser atractiva al explotar los contrapuntos entre jefe y subordinada, pero que es tratada casi de pasada y solucionada de un modo tosco y fragoso. Es evidente que el realizador prefería aprovechar su metraje en otros asuntos, y que para ver películas sobre el mundo de la bolsa existen propuestas más competentes (podríamos investigar en las filmografías de J.C. Chandor, James Foley o el citado Stone), pero resulta ocurrente imaginar qué podría haber salido si el director de Emanuelle en América (Emanuelle in America, 1977) hubiese destinado un argumento al mundo de la bolsa desde una perspectiva más dramática.

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Sea como fuere, La señora de Wall Street, como decíamos, es uno de los títulos menos recordados de la filmografía del romano, probablemente al no presentar elementos impresionables para el espectador. Más bien al contrario, pues la cinta es un divertimento átono en el que la mano del realizador apenas se palpa en algunos momentos. Eso sí, un rasgo de algún modo autoral lo podemos detectar analizando el último acto del filme, pues Massaccesi recrea una sorpresa basada en la relación familiar de dos personajes, algo que ya hizo, con mayor fortuna, en la estupenda Guerreras rojas (Giubbe rosse, 1975). Pero mientras que en aquel western protagonizado por Fabio Testi el concepto está muy bien planteado, colocado en el momento justo, ensalzando la resolución de la historia, en La señora de Wall Street la idea, aunque similar, desconcierta y crea confusión: no había pistas que pudieran justificar el parentesco, dando así la sensación de ser una decisión de guión tomada de manera precipitada, con el único fin de impresionar, ignorando la naturaleza de los individuos y logrando, por contra, la repulsión por parte del público. Su extraña conclusión final no ayuda, en absoluto, a amortiguar el desastre.

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No obstante sería erróneo pensar que estamos ante una mala película debido a un libreto defectuoso -obra, por cierto, de Daniele Stroppa, autor de otros trabajos mucho más celebres, con una carrera digna de estudio, en la que sobresalen sus colaboraciones con Fulci, Lenzi o el propio Massaccesi, por ejemplo- pues habría que tener en cuenta que nos situamos ante una cinta cuyas características e intenciones se asemejan a las del cine porno estándar. Aceptaremos, pues, que la historia es lo de menos, pero el problema (otro…) es que la desgana por parte de sus responsables queda patente desde los primeros minutos, con unas escenas de carácter sexual desprovistas de gusto y sensualidad, interpretadas, además, por un reparto tal vez fallido, incapaz de transmitir la química que, sin duda, requiere la historia. En este sentido cabe nombrar, aunque sea de pasada, a Tara Buckman, la estrella de la función, una actriz californiana competente vista en diferentes clásicos de los años ochenta, como Los locos del Cannonball (The Cannonball Run, 1981) o Silent Night, Deadly Night [tv/vd/dvd: Noche de paz, noche de muerte, 1984], que aquí ejerce de protagonista absoluta con un rol al que no le habrían sentado mal algunas reescrituras, para así enaltecer el carácter de su personaje; no obstante, Buckman mantiene el tipo como puede, demostrando cierta profesionalidad.

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En resumidas cuentas, estamos ante un proyecto pobre en ideas que demuestra que adentrarse en el cine erótico realizado por Aristide Massaccesi siempre es equiparable a los juegos de azar: Once días once noches (11 giorni, 11 notti, 1987) o La alcoba (L´alcova, 1985) pueden llegar a ser exponentes estimulantes, mientras que un título como Proyecto amor (Una tenera storia, 1993) es un desastre mucho mayor que el filme que nos ocupa. Por último, a modo de curiosidad, cabe mentar la aparición de Laura Gemser, eterna musa de Joe D´Amato, efectuando un cameo en el papel de una prostituta callejera. Un dato que quizá a algún completista le puede servir de utilidad.

Javier Pueyo

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