Entrevista a Jack Taylor

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Si decimos que su verdadero nombre es George Brown Randall lo más probable es que sean muy pocos los que conozcan de quién hablamos. Pero si desvelamos que tras ese nombre se esconde el aquí conocido como Jack Taylor es muy seguro que a la mayoría le venga a la mente el rostro de un actor de pelo rubio, ojos claros, porte aristocrático y mirada altiva. Instalado en España desde mediados de los sesenta, donde llegó procedente de México, país al que había emigrado desde sus Estados Unidos natales buscando las oportunidades que allí se le resistían, Jack Taylor pronto se convirtió en una de las presencias más recurrentes del cine popular español durante su etapa de esplendor. Aunque también frecuentó otros estilos, como el wéstern o el thriller, es dentro del cine fantástico y de terror donde su labor cobraría una especial relevancia, hasta el punto de erigirse en uno de los intérpretes más emblemáticos del género en su vertiente española, coincidiendo con un momento en el que el denominado fantaterror vivía sus años dorados. Su especialización en el género queda ejemplificada con el siguiente dato: en las dos décadas comprendidas entre 1968, año en el que debuta en el género con Necronomicon – Geträumte Sünden [dvd: Succubus], y 1988, Taylor apareció en más de dos decenas de títulos pertenecientes al estilo, entre los que se encuentran títulos tan destacados como El conde Drácula/Nachts, wenn Dracula erwacht/Il Conte Dracula (1970), Doctor Jekyll y el hombre lobo (1971), La orgía nocturna de los vampiros (1973), El buque maldito (1974) o Mil gritos tiene la noche (1982), trabajando al lado de personalidades de la talla de Paul Naschy, Amando de Ossorio, Jesús Franco, Juan Piquer Simón, José Ramón Larraz, León Klimovsky, Carlos Aured o Soledad Miranda, entre muchos otros.

Lejos de caer en el olvido, toda esta especialización y dedicación le ha granjeado el respeto, la consideración y el cariño de los aficionados. Una circunstancia que ha tenido su reflejo en los muchos homenajes que en los últimos años el actor estadounidense viene recibiendo por parte de festivales especializados a lo largo y ancho del país, que han querido así reconocer su labor dentro del género y su condición de auténtico mito viviente de este cine. El último de estos homenajes, al menos hasta la fecha, se produjo en la pasada vigésimo quinta edición del Festival de Cine Fantástico de Bilbao-FANT en la que Taylor recibió el “FANT de honor” por su carrera. La escenificación de este galardón tendría lugar un día antes del arranque oficial del certamen, en una sesión de lo más especial en la que, además de la entrega del premio al actor de manos de Justo Ezenarro, director de FANT, se proyectó Jack Taylor. Testigo del fantástico (2018), reciente documental dirigido por Diego López en el que, por medio de una larga entrevista, su propio protagonista repasa los principales hitos de su trayectoria, y tras el que tuvo lugar un interesantísimo coloquio conducido por Javier G. Romero, responsable de los fanzines Quatermass y Cine-Bis y fundador de FANT, en el que, junto a Taylor, también participó Diego López. Escasas horas antes del inicio de este acto, tuvimos la oportunidad de compartir unos minutos con Jack y realizarle la siguiente entrevista centrada en su carrera dentro del género.

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Jack Taylor posa con el “FANT de honor” junto a Justo Ezenarro, director del certamen bilbaíno

El “FANT de honor” viene a unirse al listado de galardones que estás recibiendo en los últimos años como reconocimiento dentro del cine fantástico y de terror. ¿Qué te parece el que para muchos espectadores seas un icono e, incluso, un mito viviente de este tipo de cine?

Siempre es agradable que te recuerden. He hecho cosas muy serias y otras que no lo eran tanto. Pero yo siempre me lo he tomado muy en serio. Y si me recuerdan especialmente por estas películas de género que hice, por mí encantado.

Tu relación con el género se produce de forma temprana ya en tu etapa mexicana, donde intervienes en dos sagas hoy devenidas en objeto de culto, como las de Neutrón y Nostradamus. ¿Qué recuerdas de aquellas películas?

En México hice once películas y cuatro creo que fueron de género, digamos. Hice de emperador Maximiliano; hice una película preciosa que se llama La torre de marfil (1958), que fue en la primera que hice un papel protagónico, que escribió para mí Julio Alejandro, el guionista de Buñuel, y que protagonizaba Marga López; y trabajé con Libertad Lamarque, con María Félix, con Pedro Armendáriz, con el “Indio” Fernández… Nombres que quizás el público actual no recuerda quiénes eran, pero que entonces eran las grandes figuras del cine mexicano, por entonces al final de su época de oro.

Hice de todo, ya digo. Y entre ello cuatro películas de suspense y terror. Las de la serie Nostradamus me gustaban, y trabajar con Federico Curiel “Pichirilo”, su director, me gustaba mucho también. La verdad es que le guardo mucho cariño. Te contaré una anécdota. Ya instalado en España volví a México como trece años después y sabía que él estaba rodando. Fui a visitarle y allí mismo me quiso contratar para hacer un papel en la película que estaba filmando. Y hace poco estuve viendo una de las de Neutrón[1] y no estaba mal. Rodábamos en los Estudios Churubusco, que es donde se fabricaban las grandes películas mexicanas de la época.

¿Y qué te trae de México a España?

Yo estaba haciendo teatro en México, donde no importaba que tuvieras acento, al contrario de lo que me pasó aquí, y vine a España con una comedia musical llamada La pelirroja. Y me salió la oportunidad de hacer una película, que fue la primera que rodé en España, con Rocío Jurado y Manolo Escobar[2]. Y después los del Sindicato Vertical me vetaron. ¿Por qué? Sería una buena pregunta. Yo realmente sé los motivos, pero no los voy a contar. Esto fue en el año 1963 y siguieron con esta maniobra hasta 1974. Y si yo he hecho muchas películas de género en España es porque nadie quería hacerlas. Todo el mundo quería hacer wéstern y nadie se tomaba en serio a estas películas de terror. Y he hecho cosas solamente para tener otro crédito y que no me pudieran decir que no. Así de fácil. Yo nunca llegué a trabajar con Sara Montiel, Joselito o Marisol, que eran las grandes películas del cine español de la época, aunque me hubiera gustado. Pero no reniego de lo que he hecho. Ni lo más mínimo.

En lo que a mí respecta, en cualquier película que hago pongo todo mi empeño. Cualquier trabajo es un trabajo y yo lo hago lo mejor que puedo, ya tenga un buen guion, un mal guion o regular. Siempre he dicho y siempre digo que he hecho películas de género buenas, muchas mediocres y algunas francamente malas. Soy un actor.

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En un momento en el que, debido a la censura, el erotismo era un tema tabú para el cine español, estas películas de terror en las que interviniste se atrevían a enseñar algo más, además de tener en muchos casos unas soterradas connotaciones sexuales. ¿Explica este factor el éxito que tuvieron entre un público que estaba fuertemente reprimido en este sentido?

Satisfacían el morbo del público de entonces. Tú eres joven y no sabes cómo era la censura de la época. Era terrible. No se podía ni siquiera mostrar un beso en pantalla. Entonces, era mucho más erótico ver al vampiro o al hombre lobo tras una chica en minifalda por un cementerio. Era mucho más cachondo. Y viendo las películas siempre había curas y monjitas controlando qué se mostraba y qué se decía. Es curioso, porque hoy en día en televisión pueden verse cosas mucho más fuertes que las que nosotros mostrábamos en estas películas en aquel entonces.

Siguiendo con este tema, de cara a su distribución exterior era frecuente que estos films contaran con dobles versiones prolijas en desnudos y situaciones sexuales…

Casi siempre había dos versiones. En la segunda versión la chica estaba en topless y yo mostraba el trasero. Pero tampoco fueron muchas veces; tres o cuatro, tan solo. Esa era la versión para el extranjero, claro.

Uno de los motivos que propiciaron la eclosión productiva de este tipo de películas es que se trataba de producciones muy modestas y, por tanto, fácilmente amortizables. ¿Qué diferencia había entre el rodaje de una de estas películas y el de una producción española de nivel medio de la época?

La imaginación y el dinero. Las películas que tú dices de terror, y que yo llamo de género, son películas que se hacen como cualquier otra película en cualquier parte del mundo, ya sea un dramón, una película de género o una comedia. Son películas.

Te lo comento porque Paul Naschy y Carlos Aured comentaban que, en medio del rodaje de El espanto surge de la tumba (1972), el productor de turno pretendía eliminar hojas de guion para abaratar aún más los costes. ¿Te encontraste con algún tipo de situación similar? 

Nunca me pasó algo así, aunque me podría haber pasado. Eran películas que hacíamos en cuatro semanas, me parece. Y en esas cuatro semanas hacíamos maravillas, porque había muy buenos técnicos que sabían hacer su trabajo rápido y bien. Era artesanía pura. No había efectos digitales y había hasta cierto punto más verdad.

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Un momento del coloquio que tuvo lugar tras el pase de “Jack Taylor. Testigo del fantástico” en FANT. De izda. a dcha.: Javier G. Romero, Jack Taylor y Diego López, director del documental

Tu especialización en el género hizo que trabajaras con casi todos los nombres propios del cine de terror español de la época. Uno de ellos fue Jesús Franco, con el que trabajaste en más de media docena de ocasiones…

Hice ocho películas con Jesús, o Jess como le llaman, en un periodo de ocho años. En dos de ellas, además, también trabajé detrás de las cámaras. Por ejemplo, en El conde Drácula, donde aparte de actor fui también director de arte. Las dos últimas películas que hicimos juntos no me gustaron, pero las otras sí. Nos conocimos en una cena en Casa Botín mientras yo estaba haciendo una película con el productor francés Marius Lesoeur y coincidió que Jesús también estaba haciendo una película para él. Tres o cuatro días después de este encuentro, Jesús me llamó para decirme que iba a rodar una película en Lisboa y me preguntó si quería intervenir. “Por supuesto”, le respondí. E hicimos Necronomicon. El guion original no tendría más de tres o cuatro folios escritos por Jesús, que yo traducía todos los días al inglés. Era una película muy atrevida para la época. Es más, no se vio en España hasta treinta y cinco años después en un pase en la Filmoteca Española, que fue cuando yo la vi por primera vez. Cuando se estrenó en el Festival de Berlín, donde tuvo un gran éxito, yo no estaba. Es una buena película, que me gusta mucho y a la que tengo mucho cariño.

Otra personalidad emblemática con la que compartiste pantalla en varias ocasiones fue Paul Naschy. ¿Qué destacarías de él?

Paul era, digamos, el precursor de todo este movimiento de cine de terror en España. Tengo entendido que había habido algunas incursiones previas muchos años antes, pero durante esta época fue él el que impulsó este tipo de cine. Era un buen profesional, muy respetado fuera de España, aunque por desgracia, y era algo por lo que él sufría mucho, aquí no se le tomaba en serio, lo que hacía que se sintiera menospreciado. Nunca tuve problemas ni conflictos con él. Pero tampoco tuve mucho trato, porque no compartí demasiadas escenas con él. Le maté en La venganza de la momia (1973), pero en Doctor Jekyll y el hombre lobo apenas recuerdo estar trabajando juntos.

Entre finales de los setenta y comienzos de los ochenta también trabajaste a la orden de Juan Piquer Simón, quien te dirigió en un par de ocasiones. ¿Qué recuerdos guardas de tus colaboraciones con el valenciano?

Con Piquer Simón hice dos películas: Viaje al centro de la Tierra (1976) y Mil gritos tiene la noche. Las dos me gustan mucho, aunque me parece increíble lo que pasa con Mil gritos tiene la noche. Todavía tiene una aceptación a nivel mundial enorme. Han venido desde países como Japón o Escocia a entrevistarme sobre esta película. A este respecto, guardo una anécdota muy graciosa. Un chico, creo que era escocés, me preguntó sobre quién era el director de arte de la película, ya que decía que había un plano mío con un fondo de ladrillos en el que yo llevaba una chaqueta color avena que le parecía de muy buen gusto. Pero la realidad era que cuando rodábamos había una pared y la chaqueta era mía. Nada de director artístico (risas).

No puedo dejar de preguntarte por un director al que admiro mucho y que te dirigió en más de una ocasión, Amando de Ossorio…

Con Amando hice cuatro películas. La primera que hice fue La tumba del pistolero (1964), un wéstern que, a pesar de que es un género que no me gusta, no era una mala película. Y después hice La noche de los brujos (1973) y El buque maldito, en la que me pasó una cosa con él. A Amando no le gustaban los actores. Le molestaban porque a él lo que verdaderamente le interesaban eran sus monstruos. A ellos los podía controlar, pero posiblemente a nosotros los actores no nos podía controlar a su gusto.

Como has dicho, tú habías trabajado antes con Amando en uno de sus wésterns, donde evidentemente no tenía a sus monstruos. ¿Se comportaba igual

No, no, no. Era muy amable conmigo la primera vez que trabajamos juntos. Y la segunda vez también se comportó bien. Pero la tercera vez, en El buque maldito, no. Estábamos rodando en Alicante y no habíamos comido en todo el santo día porque producción quería terminar a toda prisa para aprovechar el sol. Eran las cinco de la tarde, estábamos cansados y no habíamos comido, y en una salida yo me equivoqué. Él se puso furioso. Me insultó diciéndome que la única razón por la que yo trabajaba era porque tenía un nombre extranjero y comentó a todo el mundo que le sobraban actores. Tiempo después volví a trabajar con él en Serpiente de mar (1984), donde aparezco dos minutos en pantalla. No me gusta tener enemigos, así que hice este pequeño papel.

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Echando la vista atrás, ¿cuál es tu papel o tu película preferida de todas las que hiciste durante esta etapa?

La venganza de la momia era una bonita película que hice con Paul Naschy. Esta me gusta. Y de las que hice con Jesús Franco, como te comentaba antes, me gustaron casi todas. El conde Drácula es una buena película todavía. Pero, en definitiva, hice lo que hice y ya está.

¿Y qué te parece que estas películas, que en su momento, como has dicho, no se tomaban en serio, ahora sean reivindicadas y cuenten con legiones de fans en todo el mundo? ¿Cuál es su secreto?

Ahora se han convertido en películas de culto, cosa de la que me alegro muchísimo. Es algo sorprendente. Quizás aquí en España no tengan tantos, pero fuera tienen muchísimos seguidores, lo que es maravilloso. Pero no tengo ni idea de cuál es el motivo por el que aún despiertan tantas pasiones, ni necesito saberlo. Lo importante es que gustan.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Nota del autor: Posiblemente se refiera a Los autómatas de la muerte (1962), cuya proyección presentó en el pasado Festival de Sitges dentro de la retrospectiva que dedicó a su trayectoria el certamen catalán.

[2] N. del a.: Se trata de Los guerrilleros (1963), donde aún aparece acreditado como Grek Martin, el nombre artístico que utilizó durante su etapa en México.

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Published in: on mayo 17, 2019 at 5:56 am  Dejar un comentario  
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