Cuatro caras del Oeste

Cuatro caras del Oeste

Título original: Four Faces West

Año: 1948 (Estados Unidos)

Director: Alfred E. Green

Productor: Harry Sherman

Guionistas: C. Graham Baker, Teddi Sherman, según una adaptación de William Brent y Milarde Brent de la novela Paso Por Aqui de Eugene Manlove Rhoads

Fotografía: Russell Harlan

Música: Paul Sawtell

Intérpretes: Joel McCrea (Ross McEwen), Frances Dee (Fay Hollister), Charles Bickford (Pat Garrett), Joseph Calleia (Monte Márquez), William Conrad (sheriff Egan), Martin Garralaga (Florencio), Raymond Largay (Dr. Eldredge), John Parrish, Dan White, Davison Clark, Houseley Stevenson, George McDonald, Eva Novak, Sam Flint…

Sinopsis: Mientras Pat Garrett está declamando un discurso victorioso en un pueblo de Nuevo México, Santa María, un hombre llega al banco local, en el que roba dos mil dólares, tras lo cual escapa. Garrett inicia entonces una persecución implacable, mientras el forajido encuentra la amistad y apoyo de un mexicano y el amor de una guapa enfermera.

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El western es uno de los géneros menos valorados por gran cantidad de la cinefilia concienciada, quien lo delega a un asunto de evasión trivial que está reservado a ancianitos que rememoran sentados ante el televisor sus días de infancia, cuando este tipo de películas se rodaban de forma masiva. Si muchos de estos cinéfilos incluso miran de manera condescendiente películas de autores reconocidos de la talla de John Ford, Anthony Mann o Delmer Daves, la serie B está relegada al mayor de los desprecios. Cuatro caras del Oeste (Four Faces West, 1948) es un magnífico ejemplo del alto nivel medio de calidad del género en aquella época, amén de una muestra algo atípica.

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Protagoniza Joel McCrea, quien posiblemente, junto a Randolph Scott, detenta el podio de intérpretes característicos del western de serie B. No en vano, Sam Peckinpah hizo encabezar el reparto a ambos en la modélica Duelo en la Alta Sierra (Ride the High Country, 1962), como representación arquetípica de un Oeste que en aquellas fechas iba desapareciendo gradualmente. Pero aunque en 1948 el género se hallaba en plena eclosión, el uso de este actor en el título que nos ocupa responde a motivos similares. De rasgos amables y atractivos, McCrea era el paradigma del vaquero melancólico y defensor de la ley, protagonista de innumerables westerns de los cuarenta y los cincuenta. En 1949 protagonizó la excelente Juntos hasta la muerte (Colorado Territory), donde uno de los grandes del cine norteamericano, Raoul Walsh, jugaba con su papel modélico otorgándole el rol de forajido; sin embargo, un año antes ya se había tributado un personaje similar en la presente, volteando la imagen que se tenía del actor, e impregnándola además de no poca ambigüedad.

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El film está basado en una novela del especialista en la temática Eugene Manlove Rhoads, Paso Por Aqui (1926) –así, en español y sin tildes–, que convierten en un boceto cinematográfico William y Milarde Brent, después desarrollado a modo de guion por C. Graham Baker y Teddi Sherman, quienes realizan una sorprendente labor. Joel McCrea, como decíamos, es el forajido, que se hará llamar Ross McEwen. Al inicio del film asalta el banco, con suma amabilidad y simpatía, por cierto, huyendo tras el golpe. Será mordido por una serpiente, poco antes de intentar tomar un tren para despistar a la batida que ha salido tras él, percance que a punto estará de costarle perder su nuevo medio de locomoción; para subir al caballo de hierro será ayudado por Monte Márquez, un enigmático mexicano y, después, para curar sus heridas, le socorrerá Fay Hollister, una hermosa enfermera que viaja en el tren. Ya tenemos tres de los cuatro vértices (las cuatro caras) de la historia; el cuarto es el sheriff Pat Garrett, el defensor de la ley y la justicia que persigue al forajido.

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Pat Garrett (1850-1908) fue un personaje real, amén de mitificado, del Oeste norteamericano. Trabajó de vaquero, cazador de búfalos, propietario de saloon y fue sheriff en Lincoln County, donde se topó con William Bonney, más conocido como Billy el Niño, y se hicieron grandes amigos. Sin embargo, cuando Billy fue considerado forajido, Garrett partió tras él, y acabó asesinándolo mientras el muchacho dormía plácidamente. La muerte de Billy el Niño por parte de Garrett es mencionada al inicio del film, como un acto heroico de Garrett para aplicar la justicia. Después, Garrett partirá tras McEwen de forma enconada y despiadada, sin inmutarse. Amén de ello, el banquero asaltado por McEwen ofrecerá una recompensa de tres mil dólares por él, mil más de lo que le robó, lo cual demuestra que la sustracción no le resulta demasiado punitiva, e incluso después insistirá en que lo quiere bien muerto. McEwen, mientras, encontrará una amistad sincera y el amor, y después sacrificará su libertad, y quizás su vida, salvando de la muerte a una familia mexicana a causa de la difteria.

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Garrett, interpretado de forma magistral por Charles Bickford (quien, además, muestra un notorio parecido físico con el auténtico Pat) tiene una especie de segunda oportunidad para compensar lo que hizo con Billy el Niño, a tal punto que la historia puede considerarse como un trasunto de aquel suceso. Garrett, inmisericorde, finalmente quedará anonadado ante el comportamiento de McEwen, dejando patente que muchas veces quien está al otro lado de la ley no ha de ser necesariamente una mala persona, y quien la “defiende” en ocasiones no está impulsado por causas nobles. Esa disyuntiva impregna la película en su totalidad, otorgándole una atractiva ambigüedad, haciendo que el espectador se sienta identificado con el “malo” o mostrando rechazo por el “bueno”, subvirtiendo los arquetipos.

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Si la historia resulta espléndida, no lo es menos la puesta en escena del poco valorado Alfred E. Green. Realizador desde 1916, quizás la más famosa de las películas de su primera etapa sea la versión muda de El pequeño lord (Little Lord Fauntleroy, 1921), protagonizada por Mary Pickford. Dirigió más de un centenar de películas a lo largo de su carrera, que finalizó en la televisión, y tocó gran cantidad de géneros, si bien destacó en el western, siendo en todo caso la presente su película más popular, junto a, quizás, la convencional comedia musical Copacabana (Copacabana, 1947), con Groucho Marx y Carmen Miranda. Aquí Green aplica a las imágenes la impronta del cine negro, trabajando las sombras como reflejo de los estadios emocionales de los personajes, e incluso en las tomas diurnas la fisicidad de los negros prepondera en la fotografía excepcional de Russell Harlan. Los encuadres en picado y contrapicado, para destacar un personaje por encima del otro, predominan a lo largo del film, que supone una fábula de la vieja frontera acerca de la nobleza y el respeto por encima de los demás valores.

Carlos Díaz Maroto

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