Vaya luna de miel

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Título original: Vaya luna de miel

Año: 1980 (España)

Director: Jesús Franco

Productora: Magna Films

Guionista: Jesús Franco

Fotografía: Juan Soler

Música: Pablo Villa [Daniel White], Jesús Franco

Intérpretes: Lina Romay (Yolanda), Emilio Alvarez (Simón), Max Boulois [acreditado como Max-B] (Craig), Susy Boulois (Greta), Antonio Mayans (Simon), Antonio de Cabo, Jesús Franco, Óscar Martínez, Marisol García…

Sinopsis: Simón y Yolanda son una pareja de recién casados que pasan su luna de miel en la isla de Bananas. Un día, cuando acuden a una feria, un tipo moribundo les entrega por error un papel aparentemente en blanco que, en realidad, esconde la localización de un tesoro. Desde ese momento Simón y Yolanda se verán perseguidos por diferentes facciones que pretenden hacerse con el mapa.

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Conocida es la tendencia del cine de Jesús Franco por el autocanibalismo. A lo largo de su copiosa filmografía son incontables las ocasiones en las que el cineasta madrileño reaprovechó argumentos, personajes, escenas y/o localizaciones que ya había empleado con anterioridad. Quizás uno de los ejemplos más representativos de este particular modus operandi se encuentre en la insólita circunstancia de que llevara a cabo tres adaptaciones (de lo más libérrimas, por otra parte) de un mismo texto literario, el relato de Edgar Allan Poe “El escarabajo de oro”, con el añadido de hacerlo en un lapso de tiempo inferior a los quince años. Lo más curioso del caso es que de las tres referidas películas tan solo una, En busca del dragón dorado (1983), fue comercialmente estrenada. De las dos restantes, Jungle of Fear (1993) ni siquiera llegó a finalizarse, si bien circula un copión del rodaje que, aunque carente de música y efectos, sirve para hacerse una idea muy aproximada de lo que debería haber sido la película de haberse completado.

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Más complejo de discernir resulta, al menos hasta hace poco, el caso de las primeras de estas traslaciones, conocida tradicionalmente con el título de, precisamente, El escarabajo de oro y rodada a finales de los setenta. En su imprescindible libro sobre el director de Gritos en la noche publicado por Cátedra, Carlos Aguilar la considera inconclusa, mientras que en una entrevista realizada por Augusto M. Torres en enero de 1980 el propio Franco aseguraba que la película estaba montada y acabada; unas palabras que, no obstante, había que tomarse con cierta cautela, conociendo las muchas contradicciones en las que solía incurrir el realizador en sus declaraciones. La única prueba de la existencia del rodaje de la película, así las cosas, estaba en el guion original depositada en los fondos de la Biblioteca Nacional, firmado por David Kunne (sic) y Jesús Franco, en el que, además de un folio con la ficha técnica y artística escrita a bolígrafo, se incluyen media docena de fotografías de escenas de la película.

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Todo permaneció así durante casi cuarenta años, hasta que a comienzos de 2019 saltaba la noticia. En los fondos de Filmoteca Española se había localizado una copia finalizada de la película. El responsable de este hallazgo fue el estudioso de la obra de Jesús Franco Álex Mendíbil, quien explicaba así el suceso: “Pedí el primer rollo de negativo y comprobé que estaba entera. (…) Eso lo vi al encontrarme los títulos de crédito en el rollo, que nadie había visto antes, y al ver que estaba montada y tenía sus correspondientes latas de sonido por separado[1]. El descubrimiento era doble, ya que en lugar del nombre con el que hasta ese momento la película había sido conocida, la copia encontrada llevaba impreso el título de Vaya luna de miel, curiosamente el mismo que tuvo en España “una comedia romántica de la RKO con la verdadera Lina Romay”[2], como muy atinadamente precisaba Mendíbil.

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El por qué en su momento el film no llegó a estrenarse habiendo un montaje definitivo y sonorizado, con depósito legal incluso, es todo un misterio. En la aludida entrevista de Augusto M. Torres con Franco, este justificaba tal circunstancia aludiendo a que el productor “era un tipo extraño”. Y tanto, ya que la empresa productora, Magna Films, era, en realidad, un estudio de sonido. El asunto se complica al existir en los archivos de la Filmoteca una orden de envío de dos copias de la película, según la información de Mendíbil. Una de ellas era para Magna Films, y la otra para la cadena de cines que los Reyzábal poseían en Barcelona. Sin embargo, no se ha encontrado ninguna evidencia que sirva para avalar la posibilidad de un teórico estreno. Llegados a este punto, la hipótesis más extendida es que, o bien la productora o bien el propio Franco contrajeran impagos que motivaros que el material fuera retenido por los laboratorios Fotofilm, de donde procede la copia existente. Sea como fuere, con un retraso de casi cuatro décadas Vaya luna de miel veía al fin la luz el 28 de febrero de 2019 como sorprendente plato fuerte de los fastos por el treinta aniversario del Cine Doré como sede de Filmoteca Española, en una sesión que contó con la presencia del conocido productor Enrique Cerezo, propietario actual de los derechos del film, y del Ministro de Cultura, José Guirao.

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Desvelado pues su contenido, Vaya luna de miel se revela como una comedia de enredo basada en los equívocos. Al igual que ocurre en el film norteamericano del que toma el título, su protagonismo recae en una pareja de recién casados de viaje de novios en el que se verán inmersos en la consabida búsqueda del tesoro narrada en “El escarabajo de oro”. Su perfil de comedia romántica de aventuras ha llevado a ser comparada con la posterior En busca del arca perdida (Raiders of the Lost Ark, 1981), aunque en mi opinión por tono e ingredientes se encuentra más en línea con otra película surgida al calor de la presentación en sociedad de Indiana Jones; me refiero a Tras el corazón verde (Romancing the Stone, 1984) de Robert Zemeckis. Con todo, se trata de parecidos muy tangenciales, ya que en todo momento Vaya luna de miel apuesta por la vía de la comedia pura y dura, mediante el uso de un humor basado en el splapstick y la parodia, aunque no exclusivamente. Junto con ello, también hay cabida para puntuales chistes que hacen referencia a la realidad sociopolítica de la España de la época, en la que se aluden a personajes tan presentes entonces como Manuel Fraga Iribarne o La Pasionaria, un poco en la onda al tipo de comedia que encabezaba por aquellos años Mariano Ozores. Una sensación que es acrecentada por la inclusión de un clímax de carácter vodevilesco, tan característico de la obra del director de Los bingueros.

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En términos cualitativos, Vaya luna de miel sigue el estilo de muchas películas de su director, yendo de más a menos. Acorde a esta situación, lo mejor de la cinta se agolpa durante su primera parte, desarrollada bajo un ritmo trepidante. Sin embargo, a partir de aproximadamente el ecuador del metraje, y coincidiendo con una prolongada escena sorprendentemente dialogada para tratarse de una película de Franco, en la que los protagonistas conversan hasta la extenuación en el interior de la habitación del hotel en el que se alojan, la cinta comienza a perder fuelle progresivamente, para solo recuperarse a duras penas durante su tramo final. En cuanto a su aspecto formal, la película luce el destartalado acabado técnico habitual en buena parte de la filmografía de su responsable, plagado de planos desenfocados, temblores de cámara y abruptos cortes de montaje, entre algunas otras deficiencias. ¿Quiere decirse con esto que el film carece entonces de puntos de interés? En absoluto. Primero, por el atractivo que ofrecen algunos de los elementos ya enumerados antes. Pero, sobre todo, por el sustancioso discurso que esconden sus imágenes.

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Y es que, antes que la simple historia narrada, Vaya luna de miel es, ante todo y sobre todo, una reflexión sobre las apariencias y el artificio que supone la representación cinematográfica por definición. Para ello, Jesús Franco se vale de las dificultades propias de un rodaje que diríase improvisado por las circunstancias. Filmada inicialmente en Portugal, por motivos desconocidos su rodaje se retuvo, retomándose tiempo después en tierras alicantinas con el concurso de intérpretes que no habían participado originalmente. De este modo, la película se erige, por un lado, en una prueba de la magia del cine y el poder del montaje, los mismos factores que hacen que un decorado pueda convertirse en la pantalla en una frondosa selva o que un actor pueda aparecer en una escena filmada en una localización en la que nunca estuvo e interactuando con un actor con el que no coincidió. Pero, al mismo tiempo, el film se ríe de estos mismos atributos, explicitando en lugar de ocultar las muchas carencias productivas con las que fue llevada a cabo, bien sea evidenciando que lo que se supone el interior de la selva es, en realidad, un parque con merenderos y bares para visitantes; que los personajes que se dicen chinos pertenecen claramente a otra etnia, sin que en ningún momento se disimule; que lo que en un primer momento se presenta como el rugido de un leopardo es obra de uno de los personajes; o, en fin, y para no eternizarnos, la aparición de pequeños cortes de montaje dentro de la evolución del mismo plano que, antes que cualquier otra circunstancia, viene a reafirmar la naturaleza ficcional de la escena que estamos presenciando.

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El componente metaficcional que esconde la película es puesto de relieve desde el significativo hecho de que sea, precisamente, el rol encarnado por el propio Jesús Franco el desencadenante de la trama, al entregar equivocadamente el mapa del tesoro a la pareja de recién casados al confundir al hombre con otra persona, y es continuado por diversos detalles. Sin ir más lejos, en al menos dos ocasiones a lo largo del metraje los personajes interpelan a cámara. La primera de ellas se localiza durante los primeros compases del film, cuando Yolanda, la esposa, hace girar un globo terráqueo para buscar al azar un destino para su viaje de novios y, al posar su dedo sobre un punto del mapa, se gira hacia la cámara y pregunta con incredulidad: “¿Tarrasa?” La segunda se produce en la última secuencia del film, con el comentario que hace el marido dirigiéndose directamente a los espectadores, rompiendo así la cuarta pared. Antes de eso, el realizador incluye otros momentos que buscan crear esta complicidad con la audiencia. El mejor ejemplo en este sentido se encuentra en la escena en la que, tras transmitir su mensaje a los protagonistas, un robot de juguete anuncia su autodestrucción. En ese instante, el joven matrimonio se da la vuelta para protegerse de la explosión, momento en el que Franco inserta un plano de un hombre con un mazo que es el que provoca la destrucción del muñeco, en una idea que redunda en ese concepto ya apuntado de reírse de las carencias productivas del film.

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Lejos de ser fruto de una posible interpretación subjetiva, todo este discurso es algo premeditado y planificado por el cineasta desde un principio. Por si hubiera alguna duda, cabe comentar que, tal y como señala el especialista Francesco Cesari en su reseña de Vaya luna de miel publicada en el blog de Robert Monell[3], en el guion original se precisa la inclusión de hasta tres carteles en los que se informaba cómo los censores iban subiendo la calificación de la película a medida que se producían momentos cada vez más subidos de tono, el último de los cuales, una vez la cinta solo era autorizada para mayores de dieciocho años, comprendía la aparición del productor en pantalla rogando la reconsideración de la calificación ante un censor del que solo se veía su mano sosteniendo un enorme puro, quien se negaba de forma sádica entre risas ante las súplicas de su interlocutor.

José Luis Salvador Estébenez

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[1] Declaraciones extraídas de “Filmoteca española estrenará este jueves la película inédita de Jesús Franco “Vaya luna de miel”, encontrada en los archivos de la institución”, publicado en el blog La Abadía de Berzano el 25 de febrero de 2019. (https://cerebrin.wordpress.com/2019/02/25/filmoteca-espanola-estrenara-este-jueves-la-pelicula-inedita-de-jesus-franco-vaya-luna-de-miel-encontrada-en-los-archivos-de-la-institucion/).

[2] Op. Nota cita 1.

[3] https://robertmonell.blogspot.com/2019/03/vaya-luna-de-miel-notes-on-theatrical.html?zx=5efe19e9c74f0ca8

  • El cartel que encabeza esta reseña fue realizado con motivo del estreno de Vaya luna de miel en Filmoteca Española y es obra de Beatriz Lobo (@Beatrozlobo),

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