Sin salida

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Título original: Perfect Strangers

Año: 1984 (Estados Unidos)

Director: Larry Cohen

Productores: Paul Kurta, Carter DeHaven

Guionista: Larry Cohen

Fotografía: Paul Glickman

Música: Dwight Dixon

Intérpretes: Anne Carlisle (Sally), Brad Rijn (Johnny), John Woehrle (Fred), Matthew Stockley (Matthew), Stephen Lack (teniente Burns), Ann Magnuson (Malda), Zachary Hains (Moletti), Otto von Wernherr (detective privado), Kitty Summerall (Joanna), Steven Pudenz (hombre en el cementerio), Bill Fagerbakke (Carl), Bruce Jerreau (Manny), Leo Shawah (Carlos), Joe Chiaramonte (víctima de asesinato), Conrad Bergschneider (operador de carrusel), Bettina Köster, Veronica Lustig, Sara Carlisle, Kris Roth, Alexa Hunter, Daniella Martin, Cynthia McEwen, Emily Woo Yamasaki, Inansi (feministas), Mike Alpert (guardaespaldas), Dave Digregorio, William Keenan, Kevin O’Connor (policías), Steve Gilgur…

Sinopsis: Un traficante es asesinado en Nueva York por un sicario contratado por la mafia. Un niño ve su rostro desde el patio trasero de su casa. El asesino seducirá a la madre del pequeño con el objetivo de deshacerse de su vástago.

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De los títulos que configuran la filmografía de Larry Cohen, Sin salida (Perfect Strangers, 1984) era un film especial y muy querido por su autor. Poco valorado en relación a las obras más características de Cohen, escasamente citado e incluso comentado a la hora de analizar su trayectoria muestra sin embargo la quinta esencia de su cine y sus principales señas autorales. Alejado del terror que le encumbró en los setenta, esta película retoma su gusto por el thriller y el suspense que puntualmente fue desarrollando a lo largo de los años como guionista y, como en este caso, asumiendo las tareas de director.

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Uno de los referentes fílmicos del realizador neoyorquino era Alfred Hitchcock, al que ofreció en los años sesenta un guion que posteriormente sería llevado a la pantalla por Mark Robson[i]. Precisamente en esos años escribió un libreto muy cercano al mundo del maestro británico con el fin de convertirlo en su opera prima, titulado The Cutting Room”. No logró en ese momento ponerlo en marcha. Sin embargo, el cineasta lo recuperó posteriormente para realizar Special Effects [vd/dvd: Efectos especiales, 1984], singular thriller a lo De Palma con evidentes dosis de humor negro y mala bilis a la hora de retratar los aspectos más escabrosos del mundo del cine.

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Ese mismo año y con ligera anterioridad Cohen realiza también Sin salida, otro film de intriga que, si bien mantiene los rasgos identificativos del género, tuvo un proceso de realización completamente distinto. Sin un guion previo, el realizador fue escribiendo y rodando (creando) sobre la marcha a partir de las localizaciones que iba encontrando. Como si fuese un músico de jazz, Cohen fue interpretando notas aparentemente discordantes para construir una melodía que finalmente acaba siendo armónica a pesar de desarrollar algunas partes muy deshilvanadas. Saltos por otra parte nada ajenos en sus narraciones que suelen ser característicos de su cine y donde se evidencia tanto la necesidad narrativa como la de la propia producción durante su proceso de gestación.

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Sin salida se centra en la oscura relación que se construye entre una madre cuyo hijo ha sido testigo ocular de un crimen y el asesino que lo ha perpetrado. Un planteamiento que sería perfecto para un episodio de cualquier temporada de la serie de televisión “Alfred Hitchcock presenta”. Si bien el argumento es válido aunque un tanto forzado, se vuelve a demostrar el ingenio de Cohen a la hora de crear buenas ideas antes que compactos desarrollos. La sutilidad brilla por su ausencia. El asesino llamado Johnny considera que ha cometido un error y piensa que el pequeño puede reconocerle ante las preguntas de la policía. En lugar de ocultarlo, informa a sus jefes que le presionan para que se deshaga del niño. Toda la narración bascula entorno al suspense de esta situación y a la ambigüedad que el protagonista va adoptando a lo largo de la historia. Tan pronto se encariña con su posible víctima como de repente parece tener deseos de eliminarlo. Habría sido más interesante haber planteado la trama desde una posición de acecho o de constante vigilancia sin saber realmente si el asesino está o no está ahí fuera. Pero el realizador opta por la opción menos valida sin conseguir que empaticemos con ninguno de los personajes, aunque logrando al menos que mantengamos cierto interés con el ligero suspense que se va generando. De esta forma, el asesino se introduce en un peculiar ámbito familiar con una mujer separada llamada Sally que vive con su pequeño hijo Matthew (que apenas habla) y a la que acaba seduciendo adoptando improvisadamente una perversa figura paterna.

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Abundan los giros y las presencias decorativas para mantener la narración según los parámetros indicados. Se introduce, por ejemplo, un insólito discurso feminista representado por una de las amistades de la madre (Magda), cuyo beligerante perorata no nos sorprende con determinada situación actual. Aun así no queda claro cuál es la intención real de Larry Cohen al insertarlo en la trama. Si el objetivo era reforzar el carácter femenino de Sally, este aspecto se derrumba en la escena un tanto resbaladiza de la manifestación, la cual abandona para acabar en compañía del supuesto enemigo a batir. La conversación en la tienda que Sally mantiene con su amiga y activista Magda no anda muy alejado con el paranoico discurso antipolicial que se desata en la muy disfrutable Maniac Cop [tv/vd/dvd/bd: Maniac Cop, 1988].

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Lo mismo sucede con las inesperadas apariciones de la anterior pareja de Sally, padre del pequeño Matthew. Cohen va cambiando su carácter según la situación en que le coloca. Tan pronto es un tipo violento como un amante rechazado que realiza ridículos actos de venganza, recibiendo a la postre una paliza por parte de nuestro protagonista (de nuevo en una escena muy forzada) y finalmente, en un inesperado momento de redención al acudir corriendo a la ayuda de su expareja, acaba encañonado por Magda sin recibir el esperado ajusticiamiento (Cohen echa el freno sin saber muy bien porqué). Todo un galimatías emocional preparado por el guionista para conducirnos a un clímax sorpresivo pero coherente con el citado discurso de la tienda.

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Otras apariciones van y vienen por la pantalla sin el necesario peso dramático. Nos referimos a los hampones para los que trabaja Johnny (no falta una escena en una peluquería ni encuentros nocturnos en un cementerio) o a los policías que investigan el asesinato cuyos avances en el caso estás sometidos a la irracionalidad con que les mueve el libreto del film. El comentario fuera de lugar sobre la condición sexual del detective que lleva las pesquisas puesto en boca de sus compañeros vuelve a provocar dudas sobre las intenciones del realizador a la hora de retratar sus personajes. Lo mismo se puede decir de la visión de la infancia y la familia que ofrece la película. Cohen plantea determinados comportamientos maternos que dan a entender la irresponsabilidad de Sally en su condición actual. Deja a Matthew en manos de un extraño y permite que desaparezca en dos ocasiones a manos de sus dos parejas masculinas. Sus poco acertadas reflexiones sobre la incapacidad que tiene Matthew para hablar parecen ocultar un problema médico del pequeño, si bien este aspecto no es desarrollado por el guion. Tampoco es muy consistente el cambio de postura de Sally respecto a Johnny a raíz de la citada paliza que propina al padre de Matthew y el comportamiento posterior que muestra ante la policía. Un nuevo ejemplo de la visión negativa y autárquica que el guionista muestra por todos los personajes que habitan esta ficción.

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A pesar de todos estos defectos o limitaciones, a los que hay que añadir un reparto muy descompensado, Sin salida acomete con honestidad su condición de thriller netamente B en una época en que la gran industria estaba facturando obras similares si bien más adocenadas repitiendo patrones o vacuas polémicas para encontrar el respaldo en la taquilla. Cohen no tuvo mucha suerte y la película tuvo un estreno muy limitado obteniendo una mayor visibilidad en el mercado doméstico. Quizás el ámbito más adecuado para una obra de estas características.

Fernando Rodríguez Tapia

[i] Nos referimos a la película Shock (Daddy’s Gone A-Hunting, 1969).

Published in: on julio 16, 2019 at 5:53 am  Dejar un comentario  
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