Necrológica de George Hilton

George Hilton

Estoy escribiendo a todos ustedes en nombre de su hija Georgia, la persona más importante de George en el mundo, su familia en Uruguay, Canadá y Bélgica, y también en nombre de la madre de Georgia y sus queridos amigos leales, para hacerle saber que nuestro amado George nos ha dejado hoy”. Con estas palabras su compañera sentimental daba en Facebook la noche del pasado domingo la triste noticia del fallecimiento de George Hilton, uno de los nombres emblemáticos del cine de género europeo de las décadas de los sesenta y setenta, donde se erigió en una de las presencias más recurrentes dentro del spaghetti-western y el giallo.

Nacido en Montevideo el 16 de julio de 1934 con el nombre de Jorge Hill Acosta y Lara, George Hilton era miembro de una familia acomodada de la capital uruguaya. Pese a la oposición familiar, desde muy pronto se sintió atraído por el mundo de la interpretación, llegando a fundar en su ciudad natal la Sala de Teatro Circular, que le permitió foguearse como actor. Haciendo gala del que fuera su lema, “el mundo es para los audaces”, ante la falta de perspectivas que le ofrecía su país de origen emigró a Buenos Aires. Afincado en Argentina y parapetado bajo el seudónimo de Jorge Hilton, logró una cierta popularidad como galán de fotonovelas, labor que compaginó con sus apariciones en televisión, teatro y cine. En 1956 rodó su primera película en un papel de figurante, logrando poco a poco en sus siguientes trabajos desempeñar roles secundarios.

Parecía que poco a poco George se estaba labrando un hueco en la profesión. Sin embargo, huyendo de una relación sentimental, en 1963 abandona todo y aterriza en Italia, donde de nuevo hubo de empezar desde cero. Pese a su falta de contactos y conocimientos incluso del idioma, la efervescencia que vivía en aquellos momentos el cine de género italiano, unida a su fotogenia, hizo que pronto consiguiera firmar un contrato para trabajar en una película. Como él mismo reconocería hace escasos años, “tuve la suerte de llegar en el momento justo[1]. Así, pese a tratarse de un total desconocido, desempeñó el papel protagonista en El hombre enmascarado contra los piratas (L’uomo mascherato contro i pirati, 1964), modesta producción de aventuras a la que siguió su concurso en dos vehículos al servicio de la pareja cómica formada por Franco Franchi y Ciccio Ingrassia. La primera fue Operación relámpago/Due mafiosi contro Goldginger (1965), parodia de las películas de James Bond en el que interpretaba al Agente 007, y I due figli di Ringo (1976), película que hacía lo mismo, en este caso tomando como modelo los primeros éxitos cosechados por el western mediterráneo.

George Hilton
George Hilton en “Las pistolas cantaron la muerte”

Precisamente, fue dentro de este género donde la carrera de George Hilton dio su espaldarazo definitivo gracias a su papel del alcohólico compañero de correrías del personaje encarnado por Franco Nero en Las pistolas cantaron la muerte (Le colt cantarono la morte e fu… tempo di massacro, 1966). Con este papel llamó la atención de la industria y el público, e incluso le valió la felicitación de nada menos que Michelangelo Antonioni, quien le llegaría a proponer protagonizar su película El reportero (Professione: reporter, 1975), posibilidad que se vería truncada debido a la oposición de los productores norteamericanos. No obstante, tras su aparición en Las pistolas cantaron la muerte al actor uruguayo no le faltaron los contratos. Por el contrario, en un momento en el que el denominado spaghetti western se encontraba en plena eclosión, Hilton se convirtió en uno de los actores protagonistas más recurrentes de su particular star system, interviniendo en aproximadamente una veintena de títulos pertenecientes al género en la década siguiente.

Entre su aportación al género, cabe mencionar su prolongada asociación con el director Giuliano Carnimeo, quien le permitió potenciar su vis cómica en sus encarnaciones de los pistoleros protagonistas de Vende la pistola y cómprate la tumba (C’è Sartana… vendi la pistola e comprati la bara, 1970), Y ahora le llaman Aleluya (Testa t’ammazzo, croce… sei morto… Mi chiamano Alleluja, 1971) o Para mí el oro, para ti el plomo (Lo chiamavano Tresette… giocava sempre col morto, 1973). Claro que si hay un título que sobresale dentro de su filmografía en el western mediterráneo este es el de la magnífica Los profesionales del oro (Ognuno per sé, 1968), en el que George interpretó uno de sus papeles más logrados, como un joven mexicano que vive subyugado bajo los designios de un colérico individuo de atuendo enlutado que tiene los alucinados rasgos de Klaus Kinski y con el que mantiene una extraña relación de dependencia diríase que de índole homosexual.

George Hilton en Las lágrimas de Jennifer
George Hilton en “Las lágrimas de Jennifer”

Junto con el western, Hilton también se significó dentro del giallo. Tanto es así que en su haber figuran varios de los títulos mayores del estilo. Nos referimos a su trío de colaboraciones con Sergio Martino en el que compartió protagonismo con la escultural Edgiwe Fenech, formadas por La perversa señora Wardh/Lo strano vizio della signora Wardh (1971), La cola del escorpión/La coda dello scorpione (1971) y Todos los colores de la oscuridad/Tutti i colori del buio (1972), a las que cabe añadir Sumario sangriento de la pequeña Estefanía/Mio caro assassino (1972) de Tonino Valerii y la singular L’assassino è costretto ad uccidere ancora (1975) de Luigi Cozzi. De todos ellos George guardaba un especial recuerdo de su personaje de Peter Lynch en La cola del escorpión, al cual consideraba su mejor papel, si bien también tenía una espina clavada por lo ocurrido durante la post-producción con la escena final de este film: “La muerte que hago, que a mí me encantaba, me la cortó Goffredo Lombardo [dueño de la Titanus] porque dijo que era demasiado larga. Yo me arrastro en la arena, tiro sangre… porque el ego del actor quiere mostrarse. Me acuerdo que me calenté y salí puteando cuando me dijeron que la iban a cortar[2], comentaba años después.

Geroge Hilton y Edwige Fenech en La perversa señora Ward
Junto a Edwige Fenech en una fotografía promocional de “La perversa señora Ward”

No cabe duda de que para aquel entonces la carrera de George Hilton se encontraba en su máximo esplendor. Sin embargo, hacia mediados de la mitad de la década de los setenta el cine de género italiano comenzó a entrar en declive y, con él, la estrella del uruguayo, acuciado por el paulatino final de la producción de las dos corrientes en las que se había especializado. Si bien en un primer momento trató de reinventar su imagen cinematográfica, caso de Sette ore di violenza per una soluzione imprevista (1973), cinta de acción dirigida por el que fuera su cuñado, Michele Massimo Tarantini, que se hizo eco del coetáneo éxito de las películas de karatekas, a medida que pasaban los años sus apariciones cinematográficas se fueron espaciando en el tiempo, produciéndose en productos cada vez más modestos. Para colmo de males, el destino le tenía guardado un duro mazazo en lo personal con el fallecimiento de una de sus hijas, lo cual sumió al actor en una profunda depresión de la que tardaría tiempo en recuperarse.

Still GH il mondo è degli audaci - George Hilton 01

Superado este bache anímico, sus últimos años en activo se desarrollaron en producciones, por lo general, con destino catódico, entre las que podemos mencionar el telefilm de Lamberto Bava dentro del espacio “Brivido giallo” Cena con el vampiro (A cena con il vampiro, 1989), donde interpretaría a Jurek, el chupasangres al que alude el título. Tras una década alejado de los platós, este 2019 Hilton había vuelto a ponerse delante de las cámaras en La promessa del sicario, una modesta producción actualmente pendiente de estreno, y su nombre se había anunciado como uno de los participantes de The Fourth Horseman, el esperado regreso del Keoma de Franco Nero & Enzo G. Castellari. Hace escasas semanas, además, se estrenaba George Hilton- Il mondo è degli audaci, documental dirigido por el cineasta brasileño Daniel Camargo que, por medio del testimonio de familiares, amigos y su propio protagonista, reconstruye la trayectoria personal y profesional del actor uruguayo.

Descanse en paz.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Cosenza, Darío; Vieytes, Marcos. «Entrevista a George Hilton» en el portal Hacerse la crítica (https://www.hacerselacritica.com/entrevista-a-george-hilton-por-dario-cosenza-y-marcos-vieytes/).

[2] Íbidem

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