Un, dos, tres… al escondite inglés

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Título original: Un, dos, tres… al escondite inglés

Año: 1970 (España)

Directores: Iván Zulueta, José Luis Borau

Productor: José Luis Borau

Guionistas: Iván Zulueta, Jaime Chávarri

Fotografía: Luis Cuadrado

Música: Antonio Pérez Olea, Carmen Santonja, Gloria Van Aerssen

Intérpretes: Patty Shepard (Patty), Judy Stephen (Judy), Mercedes Juste (Justa), Tina Sáinz (Tina), José María Íñigo (Rosco/él mismo), Antonio Drove (Antonio), Ramón Pons (Gasset), Carlos Garrido (Carlos), María Isbert (Isberta), Los Pop Tops, Los Ángeles, Los Beta, Los Buenos, Fórmula V, Henry y Los Seven, Los Íberos, Ismael, Los Mitos, Shelley y Nueva Generación, The End…

Sinopsis: Un grupo de jóvenes que se reúnen en una tienda de discos y son amantes del pop británico intentan boicotear el famoso festival internacional Mundo Canal. Su objetivo es que ningún grupo moderno español del momento participe como concursante…

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Si bien es cierto que el cine pop español -nos referimos a aquellos filmes que versen durante gran parte de su metraje sobre la también denominada música moderna- no tiene un alto cupo de títulos destacables, no es menos verdad que ese mismo panorama sirvió para allanar el camino a otras propuestas que, ya fuera por lucir una factura técnica notable, o simplemente por evitar la habitual vergüenza ajena que producen tantos otros de sus exponentes, han quedado perfectamente visibilizados para un público no familiarizado a priori con este tipo de psicotronías cinéfilas. Este último podría ser el caso de Un, dos, tres… al escondite inglés (Iván Zulueta, 1970). Si a todo ello le unimos la popularidad por encima de la media de su director -aunque solo sea por ese Arrebato (1979) fílmico incontestable-, ya tenemos la clave del por qué esta curiosa película musical suele aparecer como una de las gemas del cine pop español. Al menos en esos estudios donde solo se presta atención a lo superficial en detrimento del conjunto.

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Posiblemente estemos ante la película que más grupos y canciones del momento consigue aglutinar; no solo en cantidad, también en calidad, pues la selección musical es impecable y la mezcla del sonido exquisita (tomando como vara de medir los estándares tecnológicos de 1970 en España, año de su estreno). Tampoco le puede negar nadie el mérito de contar con una extensa sucesión de videoclips musicales muy imaginativos y mejor rodados. No seré yo quien saque a colación la escasa sensibilidad pop del multidisciplinar artista Iván Zulueta; algo impensable a tenor de lo demostrado en su amplia experiencia como cartelista de cine –sin ir más lejos, Zulueta fue el encargado de construir los warholianos decorados que aparecen en Un, dos, tres… al escondite inglés– o su aportación como director y guionista en un programa televisivo de/para jovencitos españoles de finales de los sesenta como Último grito (1968-1970). Ahora bien, de ahí a clasificarla como la única cinta destacable de este tipo de cine creo que es errar en gran parte la valoración de sus cualidades. Si de guiones incoherentes, delirios cercanos a la risa involuntaria o pastiches que no llegan a cuajar del todo es de lo que estamos hablando, esta película del malogrado director donostiarra lleva muchas papeletas para poder incluirla dentro del saco.

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La premisa argumental parte de una feliz idea: en un popular programa de televisión se presenta la canción “Mentira, mentira” que ha de representar a España en el festival de Mundo Canal. La carrera por elegir al artista que la interprete no ha hecho más que comenzar. Pisa terreno firme Zulueta para este comienzo; un plató televisivo no muy distinto al de Último grito, un festival de la canción tan caro a este periodo como podría ser el de Eurovisión, o el de San Remo, o el de Benidorm… eso sí, con un nombre bastante más divertido. Al conocer la noticia, un grupo de jóvenes que frecuentan una tienda de discos en bancarrota (Patty Shepard, Judy Stephen, Mercedes Juste, Tina Sáinz, José María Íñigo, Antonio Drove, Ramón Pons) se marcan como objetivo boicotear la elección del artista, llegando al extremo de atentar contra los posibles candidatos mediante la explosión de unos extraños globos envenenados. Este radical grupo de frikis musicales, amantes a ultranza de la British Invasion, a ratos parecen tener más que ver con la juventud maoísta que retrató Jean-Luc Godard en La Chinoise (1967) que con la naíf y ye-yé muchachada española de estos años, aunque, en el fondo, el argumento no está exento de un tono marcadamente tebeístico en la frontera de la comedia más absurda y gratuita.

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Este tipo de historieta admite sin embargo gran cantidad de perlas musicales, set pieces musicadas donde el director de Arrebato despliega un gusto por la planificación arriesgada y la experimentación virtuosa sin parangón en la industria audiovisual del periodo. Se podría decir que Zulueta realizó alguno de los mejores videoclips que nunca llegaron a tener esas bandas. No solo eso, el atento visionado y escucha activa de dichos fragmentos pone al descubierto que la escena del easy-listening hispano iba mucho más allá de Los Bravos, Fórmula V o Los Íberos -por citar solo tres de los más populares que aparecen en Un, dos, tres… al escondite inglés-; de la misma manera podemos (re)descubrir a otros menos populares como Los Beta, Los Buenos, Henry y Los Seven, Los Mitos, Shelley y Nueva Generación… todos ellos de una calidad sonora fuera de toda duda, amén de unas influencias que se mezclan con desparpajo entre el pop, el soul, el folk o la psicodelia. En el caso de Los Bravos y Los Íberos, eran grupos que ya habían quedado retratados con dignidad en la pantalla; previamente los de Mike Kennedy, en sus aventuras con Aguirre/Macián/Forqué; y en ese mismo año 1970, los malagueños liderados por Enrique Lozano, que tuvieron una más que positiva experiencia en el cine con esa perla que les regaló el director Ramón Masats: Topical Spanish, posiblemente la joya de la corona del cine pop patrio.

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José María Íñigo -interpretando un doble papel; uno de los frikis de la tienda musical y, por otro lado, a él mismo- y Judy Stephen, presentadores ambos de Último grito, junto a la dirección de Iván Zulueta, hacen que todo quede en casa, pues el espíritu de la película no dista mucho del mítico programa de TVE, uno de los más esforzados en conectar con los modernos musicales de la época. Jaime Chávarri, futuro creador de reconocibles títulos musicales del cine español, firma junto al director donostiarra el guion de Un, dos, tres… al escondite inglés, en lo que supone su primer trabajo de argumentista tras salir de la Escuela Oficial de Cinematografía donde había coincidido con Zulueta y, a buen seguro, con José Luis Borau, otro de los artífices principales de esta película[1]. Patty Shepard, en un papel de modelo que parece estar hecho especialmente a su medida, encabeza un reparto casi amateur (Drove, Íñigo) donde brilla con luz propia la gracia natural de Tina Sáinz y su personaje de chica pueblerina que se sale del tiesto y quiere montar un cabaret por su cuenta. La escasa música incidental corre a cargo de Antonio Pérez Olea y hay incluso otro momento en el que los actores llegan a interpretar un número de teatro musical a lo Broadway. Algunas canciones y música de fondo del legendario dúo Vainica Doble, formado por Gloria van Aerssen y Carmen Santonja, cierran una completa banda sonora.

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Funciona la película de Zulueta bastante mejor como film de sketches que como un completo puzle y aunque está más que justificado su renombre dentro del género, pues no hay duda del regio talante como experimentador que vuelca en ella su director, no escasean los momentos de escaso interés: véanse al respecto las interminables secuencias con saturación de colores blancos que nadie dudaría en tildar de antiestéticas, sobre todo si a algún sesudo crítico le diera por analizar otro film musical español muy pop en espíritu como es El vendedor de ilusiones de José María Zabalza; extraña pieza firmada por el más kamikaze de nuestros directores, producida en 1967 pero estrenada en 1971 y que ya contenía numerosas escenas usando ese mismo recurso técnico desaliñado.

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Aparte de, por supuesto, la banda sonora, destacaría positivamente de Un, dos, tres… al escondite inglés sus cualidades como transgresora parodia de los mediáticos y encorsetados festivales de la canción. Buena muestra de ello es el último de los “atentados” perpetrados por los protagonistas durante el transcurso del festival Mundo Canal: una falsa concursante para representar a nuestro país, que no llega a cantar ni una nota, destroza parte del decorado y da paso al grupo Los Pop Tops para que “ellos interpreten lo que les dé la gana”. Todo lo que hemos visto no deja de ser el eterno dilema de la comercialidad frente a la ética personal, presente en el mundo musical desde tiempos remotos.

                                                                                                               Francisco Arco

[1] José Luis Borau, aparte de un pequeño papel en la película, aparece acreditado junto a Iván Zulueta como director de la misma. Al parecer, se trataba simplemente de una maniobra legal que hubo que orquestar ya que Zulueta no estaba sindicado como director. Borau ejerció mayormente labores de producción en Un, dos, tres… al escondite inglés y el contacto con Zulueta y Jaime Chávarri (guionista) posiblemente vendría de su etapa como profesor en la EOC, donde ambos eran alumnos.

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