Entrevista a Juan Carlos Olaria

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El pasado 31 de julio “Sala:B”, el espacio mensual de Filmoteca Española comisariado por Álex Mendíbil y consagrado a la recuperación de los archivos de la entidad del cine de culto español más esquivo y olvidado, dedicó su última doble sesión de la temporada a la figura de Juan Carlos Olaria. Lo hizo con la proyección de los dos largometrajes del director zaragozano de nacimiento y barcelonés de adopción: El hombre perseguido por un O.V.N.I. (1976) y El diario rojo (1982), en lo que supuso el segundo pase con público de esta última película tras que el pasado mes de mayo fuera estrenada oficialmente treinta y siete años después de su rodaje. Con esta iniciativa, Filmoteca Española oficializaba de algún modo la reivindicación y recuperación de la que viene siendo objeto la obra de Juan Carlos Olaria en los últimos tiempos a raíz de la edición en DVD en nuestro país de El hombre perseguido por un O.V.N.I., después de permanecer varias décadas sumido en el más absoluto de los olvidos.

Poco antes de la celebración de la doble sesión de “Sala:B” dedicada a su persona, tuvimos la oportunidad de hablar con Juan Carlos de forma distendida y animada, continuando de algún modo la entrevista que ya le realizáramos hace unos años a propósito de El hombre perseguido por un O.V.N.I. De este modo, en esta ocasión nos centramos en El diario rojo y en El hijo del hombre perseguido por un O.V.N.I., secuela de su film insignia que se encuentra ultimando en estos momentos.

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¿Qué te lleva a hacer una película como El diario rojo, tan alejada de las habituales constantes del resto de tu cine?

Cuando a finales de 1975 hago El hombre perseguido por un O.V.N.I. no tiene ningún éxito, lo que me produce una depresión personal. Y es lo que acostumbra a pasar. Cuando fracasas en una cosa, la odias y pasas a otra totalmente distinta, sin saber que años después aquella primera se iba a convertir en una película de culto, aunque creo que me tratan demasiado bien, modestia aparte. El caso es que entre 1975 y 1980 me pongo a escribir algo distinto y hago El diario rojo, con la que me propongo a hacer algo truculento, incluso sangriento, pensando en el Festival de Sitges. Pero, cuidado, en esta película la sangre y la violencia tienen un motivo. Y aunque a muchos no les guste, es un motivo feminista que cuando proyecté la película en Barcelona hace unos meses ni yo mismo me acordaba, hasta que una amiga mía al acabar el pase me dijo: “¡Pero si has hecho una película feminista!” Y solo después ―yo siempre pienso con retraso (risas)―, dije: “Sí, sí, sí, escribí el guion desde el punto de vista de la mujer”. El hombre es un adultero y, sin entrar a explicar el argumento, aquí la mujer se defiende de los ataques, y de qué manera.

Total, que la película está pensada desde el punto de vista de la mujer y rompía con todo lo que yo había hecho antes, cayese lo que cayese. Y, además, fijándome bastante en las películas que se hacían en los años sesenta y setenta de arte y ensayo. No es que fuera el mismo modelo, pero sí que había una cierta mezcolanza entre película de terror con la visión que pudiera dar un Ingmar Bergman, incluso un Hitchcock en ciertos trozos. Fue una mezcla que quise hacer ya desde el guion. Cuando llegó el ochenta ya tenía acabado el guion y lo llevé a cabo.

¿Fue por estas influencias que me comentas el que decidieras fotografiar la película en blanco y negro?

Sí. Pero también esto fue una cosa que surgió por lo molesto que estaba por el fracaso y la incomprensión que había tenido El hombre perseguido por un O.V.N.I. Claro, eran los tiempos en que se acababan de hacer 2001: Una odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, 1968) o El planeta de los simios (Planet of the Apes, 1968), películas que contaban con todo los medios, y yo venía con mi peliculita. Y claro, toda la gente se meaba, con perdón. Entonces cogí y me dije: “Voy a hacer algo, pero algo que sea totalmente distinto y en blanco y negro”. Casi iba un poco contra el propio cine. Pero bueno, también había una cosa y es que era una película que quería ser muy seria, y creo que lo es. Después también, como siempre trabajé sin medios. Nunca hay medios en mis películas. La que hago ahora la empecé sin medios. Todo el mundo me decía que no, que no podría hacerla. Pero se hacen. No se sabe cómo, pero se hacen.

En el caso de El diario rojo, ¿cómo la produjiste?

Iba sacando dinero de la libreta de mi padre, que él ni se enteraba. Como además era una película baratísima no se podía arruinar nadie. Aunque esto último en realidad no sirve de nada. Si tú quieres ser director de cine no digas nunca que quieres hacer una película barata. Es mejor ir en plan “quiero hacer una película que va a costar mucho”. Entonces, el productor en lugar de considerar que ese director le va a arruinar, seguro que le dice: “Me interesa mucho, muchacho” (risas).

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Háblame del reparto de la película, en el que destaca la presencia de Joan Estrada…

Pues hablemos. El protagonista resultó ser al final Joan Estrada, aunque creo que se lo propuse también a Francesc Orella, pero estaba haciendo una obra de teatro en ese momento y no pudo ser. Y Joan Estrada me pareció que, aunque se dedicaba al cabaret y a estas cosas de travestidos que hacían en la Cúpula Venus, era lo que es, un chico formal, serio, de bien, que cumple, pues lo cogí. Y fue bien. No me falló nada de nada de nada. No tengo nada que decirle.

En cuanto a la chica, muchos me toman por un tipo caliente, pero lo cierto es que este personaje se tenía que desnudar, que es algo que me ha vuelto a pasar en la película que hago ahora. En aquellos tiempos, es curioso, como había el destape no os penséis que no resultaba difícil. Incluso alguna chica que venía al casting me respondía: “Ay, no me tomes por estrecha, pero yo eso no lo puedo hacer”. Hoy en cambio es al revés. Hoy en cambio le dices a una chica que se tiene que desnudar y se piensa que vas a hacer con ella una película porno. Una cosa increíble. Y, claro, eso se debe a la cantidad de violencia machista que hay hoy en día, con asesinatos por aquí, violaciones por allá, que además no se corrigen por la justicia. Y todo esto hace que la mujer esté quemada. Es una pena. Pero entonces se podía. Así que vino Anna Sales, le dije que se desnudara, lo hizo, y como vi que tenía tanta facilidad para hacerlo la dije que adelante.

Y luego, Jaume Pirineos también es otro caso. Era un tío muy tímido y además muy gomoso. Cuando hablaba se le llenaba la boca de espuma y era un poco desagradable, así que yo le tenía que decir que no babeara tanto. Pero bueno, lo metí al final porque tenía esa aura como de tímido y era también buen chaval. Ahora, era pesado como un plomo. Me venía a casa a la hora que quería. “Hola, te vengo a hacer una visita”, me decía. Coño, haber avisado antes. Y así una y otra vez, hasta después del rodaje. Venga a venir… Pero bueno, hizo también muy buen papel.

En el reparto se encuentra también el director Santiago Lapeira. ¿Cómo se produce su participación en la película?

Un amigo mío, precisamente en el pase en Barcelona, ya me lo dijo. La película tiene un recorrido y llegado un momento, pum, hay como un paréntesis en el que sale Lapeira en la Plaza de Cataluña de Barcelona y tras esa escena continúa la película. Y es verdad. Fue porque había algunas cosas que decir en la película de las relaciones y tal que las puse en boca de Lapeira. Y por eso salió en la película. Y aún hoy en día seguimos siendo amigos.

En este caso, al contrario de lo que ocurrió con El hombre perseguido por un O.V.N.I., en la que contaste con la ayuda de Juan Xiol, El diario rojo es totalmente tuya…

Totalmente.

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En la entrevista que te hice hace unos años me comentabas que la película no se estrenó en su momento porque se la enseñaste a un distribuidor, no le gustó y la guardaste en un cajón…

Fue lo único que se hizo. Tenía que haber insistido más, pero influye mucho cuando uno está con poco ánimo. Pensaba que ya no tenía nada que hacer…

¿Y por qué te has decidido a sacarla al fin a la luz casi cuarenta años más tarde?

Un poco tiene la culpa Joan Estrada. Esta película no la había visto nadie. Bueno, diez personas, entre ellos Lapeira. Pero aparte de estas pocas personas no la había visto nadie más. Y Estrada, que no la había visto, últimamente no paraba de dar la lata. “Ya está bien, oye. Yo la quiero ver. No me la has enseñado, no hay derecho”. Y tenía razón el pobre. Entonces, claro, ¿cómo verla? Yo no la tenía. Creo recordar que tenía un video muy malo hecho por mí mismo y una copia que me amplié yo jugando. Después de hacer la película, me pasé año y medio haciendo un aparato para ampliar y me la amplié yo (risas). La copia que se proyecta ahora veréis que no es perfecta, porque es esta copia que amplié yo. Pero es eso. Al insistirme Estrada tanto, como lo tenía que hacer, decidí alquilar dos horitas la sala de los Cines Zumzeig de Barcelona el 4 de mayo, creo que fue. Y así la pudieron ver todos los que quisieron, entre ellos Estrada. Que, por cierto, se llevó un alegrón. Parecía un crío con zapatos nuevos.

Como dices, El diario rojo se proyectó hace unos meses en Barcelona, ahora en Madrid, ¿tienes previsto distribuirla comercialmente?

Eso es lo que me gustaría a mí muchísimo. Pero para ello, lo primero que tengo que hacer es mejorar, creo, la calidad óptica de los colores blanco y negro, para que queden más profundos y bonitos, la definición y tal. Como tengo una copia de 16 mm y otra ampliada de 35 mm, que contiene los títulos de crédito del principio y el final que no tiene la otra, tendré que ir con las dos a algún estudio para que entre ambas me hagan una digitalización en un DCP o algo así, porque como tenga que ir con veinte kilos por el mundo para llevar las bobinas con la película… Aparte que, por otro lado, vas a los cines y no tienen proyector de 35 mm. Por ejemplo, en Barcelona los únicos que quedan que lo tengan son el Zumzeig y el Texas. Así que no queda más remedio que digitalizarlo, aunque, claro, eso cuesta de pagar.

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Ya has mencionado un par de veces que te encuentras rodando una nueva película, que se trata de la secuela de El hombre perseguido por un O.V.N.I.

Sí, hombre, sí. Llevo cuatro años, desde el 2015. La estoy ya acabando.

Tengo muchas ganas de verla…

Bueno, como siempre pasa, seguro que la segunda parte ya no gusta (risas).

¿Y cómo te surge la idea de revisitar la película con esta continuación tantos años después?

Creo que influyó un poco la aceptación que tuvo la edición en DVD de la primera que comercializó L’Atelier. Cuando vi la aceptación que tenía y que, incluso, muchos la ponían como una película de culto, cosa que se agradece aunque creo que os pasáis, me dije: “¿Y si hiciese una secuela?” Entonces me puse a escribir el guion. La salida de la primera en DVD por Tommy y L’Atelier fue en el 2007, así que creo que empecé a escribir la secuela en el 2009, que me hacía gracia que, mientras veía la tele y ponían anuncios, aprovechaba para escribir en la butaca. O sea, con toda tranquilidad. Y así pasaron los años hasta 2015. Seis años hasta que empecé a rodar. Soy un mal guionista. Nunca me contratarán como guionista (risas).

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¿Qué me puedes adelantar de esta nueva película? ¿De qué trata el argumento?

Bueno, es muy parecido al primero. Simplemente, como los extraterrestres han fracasado en el primer intento, vuelven a probarlo otra vez y lo intentan con el hijo del protagonista de la primera película.

¿Vas a usar efectos artesanales o también vas a aprovecharte de las nuevas tecnologías?

Sí, hay efectos artesanales, aunque son apoyados con el ordenador, que vale mucho. Comparado como se hizo la primera parte, en la que no había ordenador, ayuda mucho. Pero con todo, hay cosas a las que no llega. Con los programas informáticos que valen seis mil euros quizás se podría. Así que probablemente tendré que recurrir a pagar para que me hagan algunos efectos, porque no son bromas. Por ejemplo, se enfadan los extraterrestres y provocan un tsunami que entra por todas las Ramblas de Barcelona y llega a la Plaza de Cataluña a través de la calle Pelayo, y va arramblando con todo. Ya veremos, porque lo mismo queda de quiero y no puedo, que es muy típico de los que hacemos películas sin un duro. Pero a lo mejor caigo en buenas manos, con alguien que tenga programas, que tenga ingenio, que sepa de esto y que no me cobre demasiado, y queda fetén. De hecho, hay un truco que ya veréis, mucho más sencillo, en el que un extraterrestre falso está muerto en el suelo y entonces el detective, que es la misma persona que está muerta, le toca la cara, le quita la máscara y se ve que es un alienígena. Eso yo no tengo programas para hacerlo y me lo han hecho. Y queda muy chulo. Pero, ya digo, fuera de estos frames que además duran cuatro o cinco segundos y que son difíciles, la película ya está.

O sea, falta solo la post-producción…

Bueno, el montaje ya está y también algunos efectos. Ahora me falta afinarlo, añadir la sonorización y la música… Solo eso falta.

¿La has vuelto a producir tú mismo?

Sí, porque no creo que nadie se arriesgase a pagarme mucho, menos en las condiciones en las que trabajo. Hay dos maneras de funcionar y yo lo veo ya claro. Si te quieres dedicar industrialmente vas a algún financiero, le presentas el guion y, aparte de que te pedirán treinta mil rectificaciones del guion porque ellos arriesgan muchísimo, y tras llegar a un acuerdo entre lo que tú quieres, lo que ellos quieren, la comercialidad que hay que darle a la película y todo este follón, al final la haces. Por supuesto no esperes que una cosa que está hecha con varios o con muchos te quede con la misma intencionalidad, aunque sea más rústica, que como lo hace una cosa industrial. Una cosa industrial que te dará homogénea. Lo otro te puede quedar incluso como cine de autor. No como Michelangelo Antonioni, pero un autor aunque sea de ciencia ficción (risas).

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¿Y cómo te tomas el que poco a poco se te empiece a reconocer, como demuestra esta sesión de Filmoteca Española centrada en tu obra, y se reivindiquen tus películas, sobre todo El hombre perseguido por un O.V.N.I. y cuentes hasta con un pequeño grupo de fans?

Hombre, ¿qué te parecería a ti? Pues fantástico. Está muy bien y es una gran satisfacción. ¿Pero la mayor satisfacción sabes de verdad cuál es? Y para todos, incluso para los que hagan películas más comerciales: que le guste a la gente. Aunque es engañoso, porque siempre gustarás a un determinado público, pero no te esperes que le gustes a todos. Ni El padrino (The Godfather​, 1972) consigue eso de gustar a todo el mundo. Pero estaría bueno que fuese así. Todos vamos a eso, pero no puede ser. O sea que no puedes alardear de que “yo soy famoso”. Tú eres famoso con esto, con estos expertos, con estos que saben o con estos que se interesan por tus películas, pero ¿y el resto? Por ejemplo, mi madre no podía ver las películas de ciencia ficción, las odiaba. Y gente a la que yo quiero mucho tampoco le gustan, y es respetabilísimo.

En relación a lo que comentamos, hace unos años, en el 2013, se anunció que se iba a rodar un documental sobre ti…

¿No sería Tim Burton?

(Risas) No, hombre, no. Estoy hablando de un documental, no de una película de ficción…

¿De verdad entonces que no fue Tim Burton el que iba a hacer un largometraje conmigo como hizo con Ed Wood? Caray, sí que lo siento. Al menos que me lo hiciese Carlos Saura (risas). O Álex de la Iglesia o Santiago Segura. O Alejandro Amenábar. Pero, ya en serio, de esto del documental no sé nada. Seguro que es algo de radio macuto que yo no he lanzado, te lo juro, porque a mí no me gusta difundir mentiras. Yo agradezco mucho al que se le haya ocurrido, pero no tiene base. Nadie me ha dicho nada. Bueno, pero puede que lo estés confundiendo con otra cosa. Ahora caigo. ¿Tú conoces a Manel Bocero?

Personalmente no, pero sí sé que era la persona que se dijo que iba a dirigir el documental del que te hablo y para el que incluso se llegó a realizar un crowfunding con el que captar fondos…

Manel Bocero es un informático de primera. Es fabuloso como informático. En el 2014 me dijo que me haría el mejor documental sobre el mundo sobre mi vida. Y han pasado cuatro o cinco años y ni lo ha comenzado. Es más, cuando viene a filmar algo, primero no me lo enseña y segundo creo que luego lo tira. Así que si es por este chico a mí no me están haciendo ningún documental. Como informático me ha ayudado un montón. Pero, ahora, como autor de un documental sobre mi persona cero patatero. Y de todo lo demás primera noticia. No te miento. ¡Qué más quisiera yo!

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Carlos J. Rodríguez

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