El irreal Madrid

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Título original: El irreal Madrid

Año: 1969 (España)

Director: Valerio Lazarov

Productor: José Manuel Albuerne

Guionista: Valerio Lazarov

Fotografía: Jorge Herrero

Música: Augusto Algueró

Intérpretes: Lola Gaos (Jefa de Gritos), Claudia Gravy (Hincha), Cris Huerta (Hincha), Emilio Laguna (Hincha), Elisa Montés (Jefa del salero), Ángel Álvarez (Jefe del mal clima), Modesto Blanch (Director del laboratorio), Luis Barbero (Jefe de ideas geniales), Irán Eory, Ángel Picazo, Antonio Ozores, Fabián Conde (Ellos mismos), Karina, Los Bravos, Miguel Ríos, Peret, Massiel, Marisol, Gelu, Joselito, Los Pop Tops…

Sinopsis: El club de fútbol “El irreal Madrid” abre su propio laboratorio de investigación con el fin de formar a sus hinchas en el noble arte de alentar efusivamente a su equipo.

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A finales de los años sesenta el régimen franquista estaba decidido a cambiar la cara de Televisión Española ante la mirada de esos países europeos más modernos y cosmopolitas. Se trataba de ir un paso más allá en materia cultural respecto de lo que ya supusiera para nuestro país el milagro del desarrollismo, pero en esta ocasión con la vista puesta en los premios que otorgaban los prestigiosos festivales europeos dedicados a reconocer los méritos del medio catódico. Un aperturismo que dentro del citado ente público fue promovido por Adolfo Suárez, Director General en ese momento. De esa coyuntura surge primeramente Historia de la frivolidad (1967), un programa especial escrito y dirigido por Narciso Ibáñez Serrador con la colaboración de Jaime de Armiñán en el libreto. Pero resultó que las ansias de libertad no eran tales pues la idea primigenia partía de otro título, Historia de la censura, denominación que no hizo mucha gracia a Francisco Gil Muñoz, el censor de turno. El Festival de Televisión de Montecarlo, que era el certamen para el cual se diseñó expresamente la obra y no para los espectadores patrios, exigía estrenarlo en antena previamente a la inscripción en el concurso, lo que generó más nerviosismo aún entre los implicados; se emitió para todos los televidentes hispanos mediante un vergonzoso pase en horario intempestivo, con un previo y concienzudo trabajo de tijera que eliminara los momentos más atrevidos. Con todo, la maniobra dio los frutos esperados: Historia de la frivolidad se alzó con la Ninfa de Oro en Montecarlo, la Rosa de Oro en Montreux, la Targa d´Argento en Milán y el premio de la Asociación Católica Internacional, nada más y nada menos.

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Había que seguir por esa senda intelectual y de prestigio, rizar el rizo y no reparar en gastos. Mano a mano con Adolfo Suárez se encontraba maquinando la maniobra Juan José Rosón, Secretario General de TVE por entonces y futuro Ministro del Interior, concretamente desde 1980 a 1982. Rosón conoció, precisamente, en el Festival de Montecarlo a un joven director de televisión rumano que estaba causando furor entre los profesionales europeos del gremio, Valerio Lazarov, y ni corto ni perezoso contrató al talentoso realizador. Toda esta excelencia atribuida a Lazarov la podríamos desmontar fácilmente si destacamos que el rumano también fue, ya en los años noventa, el responsable de la línea a seguir en la creación de Telecinco; calificado de “Tele-Teta”, a decir de sus detractores en referencia a fenómenos tan populares como el de las turgentes “Mama Chicho”. Pero lo cierto es que en aquella época Valerio Lazarov era casi un visionario del medio, tremendamente arriesgado y vanguardista, tal y como se puede comprobar en El irreal Madrid (1969), otro programa especial de ficción en la misma línea que el anterior de Chicho y encargo que resolvió con audaz desparpajo e inventiva pop para la primera cadena de nuestra televisión.

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No es de extrañar la adhesión de El irreal Madrid a la corriente del musical moderno tan en boga en la España del momento; aún resuena en los oídos de los melómanos el ritmo que imprimió Lazarov a sendos programas musicales como Especial Pop (1969) y 360 grados en torno a… (1972). Estaba casado con Elsa Baeza, pizpireta presentadora del primer programa mencionado, también cantante y versátil actriz que tuvo su incursión como protagonista del cine pop en la desconocida Casi jugando (Luis S. Enciso, 1969). Lo que resulta más extraño es la temática futbolera como pretexto para llevar a cabo semejante artefacto de experimentación audiovisual, concretamente a costa de una gloria nacional como el Real Madrid y en un temerario tono caricaturesco que bien podría haber acarreado un linchamiento masivo a sus responsables. Lazarov recordaba al respecto: “Fue un programa que creó polémica mucho antes de su emisión. (…) Llegaron informaciones a la prensa de que era una sátira en contra del Real Madrid. (…) Se recibieron más de dos mil cartas de protesta y con amenazas antes de que se realizara. Decidieron que justo antes de emitirlo saliera una presentadora elogiando las virtudes del equipo y, debido a eso, y a los premios que cosechó, afortunadamente me pude salvar[1].

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Aun así, se desprende de su visionado una perspicaz crítica hacia el mundo del fútbol y sus desaforados hinchas, adecuadamente encubierta tras un vertiginoso ritmo narrativo que no da pie a asimilar con sosiego todos los detalles que van desfilando ante nuestros ojos. El concurso de un variado elenco de estrellas de la canción del periodo -Karina, Los Bravos, Miguel Ríos, Peret, Massiel, Marisol, Gelu, Joselito, Los Pop Tops…- contribuye también a hacer más llevadera la experiencia para el despistado espectador medio, posiblemente estupefacto ante una historia sin diálogos y con un reparto donde un buen puñado de actores populares -Lola Gaos, Claudia Gravy, Emilio Laguna, Elisa Montés, Irán Eory, Antonio Ozores…- recurren a la mímica y a la pantomima en sus interpretaciones, casi a la manera del slapstick. Ya desde los títulos de crédito adquiere autonomía el rito futbolero: mediante una voz en off -que será la que nos guíe a través de toda la filmación- el locuaz comentarista (Jürgen Scheller) va presentando a todo el equipo (técnico y artístico) que interviene en la película del mismo modo que si fuera la alineación titular de un partido de fútbol; de esa manera, Valerio Lazarov, director y guionista, Augusto Algueró, compositor de la banda sonora, o Jorge Herrero, director de fotografía, desfilan ante la cámara balón en mano. Otro tanto sucede con los actores que hemos citado anteriormente, que entran a escena del mismo modo. La coletilla inmediatamente posterior, “con la participación extraordinaria de Elizabeth Taylor, Jerry Lewis, Brigitte Bardot, Claudia Cardinale, Louis de Funès, Alberto Sordi, etcétera, etcétera, etcétera”, sirve de advertencia premonitoria de que lo que vamos a ver a continuación no se rige por la ortodoxia.

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El mundialmente famoso club de fútbol El irreal Madrid abre un laboratorio para formar a sus futuros hinchas. Se trata de una escuela donde “no basta con ser aficionado, hay que reunir un sinfín de condiciones para acceder a ser estudiante de hincha”. En tan elitista centro, un equipo de profesionales se encargará de la adecuada selección de forofos; entre ellos destacan las funciones de la “jefa de gritos”, “la jefa del salero deportivo”, “el jefe de ideas geniales” y “el jefe del mal clima”. La formación se basa en instruir a los seguidores para tener una efusiva reacción ante un gol o para entonar armoniosamente los eufóricos cánticos desde la grada.

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El maestro Augusto Algueró, en un inmejorable momento creativo, encuentra en El irreal Madrid el vehículo perfecto para su inmenso talento; no es tarea sencilla musicar las imágenes que propone Lazarov, con un virtuoso estilo de filmación donde abundan los vertiginosos barridos de panorámica, zooms de todas las formas posibles -no en vano se ganó el apelativo de “Mister Zoom” en los ambientes televisivos-, y en general, la innovación a borbotones. Algueró se ve obligado, ante tanto eclecticismo fílmico, a pasar de un estilo musical a otro en cuestión de unos pocos segundos, desafío superado con creces, como era de esperar, por parte de uno de los más imaginativos compositores de nuestro cine y de nuestra televisión. Incluso Antonio Ozores tiene una impagable demostración de poderío vocal donde el colchón sonoro creado por Algueró le confiere a su actuación musical unos matices no muy alejados de cualquier artista ye-yé coetáneo. Claudia Gravy protagoniza otro momento similar al de Ozores, en una performance que no le era ajena a la actriz de origen belga ya que tan solo unos meses antes había cantado junto a Bruno Lomas en ese fallido experimento perteneciente también al spanish pop cinema que era Chico, chica, ¡boom! (1969), firmado por un Juan Bosch que había conocido mejores momentos profesionales.

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Las diferentes intervenciones musicales de los artistas invitados se suceden por medio de una surreal idea de puesta en escena: los jugadores de El irreal Madrid ya no cobran en divisas por sus triunfos sino en “estrellas”, es decir, con un show personalizado que cada popular cantante ofrece dentro de un cubículo de cristal para regocijo de los deportistas de élite, quienes mediante auriculares pueden escuchar la particular actuación. Ese reducido recinto no se ajusta a las exigencias de los dos conjuntos que aparecen en este telefilm: Los Pop Tops por un lado -que despliegan su elegante soul en un videoclip presentado por el comentarista como “algo con un poco de calor negro para el equipo blanco”-, y Los Bravos por otro –en una psicodélica secuencia que no desentonaría en sus colaboraciones con Francisco Macián si no fuese por el austero blanco y negro de la propuesta-.

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Se dan cita en El irreal Madrid el costumbrismo futbolístico más acérrimo con los Nuevos Cines europeos de vanguardia, un imposible matrimonio que quizá los espectadores de la época no vieron con buenos ojos en un primer momento[2] debido a su proyección festivalera de carácter foráneo; buena muestra de ello es que se volvería a repetir el éxito crítico de Historia de la frivolidad y el programa de Lazarov obtuvo también la Ninfa de Oro en el Festival de Televisión de Montecarlo. Aunque no cabe duda de su afiliación pop, no nos encontramos ante un trabajo con gran profusión de decorados de regusto kitsch, son más bien los omnipresentes fondos blancos lo que predomina; incluso puede verse como un guiño cromático al club de fútbol objeto de la función. Más claramente parece aflorar su voluntad canalla y transgresora dentro de los parámetros de la sociedad española del momento; así lo atestiguan las siguientes estrofas de uno de los cánticos de grada que se pueden escuchar en un momento del film: “Unos prefieren las mujeres, otros prefieren el whisky, las drogas o bailar. Pero la gente que valemos amamos el balón”. Toda una declaración de principios.

Francisco Arco

[1] Declaraciones del director extraídas de su presentación del programa en la emisión especial conmemorativa del canal TVE 50 Años (2005-2007).

[2] La respuesta de los televidentes españoles no fue muy entusiasta con la primera emisión de El irreal Madrid debido al estilo tan novedoso que  ostentaba para los cánones de la televisión de la época. Sin embargo, en un segundo pase, emitido tras haber ganado el programa el premio en Montecarlo, la aceptación popular fue mucho mayor.

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