Original Gangstas [tv/vd/dvd: Hot City]

Original Gangstas - Hot City

Título original: Original Gangstas

Año: 1996 (Estados Unidos)

Directores: Larry Cohen, Fred Williamson [sin acreditar]

Productor: Fred Williamson

Guionista: Aubrey K. Rattan

Fotografía: Carlos González

Música: Vladimir Horunzhy

Intérpretes: Fred Williamson (John Bookman), Jim Brown (Jake Trevor), Pam Grier (Laurie Thompson), Paul Winfield (Reverendo Dorsey), Isabel Saford (Gracie Bookam), Oscar Brown Jr. (Marvin Bookman), Richard Roundtree (Slick), Ron O’Neal (Bubba), Christopher B. Duncan (Spyro), Eddie Bo Smith Jr. (Damien), Dru Down (Kayo), Shyheim Franklin (Dink), Robert Forster (detective Slatten), Charles Napier (Alcalde), Wings Hauser (Michael Casey)…

Sinopsis: Tras muchos años ausente, enfrascado en su carrera profesional, John Bookman regresa a su ciudad natal en Gary, Indiana, y se encuentra con una ciudad tomada por las bandas callejeras. Su padre ha sido agredido por los miembros de una de ellas, por lo que decide reunir a sus viejos amigos del barrio para dar una lección a los delincuentes.

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1996 fue un buen año para el actor, guionista, director y productor Fred Williamson, y lo fue por partida doble. Por un lado, su amigo Quentin Tarantino -un declarado fan de la blaxploitation, que reivindicaba ya en aquellas primeras entrevistas cuando presentaba su opera prima y de la que aquél fue una de las más destacadas personalidades- le daba un papel en Abierto hasta el amanecer (From Dusk Till Dawn, 1996), film de vampiros cuyo guion el responsable de Reservoir Dogs (Reservoir Dogs, 1992) había escrito tiempo atrás y que finalmente conseguía luz verde siendo su colega Robert Rodriguez el encargado de llevarlo a imágenes, en lugar del especialista en FX Greg Nicotero -de los muy solicitados KNB, esto es: Kurtzman, Nicotero & Berger- como habían anunciado previamente las publicaciones dedicadas al séptimo arte[1]. Por otro lado, Williamson conseguía sacar adelante una producción con su compañía, la Po’ Boy Productions[2], pero amparada por la poderosa Orion, lo que le permitiría disfrutar de un mayor presupuesto y de distribución en salas. Se trataba de Hot City, como se titulaba en un principio y como se distribuyó en diversos países, entre ellos el nuestro[3]; un proyecto que reunía en su reparto a un puñado de los principales intérpretes de la era dorada de la blaxploitation. De este modo, además del propio Williamson -que se reserva el papel principal, faltaría más-, contaron con Jim Brown[4], Pam Grier, Richard Roundtree -en la que sería su tercera colaboración con Larry Cohen-, Ron O’Neal y Paul Winfield; faltaba Jim Kelly[5], pero es que al parecer fue imposible contactar con él. Secundando a este black cast encontramos a algunos actores de los que gustaba rodearse The Hammer, tales como Robert Forster, con quien aquél venía trabajando desde Vigilante (Vigilante, 1983) de William Lustig -coincidiendo Foster aquí con Pam Grier un año antes que los reuniera el enfant terrible del cine usamericano de los noventa en Jackie Brown (Jackie Brown, 1997)-, Charles Napier o Wings Hauser[6]. El mismo Tarantino iba a hacer un cameo como taxista, pero finalmente no fue posible por motivos de agenda. En esta ocasión no sería Fred Williamson el realizador -como había venido siendo lo más habitual en los trabajos de la Po’ Boy Productions-; contaban con un presupuesto más holgado y aquél aprovechó para llamar a su colega Larry Cohen, quien lo dirigiera con éxito en el díptico formado por El padrino de Harlem (Black Caesar, 1973) y Hell up in Harlem [vd/dvd: Guerra en Harlem; tv: Infierno en Harlem, 1973], dos de los títulos más celebrados de la blaxploitation y a su vez de la carrera del propio Williamson.

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A comienzos de los noventa triunfaban en la cartelera norteamericana cintas como Los chicos del barrio (Boyz N The Hood, 1991) de John Singleton, New Jack City (New Jack City, 1991) de Mario Van Peebles, o Menace II Society [tv/vd: Infierno en Los Ángeles, 1993] de los hermanos Albert y Allen Hughes[7]. Películas que mostraban la marginalidad de los guetos negros y cómo jóvenes gánsteres se hacían con el control de las drogas imponiendo su poder en el barrio[8]. Formalmente se dejaba ver en algunas la -nefasta- influencia de la MTV, y las bandas sonoras se llenaron de temas de hip-hop, e incluso saltarían a la pantalla famosos raperos como Ice-T o Ice Cube[9]. No tardaron unos cuantos críticos en calificar estas películas como una puesta al día de la blaxploitation. Ciertamente, unas y otras estaban dirigidas principalmente a un público joven, mostraban preocupación por los problemas de la comunidad negra y adquiría gran importancia la estética callejera: tanto el rodaje, centrado principalmente en localizaciones reales, como la música y la forma de vestir propia de la gente del barrio. También en ambas el protagonista se encuentra en la tesitura de enfrentarse a un doble conflicto propiciado por su raza e identidad: tanto el que supone actuar en un sistema dominado por la hegemonía blanca, como tener que encarar los problemas que surgen debido a las luchas internas de su propia comunidad. Pero hay un elemento esencial que diferencia el cine comercial afroamericano de esas dos décadas y que queda muy claro en la declaración que Mario Van Peebles daba en 1999 para el programa E! True Hollywood Story, cuando dice que New Jack City venía a ser su homenaje a Super Fly (Super Fly, 1972) de Gordon Parks Jr. pero adaptado a su tiempo, por lo que el dealer protagonista de su cinta, Nino Brown -Wesley Snipes-, no podía salir indemne, tenía que pagar por sus actos delictivos -por sus pecados-, al contrario de lo que ocurría con el Priest -Ron O’Neal- del film de los setenta. Es decir, el elemento transgresor, inconformista, propio de la blaxploitation, no estaba ya presente en la década de los noventa, donde empezaba a imperar lo políticamente correcto[10].

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En consonancia con este tipo de cine, el alcalde del film que nos ocupa (Charles Napier) es un hombre blanco que no hará nada para ayudar a la comunidad de color, más preocupado por su carrera política y por mantener una imagen intachable que por cumplir sus promesas para con los ciudadanos, entroncándose de paso con la habitual desconfianza de Larry Cohen hacia las altas esferas y los poderes fácticos. También la banda sonora, editada en CD por el sello Noo Trybe, seguía la tónica habitual de las películas de gangstas de la década de los noventa con un puñado de canciones de rap a cargo de Ice T, Spice 1, Smooth y otros, si bien Williamson se permitía incluir en la película, algo usual en sus producciones, una banda de soul interpretando un tema en un local, en esta ocasión en el bar donde se reúnen sus antiguos amigos.

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El arranque de Original Gangstas [tv/vd/dvd: Hot City, 1996], con John Bookman, el personaje de Fred Williamson, acudiendo a la ciudad que le vio nacer tras sufrir su padre un ataque por parte de unos gamberros en la tienda que regenta, recuerda mucho al de otra cinta protagonizada por la antaño estrella de fútbol americano, Bucktown [tv: Bucktown, 1975], de Arhur Marks, donde Duke Johnson (Williamson) llegaba a una pequeña localidad del sur para el entierro de su hermano, muerto al ser atacado en su propio garito. Pero, aunque en ambas los personajes de Williamson se enfrentarán, pidiendo ayuda a viejos amigos, a esos grupos que tienen aterrorizadas las respectivas localidades, el caso de Bucktown tira por los mismos derroteros que hará al año siguiente -en versión honkyFuerza de vigilancia (Vigilante Force, 1976) de George Armitage, y Duke tendrá que combatir, para terminar de poner orden, contra aquellos que le echaron un cable porque lo que han hecho en última instancia es sustituir a los anteriores matones para quedarse ellos la posición de poder. Mientras que en Original Gangstas los vecinos recuperan el barrio cuando deciden todos actuar por el bien común y luchar contra las pandillas que obran a su antojo, terminando de este modo de forma contraria a lo usual en la blaxploitation donde “en cualquier caso, lo que delatan todas estas posturas es una progresiva pérdida de confianza en el trabajo en común de la sociedad afroamericana y el desplazamiento hacia héroes excepcionales y mesiánicos -bien por su integridad, bien por su fuerza- que satisfacen un evidente deseo de revancha y de compensación por décadas de invisibilidad del afroamericano en el cine[11].

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Si en la película, Bookman y sus viejos colegas, quienes formaron la banda original del gueto cuando eran jóvenes, vienen a decirles a los nuevos chicos que ellos estaban ahí antes, que esas calles les pertenecen, podemos ver también cómo Williamson y los demás actores veteranos reclaman su sitio en aquel auge del cine de acción policiaco-criminal afroamericano en los noventa. En palabras de su responsable: “La verdadera razón por la que hice la película… Resucitar actores. Traerlos de vuelta y mostrar al público que todavía estamos en el mercado, aún estamos disponibles y, aunque ya tengas más de cuarenta o cincuenta años, no estás muerto. Todavía tienes un público que se pregunta qué estás haciendo y quiere volver a verte[12]. Por su parte, Pam Grier comentó sobre Original Gangstas en un programa para el canal “Estilo” que estaba muy contenta de haber podido interpretar a una ama de casa de mediana edad, en chándal y desaliñada, carente de glamour, que luchaba por su familia y por su comunidad. Un personaje y una imagen alejados de los habituales roles de chica sexy y peligrosa que la hicieran famosa en los setenta a las órdenes de realizadores como Jack Hill, Arthur Marks o William Girdler.

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En pleno verano, bajo un sofocante calor, empezó el rodaje que tuvo lugar en la propia Gary, donde se desarrolla la trama y donde precisamente nació Fred Williamson. Una localidad famosa por el alto grado de delincuencia -y de homicidios- y la presencia de bandas que azotan sus calles. De hecho, se usaron auténticos miembros de pandillas locales en el film, a los que Cohen recordaba gratamente por lo bien que se portaron, siempre dispuestos a todo lo que hiciera falta para sacar la película adelante. No fue ésta sin embargo una colaboración tan buena entre Cohen y Williamson, algo que el primero achacaba a que el segundo estaba encargado en esta ocasión también de la producción, lo que motivó que surgieran los habituales problemas entre el director y el productor[13]. Es más, pese a solo estar acreditado oficialmente Cohen en la realización, parece ser que Williamson interfirió en el trabajo del de Nueva York. No obstante, a pesar de las discusiones por cuestiones presupuestarias entre ambos, no sería de extrañar que fuera de Cohen la idea de aprovechar una escena en la que chocan dos coches de policía, reciclada de otro film de Orion: RoboCop 2 (RoboCop 2, 1990) de Irvin Kershner.

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Pese a la solvencia del trabajo de Cohen y al respaldo de la Orion, el resultado -con una mejor factura en todos los niveles- no deja de ser una de las habituales producciones de la Po’ Boy. El personaje y la persona de Fred Williamson acaban imponiéndose, el primero a los de sus compañeros de reparto -con mucha más importancia en el libreto- y el segundo tanto al guionista como al director -resulta significativo al respecto que es el único film dirigido por Larry Cohen que no escribió él mismo-. Williamson incluso se permite añadir a Bookman rasgos personales tales como su procedencia de Gary y su dedicación al fútbol americano; aunque en esta ocasión, y contradiciendo sus propias reglas, no se queda con la chica, y Laurie (Pam Grier) vuelve a los brazos de Jake (Jim Brown), su amor de juventud y padre de su hijo asesinado por las bandas.

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Estrenada en cines en Estados Unidos el diez de mayo de 1996, con la clasificación R y el mismo fin de semana que el blockbuster Twister (Twister, 1996) de Jan de Bont, Original Gangstas tuvo una acogida algo floja. Williamson se quejaba que la Orion no hubiera aplazado el estreno, pudiendo así haber obtenido una mejor recaudación en taquilla; Cohen por su parte se mostraba más positivo, pensando que ya conseguiría su lugar en el mercado del vídeo y la televisión por cable. Y así fue. De hecho, a nuestro país llegó directamente a los videoclubs y, junto a posteriores y diversas ediciones en DVD, también se ha emitido en varias ocasiones por la llamada caja tonta y está disponible en algunas plataformas digitales. De todos modos, Williamson debió quedar satisfecho, porque desde poco después de que el film estuviera en cartel lleva anunciando una secuela, o así, llamada Old School Gangstas, donde repetirían algunos de los intérpretes de aquélla a los que se sumarían otros rostros negros emblemáticos de los setenta como Antonio Fargas, Bernie Casey o Gloria Hendry. El cartel está listo desde hace mucho; ahora sólo falta que hagan la película. No obstante, hay que reconocerle a “The Hammer” que nunca se olvidó de sus compañeros de generación; desde los comienzos de la Po’ Boy hemos podido ver en sus repartos a gente como Richard Roundtree, Tony King, Jim Brown, y otros…

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Considerada la última película para cine que dirigiera Larry Cohen, Original Gangstas es realmente el film póstumo que el neoyorkino rodó. Enfrascado en todo tipo de guiones, no se volvió a sentar en la silla del realizador hasta Pick Me Up [tv/dvd/br: Trayecto al infierno, 2006], su aportación a la serie Masters of Horror para la que contaría con dos de sus actores fetiche, la rubia Lauren Landon y el antipático Michael Moriarty. Se suponía que el de la Gran Manzana se encargaría de dirigir uno de los diez guiones que había escrito para una serie que iba a producir la Bad Robot de J. J. Abrams pero, desgraciadamente, su óbito el 23 de marzo de 2019 daría al traste con éste y todos sus proyectos.

Alfonso & Miguel Romero

[1] El guion de Abierto hasta el amanecer también se lo habían ofrecido a Michele Soavi, quien declinó la oferta tras leerlo.

[2] Fred Williamson, de fuerte carácter emprendedor, funda la Po’ Boy Productions a mitad de los setenta, en un momento en que los productores empiezan a perder interés en la blaxploitation, y comienza a hacer sus propias películas. Ejerciendo indistintamente tareas de productor, guionista, director y/o, por supuesto, actor, y siguiendo sus propias premisas de que su personaje no puede morir, gana todas las peleas en las que se mete y termina llevándose a la chica, Williamson ha mantenido un ritmo de producción constante hasta nuestros días, en ocasiones incluso en régimen de coproducción con otros países. Entre los primeros trabajos de la casa figuran diversos westerns, uno de los géneros favoritos de su fundador, como son Adiós Amigo [vd/dvd: Nos llaman Adiós amigo, 1975], dirigido por el propio Williamson, y Joshua [vd/dvd: Joshua, 1976], de Larry G. Spangler. A partir de los ochenta, como tantas otras pequeñas compañías, orientó su producción al mercado del vídeo y la televisión de pago.

[3] Como ocurrió también con, por ejemplo, Arac Attack (Arack Attack, 2002), del amante de los bichos Ellory Elkayen, que acabó estrenándose en los USA como Eight Legged Freaks mientras que en otros países se mantuvo el título inicial. En los Estados Unidos ese cambio se debió al parecido fonético con “Irak Attack” (“Irak ataca”) en unos momentos en los que aún estaba caliente el atentado contra las Torres Gemelas.

[4] Al igual que Fred Williamson, Jim Brown había sido una de las grandes estrellas del fútbol americano antes de decidir pasarse al cine. Irrumpió fuerte en las pantallas participando en cintas como Doce del patíbulo (The Dirty Dozen, 1967) de Robert Aldrich, Estación Polar Cebra (Ice Station Zebra, 1968) de John Sturges, o los westerns Río Conchos (Rio Conchos, 1964) de Gordon Douglas, Los 100 rifles (100 Rifles, 1969) de Tom Gries o El cóndor (El Condor, 1970) de John Guillermin antes de alzarse como uno de los principales iconos de la blaxploitation en títulos de acción como Operación masacre (Slaughter, 1972) de Jack Starret, Masacre (Slaughter’s Big Rip-Off, 1973) de Gordon Douglas o Pólvora negra (Black Gunn, 1973) de Robert Hartford-Davis. Es bien sabido, y lo ha comentado en alguna ocasión su colega Williamson, que Jim Brown no llegó más lejos en Hollywood por la -mala- fama que tenía debido a cómo trataba a las mujeres; no en vano por ello le dieron el papel de Dreems en Melodía para un asesinato (Fingers, 1977) de James Toback.

[5] Jim Kelly, campeón mundial de karate, intervino con el rol del Sr. Williams en Operación Dragón (Enter the Dragon, 1973) de Robert Clouse, al lado de Bruce Lee y John Saxon. A continuación, se consagraría como el artista marcial por excelencia dentro de la blaxploitation con una serie de películas en las que repetiría en un par de ocasiones con el citado Clouse, y donde también llegó a encabezar interesantes repartos a las órdenes del exploiter Al Adamson en un par de títulos en los que Kelly vendría a ser un socias negro de James Bond. Al lado de Fred Williamson y Jim Brown protagonizó Los demoledores (Three, the Hard Way, 1974), de Gordon Parks Jr., y su tardía secuela Apuesta peligrosa (One Down, Two to Go, 1982), ésta ya con dirección del propio Williamson y con su compañía la Po’ Boy Productions de por medio. Entre una y otra el trío encabezaría el reparto de Por la senda más dura/La parola di un fuorilegge… è legge!/Take a Hard Ride (1975), curioso mestizaje de blaxploit y spaghetti western rodado en las Islas Canarias por Antonio Margheriti bajo su recurrente seudónimo de Anthony M. Dawson. Con la llegada de los ochenta y la pérdida de interés por parte del público por el cine que él hacía, Kelly abandonaría las pantallas -tan sólo se dejaría ver en unas cuantas cintas- y se dedicaría con éxito al tenis. En I’m Gonna Git You, Sucka [vd: Voy a por ti; tv: Sobredosis de oro, 1988], la parodia de Keenen Ivory Wayans de la blaxploitation, Steve James simulaba con el personaje de Kung Fu Joe los papeles típicos de Jim Kelly en los setenta.

[6] Uno de los intérpretes que más repitió al lado de Fred Williamson fue Joe Spinell, llegando a coincidir hasta en ocho ocasiones, pero para 1996 éste llevaba ya siete años muerto.

[7] Albert y Allen Hughes, los directores de las más famosas Desde el Infierno (From Hell, 2001) -según el cómic de Alan Moore y Eddie Campbell- y El libro de Eli (The Book of Eli, 2010), dirigieron en 1995 uno de los mejores homenajes a la blaxploitation con Dead Presidents [tv/vd/dvd: Dinero para quemar], un par de años antes que Jackie Brown llegara a las carteleras.

[8] Hasta Walter Hill, en cierto sentido, se apuntaba a esta corriente de películas con El tiempo de los intrusos (Trespass, 1992).

[9] A finales de los ochenta, la banda de hip-hop Run-DMC había protagonizado uno de los primeros ejemplos de estas gangsta movies con Tougher Than Leather [vd: Ciudad sangrienta, 1988], con dirección de Rick Rubin.

[10] Es llamativo que uno de los films precursores de la blaxploitation fuera la producción independiente de marcada influencia europea Sweet Sweetback’s Baadasssss Song [vd: Violenta persecución, 1971], escrita, dirigida y protagonizada por Melvin Van Peebles, precisamente el padre de Mario Van Peebles, quien también tiene un pequeño papel en la cinta. Huey Newton, el líder de los Panteras Negras, aplaudió la película encontrándola subversiva contra la opresión blanca.

[11] Roberto Cueto, “Black Noir. Breve introducción al cine blaxploitation”, en El thriller USA de los 70, E.P.E. Donostia Kultura, 2009.

[12] La reivindicación por el cine afroamericano de los setenta, tanto por las películas como por sus bandas sonoras, tuvo lugar según avanzaban los noventa. En los ochenta se dio principalmente una mirada negativa hacia estos títulos, más acorde con la de aquellos pensadores de color que las atacaron desde sus comienzos. Puede verse esta mirada despectiva, por ejemplo, en la comedia Hollywood Shuffle [vd: Un chalado en Hollywood, 1987], dirigida, escrita (junto a Keenen Ivory Wayans) y protagonizada por Robert Townsend, actor visto por cierto en algunas blaxploitations, caso de Cooley High [tv: Instituto Cooley, 1975] de Michael Schultz o The Monkey Hu$tle [vd: The Monkey Hu$tle, 1976] de Arthur Marks, dos filmes rodados precisamente en Chicago, la ciudad con mayor comunidad negra de los Estados Unidos.

[13] El director de Special Effects [tv/vd/dvd: Efectos especiales, 1984] recordaba en una entrevista, por ejemplo, que cuando iban a filmar unas tomas adicionales para la escena que rodaron el día anterior en la que uno de los chicos malos llegaba en un coche disparando, Williamson le dijo que usarían otro vehículo, ya que no disponían del que habían utilizado. Cohen se negó; la película tenía que quedar lo mejor posible y no estaba dispuesto a hacer ese tipo de chapuzas. El actor y productor tuvo que soltar más dinero para volver a alquilar el mismo automóvil. Aunque volverían a ser amigos, durante un tiempo su relación se enfrió, como se puede percibir de la entrevista a Williamson en el documental King Cohen: The Wild World of Filmmaker Larry Cohen (2017), de Steve Mitchell.

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