Color Me Blood Red

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Título original: Color Me Blood Red

Año: 1965 (Estados Unidos)

Director: Herschell Gordon Lewis

Productor: David F. Friedman

Guionista: Herschell Gordon Lewis

Fotografía: Herschell Gordon Lewis

Intérpretes: Gordon Oas-Heim (Adam Sorg), Candi Conder (April Carter), Elyn Warner (Gigi), Pat Finn-Lee (Sydney), Jerome Eden (Rolf), Scott H. Hall (Farnsworth), Jim Jaekel (Jack), Iris Marshall (Mrs. Carter), William Harris (Gregorovich), Cathy Collins (Mitzi)…

Sinopsis: Un pintor sin mucho éxito descubre de forma casual, al cortarse su novia un dedo y manchar uno de sus lienzos, que la sangre humana es el ingrediente que le proporciona el tono rojo perfecto para sus obras.

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Herschell Gordon Lewis, profesor de inglés, periodismo y humanidades por la Universidad de Mississippi, había trabajado un tiempo en una emisora de televisión y en el terreno de la publicidad y vio totalmente lógico dar el salto al séptimo arte cuando se le presentó la oportunidad. Siempre dentro del cine de explotación y consciente que su público potencial era de nivel cultural bajo y lleno de prejuicios, empezó rodando algunos nudies, caso de Living Venus (1961), Daughter of the Sun (1962) o Nature’s Playmates (1962), y varios nudie cutiesnudies con un ligero argumento cómico y picaresco que seguían el éxito del The Inmoral Mr. Teas (1959) de Russ Meyer- como The Adventures of Lucky Pierre (1961), Boin-n-g (1963) o Goldilocks and the Three Bares (1963). Probó suerte también en el denominado roughie, aquellas películas de sexo y mal rollo tan propias de los sesenta, pero no tenía intención de seguir por esos derroteros y se planteó hacer algo distinto, dar un paso más allá. Junto al productor David F. Friedman, uno de los grandes nombres de la exploitation made in USA -quien había aprendido al lado, nada menos, que del pionero Howard W. “Kroger” Babb-, y con quien Lewis había fundado hace unos años la Mid-Continent Films, se preguntaron un buen día qué podían hacer que no se hubiera visto antes; algo que, aunque fuera de mal gusto, llevara a la gente de cabeza a los cines. En el terreno de las nudie cuties tenían muchos competidores, había que hacer algo distinto donde fueran pioneros y no encontraran competencia. Decidieron ir más allá de los desnudos y mostrar la sangre -y mucha-[1] y los cuerpos abiertos y cercenados de la manera más gráfica y obscena posible. Regodeándose en unas escenas que no sólo eran el gancho para atraer a la audiencia, sino el verdadero leit motiv de la película. Pese a lo primitivo de los efectos, resultaron novedosos y desagradables. “La imaginación como substituto de los dólares” que diría el realizador: había nacido el gore. En palabras de Gordon Lewis “(Blood Feast) es un accidente histórico. Nosotros no intentamos deliberadamente un nuevo género cinematográfico; de hecho, lo que hacíamos era escapar de uno viejo que se nos había agotado”. Sus artífices eran conscientes de que estaban creando algo nuevo, y en un principio temieron que lo radical de la propuesta perjudicara su distribución en salas; pero lo que no podían ni imaginar es que estaban escribiendo, para bien y/o para mal, una nueva página en la historia del cine de terror… y del cine en general.

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Aprovechando el equipo técnico y artístico de Bell, Bare & Beautiful (1963), otro nudie cutie, Herschell Gordon Lewis rodaría Blood Feast (1963), considerada la primera película gore de la historia, y cuyo presupuesto fue menor de 30.000 dólares porque, según su realizador, todo el equipo de producción era propio. Él mismo se encargó de las tareas de dirección y montaje, y el reparto y los técnicos apenas cobraron a cambio de aparecer en los créditos. El plan de rodaje fue de sólo seis días, más otros dos para los planos de recurso[2]. Tras la primera noche de estreno en un autocine de Peroia, Illinois, se dieron cuenta de que habían dado con la gallina de los huevos de oro. Los vientos soplaban a su favor. En esos años muchas comunidades disponían de legislación contra los filmes con desnudos, pero no había restricciones respecto a las películas con sangre pues era algo naciente, lo que permitió a Lewis y Friedman estrenar en más sitios. Evitaron, no obstante, incluir sexo y chicas en cueros para no tener problemas de censura y sacar mejor tajada. Al más puro estilo William Castle, repartieron bolsas de papel a los espectadores por si las imágenes les hacían vomitar. El fin de Gordon Lewis y Friedman era puramente mercantilista, encontrar algo novedoso que diera dinero en la taquilla, y sin embargo supuso una transgresión. Aunque desde los bajos presupuestos y fuera de la industria, el gore resultaría un buen golpe contra el Código Hays aún vigente, pues no tardaron desde Hollywood en usarlo para terminar de erradicar al dichoso código. Como tantas veces, fue desde las películas baratas de compañías independientes donde se probó algo nuevo frente a la actitud acomodaticia tan propia de la Meca del Cine.

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No tardarían otros exploiters, caso de Andy Milligan, Jack Curtis, Ted V. Mikels o Al Adamson, en subirse al carro del cine sanguinolento más barato y descarado. Por su parte, aprovechando el éxito de Blood Feast y con la intención de seguir rentabilizando el filón, Lewis y Friedman estrenaron a continuación la conocida Two Thousand Maniacs! [tv/vd/dvd: 2000 maníacos], de mejor factura y más humor -la favorita de su director a pesar de no conseguir una taquilla como la de su predecesora-, además de ser una de las poquísimas producciones de las carreras de estos dos tunantes que tuvo distribución en vídeo (y DVD) en nuestro país[3]. En 2005 conocería un remake[4] de manos de Tim Sullivan con producción de Eli Roth -y con David F. Friedman como productor ejecutivo-, 2001 Maniacs [tv/dvd: 2001 maniacos], con Robert Englund encarnando en esta ocasión al alcalde del pueblo confederado al que llegan los protagonistas; seguida por una secuela realizada por el mismo director, 2001 Maniacs: Fields of Horror, con Bill Moseley sustituyendo a Englund y bastante menos presupuesto.

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La tercera (y última) cinta gore en común del binomio Gordon Lewis/Friedman y que cierra la llamada “trilogía de la sangre” sería Color Me Blood Red (1965)[5]. El productor comentaba al respecto que durante el rodaje tuvieron una estúpida discusión, reconociendo que fue un error por su parte. Al parecer, Friedman quería cuidar más el acabado de las películas como estaban haciendo por entonces otras conocidas independientes, caso de la AIP, para poder competir con éstas, y quiso que Lewis hiciera segundas tomas de algunas escenas que no le llegaban a convencer. Sin embargo el realizador pensaba que así ya estaban bien y no quiso repetirlas. A resultas de ello decidieron que ya era hora de que cada uno fuera por su lado. Dicho y hecho. Los caminos de ambos se separarían a partir  de entonces, si bien tanto el director como el productor seguirían haciendo películas por su cuenta.

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En cuanto al contenido de la película en si, Color Me Blood Red narra la historia de un pintor que usa sangre humana para conseguir el color rojo en sus obras, argumento que no deja de recordar al de A Bucket of Blood [tv/dvd: Un cubo de sangre, 1960], film dirigido por Roger Corman unos años antes y protagonizado por el característico de la casa Dick Miller[6]. En este caso fue Gordon Oas-Heim el encargado de interpretar el papel principal, el del antipático y frustrado pintor Adam Sorg, que va perdiendo más y más la cordura con cada nuevo asesinato; y entre el elenco femenino que servirá para que adquiera el líquido elemento que le proporciona el tono de rojo buscado tenemos a Candi Conder -vista también en Two Thousand Maniacs!-, Elyn Warner -en la que parece la única película donde intervino- o Patricia Lee. Como era normal -o norma incluso- en las cintas de Gordon Lewis y David Friedman, las actuaciones son terribles, los intérpretes -generalmente sin mucha trayectoria a sus espaldas al igual que en su futuro- sobreactúan de mala manera, lo que ayuda, junto a esa violencia tan exagerada, a un humor socarrón distanciador y a la fotografía colorista y pop, a dar a sus películas un agradecido tono a cartoon de la Warner, aunque sin llegar a los extremos de su coetáneo Russ Meyer en, pongamos, Supervixen (Supervixen, 1975). En cualquier caso, con Color Me Blood Red Gordon Lewis y Friedman facturaban otro barato producto para consumo rápido destinado a las audiencias asiduas a los drive ins, y de paso -esto sí de forma involuntaria- daban forma a un pequeño clásico del cine exploitation y del gore más característico de los sesenta, con todos los defectos y virtudes (a veces los mismos unos y otros) tan propios del género y de sus responsables.

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Tras la separación de Lewis y su socio, el ritmo de producción de ambos no menguó. En lo que respecta al primero, facturó en poco tiempo, entre otras, un puñado de cintas hoy de culto -hasta le mencionan en Juno (Juno, 2007) de Jason Reitman- dentro del cine de explotación y mal gusto: Something Weird (1967), A Taste of Blood (1967), la bizarra The Gruesome Twosome (1967) -una de sus películas más aplaudidas-, la biker movie She-Devils on Wheels (1968)[7] -en la onda del Motor Psycho [dvd: Motor Psycho, 1965] de Russ Meyer-, la juvenile delinquent movie Just For The Hell of It [vd: Nacidos para este infierno, 1968]… y muchas más hasta que frena con The Gore-Gore Girls en 1972[8], en cierto modo una reflexión paródica sobre el subgénero que él mismo ayudó a crear y difundir. Cuando las majors empezaron a utilizar el gore en sus producciones, pensó que las independientes no tenían ya cabida; las grandes productoras tenían amplios presupuestos, prestigio y se podían permitir buenos efectos, por lo que no podía competir contra ellas, así que decidió dejar el cine para retomar su carrera en el mundo del marketing, no volviendo a colocarse detrás de las cámaras nuevamente hasta el presente siglo.

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Friedman, por su parte, continuó más centrado en el terreno de la sexploitation durante las décadas de los sesenta y setenta, y a partir de los ochenta bajaría la producción hasta niveles mínimos. Según él: “La mayoría de la gente hace basura pretenciosa. Yo, al menos, hago basura divertida”. Anduvo metido en la concepción de títulos clave del cine marrano como Love Camp 7 [vd/dvd: Campo de concentración nº7, 1969] de Robert Lee Frost o La loba de las SS (Ilsa, She Wolf of the SS, 1974) de Don Edmonds, dos cintas fundamentales como pistoletazo de salida de lo que se denominará nazixploitation , corriente que tendría una muy buena aceptación tuvo en Europa, sobre todo en Italia y Francia. Con la llegada del vídeo -y posteriormente los formatos digitales- el pesetero productor se centró principalmente en distribuir para los mercados domésticos su amplio catálogo y seguir de este modo sacando rendimiento de aquellos títulos. De todos modos, Friedman confesaba que no concebía hacer películas -baratas- si no era en celuloide, que el video y el porno –este último había acabado con la sexploitation– se imponían y la era de los autocines y las grindhouses había quedado atrás.

Alfonso & Miguel Romero

[1] El rojo líquido que hiciera las veces de sangre fue elaborado por el mismo Herschell Gordon Lewis en colaboración con un laboratorio cosmético de Coral Gables, Florida.

[2] Jackie Kong realizaba en 1987 un remake/homenaje del seminal film de Lewis & Friedman con la divertida Blood Diner [tv/vd/dvd: Fonda sangrienta]. El socio de Kong era, precisamente, Jim Maslow, quien se hizo con los derechos de la mayoría de las películas de Gordon Lewis. Otro de los reconocidos fans de Blood Feast y sus responsables es John Waters. Además de haberlo declarado en múltiples ocasiones, en Los asesinatos de mamá (Serial Mom, 1994) varios de los protagonistas están viendo este film en vídeo, y uno de los personajes de Cecil B. Demente (Cecil B. Demented, 2000) lleva tatuado en el brazo el nombre del director de The Wizard of Gore (1965). El propio Herschell Gordon Lewis, tras estar retirado treinta años de detrás de las cámaras, dirigió en 2002 la secuela Blood Feast 2: All U Can Eat, contando con su viejo colega, David F. Friedman, como productor ejecutivo.

[3] El sin par Johnny Legend grabaría para el sello Rollin’ Rock un cover del tema principal de Two Thousand Maniacs!, un hillbilly de regusto sudista titulado “The South’s Gonna Rise Again”.

[4] Tras el estreno de Acción mutante (1993), Alex de la Iglesia comentó en algunas entrevistas la idea de llevar a cabo 2000 vascos, remake del film de Gordon Lewis y David f. Friedman que se desarrollaba en territorio vasco durante la época franquista.

[5] Como curiosidad un apunte musical: el grupo de psychobilly X-Ray Guns le dedicó un tema a esta película en su EP Dr. X (Rumble Records, 1991). No sería la única banda psycho que encontrara inspiración en un film firmado por Herschell Gordon Lewis. Desde Boston, los Photom Torpedoes grabaron “The Wizard of Gore” en su CD debut It Came From Outer Space (Raucous Records, 1999), tomando como base la película homónima que dirigiera Gordon Lewis en 1965 -y que tuvo una suerte de remake en 2007 realizado por Jeremy Kasten para la Dimension-; o los japoneses Mad Mongols, que titularon uno de sus discos Just For The Hell of It (Vynil Japan, 1994), como el film homónimo de 1968 del padrino del gore.

[6] En Evil Toons [tv/vd/dvd: Evil Toons. Dibujos maléficos, 1992] de Fred Olen Ray, Burt (Dick Miller) ve por televisión A Bucket of Blood y se pregunta cómo no le dieron el Oscar a ese gran actor, que no es otro que él mismo.

[7] Lux Interior y Poison Ivy, miembros de The Cramps, siempre confesaron su admiración por Herschell Gordon Lewis, David F. Friedman, así como por todo el cine de explotación usamericano. A Gordon Lewis le dedicaron el tema “Ain’t Nuthin’ But a Gorehound”, incluido en el álbum Smell of Female (Vengeance Records, 1983), y versionaron “Get Off The Road”, tema central del film She-Devils on Wheels -compuesto por el director y firmado bajo el seudónimo de Sheldon Seymour- en el LP A Date With Elvis (Big Beat, 1986).

[8] Smash Cut (2009), del psicotrónico y simpático Lee Demarbre, era un remake apócrifo de The Gore-Gore Girls, que contó con la participación de los actores de culto David Hess y Michael Berryman, la que fuera estrella porno Sasha Grey, o del propio Gordon Lewis y uno de los intérpretes habituales de éste, Ray Sager.

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