Entrevista a Robert Woods

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La eclosión vivida por el cine de género europeo, superado el ecuador del pasado siglo, trajo consigo una demanda por parte de la industria de intérpretes anglosajones para protagonizar sus nuevas propuestas, en un intento por otorgar a estas películas de un look más internacional y cosmopolita. Este contexto propició el desembarco de un sinfín de actores, en su mayoría desconocidos, que buscaron en el Viejo Continente la oportunidad que en su país se les negaba y, ¿por qué no?, un trampolín con el que lanzar sus carreras, al igual que habían hecho Steve Reeves o Clint Eastwood. Robert Woods fue uno de ellos. Sin embargo, dista mucho de ser uno más.

Al contrario de lo que ocurriría con la mayoría de sus compatriotas que siguieron similares pasos, el protagonista de 7 pistolas para los Mac Gregor/7 pistole per i MacGregor (1966) consiguió tener continuidad y labrarse una prolífica trayectoria dentro del cine popular europeo. Aunque trabajó en otros géneros, fue en el denominado spaghetti-western donde Woods se significó principalmente. Así lo atestiguan la veintena de títulos pertenecientes a la temática en los que participó entre mediados de los sesenta y setenta, la mayoría de las veces en papeles protagonistas, lo que le convierten en uno de los intérpretes más característicos y reconocibles del wéstern mediterráneo. Se trata, en definitiva, de historia viva del cinema bis europeo. A cinco décadas vista de tan inolvidable y añorada época del cine europeo, repasamos con él esta etapa de su carrera.

robert woods foto

Según parece tuviste una juventud bastante difícil. ¿Cómo acabas convirtiéndote en actor?

Mi madre genética me abandonó en un lugar llamado The Colorado Home for Abused and Abandoned Children (El hogar de Colorado para niños maltratados y abandonados), donde viví mis primeros diez meses de vida. Finalmente, un ranchero y su esposa me adoptaron y me llevaron a un pueblo en lo alto de las montañas llamado Great Divide, en Colorado, donde crecí al aire libre. Allí vivimos hasta que tuve casi diez años, cuando mi padre entró en la Marina durante la Segunda Guerra Mundial. Vendimos el rancho y nos mudamos a Boulder, Colorado, donde asistí a la escuela, aprendí a tocar la trompeta, y me metí en peleas ocasionales y problemas en general. Cuando tenía diecisiete años me uní a la Marina durante la guerra de Corea, pero, aunque serví en un destructor durante cuatro años, nunca llegué a entrar en combate.

Al regresó a Colorado trabajé como consejero en un campamento de verano para niños, me metí en problemas con una chica y me fui en medio de la noche a San Diego, California, donde tomé un trabajo como cristalero, cortando ventanas para edificios. Estando allí me matriculé en el San Diego State College, aunque realmente no sabía lo que quería ser cuando creciera. Me gustaba la idea de ser maestro de escuela, hasta que una tarde hicieron una lectura para una obra de teatro. Estaba sentado viéndolo y las lecturas eran malas, así que me reí por lo bajo. “¿Quieres leer?” me dijo el profesor. “Diablos, no, pero gracias”, le contesté. “¡Entonces cierra la boca!”, gritó. Nunca pude resistir un desafío, así que le repliqué en voz baja: “Bien, entonces leeré”. Leí… y el profesor me ofreció el protagonista masculino de la obra, que era Victoria Regina[1]. Mi papel era el príncipe Alberto. El profesor se llamaba Dr. Adams y pasó mucho tiempo trabajando conmigo durante los ensayos y después. Nos hicimos amigos y él insistió en que yo fuera actor de cine.

Cuando me gradué me envió a Hollywood con cartas de recomendación a algunos actores conocidos, pero resultó que no se podía trabajar en una película sin carnet sindical y no se podía obtener un carnet sin trabajar en una película, por lo que terminé buscando empleo como extra para al menos ganar el suficiente dinero para comer. La agencia de extras Central Casting me envió a la MGM para un trabajo de suplente. Llegué tarde. Estábamos diez u once todos seguidos y yo estaba al final de la fila. George Hamilton caminó frente a la fila como un general inspeccionando sus tropas y cuando finalmente se acercó a mí, noté que era un poco más bajo que yo, así que doblé las rodillas ligeramente para hacer contacto visual. Él se rió y dijo: “Cogeré a este”. Y así comencé a trabaja en el cine. Mi primer día en el set, el productor Joe Levine se acercó a mí y me dijo: “Eres un actor”. “No, soy un extra. Soy suplente de George y doble”, le contesté. “Cuando digo que eres un actor, hijo… eres un actor”, insistió sonriendo. “Consigue ropa y ve con Chill Wills en esta escena. Serás uno de sus policías. Te daré una línea de diálogo y podrás así obtener tu carnet del sindicato”. Amaba a Joe Levine. Sin embargo, pasé la mayor parte del tiempo doblando a George e, incluso, llegué a hacer un pequeño trucaje por él. Fue una inmersión en un tanque donde Barbara Nichols estaba haciendo acrobacias acuáticas debajo de una caracola gigante…[2]

¿Y cómo acabas recalando en Europa?

Hice una prueba y Otto Preminger me ofreció un papel de sacerdote para su película El cardenal (The Cardinal, 1963) si estaba en Roma. De hecho, firmamos un contrato que especificaba que si estaba en Roma en una fecha determinada el papel era mío. Así que decidí que de alguna manera estaría allí. Con cuatrocientos cincuenta dólares en el bolsillo y un billete de ida abordé el barco Queen Elizabeth con destino a Francia sin más expectativas que las de estar en Roma para trabajar en la película de Preminger. Cuando llegué, tomé un tren de Le Havre a París y reservé una habitación en el Hotel Franklyn Roosevelt, sin ninguna idea de cómo iba a pagar la factura. Conseguí un trabajo, doblando películas al inglés, que todavía no me cubría los gastos, y me uní a un grupo de repertorio estadounidense en un teatro en el muelle de Orsay. Después me convertí en modelo de modas de Helmut Newton, uno de los fotógrafos más famosos del mundo en ese momento. Sin embargo nunca llegué a hacer El cardenal de Preminger; estaba demasiado ocupado trabajando en buscar mi destino.

Tu entrada en el cine europeo está estrechamente vinculada a la familia Balcázar, quienes puede decirse que fueron tus descubridores. ¿Cómo se produjo este encuentro?

Estando en París comencé a trabajar en un montaje teatral de La gaviota de Chéjov. En la primera noche de representación una amiga del estudio de doblaje, Renata Benedict, trajo al productor Alfonso Balcázar a ver la obra. Tras la representación, Alfonso fue al escenario y me ofreció hacer una película. Yo estaba emocionado. “¿Qué tipo de película?”, le pregunté. “Un wéstern”. “¿Acaba de verme hacer Chéjov y me ofrece un wéstern?”, pensé. Me estaba yendo lo suficientemente bien en París como para rechazarlo y lo hice. Sin embargo, regresó a la noche siguiente con un contrato maravilloso para cinco películas, en el que no me pagaba mucho dinero al principio, pero sí más de lo que podía imaginar después de las dos primeras. “Tendrás que venir a Barcelona y hacer una prueba. ¿Sabes montar a caballo?” “Sí”, le contesté. “Eso es lo que dicen todos los actores”, respondió. “Ya veremos. Estamos construyendo un poblado wéstern y convirtiendo un granero en estudio de sonido. Me pondré en contacto contigo dentro de un mes”.

Pasó un mes y medio antes de que finalmente volviera a contactar conmigo y me enviara un billete. Con gran alegría en el corazón subí al avión con destino a Barcelona. Hice una escena con un niño y cabalgué como el viento. Demonios, al fin y al cabo había crecido en un rancho. Firmamos los contratos y comenzamos la primera película a la semana siguiente. El poblado estaba a medio terminar, pero lo hicimos funcionar.

Pistoleros de Arizona

Robert Woods junto a Fernando Sancho en “Pistoleros de Arizona”

Esa película de la que hablas es Pistoleros de Arizona/5000 dollari sull’asso (1965), donde realizas el primer papel protagonista de tu carrera. ¿Cómo recuerdas aquel rodaje?

La película se llamaba originalmente El rancho de los implacables. En ella hubo una pequeña acrobacia en el rodaje de los exteriores en Zaragoza. Fue una pirueta hitchcockiana que consistía en una caída por un acantilado y el altercado por encontrar de nuevo mi caballo y volver a subirme a él. La verdad es que acabé cortado, magullado y sangrando tras hacerlo. No obstante, Alfonso dijo: “¡Eso fue increíble! ¿Podemos hacer otra toma?”, a lo que respondí: “Si quieres hacer otra, hazla tú mismo”. Al oírlo me dijo que me quería ver en su oficina después del rodaje. Así lo hice, y cuando llegué rompió mi contrato por lo ancho y por lo largo y lo tiró a la papelera. “Terminaremos esta película, pero no haremos ninguna más”, sentenció. “Me parece bien “, le contesté mirando el contrato roto. Así que cuando terminamos la película me marché a Madrid.

No obstante, tras este debut te conviertes en uno de los actores protagonistas más recurrentes del spaghetti-western. ¿Esta especialización en el género se debió a una decisión propia o a que este era el tipo de películas que te ofrecían los productores?

De hecho, protagonicé una veintena de wésterns con mi nombre encabezando los títulos de crédito, y casi cuarenta películas en total: de piratas, gialli, de guerra, de detectives y comedias en coproducciones italianas, producciones españolas, francesas y alemanas, incluso algunas películas de Jess Franco. También aparecí en La batalla de las Ardenas (Battle Of The Bulge, 1965), que era una película norteamericana rodada en España que hice para Warner Brothers y en la que interpreté al piloto del personaje de Henry Fonda.

Tu comentada especialización dentro del wéstern hace que durante varios años desarrolles una labor frenética que te lleva a engarzar una película tras otra, llegando al punto de protagonizar cinco películas el mismo año. ¿Cómo podías afrontar semejante ritmo de trabajo?

Hice siete, no cinco, películas en un solo año, esa es la verdad. ¿Que cómo lo hice? Perdí un montón de peso y, aunque las escenas de acción que tuve que hacer hacían mella en mi cuerpo, yo persistía. Después de tres meses de descanso y rechazar hacer más, me encontraba de nuevo en la silla de montar sintiéndome fenomenal.

En el momento de su aparición, muchos de tus compatriotas criticaron la visión del Far West que daban los wésterns europeos. Tú, como norteamericano criado en un rancho de Colorado, ¿qué te parece esta polémica y qué opinas del modo en el que estas películas representaban este periodo tan emblemático de la historia de tu país?

¿Mi opinión sobre el spaghetti-western? Habiendo crecido en el Oeste, en Colorado, y por tanto escuchado muchas historias, creo que los spaghetti-westerns eran en realidad más fieles a la vida en aquel entonces que el retrato que se da en los wésterns estadounidenses, en los que se presenta el Oeste como un lugar donde la ley y la justicia gobernaban, y no la venganza. Por otra parte, había muchas connotaciones religiosas, políticamente omitidas por las películas estadounidenses, mientras que los aspectos más crudos y duros se traducían en peleas callejeras con puños y armas, con la excepción de unas pocas, como, por ejemplo, Grupo Salvaje (The Wilnd Bunch, 1969) y la filosofía que mostraba Peckinpah en sus películas.

Robet Woods Starblack

Robert en una foto promocional de “Starblack”

Centrándonos en títulos concretos, en Starblack (1966) además de interpretar al personaje protagonista cantaste el tema principal de la banda sonora…

Después de terminar La batalla de las Ardenas, y a pesar del incidente que había pasado en Pistoleros de Arizona, hice dos películas más para Balcázar: Viva Carrancho/L’uomo che viene da Canyon City (1965) para Alfonso y Cuatro dólares de venganza/4 dollari di vendetta (1966) para Jesús. Tras esto me pidieron que fuera a Londres para hacer una audición de cara a un contrato discográfico. La música siempre había sido mi primer amor y conseguí un contrato con Phillips Fontana Records. Mi primer sencillo, “I Wish It Would”, saltó a las listas, por lo que comenzamos a buscar y escuchar canciones que podríamos usar para hacer un álbum. En general, era un trabajo pesado y aburrido.

Estando de gira por primera vez en Birmingham, recibí un cable pidiéndome que fuera a hacer una película en Yugoslavia para el director Gianni Grimaldi, producida por Paolo Moffa. Así que, en lugar de terminar la gira, rompí el contrato, tomé un tren hasta el aeropuerto de Heathrow y volé a Roma. Cuando llegué, me enteré de que la película se llamaba Starblack y, entre una pila de fotos, me permitieron elegir a la actriz protagonista. Escogí a Elga Andersen. Momentos después de firmar el contrato y recibir un adelanto, Paolo Moffa me pidió que escribiera la letra del tema y la cantara. Me pareció divertido, así que acepté. Entramos al estudio de grabación al día siguiente e hicimos el tema de Starblack en aproximadamente una hora y media. Justo después partimos de inmediato hacia Yugoslavia para rodar la película. Era una especie de película del Zorro, pero amaba Yugoslavia y a Elga, que era el amor de mi vida en ese momento. Tanto es así que terminó viviendo conmigo en Roma durante casi seis años.

El mismo año que ruedas Starblack conoces uno de tus primeros éxitos con 7 pistolas para los Mac Gregor, en el que interpretas un papel que inicialmente estaba previsto para Clint Eastwood, con el que creo que en esa época mantuviste una estrecha amistad. ¿Es así?

7 pistolas para los Mac Gregor fue una coproducción norteamericana con Columbia Pictures. Contrariamente a la creencia popular, no estaba previsto que Clint hiciera 7 pistolas para los Mac Gregor de Papi y Colombo[3]. Se suponía que debía hacer una secuela de Por un puñado de dólares interpretando el mismo personaje, pero, como él mismo me dijo, no le gustaba estar vestido con un poncho, sombrero y barba, por lo que decidió romper su contrato y regresar a los Estados Unidos para producir sus propias películas. Papi y Colombo se vieron obligados a vender su contrato a otro productor llamado Grimaldi, quien vino a Estados Unidos y le ofreció a Clint cien mil dólares por hacer “Por unos pocos dólares más”[4] (diría que muchos más) y Clint regresó cantando las alabanzas del poncho, el sombrero y la barba. Mientras tanto, Papi y Colombo comenzaron a poner en marcha otra película tras la marcha de Clint llamada 7 pistolas para los Mac Gregor y me contrataron para protagonizarla. En el tráiler original se vengaban de Clint declarando públicamente que estaban produciendo un wéstern aún mejor protagonizado por Robert Woods, un actor mejor que Clint (¡Oh, Dios mío!) y coprotagonizada por un conocido elenco europeo. Para mí, la apertura de ese tráiler fue totalmente vergonzosa. Es cierto que la película de Clint había sido la película más taquillera del mundo el año anterior, pero 7 pistolas para los Mac Gregor no tuvo nada que ver con su éxito. Sin embargo, Pistoleros de Arizona fue la coproducción que lanzó toda la época del spaghetti-western, ya que fue la primera coproducción wéstern entre Italia, España y Alemania que se vendió a la MGM en Estados Unidos. Se podría decir que encendí la mecha, pero Clint causó la explosión. Toda su serie también se vendió a la MGM. Así que ambos salimos ganadores.

Robert-Woods-Peco-Martinez

Robert Woods como Pecos Martínez

Entre los muchos personajes que encarnaste en este tipo de películas, quizás el más recordado sea el de Pecos Martínez, protagonista del díptico 2 once di piombo (1966) y Pecos è qui: prega e muori! [tv/dvd: Pecos y el tesoro de Moctezuma, 1967]…

El personaje de Pecos es uno de mis favoritos, ya que finalmente se había escrito un guion para un antihéroe mexicano. Como literalmente no había actores mexicanos en Italia, me honraron eligiéndome a mí para el papel principal. Insistí en que el maquillaje debía hacer que se me viera como un indio mexicano. Y aunque nunca me gustó hacer secuelas, hasta el punto de que rechacé participar en 7 mujeres para los Mac Gregor/7 donne per i Mac Gregor (1967), la secuela de Pecos era tan diferente a la original que acepté hacerla y la verdad es que fue una experiencia muy divertida.

Dentro de tus aportaciones a la temática, una de las más singulares es, sin lugar a dudas, La muerte llega arrastrándose/Hai sbagliato… dovevi uccidermi subito! (1972) de Mario Bianchi, que básicamente es un giallo desarrollado en el salvaje oeste…

Creo que el director fue increíblemente bueno en la forma en que hizo La muerte llega arrastrándose, excepto por lo largo del título y el presupuesto minúsculo. Era un giallo y, desafortunadamente y para mi gusto, a pesar del talento del director, no resultó ser un verdadero wéstern. Serpientes de goma… Lo siento.

Roberts Woods y Rosalba Neri en El puro

Robert y Rosalba Neri en una escena de “El puro se sienta, espera y dispara”

Otro de tus films muy apreciado por los aficionados es El Puro se sienta, espera y dispara/La taglia è tua… l’uomo l’ammazzo io (1969) de Edoardo Mulargia, que en la actualidad goza de un estatus de culto, entre otras cosas, por contener un beso entre dos de sus personajes masculinos. ¿Cómo fue tomada esta escena en su momento?

Mi reacción en el set fue suficiente para cortar el beso y El Puro fue estrenada sin esta escena en un principio. No fue hasta que se reestrenó la película que se añadió de nuevo la escena. De alguna manera funcionó y sirvió para que fuera una verdadera película de culto, aceptada por las masas. Se generaron invitaciones a festivales, presentaciones públicas, etc. Pero aunque no me gustaba esta idea en un wéstern, tengo que admitir que era tan inusual en ese momento y época que tuvo mucho éxito.

Según algunas fuentes, aparte de tu trabajo como actor participaste también en el guion de esta película. ¿Es cierto? ¿En qué consistió tu aportación?

El concepto con el que trabajamos en El Puro fue originalmente una especie de wéstern budista: el nacimiento, la muerte y el renacimiento de un pistolero. Mulargia no lo entendía al principio, pero era un director con mucho talento y lo manejó muy bien. Le echo de menos. Era un verdadero amigo.

Aparte de en El Puro se sienta, espera y dispara, ¿participaste en los guiones de otras de tus películas?

Moderadamente, a veces, según fuera necesario, pero no a menudo…

Cartel italiano de Un dólar y una tumba

Cartel italiano de “Un dólar y una tumba/La sfida dei MacKenna” (1970) de León Klimovsky, uno de los wésterns que Robert protagonizó junto a John Ireland

A lo largo de estos films trabajaste con frecuencia con actores como Fernando Sancho, John Ireland o Rosalba Neri. ¿Cómo era tu relación con ellos?

John y yo nos hicimos amigos íntimos en la vida real. Éramos grandes amigos y pasamos momentos memorables, dentro y fuera del plató. Para mi gusto, la química entre nosotros era perfecta en todo lo que hicimos. Fernando Sancho fue el primer actor español con el que trabajé y lo amaba. De hecho, me lo llevé a Roma para hacer Hypnos follia di un massacro (1967), donde interpretó a un homosexual, lo cual fue un gran cambio para él que le gustó hacer. Y también fue un amigo maravilloso a lo largo de los años. En cuanto a Rosalba Neri, fue una actriz increíblemente talentosa y una gran amiga. Trabajamos un par de veces juntos, y siempre me impresionó lo profesional que era. Uno de mis mejores amigos, Harry Cooke Cushing III, estaba enamorado de ella. Socialmente pasamos muy poco tiempo juntos, pero creo que nos teníamos un gran respeto.

Me gustaría que me hablaras de Demofilo Fidani, para el que protagonizaste Era Sam Wallash!… lo chiamavano… E Così Sia (1971) y con el que coincidiste en otras películas en las que él trabajaba como diseñador de producción. ¿Cómo era personalmente? ¿Y dirigiendo?

Cuando Demofilo era diseñador de producción me preguntó si haría una película dirigida por él. Vi el guion y acepté colaborar, ya que, si puedo, me encanta ayudar a la gente cuando está comenzando. Siempre lo he hecho. De todos modos, aparentemente la película se vendió bien y fue un éxito… y Demofilo estaba en su camino de convertirse en productor y director. Su esposa, Mila Vitelli, era una mujer maravillosa y una gran diseñadora de vestuario. Esta fue también la primera película de su hija Simonetta Vitelli (Simone Blondell). El presupuesto era tan bajo que interpreté al propio padre de mi personaje cuando es asesinado.

Robert en “Hypnos follia di un massacro”

Entre tus películas de la época fuera del wéstern, tengo especial debilidad por Hypnos follia di un massacro, que ya has mencionado. ¿Qué recuerdas de ella?

En esta película me encontré por primera vez con Paolo Bianchini y me encantó su trabajo como director. Mi personaje de cómic no me interesaba demasiado al término del filme, pero me gustó tanto Paolo que, cuando el productor Edmondo Amati me ofreció posteriormente la oportunidad de buscar un guion, un actor y un director para un nuevo wéstern, elegí a John Ireland y a George Rigaud para los papeles principales y a Paolo para escribir y dirigir la película. Evelyn Stewart fue la elección del Dr. Amati para la protagonista femenina, así como Claudi Lange para el papel del interés amoroso de Tarpas [el personaje interpretado por John Ireland]. Y así hicimos La ametralladora/Quel caldo maledetto giorno di fuoco (1968), que fue lanzada en Estados Unidos como Gatling Gun. Me encantó esta película y todavía lo sigue haciendo…

¿Cambiaba en algo tu forma de trabajar en estas películas pertenecientes a otros géneros con respecto a como lo hacías en los wésterns, donde, aparte de la labor interpretativa propiamente dicha, requerían además de un despliegue físico?

Sé que todo el mundo piensa que soy un vaquero porque crecí en un rancho en Colorado. Pero yo decidí que mi profesión fuese la de actor, así que no. Yo solo tenía que encontrar el personaje e interpretarlo. En el caso de Hypnos follia di un massacro Paolo me sirvió de guía en este sentido.

Por cierto, una curiosidad. En algunas películas eras acreditado como Robert Wood y en otras como Robert Woods. ¿A qué se debe este cambio en tu apellido? ¿Cuál es la forma correcta?

Este fue un error por parte de Alfonso Balcázar. Cuando fui al pase previo de Pistoleros de Arizona, mi primera película europea, me di cuenta de que habían escrito mal mi nombre, que es Woods. Protesté, pero hicieron oídos sordos, ya que toda la publicidad, los carteles y la película tenía mi nombre como Wood, sin la “s”. La película fue vendida en los Estados Unidos a la MGM y se convirtió en un éxito en Europa, por lo que me convertí en Robert Wood en siete u ocho películas. Incluso a mi amigo Giuliano Gemma, que ya era una estrella en Italia, le cambiaron su nombre a Montgomery Wood. Yo seguía insistiendo en que mi nombre no se escribía así, hasta que finalmente comencé a aparecer como Woods de nuevo. Recientemente han lanzado una tonelada de Blu-Rays de mis películas y por fin aparezco bien acreditado como Woods en casi todas estas versiones.

Countess-Perverse-Robert-Woods

Robert en un momento del film de Jesús Franco “Countess Perverse” (1974)

Coincidiendo con el declinar del wéstern europeo, a comienzos de los setenta mantienes una fecunda colaboración con Jesús Franco, trabajando a sus órdenes en media docena de películas en apenas tres años. ¿Cómo se produjo vuestro encuentro?

William Berger y Edmund Purdom me convencieron para ir a Barcelona de nuevo y hacer una película con ellos llamada Los ojos siniestros del doctor Orloff (1973). Cuando ellos regresaron a Roma, Jess me ofreció hacer otra película, que resultaron ser cinco o seis.

Suele decirse que Jesús solía rodar muy rápido, de forma casi improvisada y sin contar con un guion propiamente dicho. ¿Cómo fue tu experiencia con él a este respecto?

Para mí, la razón por la que colaboramos era porque pensaba que Jess era un genio. Sí, él podía hacer una película en menos de una semana, de manera casi improvisada, sin guion y diálogos improvisados ​​por los actores. Era capaz de confeccionar películas con inicio, nudo y desenlace que funcionaban en nada de tiempo.

Varias de las películas que realizaste con Jesús son de temática erótica, abundando los desnudos y las escenas de contenido sexual. ¿Cómo era el rodaje de este tipo de secuencias?

Tenía especificado en mi contrato que no rodaba ese tipo de escenas. Sí que permitía la desnudez, pero sin mostrar los genitales. Pero parece que al distribuidor en Francia no le importó un comino mi exigencia y se especializó en hacer versiones dobles. Eso sí, si se mostraron algunos genitales no fueron los míos. Así que sí, se puede ver que me desnudaba en una escena o alguna más, pero hasta ahí era lo que estaba dispuesto a llegar. Soy un actor, José… Tengo amigos que han interpretado obras de Beckett totalmente desnudos. Y no me importa si estoy desnudo, es un papel. En cualquier caso, con Jess hice un par de buenas películas: Al otro lado del espejo/Le miroir obscène (1973) con Emma Cohen, quien ganó el “Oscar español” por el ese papel[5], y La comtesse perverse que, aunque erótica de muchas maneras, me dio la oportunidad de lucirme como actor. Siempre pensé que Jess tenía una mente increíble. Fue grande en lo que hacía, siempre y cuando no se lo diera al distribuidor de París. Volví a Roma a causa de esas dobles versiones, pero no me arrepiento.

Al otro lado del espejo

Emma Cohen y Robert en una escena de “Al otro lado del espejo”

Hacia mediados de los setenta finaliza tu periplo como actor en Europa. ¿A qué se debió?

Volví a los Estados Unidos, a San Francisco, para producir una película llamada Bruce Lee, the Man, the Myth y cuando terminamos el rodaje vine a Hollywood para visitar a algunos de mis viejos amigos. Tenía la intención de volver a Europa, ya que, después de todo, Roma se había convertido en mi hogar. Pero, por azares del destino, gracias a mis amigos empecé a trabajar de nuevo, sobre todo en televisión —Kojak (Kojak, 1973-1978), La mujer policía (Police Woman, 1974-1978), etc.—, y me encontré con Susanna, mi alma gemela, de la que me enamoré. Así que me quedé. En aquel momento creía que sería por un tiempo, pero seguí trabajando, compré una casa, crié a mi hijo, hice que llegara a la Universidad y lo vi crecer y convertirse en un hombre muy eficiente con un trabajo increíble.

Y echando la vista atrás, ¿qué valoración haces de esta etapa de tu carrera?

Siempre he vivido mi vida, un pie delante del otro con una mente abierta, pero sin expectativas. Lo pasé muy bien jugando a indios y vaqueros, aprendiendo idiomas, y tratando de comprender y asimilar otras culturas viajando por todo el mundo. Henry Fonda tenía razón en algo que me dijo cuando hicimos La batalla de las Ardenas: fui realmente bendecido. Si me preguntaras cuáles son mis películas favoritas en las que trabajé, tendría que decir que casi todas. Traté de ser no solo el protagonista, sino que intenté encarnar los personajes que interpretaba en cada película de manera diferente. A veces funcionaba, a veces no, pero tenía una nueva familia en cada una de las películas que hice y siempre fue difícil decir adiós cuando terminaba el rodaje. Hay algunas películas muy cercanas y queridas para mí. Un bandolero llamado Black Jack [dvd: Black Jack] (Black Jack, 1968) es una de ellas, las dos películas de Pecos, La ametralladora y un par más: 7 pistolas para los Mac Gregor y, por supuesto, La batalla de las Ardenas. Incluso algunas de bajo presupuesto como Prega Dio… e scavati la fossa! (1968) y El Puro, entre otras. También hubo en las que traté de dar lo mejor de mí mismo y en las que, al final, tristemente, acabé decepcionado con el resultado. Los directores, la mayoría de ellos muy competentes, hicieron lo mejor que pudieron para que funcionasen también, pero dado con lo que tenían que trabajar, serpientes de goma, simplemente no podían hacer una montaña de un grano de arena. Una de esas películas fue Sei bounty killers per una strage (1973)…

Y saltando ya al presente, ¿en qué has trabajado últimamente?

Hace dos años me llamaron de nuevo de Europa para hacer una película en Calabria, con un director maravilloso, Renato Pagliuso, un maestro. La película se llama Racconto Calabrese (2016), donde interpreté a un fantasma en busca de la redención, y, según el periódico más importante de Italia, iba a ser nominado para un David, el equivalente italiano del Oscar. Me encantó esta película, la gente de Calabria y el lugar en sí mismo. El productor, de hecho, me ofreció una casa allí, pero tenía que volver a Estados Unidos para hacer una película llamada Of Fortune and Gold (2015) y no sabía si algún día iba a volver. Cuando regresé a los Estados Unidos, poco después de terminar la película que he mencionado, me diagnosticaron un cáncer de hueso, lo que requirió de una cirugía inmediata para eliminar una vértebra en la parte superior de la columna vertebral que había sido consumida por el cáncer. La buena noticia fue que la cirugía fue bien y se eliminó el cáncer. La mala noticia fue que la curación requerida por haberme abierto la columna para sustituir la vértebra por clavos y tornillos conllevaría como mínimo dos años. Sin embargo, mi cirujano me dijo recientemente que estaré “en la silla de montar” de nuevo en unos seis meses. Me curo con mucha rapidez, gracias a Dios. De hecho, hice una película hace unas pocas semanas; una adaptación de la obra de Edgar Allan Poe que se titula The Hypnotized Corpses y se basa en “El extraño caso del señor Valdemar”. Trata de mi personaje queriendo ser hipnotizado en el momento de su muerte, de modo que, si esto funcionara, podría contar a la gente lo que hay al otro lado… Es una buena película. De todos modos, me he mantenido relativamente ocupado, excepto por el interludio quirúrgico. Por ejemplo, el pasado diciembre regresé a Italia para hacer un programa de televisión llamado Stracult, presentado por Marco Giusti. La vida es buena… y cada vez se pone mejor.

José Luis Salvador Estébenez

Traducción: Tarik Amarouch García

Racconto Calabrese

Robert en una imagen de “Racconto Calabrese”

[1] Obra de Laurence Housman estrenada en 1934, acerca de la reina Victoria de Inglaterra.

[2] El título de esta película en la que Robert Woods debutó en el cine es Playas de Florida (Where the Boys Are, Henry Levin, 1960).

[3] Giorgio Papi y Arrigo Colombo eran los propietarios de Jolly Film, compañía que había producido la fundacional Por un puñado de dólares/Per un pugno di dollari (1964).

[4] Se refiere a La muerte tenía un precio, cuyo título original italiano es Per qualche dollaro in più, es decir, “Por unos pocos dólares más”.

[5] Se refiere al premio que el Círculo de Escritores Cinematográficos le otorgó en 1973 a Emma Cohen como mejor actriz por su interpretación en esta película.

Published in: on noviembre 22, 2019 at 7:12 am  Dejar un comentario  
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