Oleada de placer

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Título original: Ondata di piacere

Año: 1975 (Italia)

Director: Ruggero Deodato

Productores: Alberto Marras, Vincenzo Salviani

Guionistas: Franco Bottari, Fabio Pittorry, Gianlorenzo Battaglia, Lamberto Bava

Fotografía: Mario Capriotti

Música: Marcello Giombini

Intérpretes: Al Cliver (Irem), Silvia Dionisio (Barbara), John Steiner (Giorgio), Elizabeth Turner (Silvia), Saverio Deodato (niño en la playa)…

Sinopsis: Giorgio, un codicioso hombre de negocios, conoce, no por azar, a Barbara, una guapísima y muy interesante muchacha que le supone un reto a distintos niveles para ser otra de sus conquistas. Invita a la chica y a su compañero, Irem, a pasar unos días en yate con él y su mujer, Silvia. Una vez embarcados no tardan en manifestarse los juegos de dominio y las bajas pasiones.

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Oleada de placer (Ondata di piacere, 1975) comienza en una playa, con Irem (Al Cliver) cabeza abajo, “viendo el mundo al revés”, al tiempo que llega Barbara (Silvia Dionisio). Tenemos el escenario y la pareja protagonista de la cinta y, en las palabras del chico, sus pretensiones. Pasamos a conocer al matrimonio formado por Giorgio (John Steiner) y Silvia (Elizabeth Turner en uno de los pocos papeles destacados de su ya de por sí escasa filmografía). Él es un tipo que disfruta haciendo daño y piensa que este mundo es plenamente material, que todo tiene un precio y que puede comprarlo. Es un egoísta que sólo hace las cosas para su propio disfrute e interés; y un parásito, porque se permite ese tren de vida, de ostentación y excesos chupándole la sangre a Silvia, quien es realmente la adinerada. Ella asume su carácter de posesión de Giorgio, de objeto, y aguanta estoicamente las vejaciones y palizas que su marido le propina. Observados por Barbara e Irem, éstos se las arreglan para ser invitados por aquél a pasar unos días en su yate donde pronto dan comienzo los juegos de poder y las relaciones se van a poner muy tensas.

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Giorgio, acostumbrado a dar órdenes, a que todos estén bajo su yugo, pierde los nervios y el control cuando no es quien lleva el timón de la situación. Odia al proletariado, lo dice explícitamente. Algo que se hace evidente con uno de los cuadros que decoran la embarcación y cuando despide con total aplomo y sin ningún remordimiento a quinientos trabajadores sin más razón que la de obtener más beneficios económicos.

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Como en las películas de, pongamos, Alberto Cavallone, el sexo es poder; o, mejor dicho, tiene el poder quien manipula con el sexo a su conveniencia[1]. Giorgio somete a Silvia a sus caprichos sadomasoquistas -psicológicos y físicos-, pero en su empeño por acostarse con Barbara, por poseerla, sólo encontrará los hábiles esquivos de ésta, dejándole con la miel en los labios y sumiéndole en la desesperación, perdiendo ese dominio de la situación al que está acostumbrado. Ella se hace con las riendas para llevarlo al terreno que le interesa. Para sacar más aún de sus casillas al industrial sin escrúpulos, sus celos se desatan cuando Irem empieza a rondar a Silvia[2], hundiendo sus frustraciones en alcohol.

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Ruggero Deodato nos presenta en todo momento al personaje interpretado por el británico John Steiner como un ser ruin, despreciable, inmoral, corrompido por ese mundo de lujos donde el amor y demás sentimientos no tienen cabida. Es un producto propio del fuerte capitalismo resultante del milagro económico, donde las ansias de potestad no entienden de límites. Su sadismo/demostración de poder es constante, como cuando destroza delante de Barbara la morena que ha pescado haciendo submarinismo[3]. Culpable incluso del suicidio de un hombre, no le da la menor importancia. El director se pone desde el principio del lado de la pareja de vagabundos, Irem y Barbara -quienes saben muy bien qué están haciendo y dónde se están metiendo-, sin importar las pretensiones de éstos y la posibilidad de mezquindad en sus actos. En el mundo de estos dos chicos sí existe el amor, un amor propio de los jóvenes de los setenta de tantas y tantas producciones italianas del periodo. Ellos son libres, están juntos porque así lo han decidido de mutuo acuerdo y porque se aman, y su unión queda contrastada con la de Giorgio y Silvia, donde reina el machismo, no hay igualdad, y está institucionalizada por el matrimonio, reflejado éste como otra regla impuesta en un sistema justificado por las normas establecidas. Al final, aquéllos conseguirán su propósito: “ver el mundo al revés”. Un punto de vista, en este caso el del realizador, no muy distante del de su siguiente trabajo, el poliziesco Uomini si nasce poliziotti si muore [vd: Brigada anticrimen, 1976], igualmente con Silvia Dionisio en el reparto, por aquellos años compañera sentimental del director[4], y también producida por Alberto Marras y Vincenzo Salviani.

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Oleada de placer parte de un argumento de Gianlorenzo Battaglia -especializado en encargarse de la cámara en escenas subacuáticas- y de Lamberto Bava[5] -a quien el giallo le venía de cerca y de quien fue la idea del cuadro mencionado más arriba-, que sería desarrollado por Franco Bottari y Fabio Pittorry. Fue la primera incursión en el thriller de Ruggero Dedodato, que volvería a tantear el género en múltiples ocasiones[6]. En nuestro país se estrenó unos años tarde, ya amparada bajo la calificación “S” y distribuida por Filmax. Se desconoce edición videográfica en España de la misma -tampoco está disponible en DVD o Blu-ray-, aunque pudo ser vista por el medio catódico el veintisiete de agosto de 1993 en Tele 5 en su -añorado por tantos- espacio Erotissimo[7].

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Una trama con pasiones desatadas, traiciones y muertes de por medio, con dos parejas antagonistas de diferente edad y pertenecientes a clases sociales distintas, enfrentadas en juegos de sexo y poder y además con un yate como escenario, ya se había visto un par de años antes en las pantallas italianas en Tecnica di un amore de Brunello Rondi. Aunque – y a diferencia de Deodato- Rondi no se pone de parte de nadie, ni de los maduros burgueses acostumbrados a tenerlo todo, ni de los jóvenes sin valores ni más aspiraciones que querer aprovecharse de aquellos sin dar un palo al agua, y a todos les deparaba un final fatal, propio de la postura nihilista habitual en la filmografía de este realizador[8]. Pero además, en el giallo un yate servía como marco perfecto para la planificación de un asesinato -o más-, porque en el océano -como en el espacio- nadie va a poder oír tus gritos, y había sido un lugar ideal para matar -y morir- dentro del thrilling all’italiana[9] en títulos como Top sensation [vd: Top sensation,1969] de Ottavio Alessi, La flor de los pétalos de acero (Il fiore dai petali d’acciaio, 1973) de Gianfranco Piccioli, o Mia moglie, un corpo per l’amore (1973) de Mario Imperoli. En un yate aparece el primer cadáver “real” de Cinco muñecas para la luna de agosto (5 bambole per la luna d’agosto, 1970) de Mario Bava, y es el medio en el que llegan a la isla -que servirá de exótica cámara mortuoria- donde los protagonistas quedan a merced del/los asesino/s, al igual que en Interrabang (1969) de Gianni Biagetti y en Nove ospiti per un delitto (1977) de Ferdinando Baldi. Todos títulos plagados de gente guapa y bien saneada económicamente, tan ambiciosa como llena de odio y carente de prejuicios. El dinero como leitmotiv para quitar de en medio a quien haga falta -familia, amigos, amantes…-. Muertes en espacios idílicos a plena luz del día, en escenarios tan hermosos como solitarios, herederos del fundacional Orgasmo (1969) de Umberto Lenzi[10] -y éste a su vez de thrillers franceses como Las diabólicas (Les diaboliques, 1955) de Henri-Georges Clouzot, A pleno sol (Plein soleil, 1960) de René Clément o La piscina (La piscine, 1969) de Jacques Deray-. Y es en las coordenadas de estos sexy gialli, como los llamaba el propio Lenzi, donde se mueve Oleada de placer.

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La película fue realizada en 1975, el mismo año que la excepcional Rojo oscuro (Profondo rosso) de Dario Argento, pero también de Nude per l’assassino [vd/dvd: Desnuda ante el asesino] de Andrea Bianchi o El vicio tiene medias negras (Il vizio ha le calze nere) de Taro Cimarosa. Al igual que estas dos últimas, la cinta de Deodato se presta a la exhibición constante de desnudos y escenas amatorias donde, por supuesto, no falta la -casi- obligatoria escena lésbica entre las protagonistas femeninas de la función. Se impone una mayor importancia del erotismo en detrimento de los asesinatos, tanto en su número como en su ejecución -su liturgia-. El giallo empezaba a perder el tirón comercial que tuvo a comienzos de la década gracias al boom generado por Argento con El pájaro de las plumas de cristal (L’uccello dalle piume di cristallo, 1970), y el sexo se iba apoderando de éste y otros géneros de cara a llenar las butacas de las salas de cine, aprovechando la progresiva relajación censora tanto en Italia como en el mercado exterior. Desde su mismo título, con ese “de placer”, el film declara que el eros es la baza más importante; también la banda sonora de Marcello Giombini incide en ello, apartándose de los motivos más repetidos en el thriller.

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Según la crítica italiana, la edición que se estrenó su país difiere del montaje de la versión internacional, mostrando una y otra escenas distintas -como hiciera, nuevamente, Cavallone en la incómoda Afrika [vd: Afrika, 1973]-, aunque finalmente el mensaje de ambas venga a ser el mismo. Oleada de placer, una película muy propia de su tiempo, en forma, intenciones y trasfondo -pretendido o no-, es uno de los trabajos más olvidados de su responsable (y por su responsable, que no tiende a nombrarlo siquiera en las entrevistas que concede), pero que contiene las señas de identidad más reconocibles de su filmografía, incluido ese sadismo o crueldad tan característico que el propio Deodato -como ha confesado en múltiples ocasiones- aprendió de uno de sus maestros, Sergio Corbucci.

Alfonso & Miguel Romero

[1] El sexo -o más bien la libertad y variedad sexual- visto como un opiáceo para el pueblo propio de los sistemas capitalistas, para que la gente piense que es más libre y no entre en cuestiones de mayor importancia; así como comparar las relaciones de sexo con las de poder, fue habitual en la filmografía de algunos directores que formaban parte de los intelectuales militantes en la izquierda italiana en los tiempos del desarrollismo y los años de plomo. Se da continuamente en la filmografía de Cavallone, pero también en la de otros de sus paisanos como pudiera ser Brunello Rondi en trabajos como Le tue mani sul mio corpo (1970), Tecnica di un amore [tv/vd: Técnica de un amor, 1976], I prosseneti (1976) o Emanuelle viciosa (Velluto nero, 1976); o al último Pasolini con Saló o los 120 días de Sodoma (Sal`o le 120 giornate di Sodoma/Salò ou les 120 jours de Sodome, 1975).

[2] El reducido grupo de personas en un yate y el enfrentamiento generacional y de clases que se desata entre ellos ha hecho que se compare este film de Deodato con El cuchillo en el agua (Nóz w wdzie, 1962) de Roman Polanski, si bien, al contrario que el polaco, el italiano no pretende ahondar en las motivaciones de sus personajes, sino ofrecer un thriller de consumo, comercial, con sus dosis de suspense, violencia y sexo. Y hablando de Polanski, adaptando a Noel Pascal volvería a las tensiones sexuales en una embarcación con la menospreciada Lunas de hiel (Bitter Moon, 1992).

[3] Que recuerda bastante a Rocco -Petard Martinovich- abriendo una anguila ante una aterrada Greta -Barbara Bouchet- en Alla ricerca del piacere (1972) de Silvio Amadio, otra cinta donde poder, sexo, dinero y muerte van unidos de la mano en un entorno rodeado por el agua. Además, la muerte de este animal vivo nos anticipa las que seguirán en el que sería el taquillazo de Ruggero Deodato unos años después, Holocausto caníbal (Cannibal Holocaust, 1980).

[4] Al parecer, a Deodato le daba reparo pedirle a su compañera que hiciera según qué cosas frente a la cámara en el rodaje de Oleada de placer, aunque ella no ponía muchos reparos.

[5] Lamberto Bava trabajaría con Ruggero Deodato en tareas de asistente del director en tres ocasiones: Mundo caníbal, mundo salvaje (Ultimo mondo cannibale, 1977), El adiós de un campeón (L’ultimo sapore dell’aria, 1978) y la mencionada Holocausto caníbal.

[6] Dentro de sus trabajos en el thriller encontramos propuestas bien variadas. Así Concorde affaire ’79 [tv/dvd: Operación Concorde, 1979] venía a ser un cruce entre el giallo y la disaster movie (con la saga de Aeropuerto como claro referente); Trampa para un violador (La casa sperduta nel parco, 1980) seguía la estela de La última casa a la izquierda (The Last House on the Left, 1972) de Wes Craven, contando con David Hess para que prácticamente repitiera el mismo papel y estrenada también en España clasificada “S”; Camping del terrore [tv: Criatura diabólica; vd/dvd: Body count, 1986], de nuevo con Hess en el reparto, se apuntaba a la moda del slasher; en Bestia asesina (Un delitto poco comune, 1988) cruzaba El fantasma de la ópera con la entonces reciente versión de La mosca (The Fly, 1986) de David Cronenberg; mientras que el erotismo se apoderaba de Vortice mortale [tv/vd/dvd: La lavadora asesina,1993] realizada ya en los noventa.

[7] “Aberrante enredo de intercambios de pareja y placeres carnales. Y lo de aberrante no lo decimos por una cuestión moral, sólo es una cuestión de estética” fueron las palabras que le dedicaron a la película aquel día desde el diario “El País”.

[8] En Emanuelle Viciosa Al Cliver repite un papel similar al de la presente, encarnando a un joven hippie que, escudado bajo las consignas del “paz y amor”, no es más que un gigoló que quiere vivir a expensas de los burgueses. Una vez más Rondi retrataba a la juventud del flower power como unos vagos sin más horizontes en sus pretensiones que disfrutar sin dar golpe de los frutos que los demás han cosechado.

[9] Fuera de las fronteras transalpinas son igualmente múltiples y dispares los ejemplos de thrillers con yates en medio del gran azul, con el peligro acechando dentro del muy limitado espacio que les confiere la embarcación. Valgan citar Calma total (Dead Calm, 1989) de Phillip Noyce, con nacionalidad australiana, o la británica Donkey Punch [tv/vd/bd: Donkey punch: juegos mortales, 2008] de Oliver Blackburn. El film de Noyce está basado en la novela homónima de Charles Williams de 1963 publicada en España como La tormenta y la calma, que Orson Welles llevó a la pantalla en la inacabada The Deep (1970). También en España tenemos algún ejemplo, representado por El enigma del yate (1983), film dirigido por Carlos Aured sobre guion de Luis Murillo a mayor gloria de Silvia Tortosa.

[10] Y ya que mencionamos a Lenzi, también en Oleada de placer hay ecos de Un lugar ideal para matar (Un posto ideale per uccidere/Meurtre par intérim, 1971), en relación a su carga generacional y social.

Published in: on diciembre 4, 2019 at 7:14 am  Dejar un comentario  
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