Operación Reno

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Título original: Reindeer Games

Año: 2000 (Estados Unidos)

Director: John Frankenheimer

Productores: Marty Katz, Chris Moore, Bob Weinstein

Guionista: Ehren Kruger

Fotografía: Alan Caso

Música: Alan Silvestri

Intérpretes: Ben Affleck (Rudy Duncan), Charlize Theron (Ashley), Gary Sinise (Gabriel), Dennis Farina (Jack Bangs), Danny Trejo (Jumpy), James Frain (Nick Cassidy), Clarence Williams III (Merlin), Donal Logue (Pugh), Dana Stubblefield (Alamo) , Isaac Hayes (Zook)…

Sinopsis: Después de seis años entre rejas, Rudy Duncan sale de prisión esperando retomar su vida. Sin embargo una decisión equivocada, le llevará por el camino opuesto. Una chica y la banda de malhechores que comanda su supuesto hermano tendrán la culpa. El objetivo: atracar un casino la víspera de Navidad

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Un cuento navideño poco dickensiano. Resbaladizo, tramposo y repleto de giros. Se cruzan presidiarios, chicas peligrosas, truhanas facinerosos transitando cárceles, moteles, camiones, un casino en decadencia y escenarios nevados. Todos vienen a participar en lo mismo: los juegos del reno. Mienten, chantajean, fingen y sobreviven. Esas son las reglas. Una vez más el título que le colgaron en España le hace perder toda la gracia y sentido. Navidad entre hampones por la parte de atrás. En otras palabras, los recovecos que no suelen aparecer en las ficciones ambientas en esta época del año.

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Diciembre. Dos amigos comparten celda y algo más en una dura prisión. Están a punto de salir del trullo. Nick Cassidy (James Frain) espera encerrarse en un motel toda una semana con Ashley (Charlize Theron), una chica con la que se ha carteado. Un sueño demasiado bonito. A Rudy Duncan (Ben Affleck) no le gusta demasiado la Navidad: solo quiere tomar una taza de chocolate caliente con pastel de nueces y volver a casa para recuperar la vida familiar. Otra quimera que ayuda a seguir adelante en un ambiente hostil donde los juegos del reno no se tercian (o quizás sí). Y así sucede. En una bronca tumultuosa Nick muere al defender a Rudy de una vendetta sin sentido. La salida de prisión alivia, pero comienzan los problemas. Rudy, al ver a Ashley que espera al finado compañero, duda y toma el camino erróneo. Puede disfrutar de dos pasteles lo que le desvía del regreso a su particular Ítaca. Comienzan los auténticos juegos del reno.

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En paralelo nos viene a la memoria Detour [dvd: Detour, Edgar G. Ulmer, 1945]. Allí el futuro de Al Roberts estaba predestinado desde el principio contando su fatídica historia en flashbacks. Aquí el destino de Rudy Duncan no lo conocemos de manera fehaciente, si bien unos cadáveres tiroteados disfrazados de Papa Noel han ilustrado los primeros planos del film. Lo peor está por llegar aunque los protagonistas de ambas obras casi lo han pasado. Cuanto más avanzan en su decisión de ir a su destino más se alejan de su fin, atrapados en una realidad que no pueden controlar.

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La segunda mano en los juegos del reno la reparte la banda de malhechores liderada por Gabriel (Gary Sinise), el, en apariencia, hermano muy cariñoso de Ashley. Entre cartas románticas apareció la información de que Nick trabajó en un casino y como los ladrones no son gente muy honrada (entre ellos encontramos a Danny Trejo, Clarence Williams III y Donal Logue), quieren aprovechar su oportunidad. Rudy, que no es Nick pero ha interpretado su papel, tiene que decidir si seguir jugando o pasar las navidades bajo tierra con un tiro en la cabeza. La trama se complica y se va enredando. Nadie es lo que parece y quien parece controlar el juego quizás solo está envidando.

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Tercera mano. Comienzan las tretas. Rudy-Nick habla e informa sobre el interior de un casino que nunca ha visitado e incluye la guinda de una caja de seguridad oculta en el despacho de dirección con dinero no muy limpio (el director lo interpreta el genial Dennis Farina). Se monta un plan de robo pero nuestro protagonista sabe que no puede ganar e intenta abandonar la partida. Ashley se muestra ambigua y sus reacciones algo misteriosas. Rudy intenta escapar en dos ocasiones. La primera tras una visita diurna al casino que acaba con daños colaterales. La segunda en el motel donde se refugia la banda, en cuyo tránsito averigua lo que la verdad esconde. En ambos casos la mano de Frankenheimer se muestra diestra y muy vigorosa superando las incongruencias que el libreto ha ido desarrollando. Todo parece forzado pero en manos de un cineasta de su fuste la narrativa nunca descarrila. Se beneficia de los encuadres y del inteligente uso de un espacio fílmico siempre acotado.

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Cuarta mano. Toma el dinero y corre. Los asaltantes han fingido una profesionalidad que a la postre resulta falsa. Delincuentes de poca monta fingen sus debilidades con violencia y poses de tipos duros. El robo es en Nochebuena. El casino casi vacío (al borde de la ruina) recibe la extraña visita de un grupo de Papa Noeles que no traen regalos. El atraco es un desastre. Los engaños salen a la luz, estalla un rimbombante tiroteo y los muertos empiezan a decorar en rojo el tapiz blanquecino. Ashley abandona su rol de chica mona para convertirse en viuda negra. Roban lo que pueden aunque no lo que quieren. De paso desencadenan un baño de sangre. Esta baza se resuelve con dinamismo, acción directa y mucho oficio. Y regresamos al principio del juego porque la partida tiene que acabar.

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Última mano. Las cartas ya están sobre la mesa. Pero de los jugadores no nos fiamos porque todos son tahúres, algunos más inteligentes que otros. Gabriel cree tener póker de ases, pero se queda en apenas trío por confiar en quien no debe. Ashley lleva realmente la partida. Bueno, no es cierto, porque hay una sorpresa final muy artificial que rellena como puede los agujeros de la trama. Una característica habitual de los thrillers del periodo, alguno de ellos también escrito por Ehren Kruger. Fuego, sangre, nieve y alguna explosión para iluminar el decorado. Sobrevive quien menos oportunidades tenía.

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Epílogo. Rudy ya no es Nick. Ahora es Santa Claus con un uniforme ensuciado imbuido de un inesperado espíritu navideño que va repartiendo de camino a casa algo de felicidad monetaria entre los habitantes de la América más olvidada (mientras suena de fondo “The Little Drummer”). El reno ha jugado su mejor mano. Y aquí Ben Affleck sonríe y lo hace con gracia, reflexionando sobre su deseo hecho realidad: “Lo único que quiero es volver a Sidnaw. Sentarme para la comida de Navidad. Ver partidos de futbol con mi viejo. Dormir en mi cama de siempre y comer sobras durante seis meses. Comer un poco de ese pavo de Navidad… Como decía antes, nunca me han gustado demasiado las Navidades. Hasta ahora”. Fin del juego.

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Ben Affleck y Charlize Theron conversando con John Frankenheimer durante el rodaje de “Operación Reno”

Último trabajo realizado para la gran pantalla del indómito John Frankenheimer, Operación Reno (Reindeer Games, 2000) reúne una serie de consideraciones, dentro y fuera de la ficción, que han acabado definiendo su adversa valoración[1]. Nada nuevo por otra parte. Su llegada a las pantallas fue esquiva, distante y casi de relleno, a pesar de no ser ese su principal objetivo. Emprendido como thriller noir con toques de acción a mayor gloria de Ben Affleck para su estreno en épocas navideñas, acabó fuera de temporada por las dudas que tuvo la productora Miramax, aquí usando su filial Dimension (dedicada especialmente al terror juvenil). La película contó con la repentina llegada del veterano director norteamericano para darle cierto empaque, algo que logró si bien con las deficiencias del artificioso libreto. Hay obras parecidas en la filmografía del cineasta con ciertas similitudes pero de las que salió con mejor fortuna, como fue el caso de Tiro Mortal (Dead Bang, 1989). No olvidemos que Frankenheimer en los años noventa obtuvo un mayor reconocimiento por sus trabajos televisivos que por su labor cinematográfica, si bien Ronin (Ronin, 1998) había supuesto una elogiable recuperación en este campo. De hecho, el director aceptó el ofrecimiento de Miramax dado que su nuevo proyecto para la pequeña pantalla estaba sufriendo retrasos. Nos referimos al estimable Camino a la guerra (Path to War, 2002), inesperada despedida del cineasta.

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Operación Reno es un encargo bien hilado, no a la altura de sus obras mayores, pero con su sello personal en diversos momentos, lo que la distingue de una desleal y poco provechosa competencia. En última instancia, Frankenheimer hace su particular juego del reno deslizando una mano en apariencia intrascendente dirigida al público juvenil, si bien con los resortes de una mirada adulta sobre las motivaciones humanas y sus singulares decisiones en situaciones adversas. Los personajes y sus características están bien construidos, las secuencias de acción perfectamente definidas e ilustradas y la intriga, aunque forzada, dignamente mantenida. Resuelve en la medida de lo posible las carencias del casting con efectividad y discreción, haciendo que brillen todos sin que se note demasiado. En definitiva, un thriller a la vieja usanza según modelos pretéritos reconvertido, en última instancia, en irónico cuento navideño.

Fernando Rodríguez Tapia

[1] Existe un montaje del director que amplía el metraje a las dos horas remontando alguna de las secuencias del film y alguna escena nueva.

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