El castigo

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Título original: La punition/La punizione

Año: 1973 (Francia, Italia)

Director: Pierre-Alain Jolivet

Productores: Jean Bolvary, Raymond Danon, Roland Girard

Guionistas: Richard Bohringer, Pierre-Alain Jolivet, según una novella de Xavière

Fotografía: Bernard Daillencourt

Música: Bookie Binkley

Intérpretes: Karin Schubert (Britt), Georges Géret (Manuel), Amidou (Raymond), Claudie Lange (Françoise), [Marcel] Dalio (el libanés), Anne Jolivet (Gloria), François Leccia (el sacerdote), Jean Lescot (el ingeniero), François Maistre (el promotor)…

Sinopsis: Britt, prostituta de lujo, es castigada por el dueño de un burdel por no dejar del todo satisfecho a un cliente. La chica es encerrada en una sucia habitación de un apartado hotel, y a partir de entonces deberá obedecer los deseos de los clientes más crueles.

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“Aunque parezca mentira la cosa va a peor. Una de perversiones sádicas en las carnes de un putón desorejado y unos mafiosos fuera de sí. Muy fuerte”. Esa era la crítica no de La Razón ni de El Mundo, sino del diario El País cuando Tele 5 emitió El castigo (La punition/La punizione, 1973) la madrugada del sábado cinco al domingo seis de junio de 1993 en su espacio “Erotissimo”[1]. Leyendo esto uno no podía sino interesarse por el film, más aún cuando la protagonista era la germana Karin Schubert.

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Desde finales de los sesenta y sobre todo durante los setenta, ante la progresiva relajación de la censura en los diferentes países y con la pornografía tratando de salir de la marginalidad, se dio por medio mundo un boom en la producción y distribución de cine erótico. En Francia, concretamente, triunfa Emmanuelle (Emmanuelle, 1974), del esteta Just Jaeckin, con un erotismo refinado y supuestamente feminista que gustó incluso a las mujeres, consiguiendo un éxito internacional con esta adaptación del libro de Emmanuelle Arsan (Marayat Rollet-Andriane). El mismo Jaeckin daría en el clavo al trasladar al año siguiente a la pantalla “Historia de O” de Dominique Aury (Pauline Réage), convirtiendo de paso a su protagonista, Corinne Cléry, en una sex symbol al igual que había hecho con Sylvia Kristel en Emmanuelle[2].

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En el país vecino -al igual que en buena parte de Europa, léase Alemania, Italia…- se dio una inclinación por el lado más perverso del eros. No en vano contaba en la tradición literaria con los dos pilares fundamentales que conforman De Sade y Von Masoch. Así, desde tierras gabachas llegaron a los patios de butacas títulos turbulentos como Maîtresse (Amante, querida, p…) (Maîtresse, 1975) de Barbet Schroeder, Mais ne nous délivrez pas du mal (1971) de Jöel Séria, los delirios fílmicos del escritor Alain Robbe-Grillet, el particular erotismo del polaco Valerian Borowicz, o las sadianas propuestas de un exiliado Jesús Franco. Igualmente, Francia anduvo metida en coproducciones -las más de las veces con Italia- en títulos tan provocadores y amargos como Tamaño natural/Grandeur nature/Leife Size (Grandezza naturale) (1974) de Luis García Berlanga –en este caso también con participación española-, La gran comilona (La grande bouffé/La grande abbuffata, 1973) de Marco Ferreri, o Saló y los 120 días de Sodoma (Salò o los 120 giornate di Sodoma/Salo ou les 120 journées de Sodome, 1975) de Pier Paolo Pasolini. También en régimen de coproducción entre estos dos países se llevó a cabo la cinta que aquí nos interesa, El castigo, cuarto y penúltimo trabajo para el celuloide del poco prolífico realizador Pierre-Alain Jolivet, recordado principalmente por su adaptación en 1969 de la obra de Fernando Arrabal El gran ceremonial (Le grand cérémonial, 1963), donde el que fuera miembro del grupo Pánico interpretara un pequeño papel.

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A pesar de ser una coproducción entre Francia e Italia, el peso del país galo es muy superior, predominando ese estilo de erotismo lánguido y afrancesado tan propio de aquellos años. Basada en la autobiografía de una prostituta a la que le hicieron los cambios pertinentes, como su dramático final, el film se mueve entre el thriller erótico y el drama, entre la pura explotación y el cine de autor. Rodado principalmente en interiores, el director hace uso de colores agresivos y brillantes, sobre todo en la escena inicial de la fiesta, a la que regresaremos después de un largo flashback. La protagonista es una chica consentida que, al no satisfacer a un cliente, será encerrada en la habitación de un viejo hotel en las afueras de la ciudad y sometida a todo tipo de vejaciones por parte de unos hombres tan retorcidos como poderosos e influyentes en la sociedad. Ello le servirá a Britt de escarmiento a la par que de iniciación en el reverso más duro del sexo[3]. Humillada desde que es recluida, la fémina es despojada de sus ropas, desnuda al igual que el cuarto/prisión en el que la encierran, donde tan sólo hay un armario -con los utensilios sexuales para los clientes- y una vieja cama asimismo desnuda, sin ni siquiera un colchón para que la chica pueda descansar sus maltrechos huesos. Hojas secas se expanden por todo el suelo. La situación es aún más agobiante debido a los continuos gritos de terror y desesperación de la muchacha de la estancia contigua.

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El de Britt fue uno de los pocos papeles principales que encarnó Karin Schubert, generalmente relegada a roles secundarios, cuando no de reparto, eso sí, a menudo bastante ligerita de ropa. Llama la atención que, dentro de su filmografía, la cinta que nos ocupa se encuentra entre dos comedias ligeras como la decamerónica La pícara y ardiente Ubalda (Quel gran pezzo della Ubalda tutta nuda e tutta calda, 1972), de Mariano Laurenti, y el film del oeste Todos para uno, golpes para todos/Tutti per uno botte per tutti/Alle für einen – Prügel für alle (1973), de Bruno Corbucci[4]. Tras una extensa carrera en el cine de género, se dice que su frívolo way of life junto a una maltrecha situación económica hizo que aceptara en 1985, ya siendo madurita, aparecer en la producción porno Morbosamente vostra, de Andrea Bianchi, iniciando con este título una nueva etapa que se prolongaría hasta mediados de los noventa. Algo mayor pero aún hermosa, a partir de entonces se abrió paso en el mundillo del cine para adultos, principalmente en Alemania e Italia. Ya retirada totalmente de las pantallas y agobiada por los problemas con las drogas de su hijo, la actriz trató de suicidarse por entonces en un par de ocasiones, para después pasar al olvido.

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Junto con la teutona, otro de los roles principales del film que nos ocupa es el de Raymond, el despótico “dueño” de las chicas, papel que recae en el marroquí Amidou, cuya extensa carrera cinematográfica se desarrollaría mayormente en Francia, aunque sin olvidar su participación en conocidos títulos norteamericanos. Visto en producciones de éxito como Ronin (Ronin, 1998) de John Frankenheimer, Reglas de compromiso (Rules of Engagement, 2000) de William Friedkin, o Juego de espías (Spy Game, 2001) de Tony Scott, destaca sin embargo entre sus trabajos para los USA su intervención en Carga maldita (Sorcerer, 1977), remake a cargo del citado Friedkin de, precisamente, un film galo, el magnífico El salario del miedo (Le salaire de la peur, 1953), del maestro Clouzot.

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El castigo, al igual que la mayoría de los títulos con contenido erótico citados más arriba, aterrizaría en las carteleras españolas de forma tardía -se estrenaría en Madrid en enero de 1981- y amparada bajo la clasificación “S”, conllevando el ninguneo por parte de la crítica cinematográfica. Diferente situación con respecto a la de las distintas producciones que desde Francia nos han ido llegando de un tiempo a esta parte y que combinan cine de autor con provocación -como cabría aquí citar Romance X (Romance, 1999), de Catherine Breillat, Irreversible (Irréversible, 2002) de Gaspar Noé, Joven y bonita (Young & Beautiful, 2013) de François Ozon, o El desconocido del lago (L’inconnu du lac, 2013) de Alain Guiraudie-, que se proyectan en salas de versión original y cuentan con (al menos buena parte de) los críticos apoyándolas.

Alfonso & Miguel Romero

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[1] La misma emisora volvería a programar esta película poco más de un año después, en la madrugada del viernes cinco al sábado seis de agosto de 1994, a horas aún más intempestivas. El País declararía en esta ocasión: “Una película erótica realmente dolorosa, es una interminable sesión de sadomasoquismo. Un bodrio”.

[2] Kristel y Jaeckin coincidirían de nuevo en 1981, esta vez en una traslación a la pantalla de la famosa novela de D.H. Lawrence “El amante de Lady Chatterley”, con la Cannon de por medio.

[3] La iniciación en el sexo como ritual, con preferencia por la sumisión y el sadomasoquismo, se encuentra en las grandes obras de la literatura erótica, sobre todo francesas. El cine de los setenta, desde muy diferentes países y culturas, nos brindó incontables ejemplos, ya fueran softcores o desde el naciente -y mejor- porno. En Francia el tema no desaparecería, baste recordar el hit del triple X de 1994, dirigido por Marc Dorcel, Le parfum de Mathilde [vd/dvd: El perfume de Mathilde] -con la colaboración sin acreditar de Jean Rollin-, que se alzaría con no pocos premios por los distintos festivales en los que se presentó.

[4] Spaghetti-western cómico, en la estela iniciada por la saga de Trinidad, que viene a ser una versión libérrima de Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas, aprovechando incluso la moda de las artes marciales. La Schubert aparece bañándose desnuda, escena censurada en su día en las copias españolas y recuperada en los últimos pases televisivos.

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