Creepshow (1ª temporada)

Creepshow-Poster

INTRODUCCIÓN por José Manuel Sarabia

Las tiras de cómic de los suplementos dominicales de los periódicos estadounidenses de las décadas de los años veinte y treinta del siglo XX tuvieron una amplia aceptación por parte de los lectores, mayores y pequeños, de aquella época. No es de extrañar que, en algún momento de la historia, alguien tuviera la brillante idea de imprimirlas y recopilarlas dentro de una misma revista con objeto de venderlas a un precio módico y asequible al bolsillo de potenciales clientes. Ese alguien tenía nombre apellidos y se le conoció como Max Gaines, editor considerado como el padre del cómic moderno. Aficionado como era a las tiras cómicas, fue el artífice de publicaciones que hoy día se consideran como los comic-books primigenios, tales como Funnies on Parade o Famous Funnies. El éxito alcanzado por su invento le llevó a fundar en 1938, junto a su compañero Jack Liebowitz, la All-American Publications, editorial desde la cual se comenzaron a publicar las primeras aventuras de populares súper héroes como el más rápido que el rayo Flash, el policía espacial Green Lantern o la mujer maravilla popularmente conocida como Wonder Woman.

Max Gaines
Max Gaines

Sin embargo, nada de ello interesaba a Gaines. Su concepto del cómic era más trascendental, iba más allá del mero entretenimiento teniendo una idea más pedagógica del medio. Es así como decidió vender a los propietarios de la National Publications (la pre-DC Comics del momento) la parte de su negocio que no le llenaba, es decir, la de los personajes en pijama que combatían el crimen y la maldad, para crear un nuevo sello que respondería al nombre de Educational Comics. Allí se editarían nuevos títulos de índole más didáctica en la que se contaban desde historias bíblicas (Picture Stories from the Bible) a importantes acontecimientos históricos del país de las Barras y las Estrellas (Picture Stories from American History). Una nueva orientación del negocio que no le fue mal. Sin embargo, la tragedia se mascaba y estaba a la vuelta de la esquina. En agosto de 1947, Gaines fallecía en un accidente marítimo y su hijo, William, se vio forzado a hacerse cargo de la empresa de su padre.

Bill Gaines
Bill Gaines

Bill Gaines, 25 años, estudiante de químicas. El negocio familiar, los cómics y las temáticas que fascinaban a su progenitor no le interesan en absoluto. Sin embargo, las circunstancias lo obligan a ponerse al frente y, tras un periodo de aprendizaje junto a Al Feldstein (dibujante, guionista y también editor de algunas de las colecciones de la casa), logrará revolucionar el medio de los cómics gracias a sus publicaciones de terror, muy populares en la primera mitad de los años cincuenta del pasado siglo. Al no comulgar con la idea del arte secuencial como herramienta docente que tenía su padre, lo primero que hizo fue cambiar el nombre de Educational Comics por el de Entertaintment Comics. Más acorde a su concepto. A su vez, Bill fue sustituyendo los cómics educativos por otros de temática policiaca y bélica, más cercanos a su idea de cómic como entretenimiento. No obstante, pese a las buenas ventas, tampoco estaba muy conforme con el producto final que su compañía ofrecía.

The Crypt of Terror

Es por ello que, tras un intercambio de ideas con Feldstein, ambos dieron con la clave. Aficionados como eran al género del horror, decidieron trasladar a las viñetas un tipo de publicaciones parecidas a los seriales radiofónicos que los fascinaron cuando eran niños. Seriales como Lights Out o The Witch’s Tale, donde un narrador común presentaba una serie de narraciones de terror con las que meter miedo en el cuerpo a todas esas familias americanas que se reunían en torno a un transistor con objeto de sentir el entusiasmo y los escalofríos de góticos relatos de horror. Lo cierto es que no perdían nada por intentarlo y de esta manera introdujeron el concepto, poco a poco, en sus publicaciones. El éxito y la aceptación por parte de los lectores fue tan positiva que decidieron renombrar todas sus colecciones (Crime Patrol, War Against Crime!, Gunfighter) por las archiconocidas The Crypt of Terror (rebautizada muy poco tiempo después como Tales from the Crypt), The Vault of Horror y The Haunt of Fear. Títulos que tenían como común denominador el recopilar historias de terror de seis u ocho páginas, ficciones con trágico final no exento de moraleja, donde un terrorífico anfitrión -rompiendo siempre la cuarta pared entre el lector y él mismo- presentaba con sorna los distintos relatos contenidos en su interior. Así es como The Old Witch era la anfitriona de The Haunt of Fear y el Vault-Keeper hacia las veces en la publicación The Vault of Horror. Resta nombrar al, sin duda alguna, más popular entre muchos de nosotros gracias a su traslación a la realidad tangible, por obra y gracia del maestro de los efectos especiales Kevin Yagher, para la homónima serie de televisión de la década de los noventa, el Crypt-Keeper, perpetuo habitante de la colección Tales from the Crypt. Todas estas historias auto conclusivas mantenían un similar esquema donde sus protagonistas, despreciables representantes del peor lado de la naturaleza humana, suelen ser víctimas, siempre de la forma más macabra y truculenta posible, de una especie de justicia poética tras haber perpetrado algún crimen o fechoría.

ec comics

La Entertaintment Comics, conocida como EC Comics por todos los aficionados a las viñetas, tuvo su momento de esplendor en la primera mitad de la década de los cincuenta. Entre su plantilla habitual de artistas se encontraban muchos de los que hoy son considerados como maestros del medio. Nombres como los de Wally Wood, Jack Davis, Graham Ghastly Ingels, Will Elder, Frank Frazetta, Joe Orlando, John Severin, Al Williamson o Basil Wolverton, entre muchos otros. A diferencia de las editoriales competidoras, se reconocía la autoría de los autores y se les remuneraba generosamente. Su éxito fue considerable entre el público juvenil y desde EC siempre se fomentar la interactividad con sus lectores con iniciativas como el E.C. Fan-Addict Club, el típico club de fans al que los chavales podían suscribirse por una módica cuota recibiendo a cambios todo tipo de chucherías tales como un carnet, un pin, un parche para coser a cualquier prenda, además del boletín del club, donde se daban facilidades para intercambiar cómics con otros miembros y la editorial establecía contacto con ellos para tomar en cuenta cualquier idea o sugerencia. Algo que el icónico Stan Lee recuperaría para su Marvel Comics una década después.

Fredric Wertham
Fredric Wertham

Desgraciadamente, este periodo de plenitud duró poco. El 19 de abril de 1954 aparecía el libro “La seducción de los inocentes” escrito por el doctor en psiquiatría Fredric Wertham. El ensayo formaba parte de la particular “caza de brujas”[1] de este señor, principalmente con el cómic en su punto de mira. En sus páginas, Wertham culpaba al noveno arte de prácticamente todos los males de la sociedad americana, culpabilizando en primera instancia a los tebeos de súper héroes para no dejar títere con cabeza en lo que respecta a las publicaciones que la EC Comics (y sus imitadores) editaban. ¿El resultado? La creación de un órgano, el “Comics Code Authority”, una herramienta de censura aprobada por un Subcomité del Senado para la Delincuencia Juvenil, bajo la cual los cómics debían ceñirse a unas estrictas normas para sus contenidos, prohibiéndose así la representación gráfica de la violencia o temática sexual (ésta última prácticamente inexistente en ese tipo de publicaciones conviene aclarar) en sus viñetas y portadas. Todo aquel que no se amparase bajo dicho código sufriría graves restricciones de distribución. Así es como la EC Comics fue desapareciendo progresivamente hasta perder su prevalencia en el mercado (tan sólo su revista satírica MAD fue capaz de sobrevivir).

Cabeceras EC

Pero la influencia y el legado de las famosas publicaciones de terror de la EC Comics ha perdurado a lo largo del tiempo. Diez años después aparecería la no menos popular revista de horror de Warren Publishing, Creepy. En blanco y negro y formato magazine (para saltarse el “Comics Code”, que sólo se aplicaba a los comic-books) ofrecía lo mismo que sus predecesoras teniendo un éxito similar ya que, a rebufo de éste, aparecerían otros títulos como Eerie y Vampirella. Todo ello para el deleite de aquellos que disfrutaron de las publicaciones de Gaines sólo diez años antes. Y esto era muchísima gente teniendo en cuenta de que las tiradas eran de unos tres millones ejemplares, sólo para el mercado norteamericano y anglosajón. De esta forma, el legado del Guardián de la Cripta y su repugnante familia de ghouls, conocidos como los “GhouLunatics”, ha pervivido por los tiempos de los tiempos, ya sea en la mente de muchos creadores que crecieron y formaron su criterio con dichos cómics, o con diversos proyectos cinematográficos o series de televisión tomando definitivamente el relevo y haciendo suyo ese mismo espíritu que la EC Comics enarboló como bandera. No es de extrañar que, de entre todos aquellos niños que pasaban absortos las páginas de esos comic-books repletos de macabras narraciones, se encontraran dos de las figuras más influyentes del horror, dos auténticos Maestros del Terror como son George A. Romero y Stephen King.

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George Romero y Stephen King

Lo cierto es que sobran las presentaciones, pero es indudable la importancia del tristemente desaparecido George A. Romero en lo que al género de terror y fantástico se refiere. El neoyorquino -de ascendencia española[2]– siempre será recordado por ser, junto a su -por aquel entonces- compañero de fatigas John Russo, el padre del zombi moderno, del muerto viviente antropófago que originó uno de los fenómenos más impactantes de la cultura pop moderna. Sin embargo, pese a que consagró su vida a fraguar toda una saga[3] consagrada a estos lentos y hambrientos caminantes ávidos de la carne fresca de los vivos -sentando las reglas para todo el maremágnum de producciones y explotaciones posteriores-, Romero tiene en su haber cinematográfico otras tantas películas que quizás no alcanzaron las cotas de popularidad de La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968) o Zombi (Dawn of the Dead, 1978), pero que son totalmente reivindicables o al menos en la opinión de aquel que suscribe estas palabras. Entre esos otros trabajos encontramos la cinta que lo asoció con King, autor que tampoco precisa de mucho prolegómeno debido a que es uno de los escritores más importantes y prolíficos del género.

creepshow

De sobra es conocido que ambos se profesaban una mutua admiración y no dejaban pasar oportunidad alguna para elogiar sus respectivas creaciones en público e intentaban de cualquier forma poder colaborar juntos. Indicio de ello es la participación del escritor de Maine en la cinta de Romero Los caballeros de la moto (Knightriders, 1981). Es por ello que, tras un primer intento frustrado de Romero para dirigir la miniserie televisiva El misterio de Salem’s Lot (Salem’s Lot, Tobe Hooper, 1979) y la posterior imposibilidad de llevar a cabo una más que faraónica adaptación de la no menos fastuosa novela “The Stand” del artífice de “El resplandor”[4], ambos pudieron, con la inestimable ayuda del productor Richard P. Rubinstein, levantar un proyecto conjunto titulado Creepshow (Creepshow, 1982), un con el que quisieron rendir un sentido homenaje a aquellas publicaciones de terror que fascinaron a ambos en su infancia/adolescencia; es decir, los cómics de la EC con los que comenzábamos este texto.

Creepshow-Barbeau

La traslación al celuloide de publicaciones como Tales from the Crypt, presenta cinco relatos independientes unidos por otro como hilo conductor, donde un niño (un jovencito Joe Hill, el hijo de mayor de King) que es castigado por su padre (el genial Tom Atkins) por leer tebeos de terror, recibe la visita del terrorífico Creepy, un narrador/anfitrión a imagen y semejanza de los “GhouLunatics” de la editorial de William Gaines. A diferencia de productos de la Amicus Films como Condenados de ultratumba (Tales from the Crypt, Freddie Francis, 1972) que sí lo hacían, King decidió no adaptar ninguna historia de la popular colección de cómics y sí dos de sus relatos cortos (“The Crate” y “Weeds”, titulada posteriormente como “The Lonesome Death of Jordy Verrill”), además de escribir el resto, con lo que se estrenaría tanto como guionista de cine como también actor, ya que protagonizaría uno de los segmentos. Junto al King actor, en la película también encontramos otras caras conocidas como las de Ed Harris, Ted Danson, Adrienne Barbeau o Leslie Nielsen. Creepshow obtuvo un éxito lo suficientemente satisfactorio para sus responsables que generó, además de una adaptación al cómic ilustrada por un impresionante Bernie Wrightson, dos secuelas más, la primera muy recordada por los fans gracias a la adaptación del relato de King “La balsa”, y la posterior creación de la serie Cuentos desde la oscuridad (Tales from the Darkside, 1983-1988), producida por Romero y donde pudo colaborar, además de con el autor de “Carrie”, con escritores como Clive Barker o Robert Bloch.

Greg Nicotero
Greg Nicotero

Pocas noticias podrían hacer más felices a los aficionados al terror que la que saltó durante el verano de 2018 cuando se anunció que el mítico maestro de los efectos especiales Greg Nicotero, fundador junto a sus compañeros Robert Kurtzman y Howard Berger de la KNB EFX Group[5], estaba en proceso de convertir Creepshow en una serie de televisión para Shudder, el servicio de transmisión en streaming de AMC. Según las propias palabras de un entusiasmado Nicotero, “Creepshow es un proyecto muy cercano a mi corazón. Es uno de esos títulos que abraza el verdadero espíritu del terror… las emociones y escalofríos celebradas de sus auténticas formas artísticas; ¡el cómic traído a la vida! Me honra continuar esta tradición siguiendo el espíritu en el que fue creada[6]. Cada episodio de la serie, seis en total, cuenta con dos historias totalmente originales escritas por figuras como las de Joe Hill, Rob Schrab, John Harrison, Bruce Jones, Paul Dini, David J. Schow, Stephen King o Dave Bruckner, a dirigir por diferentes cineastas, entre ellos el propio Nicotero, encargado del primer episodio. Su compañía, KNB EFX Group, ha sido la responsable de dar movimiento y verosimilitud a la criatura anfitriona, Creepy, así como del resto de los efectos, muchos de ellos artesanales, y de los maquillajes. Entre el reparto también encontramos nombres como los de Tricia Helfer, David Arquette, Dana Gould, Tobin Belk, Big Boi, Jeffrey Combs, Kid Cudi, Bruce Davison, Giancarlo Esposito y Adrienne Barbeau entre muchos otros. El final de la temporada se transmitió en la pasada Noche de Halloween y, al haber cumplido las expectativas de sus responsables, ha sido recientemente renovada para una segunda temporada que seguro hará las delicias de todos aquellos que hemos disfrutado con esta nueva encarnación de Creepshow.

CAPÍTULO 1: “GRAY MATTER” & “THE HOUSE OF THE HEAD” por Alfonso & Miguel Romero

En la serie documental Eli Roth: La Historia del terror (History of Horror, 2018), Greg Nicotero comenta al realizador de Cabin Fever (Cabin Fever, 2002) que la primera película en la que trabajó como técnico de efectos especiales fue El día de los muertos (Day of the Dead, 1985) de George A. Romero. Hoy día, cuando este mago de los FX nada en la abundancia gracias, precisamente, a los muertos vivientes, al ser uno de los responsables de series como The Walking Dead (The Walking Dead, 2010-) o Fear the Walking Dead (Fear the Walking Dead, 2015-), le rinde tributo al maestro zombi George A. Romero sacando adelante la serie Creepshow en honor a la película homónima de 1982, con la que el director de Los caballeros de la moto junto a Stephen King recuperaron el espíritu de los viejos cómics de terror de la editorial EC. Además de la producción y los efectos especiales, Nicotero se ha encargado de dirigir un par de episodios[7], como este primero con el que arranca la serie.

Creepshow-Gray Matter

Gray Matter está basado también en un relato de Stephen King, a quien además se le hacen multitud de guiños y referencias: como el chubasquero del chico protagonista, clavadito al de “It”; las gemelas que la radio anuncia que andan buscando y de las que nada se sabe -y que luego veremos qué ha ocurrido con ellas- llevan el apellido de las hermanas fantasmales de “El resplandor”; o los carteles de mascotas desaparecidas donde vemos un gato y un perro que obedecen a los nombres de Church y Cujo respectivamente, como el felino de “Cementerio de animales” y el peligroso San Bernardo homónimo. Pero también hay homenajes a Creepshow, la película, desde ese arranque con el guardián de la cripta abriendo una caja, que junto a la participación de Adrianne Barbeau hacen referencia al capítulo de “La caja” de aquella. La Barbeau es una de los protagonistas de este primer episodio, acompañada de Giancarlo Exposito -imparable desde su participación en Breaking Bad (Breaking Bad, 2008-20013)- y Tobin Bell, todo un icono del cine de terror gracias a su personaje de Jigsaw en Saw (Saw, 2004) y sus numerosas secuelas y a quien, por cierto, ya dirigiera Robert Kurtzman -compañero de Nicotero en los KNB- en Buried Alive [tv/dvd: Enterrados vivos, 2007]. La historia de Gray Matter, de resonancias lovecraftianas, posee toda la esencia de las viñetas de la editorial de William Gaines y, por descontado, del film de 1982 de Romero y King, con esa combinación de terror y humor negro que sigue funcionando a la perfección. Precisamente, es este el episodio que más se acerca, en forma y fondo, a la cinta original, suponiendo un perfecto arranque para la serie.

Creepshow-House of the Dead

Cada capítulo de la serie se compone de dos relatos. En este caso, acompañando a Gray Matter tenemos The House of The Head, firmado por John Harrison, todo un especialista en el fantástico y el terror catódicos, y que en esta temporada de Creepshow se encarga de otras dos historias. Un guion también muy acorde con la línea de los cómics EC, si bien su traslación en imágenes difiere mucho, al contrario que el episodio anterior, de la película de Romero. De nuevo no faltan nuevos –tan inevitables como agradecidos- guiños tanto a Stephen King como a la película original y a su secuela de 1987, destacando el genial detalle de la figurita del indio, igualita a la que tenía George Kennedy en su tienda en Creepshow 2 (Creepshow 2). Nuevamente protagoniza un infante, en este caso la pequeña Cailey Fleming, que está francamente bien en el rol de Evie, la única que se da cuenta que algo extraño y macabro ocurre en su casa de muñecas y amenaza a su familia.

CAPÍTULO 2: “BAD WOLF DOWN” & “THE FINGER” por Fernando Rodríguez Tapia

Creepshow-Bad Wolf Down

El segundo episodio de  Creepshow se divide en dos segmentos que evidencian las limitaciones e irregularidades de esta antología televisiva. Si bien a priori el formato resulta correcto, el desarrollo, la producción y la textura visual acaban jugando en su contra. La primera historia titulada Bad Wolf Down, escrita y dirigida por Rob Schrab, es un cuento de temática licantrópica de ambientación bélica pobre en todos los sentidos y previsible en su desarrollo narrativo. Un grupo de soldados americanos se refugia en lo que parece ser una vieja comisaria en mitad de un bosque (sic) donde se encuentra encerrada una mujer que esconde un secreto. En el lugar hallan varios cadáveres de soldados alemanes desmembrados, uno de los cuales  exhalará un último suspiro advirtiendo de la amenaza. Rodeados por tropas enemigas lideradas por un vengativo oficial nazi solo les quedará una salida para sobrevivir. Un relato que en  cómic podría funcionar, se diluye en imágenes ante las carencias citadas, en especial el presupuesto. Solo destaca el recurso utilizado en la serie de introducir viñetas en la narración para homenajear y vincularla con los comics de la EC. Ni los golpes de efecto, la sangre o  los FX, ni tampoco los guiños cinéfilos o la presencia de Jeffrey Combs  ayudan a levantar el vuelo.

Creepshow-The Finger

El capítulo mejora considerablemente en su segunda parte dirigida por Greg Nicotero y con guion del escritor David J. Schow, llamada The Finger. Clark, un diseñador gráfico divorciado recoge en la calle un extraño dedo seccionado perteneciente a algún desconocido animal. El apéndice empieza a crecer hasta engendrarse en una extraña criatura que empieza a matar siguiendo los deseos involuntarios de su inesperado benefactor. Segmento bien narrado asentado en una atmósfera opresiva y con un perfecto crescendo dramático respaldado por el buen hacer de su simpático protagonista (DJ Qualls) que nos retrotrae a algún film similar de la década de los ochenta como el soberbio Brain Damage [vd/dvd/bd: Brain Damage, Frank Henenlotter, 1988). En el clímax habitual de este tipo de historias, Clark acabará encerrado con la duda de quién ha cometido realmente los crímenes. El diseño de la criatura y su puesta en imágenes se impone con ingenio a las carencias monetarias anteriormente citadas. En definitiva, una de cal y una de arena, perfecto reflejo de esta serie.

CAPÍTULO 3: “ALL HALLOW’S EVE” & “THE MAN IN THE SUITCASE” por José Luis Salvador Estébenez

Considerado por algunas fuentes como el mejor capítulo de esta primera temporada de Creepshow, el doblete de historias que conforman “All Hallow’s Eve” y “The Man in the Suitcase” resulta muy representativo de los derroteros conceptuales y creativos de la serie, dado su apego a ciertas convenciones, lugares comunes y formulismos típicos de este tipo de productos construidos en torno a diferentes historias de terror. Resulta de lo más sintomático a este respecto que, de los dos segmentos ofrecidos, el mejor sea, precisamente, “All Hallow’s Eve”; aquel que viene firmado por dos veteranos curtidos en ficciones de terror catódicas, con todo lo que ello conlleva. De este modo, su dirección corre por cuenta de John Harrison, antiguo ayudante de George Romero en la primera Creepshow y El día de los muertos, que ha desarrollado la práctica totalidad de su trayectoria como realizador en la pequeña pantalla dirigiendo capítulos para series del estilo de Cuentos desde la oscuridad, El café de las pesadillas (Nightmare Cafe, 1992) o la icónica Historias de la cripta (Tales from the Crypt, 1989-1996), entre algunas otras. Por su parte, el autor del libreto es Bruce Jones, popular guionista de cómics, cuyo trabajo más relevante dentro del medio audiovisual se encuentra en su participación en varios episodios de la serie El autoestopista (The Hitchhiker, 1983-1991).

Creepshow-All Hallow's Eve

Lejos de lo que cabría esperar a tenor de estos antecedentes, “All Hallow’s Eve” se aparta de lo rutinario, pese a su abono a ciertos clichés del género y su dependencia del giro final. Ambientada en la noche de Halloween, la trama sigue así la ronda que hacen por las casas del vecindario  un grupo de muchachos, algo ya creciditos, proponiendo el famoso “truco o trato”. El temor, cuando no terror, con el que son recibidos en cada vivienda que les abre la puerta, unido a otros detalles, ayudan a crear un clima de inquietud y misterio que provoca que el desarrollo del relato se siga con interés hasta llegar a su resolución, y con ella el descubrimiento de los macabros motivos que justifican el extraño comportamiento de unos y otros. También beneficia al conjunto el oficio del que hace gala la realización de Harrison, donde incluso encontramos ciertos momentos de inventiva visual que rompen con el feísmo estético que aporta la pulcra imagen digital en la que está fotografiada la serie. Véase al respecto la inserción de un flashback mostrado en blanco y negro, a excepción del fuego, creando así un contraste ciertamente atractivo, además de remarcar la importancia capital que tiene este elemento en la sucesión de los acontecimientos.

Creepshow-The Man in the Suitcase

Semejante cualidad también la encontramos en “The Man in the Suitcase”, en este caso mediante la inclusión de planos con el fondo morado y negro que sirven para destacar ciertos elementos de la puesta en escena. Dicho detalle es una de las pocas ideas que aportan algo de distinción a un segmento por lo demás previsible, en gran medida debido a su condición de historia sobre “genio de la lámpara” y “cuidado con lo que deseas”, esquemas estos harto recurrentes dentro de las antologías terroríficas de este tipo, tanto juntos como por separados. En esta oportunidad, el genio de los deseos es un hombre al que el joven protagonista encuentra encajado en la maleta que ha cogido por equivocación en el aeropuerto y que tiene el don de producir monedas de oro cada vez que experimenta dolor. Con este punto de partida, ni qué decir tiene que el guion escrito por el desconocido Christopher Buehlman se desarrolla punto por punto según lo previsto. En compañía de sus compañeros de piso, el protagonista tratará de sacar beneficios de las prodigiosas dotes del hombre en la maleta al que hace referencia el título, encontrando la avaricia y falta de escrúpulos de los jóvenes con su justo merecido en el moralista desenlace. Con todo, dentro de lo predecible del segmento, cabe reconocer que cumple con los mínimos exigibles e, incluso, ofrece algún destello de inspiración, singularizado por los cada vez más retorcidos métodos empleados por los muchachos para conseguir que el genio produzca mayor cantidad de monedas de oro. Algo es algo.

CAPÍTULO 4: “THE COMPANION” & “LYDIA LAYNE’S BETTER HALF” por José Manuel Sarabia

¡Por fin! Abro el correo y una nueva entrega de Creepshow, mi magazine de terror favorito, acaba de aterrizar en mi buzón. En esta ocasión, entre las páginas de este terrorífico cómic convertido en programa de acción real, dos macabras historias conforman el cuarto episodio de la serie de televisión producida por Greg Nicotero y presentado por el misterioso y terrorífico ser conocido como The Creep. “The Companion” y “Lydia Layne’s Better Half”, dirigidas por David Bruckner (El Ritual [The Ritual, 2017]) y Roxanne Benjamin (Body at Brighton Rock, 2019) respectivamente, son los dos relatos que me proporcionarán la dosis de terror que mi organismo precisa. Dos truculentos cuentos cuyos responsables conforman una pareja que podremos encontrar dirigiendo sus respectivos episodios en otra película de segmentos, a semejanza de la original Creepshow de King y Romero, como es la interesante, al menos en opinión de aquel que suscribe estas palabras, Southbound (Southbound, 2015).

Creepshow-The Companion

“The Companion”, es una adaptación del relato homónimo del escritor (¡e instructor de artes marciales!) Joe R. Lansdale[8]. Una nueva vuelta de tuerca a esas historias donde el protagonismo suele recaer en la figura de un sombrío y peligroso espantapájaros rondando con pocas ganas de hacer amigos. La trama nos lleva al ya lejano año 1987 y nos pone en la piel del joven Harold, un chaval de una pequeña comunidad rural (¿del medio oeste?) de los Estados Unidos que sufre de esa penosa costumbre que parece muy arraigada en el seno de la sociedad americana como es el bullying (algo que también Stephen King, muy presente en el espíritu de Creepshow, ha retratado más de una vez en sus obras). El chaval es el típico nerd, al estilo del Club de los Perdedores de “It” (o, para los más modernos, su versión más moderna encarnada por los chavales de Stranger Things), amargado por el acoso de su hermano mayor, Billy. Huyendo de su agresor, se interna en un bosque. Desesperado y desorientado, tropieza con la abandonada granja del viejo Raymond Brenner. Allí descubrirá que, llevado por la soledad, el anciano, cual Victor Frankenstein, creó antaño una especie de golem a partir de unos huesos de origen desconocido. Sorprendentemente, la criatura cobraría vida de forma antinatural y, tras unos desagradables sucesos, llevará a su creador, al igual que al moderno Prometeo, a tomar la decisión de destruirlo. Sin embargo, Harold comprobará de primera mano que dicho espantapájaros es tan letal como indestructible. Sus responsables nos ofrecen un relato que se va cociendo a fuego lento. Poco a poco, sin prisa, pero sin pausa, van desenredando una trama que consigue tenernos en vilo durante sus escasos veinte minutos. Se nos presentará a su prota, su entorno y la revelación, a cuenta gotas, de una criatura, con efectos prácticos y stop-motion mediante, con un desenlace que entona con la mejor tradición de la EC Comics; un final en el que se nos mostrará que “los mansos heredarán la Tierra”[9].

Creepshow-Lydia Laine's

Dejamos al pobre Harold y a su nueva mascota para adentrarnos en un nuevo cuento de horror, éste en un entorno tan hostil y salvaje como es el de los negocios. En “Lydia Layne’s Better Half” la acción comienza con la selección, entre dos candidatos, del nuevo director financiero de una gran corporación. Lydia Layne (encarnada por la bellísima Tricia Helfer a la que casi todos conoceremos como la agente cylon Número Seis de Battlestar Galactica), la jefa, mantiene una tensa reunión con los aspirantes al puesto, dándole las nuevas y buenas noticias solamente a uno de ellos. Tom, hombre de mediana edad y a priori, por su lenguaje corporal, en desventaja, acaba llevándose el gato al agua frente a la atónita mirada de Celia, la otra aspirante que, dado su porte altivo y ambicioso, se antojaba como la opción preferente. Las cosas se complican cuando se revela que Celia y Lydia son amantes y que ésta ha podido tomar su decisión teniendo más en cuenta su deseo de mantenerla cerca de ella que en las aptitudes de la joven para desempeñar su trabajo. Celia, indignada por supuesto, entra en cólera e intenta, por todos los medios, que su pareja cambie de parecer. Cuando el chantaje emocional no hace mella en una curtida mujer de negocios como es Lydia, la discusión desemboca en un trágico suceso en el cual una de ellas acabará, gracias a un aparatoso terremoto, atrapada junto al cadáver de la otra en un ascensor esperando a que lleguen los bomberos a auxiliarla. Lo cierto es que a este segmento le falta algo de sustancia como para sacar alguna conclusión de denuncia por parte de su directora, al ver como dos mujeres intentan destruirse mutuamente por prosperar en un entorno laboral que, en la vida real, las ningunea. No parece que ese sea el mensaje, en el caso de que lo haya, de un relato en el que se juega más con la incertidumbre de cómo va a acabar la historia para aquella que todavía respira y ha de cargar con el cuerpo inerte de la otra. No obstante, se presentan varios buenos momentos donde se sabe jugar con la sorpresa, así como con la angustia de la protagonista, sin echar mano, ni abusar, de la violencia más explícita, sino recurriendo a un ácido humor negro que engancha a la pantalla hasta la resolución del relato. Un desenlace que presenta una estampa que rinde un sentido homenaje a una de las más celebradas historias de la seminal Creepshow. ¿Adivináis cuál?

CAPÍTULO 5: “NIGHT OF THE PAW” & “TIMES IS TOUGH IN MUSKY HOLLER” por Ángel Chatarra

Creepshow-Night of the Paw

La primera de las dos historias del quinto capítulo revisita el conocidísimo relato de terror Monkey’s Paw (Pata de mono), creado en los albores del siglo XX por el escritor y humorista W.W. Jacobs. Un clásico de las historias de terror contadas alrededor del fuego incluido, de forma muy pertinente en este caso, por haber servido de inspiración a la mitad creadora de la mítica cinta de los 80, Stephen King, para su “Cementerio de animales”, el relato que ya en origen contaba con zombi propio, la especialidad de la otra mitad, George Romero. En esta enésima nueva versión se incluyen, de modo especialmente fiel con el original, todos sus elementos clásicos, imposibilidad de burlar al destino con la que el faquir indio reta al descreído y racionalista hombre blanco incluida: La pata te dará lo que desees, sí, hasta tres veces, pero el resultado será siempre fatal. No puedes alterar lo que ya está escrito sin provocar consecuencias aún más funestas que de las que pretendes huir. A estos ingredientes seminales el guion de John Esposito les suma la noche, la torrencial tormenta, la marmórea mansión y el propio viudo interpretado por Bruce Davison que incorporan a la narración una pátina de “El cuervo” de Poe bien reflejada y que Esposito hace casar hábilmente con el espíritu de la narración. La novedad la aporta la bellísima fugitiva Hannah Barefoot vestida a lo Dick Tracy de luto más en la línea oscura de El cuervo, pero del otro, el de la novela gráfica de James O’Barr, que cumple con su papel de sospechosa armada descreída primero, de viuda – sí, ella también lo es– creyente después y de amante esposa víctima de las funestas consecuencias que provoquen sus deseos, en el final en alto marca de la casa.

Creepshow-Musky Holler

El segundo segmento, “Time is Though in Musky Holler”, es propiamente una historia de zombies, negociado no sólo de George Romero, sino también de Greg Nicotero, al que resulta más afín por retratar un escenario post ataque zombi en el que los humanos resultan mucho más monstruosos que los propios resucitados que, aunque sigan siendo la amenaza, apenas tuvieron nunca otro ánimo que seguir existiendo. Si la anterior historia estaba sostenida por la pareja protagonista, esta segunda tiene un reparto mucho más coral con casi una decena de personajes con frase, – bien dibujados en las líneas de diálogo del libreto de John Skipp y Dori Miller y en las pocas pinceladas que la duración del mismo, notablemente más corta que la del anterior, permite – entre los que cabe destacar los interpretados por David Arquette, Tracey Bonner, Karen Strassman o Dane Rhodes. Los diez encarcelados que nos muestran desde el inicio –no parece casual que nueve de ellos sean blancos y que seis sean hombres– son los poderes fácticos de “Musky Holler”, una pequeña población de los Estados Unidos profundos, probablemente sureños, que aprovecharon la oportunidad que el ataque de los zombis supuso para hacer valer su poder, imponer su ley, hacer limpia sistemática de cualquier opositor y convertir en rey todopoderoso al alcalde Lester Barclay, hombre, blanco, hetero, cisgénero, creyente y patriotero. Ellos representan los poderes político, policial, religioso y mediático, con vecina chismosa propagadora de bulos incluida, a los que un nuevo gobierno liderado por Lottier  -mujer y negra, para nada casual tampoco –, más cargado de razones para actuar como van a hacerlo que el saliente pero igual de cruel y deshumanizado, les va a aplicar el mismo tipo de ejecución pública y sumarísima que ellos inventaron en lo que debe suponer el cierre definitivo del círculo. Pero, ¿hay reloj que la venganza sea capaz de dejar parado?

CAPÍTULO 6: “SKINCRAWLERS” & “BY THE SILVER WATER OF LAKE CHAMPLAIN” por Juan Pedro Rodríguez Lazo

Creepshow-Skincrawlers

El último capítulo de Creepshow se compone de “Skincrawlers” y “By the Silver Water of Lake Champlain”. La primera, dirigida por Roxanne Benjamin, productora y directora experimentada en películas compuestas de historias cortas de terror como V/H/S [dvd: V/H/S, 2012] XX (2017) o Sethbound, podría considerarse como uno de los episodios más sangrientos de la serie. En él, unas extrañas criaturas con forma de anguila descubiertas por el Dr. Sloan (Chad Michael Collins) absorben toda la grasa de los individuos con sobrepeso a los que se les somete. Aunque al principio se muestra algo escéptico, Henry Quayle (Dana Gould) decide probar consigo mismo el, a priori, inofensivo experimento, pero un eclipse solar lo cambiará todo. A pesar de agradecerse lo cafre que es y no cortarse ni un ápice en lo que a mostrar sangre y vísceras se refiere, el guion de Paul Dini y Stephen Langford acaba resultando demasiado previsible. No obstante, el aroma a Serie B que se respira durante el visionado de “Skincrawlers” y su falta de pretensiones pueden hacer las delicias de cualquier amante del cine de terror y de las míticas tiras de la EC Comics.

Creepshow-By the silver water of Lake Champlain

No se puede decir lo mismo del segundo segmento. “By the Silver Water of Lake Champlain” resulta una tremenda decepción teniendo en cuenta que se basa en una historia corta de Joe Hill (hijo de Stephen King que, recordemos, firmó el libreto de la Creepshow original) y tiene tras las cámaras al mítico Tom Savini (responsable de los efectos especiales de Zombi o Viernes 13: capítulo final [Friday the 13th: The Final Chapter, 1984] y director de La noche de los muertos vivientes [Night of the Living Dead, 1990] notable remake del film homónimo de George A. Romero, o de uno de los capítulos del filme coral The Theatre Bizarre [2011]). Por un lado tenemos la típica historia sobre una familia desestructurada que sufre los malos tratos de un temible padrastro y de un difunto padre que intentaba demostrar sin éxito la existencia de una criatura en un lago próximo. Aquí el aire a Serie B (que sí, vale, también lo tiene) muta a una suerte de telefilm de sobremesa en el que todo resulta previsible e insulso. Por no hablar de los efectos especiales; si en “Skinwalkers” aplaudíamos su alto nivel de casquería cada vez que irrumpía en pantalla, en “By the Silver Water of Lake” brilla por su ausencia y eso que, como hemos dicho, tenemos al mismísimo Savini tomando las riendas. En fin, otra vez será, Tom…

[1] Coetáneamente el senador McCarthy, ya había confeccionado su famosa lista negra de Hollywood y dirigido su famosa “caza de brujas”.

[2] Su abuelo paterno nació en el municipio gallego de Mourela de Enmedio en la ría de Ferrol. Emigró a Cuba, pero siempre regresaba a España cuando su mujer estaba embarazada porque quería que sus hijos nacieran en su país. Es por ello que, aunque fuera circunstancialmente, también el padre de George A. Romero, Jorge Marino Romero, nació en nuestro país.

[3] La noche de los muertos vivientes, Zombi, El día de los muertos (Day of the Dead, 1985), La tierra de los muertos vivientes (Land of the Dead, 2005), El diario de los muertos (Diary of the Dead, 2007) y La resistencia de los muertos (Survival of the Dead, 2009).

[4] Conocida en España en el momento de su publicación como “La danza de la muerte” y posteriormente, tras una nueva edición completa y sin cortes, como “Apocalipsis”. Finalmente, el relato vio la luz en formato de miniserie televisiva, Apocalipsis (The Stand, 1994), siendo dirigida con oficio por Mick Garris.

[5] Empresa fundada en 1988 por Robert Kurtzman, Howard Berger y Greg Nicotero. Se conocieron trabajando para la película Intruso en la noche (Intruder, 1989) de Scott Spiegel. Éste, satisfecho de su labor, se acordó de ellos durante la preproducción de Terroríficamente muertos (Evil Dead 2, Sam Raimi, 1988) para ofrecerles trabajo. Su implicación en el filme de Raimi les llevó a crear su propia empresa de efectos especiales.

[6] https://ew.com/tv/2018/07/18/creepshow-tv-series-shudder-greg-nicotero/

[7] Nada nuevo para él, quien ya previamente ha estado tras las cámaras, entre otras, en no pocos capítulos de The Walking Dead.

[8] Relato escrito en 1995 con la colaboración de sus dos hijos, Kasey Jo Lansdale y Keith Lansdale.

[9] Mateo 5:5; Salmo 37:11

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