Entrevista a Silvia Superstar, “Premio Applehead Jess Franco” de la novena edición de Cutrecón

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Por segunda vez consecutiva, el premio honorífico Jess Franco que Cutrecón entrega bajo el patrocinio de Applehead Team recayó en una personalidad perteneciente al entorno del recordado cineasta. Si hace ahora un año el galardón, que rinde tributo a profesionales del panorama nacional e internacional cuyas contribuciones hayan sido decisivas en la difusión del denominado cine trash o de guerrilla, reconoció la labor del director malagueño Pedro Temboury, en esta edición la homenajeada fue Silvia Superstar, quien trabajara a las órdenes de Franco protagonizando el díptico formado por Killer Barbys (1996) y Killer Barbys vs Drácula (2002), dentro de una intermitente carrera interpretativa que la cantante y líder de uno de nuestros grupos de punk rock más internacionales, Killer Barbies, ha desarrollado enrolada en propuestas encuadradas en el cine de terror más independiente y de marcado espíritu de Serie B. No en vano, junto a sus dos colaboraciones con el tío Jess, sus otros principales créditos como actriz se encuentran en su participación en las psicotrónicas La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos (1993) del desaparecido Antonio Blanco y Ricardo Llovo, y Ellos robaron la picha de Hitler (2006), segundo y, hasta el momento, último largometraje de ficción dirigido por el mencionado Pedro Temboury.

¿Qué supone para ti el premio Applehead Jess Franco con el que te galardona Cutrecón?

Para mí es un honor y un placer, evidentemente. Currar con Jess, y no en una, sino en dos películas, ha sido una experiencia inolvidable por todo lo que nos ha aportado y por la sinergia que hubo entre nosotros. Jess Franco era un director muy punk, nosotros somos una banda muy punk, y yo creo que por eso hubo esa conexión desde el primer momento. Su forma de trabajar era muy parecida a la nuestra. También su forma de pensar, de ver las cosas y del háztelo tú mismo era la misma filosofía que nosotros tenemos. Entonces, para mí es un premio muy especial.

Este galardón viene a premiar la reivindicación que siempre has hecho del terror de Serie B a lo largo de tu carrera artística. ¿De dónde viene tu interés por este tipo de cine?

Siempre he sido tremendamente fan del cine de terror. Recuerdo que cuando era pequeña, mientras mis padres veían en la tele aquellas Historias para no dormir (1966-1982) de Narciso Ibáñez Serrador, yo me escondía detrás de una puerta que había con cristales y desde ahí veía las películas. Aunque luego tenía unas pesadillas por las noches que me moría, porque además tenía terror nocturno. Así que era una relación amor-odio con el cine de terror. Yo era muy miedica, pero a la vez me atraía mucho este género y estaba enamorada de Drácula… del Drácula de Christopher Lee. Siempre dormía con un crucifijo colgado del ganchito del camisón y una cabecita de ajos en el cabecero de la cama. Muy fuerte (risas). Pero a la vez deseaba que Drácula viniera a mi cuarto y me mordiese.

Supongo que este amor por el cine de terror ha sido el que te ha llevado a participar como actriz en varias películas de este tipo. ¿Qué representa esta faceta dentro de tu trayectoria? ¿Era algo que te llamaba o, hasta cierto punto, era una prolongación de tu carrera musical?

A mí siempre me ha llamado. Cuando voy de viaje y al irme a sellar en la aduana me preguntan cuál es mi profesión, yo siempre digo que artista, porque lo mío abarca más. No solo soy cantante. Soy cantante, compositora, actriz, diseño ropa… Digamos que soy como un pulpo; necesito expandir mi creatividad lo máximo posible. Sí es verdad que la música, y estar encima de un escenario, es lo que más me llena, mientras que en el mundo del cine dependes mucho de los demás y eso me pone muy nerviosa. Pero me encanta interpretar, me encanta el mundo del cine y me encanta el mundo del cine de Serie B, del terror y del gore, porque me parece una fantasía máxima.

La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos-carátula

Tu debut como actriz se produce en 1993 con la hoy convertida en título de culto La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos, una película que en su momento resultó muy rompedora en todos los sentidos, tanto por encuadrarse en un estilo como el gore, que por entonces no tenía ninguna tradición en España, como por su forma de financiarse a través de suscripción popular, adelantándose en cierto modo al actual crowfunding con el que se financian muchas producciones independientes. ¿Qué recuerdos guardas de ella?

Éramos todos amigos. Antonio Blanco estaba un poquito enamorado de mí. De hecho, en la película yo hago de su novia, mira tú que listo (risas). Y él era muy fan de todo este tipo de cultura. Tenía un programa en la televisión gallega que se llamaba A tumba aberta, en el que hablaba de pelis, de cómics, y de todo este mundo. Entonces, con Ricardo Llovo, el otro director que era tan forofo de este cine como él, se le ocurrió la idea de hacer esta película. Fue la bomba, porque la hicimos en un caserón en Santiago de Compostela. Fue muy divertido, porque éramos todos unos frikis. Se rodó básicamente en los establos de la casa con un frío que te mueres y mucha niebla. Ese es el mayor recuerdo que tengo. Por ejemplo, en la escena en la que el personaje de César Strawberry me viola vestida, me enterraron como en una especie de foso con barro y yo estaba muerta de frío. El señor de la casa decía todo el rato: “Dadle una copa de coñac a esa muller que entre en calor”. Además, me trajo unas mantas el pobre hombre. Fue también muy cansado, porque era un no parar. Se rodó en nada, en unos días, durante la Semana Santa de 1993. Además, esta sí que era Serie Z. Recuerdo que los órganos y la sangre que salen en la película eran de verdad, eran de animales. Ahora los de PETA[1] nos matarían. Pero, claro, había presupuesto cero.

Era muy gracioso, porque si tú comprabas la película aparecías en los créditos, que por eso duran una barbaridad. Y como Antonio Blanco y Ricardo Llovo trabajaban en la TVG, las copias en video que vendieron antes las hicieron allí a escondidas. No solo eso, sino que las maquilladoras de la película eran también de la TVG. En general, todo era personal de la tele. Algo bueno tenía que tener trabajar allí… (risas)

La verdad es que es muy heavy todo lo que pasa en la película. Desde los bebés que robaban, les cortaban la cabeza y les bebían el cerebro… Y a mí eso me hacía mucha gracia, qué quieres que te diga. Es ficción, coño. Para eso están estas películas. Ahí está la gracia y lo que me encanta de este cine, que se nota que la sangre no es sangre, la lengua que le arrancan a un personaje era de una vaca de verdad, el bebé se nota que es un muñeco… Eso es lo bonito, no como ahora, que todo se hace con ordenador. Ya no hay nada maquetado y se ha perdido todo ese toque artesanal que había antes. Godzilla era un hombre metido en un disfraz rodeado de edificios que eran maquetas, no estaba hecho por ordenador. Y para mí eso tenía un encanto. Era más artístico, era más dejar volar la imaginación, porque, cuando no tienes dinero echas mano de la imaginación. Y eso es lo que yo echo de menos en este tipo de películas de terror tan modernas que hay ahora. Tienen mucho efecto, pero a mí me gustan más las que se hacían antes.

Killer Barbys-carátula

Siguiendo con tu carrera como actriz, tres años después de La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos llega el que quizás sea tu film más famoso, Killer Barbys, la primera de tus dos colaboraciones con uno de los nombres propios de este tipo de cine. ¿Cómo se fraguó esta película? ¿Como una película de Jesús Franco que acaban protagonizando Killer Barbies o como una película de Killer Barbies que acaba dirigiendo Jesús Franco?

Carlos Subterfuge era muy fan de Jess Franco. Si no me equivoco, había sacado en el sello la banda sonora de Las vampiras/Vampyros Lesbos (1971), aunque ya te digo que no estoy del todo segura. El caso es que tenía contacto con Jess. Y la idea original de hacer la película fue de Carlos Subterfuge y Jess Franco. Decidieron que fuéramos nosotros los protagonistas porque Jess se quedó realmente encandilado cuando escuchó nuestra música, vio nuestro look y toda la parafernalia que teníamos de las barbies. (Imitando la voz de Jesús Franco) “¡Hostias! Estos tíos son la hostia”. Le pareció algo muy potente como para hacer una película. Y nosotros encantados, claro. Y de esa manera surgió el proyecto de hacer una película de Killer Barbies. Él quería hacerla con nosotros, aunque se la tuvo que cambiar el nombre. No pudo llamarse Killer Barbies, como la muñeca, por problemas de derechos.

¿Conocías el cine de Jesús antes de rodar con él?

Conocía algo, no todo. No soy tan fan. Carlos [Subterfuge] sí que era tremendamente fan. Yo conocía cosas, como Vampyros Lesbos, aunque sí que es verdad que cuando nos hablaron de trabajar con él empecé a ver más cosas suyas, conocí a su mujer, Lina Romay, vi algunas de sus pelis eróticas y porno, y ya me informé más. Pero sí, ya le conocía, aunque no lo tuviera muy presente.

¿Y cómo era Jesús?

Era maravilloso, sobre todo porque era una persona que trabajó en tantos lugares y tuvo tantas experiencias en tantos rodajes que siempre tenía un montón de anécdotas que contar. Yo siempre me sentaba frente a él cuando íbamos a comer y me quedaba flipando, porque no paraba de hablar y de contar cosas súper interesantes e historias de todos los sitios en los que había vivido, de los rodajes que había hecho y en las condiciones en las que había tenido que hacerlos. Era una persona que tenía mucho que ofrecer, con unas experiencias increíbles y de la que aprendías mucho, la verdad. Fue una relación muy buena, con nosotros por lo menos. Luego tenía sus prontos. Cosas de los directores, que también se enfadan.

Ya que lo mencionas, ¿cómo era trabajando? ¿Era un director difícil en el set?

Era muy de primeras y de segundas tomas. Nunca había terceras tomas. Recuerdo que me echó una bronca en una escena en la que yo estaba rodando con Lina Romay en la cena[2]. Me puse nerviosa y corté. No veas el rapapolvo que me echó. Me dijo que allí no cortaba nadie más que él. Y luego él era realmente el director de fotografía. Siempre estaba detrás de la cámara. Siempre, siempre. Todo el rato.

Jesús Franco y Silvia Superstar
Jesús Franco y Silvia en una imagen promocional del rodaje de “Killer Barbys”

¿Y cómo recuerdas el rodaje en general?

El rodaje fue, la verdad, bastante rápido, divertido e intenso. Lo recuerdo intenso, entre otras cosas, porque a mí me pilló en medio de una separación con Billy[3] que, para colmo, hacía de novio de Angie [Barea], que estaba buenísima, y yo hacía de novia de Carlos Subterfuge. O sea, que se cambiaron las parejas. A eso súmale la intensidad del rodaje, que no dormíamos mucho, que trabajábamos un montón porque se hizo en poco tiempo y que todo era pim, pam, pum, como eran los rodajes de Jess, que era como grabar un disco punk; no había más de dos tomas, ya te digo. Así que lo recuerdo muy intenso, pero también muy divertido, sobre todo cuando acabábamos y nos juntábamos todos en un piso que nos habían alquilado: los de foto-fija, los cámaras, nosotros… Gran parte del equipo eran valencianos y, tengo que decirlo, los valencianos están muy locos. Así que nos acabamos haciendo súper amigos y éramos como una piña. Las risas que había en ese piso eran mortales.

También hubo algunas anécdotas muy graciosas. Santiago Segura, que venía de recoger el Goya que, por cierto, se lo dejó en el maletero de un coche porque se fue de marcha con él, llegaba pletórico. Pero esta era una película de Serie B-Z y en el cáterin solo había Coca-Cola de la marca “Día”. Así que Santiago dijo que si no ponían Coca-Cola de verdad no rodaba. Y nos hizo un favor a todos, porque nos trajeron Coca-Cola normal (risas).

En su momento la película estuvo rodeada de bastante expectación por parte de los medios. ¿Notasteis la presión?

Sí. Yo flipaba, porque de repente había reportajes en La 2 y decían: “La película del año, con Santiago Segura, que acaba de recibir el Goya, Jess Franco que emerge de las tinieblas y Killer Barbies, los del anuncio de Radical Fruit, la banda del momento de la escena independiente”. La estaban dando mucho bombo y salíamos en un montón de medios mainstream, cuando no era una película mainstream. Para nada. Esta era una película de Serie B, hecha con bajo presupuesto, con mucha sangre y gore, y la gente no lo sabía. Entonces, cuando se estrenó en cines, había gente que me decía: “He ido a verla y había cuatro personas en la sala”. Claro, evidentemente, porque es un cine que no es para todos los públicos; es un cine para un público muy reducido. Es como un concierto de una banda indie. No era nada mainstream y la vendieron como “la película del año” que, bueno, para nosotros, los del mundillo, era la bomba, era lo más, pero, claro, no era lo que vendieron. Y yo creo que mucha gente se sintió decepcionada en el sentido de “¿Esto qué es?”, porque no la entendían. Este es un cine que te gusta o no lo entiendes.

Killer Barbys contra Drácula-poster

No obstante, en 2002 rodáis de nuevo con Jesús una especie de secuela con Killer Barbys v. Drácula

Ahí había una productora alemana de por medio. Era cuando nosotros estábamos trabajando más en Alemania, sacando discos allí, y de ahí surgió un poco la idea, porque el productor era muy fan de Jess Franco y nuestro, y dijo de volver a hacer otra película juntos. Era menos sangrienta, como más light. Eso es lo que noté yo.

¿Y cómo fue el rodaje? Lo digo porque, por un lado, aunque hay hasta seis guionistas acreditados, da la impresión de que está poco menos que improvisada sobre la marcha, mientras que, por otro, el reparto es de lo más heterogéneo, con secundarios veteranos como Aldo Sambrell, Dan van Husen o Peter Martell, entremezclados con rockeros como Bela B. o vosotros y gente como Kike Sarasola…

Si, era todo como más dispar. Sin ir más lejos, en las actuaciones de Killer Barbies pusieron a dos bailarinas con pelucas naranja que eran contorsionistas, pero que yo no entendía muy bien qué pintaban. Por eso te digo que, cuando es una película, manda otra persona y ya no depende tanto de ti. Era todo un poco extraño. No era tan coherente como en la primera, aunque fuera el típico guion súper manido y básico de cine de terror. Esto era como muy inconexo. No sé, locuras de Jess. Me imagino que también la edad influía, y cuando ya has hecho tantas cosas supongo que llega un momento que a lo mejor ya no sabes ni qué hacer y es en plan: “Mezclo garbanzos con lentejas, que al final lo importante es que haya vida y haya color”.

Era todo como un batiburrillo. La productora alemana tenía ciertos convenios con marcas de ropa que hacían que yo tenía que ponerme unos vestidos que no tenían nada que ver ni conmigo, ni con mi personalidad. Tampoco venían a cuento en la película, pero el caso es que había que meterlos sí o sí. Yo me negué en su momento y entonces dijeron: “Bueno, pues vamos a hacer la escena como si tú llegaras cabreada y dijeras que no te vas a poner eso”. Y todo cosas así. Imposiciones de los productores, imagino.

¿Pero había un guion definido como tal?

Sí, sí, había un guion. Fíjate, hubo más improvisación en la primera película, hasta el punto de que nosotros llegamos a pensar que estábamos rodando dos películas a la vez, como hacía Roger Corman. Por ejemplo, en el monasterio en el que estábamos rodando había un ajedrez gigante y a Jesús se le ocurrió hacer una escena con él. “Esto es muy extraño”, pensábamos. Y hubo más cosas que no estaban en el guion. En una escena yo me despertaba de una pesadilla y, claro, estaba durmiendo en bragas. Pues Jesús me dijo: “Tú ya te quedas en bragas el resto de la película”. Yo solo llevaba esas bragas así, por lo que todas las noches tenía que estar lavándolas, porque no había otras. Y hubo muchas cosas de este tipo que, de repente, se le ocurrían sobre la marcha y que nos dio por pensar que estábamos rodando dos películas a la vez. Pero sí, el otro rodaje fue muy distinto. No sé, para mí había perdido un poco la magia. La primera tenía mucho más rollo.

Killer Barbys contra Drácula-rodaje
Foto del rodaje de “Killer Barbys contra Drácula”. Aldro Sambrell y Jesús Franco miran sentados la entrada de Silvia en escena

¿Notaste algún cambio a la hora de trabajar de Jesús con respecto a vuestro anterior encuentro?

La experiencia con él fue igual. Es verdad que Jess era una persona muy peculiar rodando y era una persona muy mayor, con su genio y demás, y tuvo varios encontronazos con gente del equipo, aunque con nosotros no pasó nunca nada, siempre fue fantástico. Pero sí que era una persona que le gustaba hacer las cosas a su manera y lo tenía clarísimo. Daba igual lo que le dijera el director de fotografía. Él lo tenía muy claro y lo hacía a su manera.

Aparte de estas dos películas, en alguna declaración Jesús habló de otro futurible proyecto junto a vosotros que llevaba por título Killer Barbys contra Frankenstein. ¿Era una cosa de Jesús o realmente llegó a plantearse?

No hicimos nada. A mí no me llegó ningún guion. No lo sé. Igual se puso encima de la mesa con Carlos Subterfuge en algún momento. Pero a nosotros no nos comentaron nada. También, como yo tengo memoria de pez, puede ser que hubiese algo, no te digo que no. Coincide, por otra parte, que nosotros dejamos de tener relación con Subterfuge. Desde luego es una pena, pero yo creo que Jesús llegó un momento en que… Estaba ya muy mayor.

Silvia en Ellos robaron la picha de Hitler
Silvia en una escena de “Ellos robaron la picha de Hitler”

Tu siguiente aparición en una película se produce en Ellos robaron la picha de Hitler de Pedro Temboury. Imagino que tu participación en ella estuvo de algún modo también relacionada con Jesús, dado su conexión con Temboury…

Temboury, muy gracioso él, me conoció por las películas de Jess. Así que sí, fue por Jess. Temboury era súper fan de él y, de hecho, creo que estuvo en alguna grabación. Aparte, nos unía la música y teníamos otros gustos en común. Y cuando conectas con alguien, ya se sabe. Y por eso me llamó. Fue muy divertido rodar con él. Está muy “loqui”.

No obstante, después de Ellos robaron la picha de Hitler apenas te has vuelto a prodigar delante de las cámaras. ¿A qué se ha debido?

Hubo un momento en el que la productora de Killer Barbys [Piluca Baquero] me dijo: “Silvia, estás maravillosa en la película. Tienes que ser actriz. Yo te llevo a castings”. Y fui a un par de castings y no me gustó. No me gusta pasar porque una persona me juzgue. Por otro lado, yo tenía una imagen muy marcada y siempre me preguntaban: “¿Te cambiarías el color del pelo? ¿Te quitarías el pendiente de la nariz?” Y yo siempre respondía: “No, no y no”. Entonces, así mal íbamos (risas). Pero bueno, las cosas van cambiando y sí que haría cine otra vez. Antes tenía veinticinco años y ahora tengo más. Y en este tiempo vas evolucionando, ves las cosas de otra manera y tus gustos van cambiando. Eso no quita para que en ese momento fuera lo que quería y lo tenía muy claro, pero luego he pensado si no me habré cerrado puertas. Porque, aunque he hecho trabajos en cine, he hecho cortos y demás, sí que quizás podía haber hecho más cosas. Por otra parte, también pienso que todo tiene que seguir su ritmo y, si las cosas no las haces en un momento dado, es por algo y hay una razón de peso. Mi razón de peso entonces era que yo soy así y no iba a cambiar para salir en una película. Me daba igual en ese momento salir en una película o no. En la de Jess sí, porque era yo con mi espíritu, mi onda y demás. Sí, había un guion detrás, pero no dejaba de ser yo.

José Luis Salvador Estébenez

Killer Barbys contra Drácula-1

[1] PETA son las siglas de “People for the Ethical Treatment of Animals” (“Personas por el trato ético de los animales”), organización sin ánimo de lucro destinada a luchar por los derechos de los animales que está considerada la mayor del mundo de este tipo.

[2] Nota del autor: En la película el otro personaje femenino que aparece en la escena de la cena está interpretado por la actriz italiana Mariangela Giordano. Teniendo en cuenta que en los créditos Lina Romay figura con su verdadero nombre, Rosa Mª Almirall, como encargada del montaje y script, entra dentro de lo posible que se tratara del rodaje de insertos de primeros planos de Silvia para la escena en la que la réplica se la daba Lina.

[3] Billy King, batería, principal compositor de Killer Barbies junto a Silvia y el único miembro del grupo aparte de ella que encarna un personaje en la película.

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