Nacida inocente

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Título original: Born Innocent

Año: 1974 (Estados Unidos)

Director: Donald Wyre

Productor: Bruce Cohn Curtis

Guionista: Gerald Di Pego, según la novela de Creighton Brown Burnham

Fotografía: David M. Walsh

Música: Fred Karlin

Intérpretes: Linda Blair (Chris Parker), Joanna Miles (Barbara Clark), Kim Hunter (Sra. Parker), Richard Jaeckel (Sr. Parker), Janit Baldwin (Denny), Allyn Ann McLerie (Emma Lasko), Mary Murphy (Sra. Murphy), Nora Heflin (Moco), Tina Andrews (Josie), Sandra Ego (Janet), Mitch Vogel (Tom Parker), Janice Lorraine Garcia (niña en el funeral)…

Sinopsis: Chris es una adolescente de catorce años que se ha escapado de casa. Detenida por la policía, pasa la noche en el calabozo para ser trasladada a un correccional al desentenderse sus padres de su potestad.

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Al año siguiente de interpretar a la niña Regan en El exorcista (The Exorcist, 1973) de William Friedkin, Linda Blair se hacía con otro de sus papeles más recordados, la Chris Parker del telefilm para la Tomorrow Entertainment Nacida inocente (Born inocent)[1], que en Europa, como otras tantas películas para televisión de la época que gozaron de gran aceptación popular, se estrenó en cines[2]. En España no llegaría a las salas hasta 1979, una vez caída la maldita censura, y se exhibiría íntegra, convirtiéndose el personaje de Chris Parker, como ya se dijera en su día, en la primera heroína de la Transición.

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De unos años a esta parte, la mayoría de los filmes para el medio catódico son thrillers generalmente protagonizados por mujeres de mediana edad -y sobre todo rubias-, cuyo target es el público familiar -bueno, los que nos llegan de Alemania y los países nórdicos tienden más al rollo romántico-. Pero en la década de los setenta, los telefilmes, además de los consabidos dramas, también los había de suspense –e incluso terror, algo hoy impensable si no es en la televisión por cable- y, además, muchos oscilaban entre la denuncia y la pura exploitation, con intención -o coartada- moralista/moralizante pero haciendo gala o agarrándose a los consabidos ganchos de sexo, rollo chungo y violencia, dentro siempre de los cánones permitidos en las producciones televisivas, siendo, por tanto, algo más sugerido que explícito[3].

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El tema principal del telefilm que nos ocupa es la pérdida de la inocencia, debido a un sistema que no funciona. Nuestra protagonista es encerrada en el reformatorio por escapar de casa, huyendo de una madre alcohólica y de un padre que la pega, unos progenitores que no la aman ni la quieren con ellos. En el correccional, al principio, la muchacha tiene ilusiones de que su familia funcione y de un futuro mejor. No será así, y dentro de aquellos muros, Chris, la chica asustada e inocente del comienzo, se volverá dura, amargada y desilusionada, como el resto de sus compañeras. Ya nada quedará de aquella niña que al ingresar se mecía alegre en los columpios, evadiéndose y recordando tiempos más felices.

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La escena más famosa de la película, que llegó a decorar algunas carátulas de la misma, así como de distintas ediciones de la serie de libros surgidos a partir de ella, es aquella en las duchas donde nuestra protagonista es sujeta por varias de las internas, mientras otra de ellas, Denny, la viola introduciéndole en sus partes el palo de una escobilla, arrancándole de cuajo su inocencia y comenzando su oscuro descenso a los infiernos nihilistas. Tras un juicio al que fue sometida la cadena productora, dicha parte fue recortada del montaje. No obstante, se mantuvo en el estreno de la cinta en Europa. El film, de todos modos, no desaprovecha para explotar en un par de ocasiones el morbo de la sexualidad de la adolescente, algo por otro lado muy común en no pocas cintas de la época, tanto en Estados Unidos –era la época dorada de las grindhouses-, como en el viejo continente; recuérdese a este respecto la saga de las Report de colegialas en Alemania, no pocos títulos italianos e incluso alguno español como aquel Climax (1977) que firmara Francisco Lara Polop y que oscilaba entre la denuncia y la más descarada explotación.

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En Nacida inocente volvemos a encontrarnos con la lucha entre las asistentas sociales que representan dos puntos de vista distintos del sistema, el progreso -la evolución- y la tradición -el estancamiento-. La profesora más nueva y liberal, que confía en las chicas y lucha para que salgan adelante, tratando de animarlas y motivarlas; y la trabajadora de régimen interno veterana, muerta de asco, que las da por imposibles, por lo que prefiere la mano dura y añora épocas pasadas en las que todo era mucho más severo -camisas de fuerza, mayores restricciones, etc.-. Será una decisión equivocada de esta última lo que ocasione un trágico incidente que acabará con los ánimos de las internas, provocando un motín, dando así cabida a un elemento casi obligatorio de las películas de cárceles de mujeres. Bárbara, la profesora progresista, verá con tristeza a una Chris envilecida, manipuladora y mentirosa. Y el final, más que moralizante -con ese sistema que hace más daño del que repara-, es deprimente. Sentimiento que se acentúa con la característica banda sonora tristona de los telefilmes de los setenta.

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Además de la Blair, cabe resaltar dentro del reparto de chicas a Janit Baldwin, en cuya breve filmografía, que comenzara con la gangster movie Carne viva (Prime Cut, 1972), de Michael Ritchie, se paseó por El fantasma del Paraíso (Phantom of the Paradise, 1974) de Brian De Palma, o por Ruby (Ruby, 1977), de Curtis Harrington. Como el agresivo padre de Chris tenemos a Richard Jaeckel, uno de los más recordados secundarios de las series de televisión de la época, visto también en pantalla grande en algunos sonoros éxitos, así como en dos títulos de lo más psicotrónicos, dando vida al paralítico de Mr. No Legs (1979), de Ricou Browning, y al protagonista de Mako, el tiburón de la muerte (Mako, 1976), de William Grefe.

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La buena acogida que disfrutó en su momento la cinta llevó a Linda Blair a protagonizar otro telefilme de denuncia/exploitation al año siguiente, como la Sarah Travis de Sarah T., Portrait of a Teenage Alcoholic [tv/vd: Sarah T, retrato de una adolescente alcohólica], dirigido por Richard Donner. Y varios años después, ya convertida en toda una mujer, volvería a ser recluida, ahora en instituciones penitenciarias, en dos filmes de lo más atractivos, las WIP movies Cadenas ardientes (Chained Heat, 1983), de Paul Nicholas, y Rojo caliente (Red Heat, 1985), de Robert Collector, sendas cintas que entran de lleno en la más pura y dura exploitation. Por otra parte, poco después de las aquí reseñada las adolescentes con no pocos problemas y envueltas en ambientes hostiles volverían a ser el tema a tratar en un par de películas de merecido culto como son la canadiense Caído del cielo (Out of the Blue, 1980), que terminaría rodando Dennis Hopper, o la alemana Yo, Cristina F (Christiane F. – Wir Kinder vom Bahnhof Zoo, 1981), que le abriría a su director, Uli Edel, las puertas de Hollywood, aunque como tantos otros no encontraría allí su sitio.

Alfonso & Miguel Romero

[1] Otro producto televisivo que conoció estreno en las pantallas de distintos países es, por nombrar uno al azar, La tercera víctima (Mousey, 1973), de Daniel Petrie; pero tal vez el ejemplo más conocido se encuentre en El día después (The Day After, 1983), de Nicholas Meyer, que se convirtió, en aquellos años de Guerra Fría, en todo un fenómeno social, llegando a los cines de medio planeta. Incluso en los noventa recalaron en salas filmes originalmente concebidos para la pequeña pantalla, como las producciones de la HBO Sin testigos (Blind Side, 1993) de Geoff Murphy –aprovechando el tirón comercial de la “reina del thriller” de aquel entonces, Rebecca De Mornay-, Poodle Springs (Poodle Springs, 1998) de Bob Rafelson, o RKO 281 (RKO 281, 1999) de Benjamin Ross. Y hoy día de cuando en cuando vemos en las carteleras, por tiempo limitado, algunas películas realizadas originalmente para plataformas como Netflix

[2] Su éxito dio origen a una adaptación escrita en un libro homónimo firmado por Gerald di Pego y Bernahardt J. Hurwood, que llegó a engendrar una larga serie de continuaciones con la misma protagonista, todos cortados por el mismo patrón.

[3] Valga como buen ejemplo The Deadly Tower [tv: La torre mortal, 1975], tv-movie que recreaba el caso de Charles Whitman y la matanza que organizó en la universidad de Austin, Texas, en 1966, y que acabó con su muerte a manos de las fuerzas del orden. Contaría con Kurt Russell en el papel del joven desequilibrado, al lado de algunos rostros habituales de la época como Ned Beatty o John Forsythe. Por cierto, el caso de Whitman inspiró a Peter Bogdanovich su ópera prima, la excelente El héroe anda suelto (Targets, 1968). Y volviendo a las jovencitas metidas en problemas como en Nacida inocente, podríamos nombrar otras películas para televisión como Little Ladies of the Night [tv: Víctimas del vicio, 1977], de Marvin J. Chomsky, con David Soul, Louis Gossett Jr., Carolyn Jones o Dorothy Malone en el reparto; Katie: Portrait of a Centerfold [tv: Katie: Retrato de una modelo de portada, 1978] de Robert Greenwald; o Alexander: The Other Side of Dawn [tv: Alexander, 1977] de John Erman, esta última cambiando el género de su protagonista, ya que trataba las desventuras de un joven chapero.

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