Gunmen

Título original: Gunmen

Año: 1993 (Estados Unidos, México)

Director: Deran Sarafian

Productores: Laurence Mark, John Davis, John Flock

Guionista: Stephen Sommers

Fotografía: Hiro Narita

Musica: John Debney

Intérpretes: Christopher Lambert (Dani Servigo), Mario Van Peebles (Cole Parker), Denis Leary (Armor O’Malley), Patrick Stewart (Loomis), Kadeem Hardison (Izzy), Sally Kirkland (Bennett), Richard C. Sarafian (jefe Chavez), Robert Harper (Rance), Brenda Bakke (Maria), James Chalke (Java), Humberto Elizondo (Guzman), Andaluz Russell (mujer de Guzman), Tamara Shanath (hija de Guzman), Deran Sarafian (Bishop), Christopher Michael (Rhodes),George Parra (líder rebelde), Anilú Pardo (prostitute), Miguel Ángel Fuentes (Manolo), Charles Stewart (afilador de cuchilos), Rena Riffel (novia de Loomis), Jesus A. Hernandez (viejo prisionero), Maria ‘Silver’ Alexander (Madame), Lazaro Paterson (Scat Man), Big Daddy Kane, Kid Frost, Rakim, Eric B., Doctor Dré, Ed Lover, Christopher Williams, Robert Reynolds…

Sinopsis: Cuando el hermano del buscavidas y contrabandista Danny Servino es asesinado, su vida empieza a tener un precio. Cole Parker, un agente de la DEA que trabaja en la zona, le busca para que forme equipo con él y encuentren los cuatrocientos millones de dólares que el difunto escondió en un barco. Uno sabe dónde se haya escondido el dinero, el otro conoce el nombre del barco. Pero el dinero pertenecía a un narcotraficante, cuyo peligroso lugarteniente, Armor O’Malley, se convertirá en su principal obstáculo para hacerse con el botín.

Gunmen (1993) es una de esas extrañas producciones que llegaron a las pantallas durante los años noventa y cuya característica común es que parecen realizadas a destiempo, con ideas gastadas del crepúsculo de los años setenta y primeros ochenta. Pienso en Dos duros sobre ruedas (Harley Davidson and the Marlboro Man, Simon Wincer, 1991), Arenas blancas (White Sands, Roger Donaldson, 1992), En el corazón de la jungla (Sniper, Luis Llosa, 1993), El especialista (The Specialist, Luis Llosa, 1994)… Son solo alguno de los títulos que se me vienen rápidamente a la memoria.

En este caso nos encontramos con una película que no tiene nada especial. Junta a un par de actores conocidos, Christopher Lambert y Mario Van Peebles, en roles a su medida. Uno es blanco y desarrapado; el otro es negro, un poco huraño y ostenta ademanes chulescos. Centroamérica es el escenario exótico elegido para darle algo de sabor. La motivación para su empresa conjunta es la búsqueda de un tesoro (el mcguffin de la película). Para no poner las cosas fáciles, se agrupa a una pandilla de facinerosos y maleantes que persiguen a nuestros chicos. La inexistente complejidad la centra una subtrama sin mucho interés con la DEA como protagonista. Y en la banda sonora aparecen algunos temas de hip hop para que algún conocido de Van Peebles pueda seguir en el negocio (es un decir). Unos mimbres muy básicos mantenidos a duras penas para que nada decaiga.

Reconozcamos que la película no aburre, pero entretiene por saturación. No es una comedia, aunque se busca un tono cómico que rara vez funciona. Es un supuesto filme de aventuras salpicado de escenas de acción no muy llamativas. Unas vacaciones pagadas resueltas con corrección, eficacia a medio gas y poca destreza narrativa. Las situaciones van pasando con regularidad, los personajes pululan por la pantalla sin que tengamos un especial interés por ellos, cambian de escenario de vez en cuando (selva, tugurios, aviones, campamentos, playas) para dar sensación de movimiento, enfrentados entre ellos para implementar un cierto drama en el cual algunos van muriendo, y el dúo protagonista sale de todos los envites con la buena ayuda del guionista de turno (aquí un Stephen Sommers en sus años previos al salto al cine maistream).

Lambert y Van Peebles se lo pasan bien entre tanto bamboleo escénico. El punto más entretenido de esta película es la involuntaria competición de saltos que nuestros protagonistas van realizando a lo largo de la película. Se lanzan al vacío siempre que tienen oportunidad y la situación lo requiere: precipicios, helicópteros, edificios…  De roturas de huesos ni hablamos. La caída siempre es salvaguardada por trucos de montaje y el sufrido especialista suponemos que se lleva la peor parte.

Con todo lo indicado no deja de sorprender que un director como Deran Sarafian, habitual en estas lides, se muestre tan apático en la puesta en escena de las fatigas de ambos héroes. Tiroteos hiperbólicos modelo garrafón, persecuciones variadas pero con poca tensión emocional, personajes ambiguos descubiertos a las primeras de cambio, paisajes tropicales escondiendo los agujeros narrativos, insulsos guiños cinéfilos para justificar el curriculum (aunque sea escupiendo a Sergio Leone)  y un puñado de actores luciendo un vestuario ad hoc que hacen lo que pueden con sus caricaturesco personajes (no es poco).

En este aspecto hay que indicar que Patrick Stewart está completamente desaprovechado (aunque su personaje tenga cierta gracia en el conjunto, un narcotraficante inválido que entierra vivo a quien le traiciona, esposas incluidas); Dennis Leary destaca sin hacer excesivos numeritos recordando a cualquier villano de un olvidado eurowestern, y nuestras “estrellas” hacen el ganso lo mejor que pueden, ganando Lambert por la mano (con la sensación de que se divierte más). Los seguidores del cine más B disfrutarán quizás con la fugaz aparición de Sally Kirkland (como experta es armas), y los más veteranos reconocerán a Richard Sarafian haciendo un breve papelito. Sinceramente, podría haber dirigido la película porque es mucho mejor realizador que su vástago. En resumidas cuentas, para una tarde de confinamiento como la que vivimos estos días, Gunmen (1993) puede valer, pero no se hagan muchas ilusiones.

Un año después Sarafian estrenó Velocidad terminal (Terminal Velocity, 1994), una película de ciertas similitudes con una pareja realmente extraña (Charly Sheen y Nastassja Kinski), trama de espionaje internacional (con guion a cargo del ingenioso David Twohy), espectaculares escenas de acción, alguna presencia destacable (como la del finado James Gandolfini) y resultados no muy superiores. Otro día nos ocupamos de ella.

Fernando Rodríguez Tapia

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