El señor de las ilusiones

Título original: Lord of Illusions

Año: 1995 (Estados Unidos)

Director: Clive Barker

Productores: Clive Barker, JoAnne Sellar

Guionista: Clive Barker, según su relato “La última ilusión”

Fotografía: Rohn Schmidt

Música: Simon Boswell

Intérpretes: Scott Bakula (Harry D’Amour), Kevin J. O’Connor (Philip Swann), Joseph Latimore (Caspar Quaid), Sheila Tousey (Jennifer Desiderio), Susan Traylor (Maureen p.m.), Ashley Tesoro [acreditada como Ashley Lyn Cafagna] (joven Dorotea), Michael Angelo Stuno, Barbara Patrick (líderes ocultaistas), J. Trevor Edmond (joven Butterfield), Wayne Grace (Loomis), Mikey LeBeau (niño exorcizado), Daniel von Bargen (Nix), Johnny Venocur (Tapert), Jordan Marder (Ray Miller), Barry Del Sherman (Butterfield), Famke Janssen (Dorothea Swann), Joel Swetow (Valentin), Billy McComb (Walter Wilder), Vincent Schiavelli (Vinovich), Lorin Stewart (Billy Who), Barry Shabaka Henley (Dr. Toffler), Bergen Williams (Enfermera), Carrie Ann Inaba, Luca Tommassini (bailarines), G. Larry Butler, T.S. Hunter, Crystal Lujan, Alan McFarland, Joanna Sanchez  (Clemenzia), Erol Sarabi, Jimmy Shaw, Troy Titus-Adams,  Sean Clark, Ken Davitian, Del Howison, Lucinda Lewis, Blaine Mitchell, Christian Leopold Shea, Danny Woodburn…

Sinopsis: Hace algún tiempo, miembros de una secta traicionaron a su líder, un mago de gran poder. Asesinado por sus fieles, prometió volver para vengarse. En la actualidad, Harry D’Amour, un detective privado, lleva a cabo una investigación de rutina en Los Ángeles. Allí se encuentra con un poderoso e intrigante actor cuyas sorprendentes y misteriosas actuaciones llenas de suspense y misticismo cautivan al mundo. Pero ¿son realmente actuaciones? Cuando el mundo de la magia se ve salpicado por extraños asesinatos, Harry comienza a sospechar que, tras el exitoso personaje, quizás se encuentre algo oculto que proviene de fuerzas del más allá…

Tercera y, por el momento, última incursión en labores de dirección de Clive Barker, El señor de las ilusiones (Lord of Illusions, 1995) toma como base el relato del autor inglés “La última ilusión”, aparecido en el cuarto volumen de su antología Libros de sangre. Protagonizado por uno de los personajes más recurrentes de su obra escrita, el investigador de sucesos paranormales Harry D’Amour, la historia se sumerge en la dicotomía entre magia e ilusionismo, vista esta como reflejo del eterno enfrentamiento entre el bien y el mal, adaptando para ello las formas de una cinta clásica de cine negro, en la que no faltan ni los detectives privados breados por la vida, ni las irresistibles fémmes fatales que contratan sus servicios mientras esconden algún que otro importante secreto.

Tan clásico planteamiento es modernizado por Barker a través de la inclusión de una secta satánica trasunta en muchas de sus características de la, por desgracia, célebre “familia” de Charles Manson; una panda de fanáticos sin respeto por la vida ajena que obedecen con fe ciega los postulados de Nix, su líder, un poderoso mago que ha nacido para asesinar al mundo, según sus propias palabras. Empero, es precisamente el prólogo en el que se narra el presunto final de dicha secta uno de los principales escollos con los que cuenta el film, ya que su inclusión acaba por tornar en predecible gran parte del desarrollo de una trama que, narrada a través de los ojos de D’Amour, se centra en las pesquisas del detective por desenmarañar varios datos que tienen que ver con los hechos relatados en dicha introducción, lo que provoca que el protagonista vaya siempre un paso por detrás de la información de la que dispone el espectador. Claro que, en sus resultados finales, también pesan de un modo negativo otros aspectos poco perfilados, caso de la falta de luz existente sobre ciertos ingredientes argumentales ―cf., ¿cuál es el motivo para que Nix sea enterrado con una máscara de hierro, más allá del evidente homenaje a La máscara del demonio (La maschera del demonio, 1960) de Mario Bava?―, el entrecortado ritmo con el que se suceden los acontecimientos, o la adopción de un esqueleto narrativo demasiado visto como es el de la serie de asesinatos de personas relacionados con ciertos hechos, en este caso la muerte del gurú de la secta.

Todas estas rémoras no quitan para que El señor de las ilusiones pase por ser uno de los títulos más estimulantes y, en contra de lo dicho, más originales dentro del mortecino panorama del cine fantástico de la década de los noventa. Y ello, a pesar de que, al igual que ocurriera en su anterior Razas de noche (Nightbreed, 1990), Barker tuvo que ver cómo su trabajo era masacrado en la sala de edición, no siendo recuperada su visión del film hasta la edición de éste en DVD, gracias a la inclusión de un nuevo montaje con alrededor de doce minutos más de metraje inédito hasta la fecha, que, no obstante, dista mucho de ser la versión que el británico tenía en mente. Así, la película se ve beneficiada por ciertas características inherentes al autor de Hellraiser, como, por ejemplo, su poderosa inventiva visual para lo macabro, cuyo mejor ejemplo se encuentra en la muerte de los miembros de la secta, producida dentro de un impresionante clímax que se apoya en unos espectaculares efectos especiales cortesía de Howard Berger, Robert Kurtzman y Greg Nicotero.

Igualmente, como es habitual en la obra de su autor, la sexualidad adquiere un gran protagonismo en el desarrollo de la historia, hasta el punto de que en las acciones de los personajes principales subyacen ciertos deseos amorosos que interconectan a todos ellos de un modo u otro, formando una tupida red de tortuosas pasiones encontradas. De esta forma, el andrógino Butterfield trata de resucitar a su amado maestro Nix, cuya atención es para con Swinn, el aprendiz de mago reconvertido en una estrella del ilusionismo. Sin embargo, el amor de éste es para Dorothea, quien se halla casada con él por un matrimonio de compromiso, no teniendo el más mínimo problema en mantener relaciones sexuales con Harry D’Amour. Ya por último, la red se cierra con Valentin, el ayudante de Swinn, enamorado en secreto a la esposa de su jefe. Significativamente, todos estos amores acabarán teniendo funestas consecuencias para los personajes implicados, salvo para aquellos dos cuyos deseos, significativamente, son correspondidos. 

Dejando a un lado sus continuos guiños a realizadores del fantástico tan variopintos como William Friedkin, Wes Craven, Dario Argento, Lucio Fulci o el mencionado Bava, la realización de Barker destaca por el significado que adquieren ciertos paralelismos de su puesta en escena. Si durante el prólogo, poco antes de ser asesinado, Nix entretiene a algunos de sus seguidores con una especie de malabarismo con bolas de fuego, más avanzada la narración, su asesino, Swinn, morirá accidentalmente realizando un espectáculo de ilusionismo cuya escenografía reproduce de forma sorprendentemente similar la posterior resurrección de Nix.

José Luis Salvador Estébenez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s