Un dólar de recompensa

Título original: Un dólar de recompensa/La preda e l’avvoltoio

Año: 1971(España, Italia)

Director: Rafael Romero Marchent

Productores: Eduardo Manzanos, Luciano Martino

Guionistas: Rafael Romero Marchent, Luis Gaspar [en la versión española], Ernesto Gastaldi [en la versión española], José Luis Navarro [en la versión italiana], Fernando Popoli [en la versión italiana], según una historia de los dos primeros [en la versión española]

Fotografía: Mario Capriotti

Música: Nora Orlandi

Intérpretes: Peter Lee Lawrence (Danny), Orchidea De Santis (Janet), Carlos Romero Marchent (Lou Stafford), Andrés Mejuto (sheriff Sullivan), Eduardo Calvo (doctor Dempsey), Dada Gallotti (Carol Wolley), Raf Baldassarre (Joe Porter, el herrero), Luis Induni (Sr. O’Hara, padre de Danny), Emilio Rodríguez (Henry Davies, el tendero), Alfredo Mayo (John Wolley), Frank Braña (juez), Antonio Almorós, María Vico (pasajeros de la diligencia), Miguel del Castillo (amigo de John Wolley), Rufino Inglés , Lorenzo Robledo (Mathathy Johnson, el barbero)…

Sinopsis: Tras vender el rancho de la familia, Danny y su padre emprenden viaje hacia el este para que el joven pueda desarrollar allí su carrera artística como pintor. Sin embargo, la diligencia en la que viajan es asaltada. Durante la refriega Danny sale despedido del carruaje, siendo testigo en la distancia cómo los bandidos asesinan a todo el pasaje, incluido su padre. Tras el incidente, arriba a Blackpoint, población en la que se instala y busca trabajo al sospechar que los criminales a los que se persigue se encuentran entre sus habitantes. Para descubrirlos, gracias a sus habilidades con el dibujo plasma en papel diferentes detalles de cada uno de los cinco asaltantes.

La decadencia en la que se encontraba inmerso el wéstern mediterráneo para comienzos de los setenta, y que ya se había dejado sentir en el tratamiento de Un par de asesinos/Lo irritarono… e Santana fece piazza pulita, la película inmediatamente anterior de Rafael Romero Marchent, es la causante de que Un dólar de recompensa/La preda e l’avvoltoio (1971)se aparte del que había sido el estilo del resto de las colaboraciones del director con Peter Lee Lawrence. Si bien el actor teutón retoma de nuevo su sempiterno rol dentro de la serie, en esta ocasión se inserta dentro de una trama policial que, tanto en la forma como en el fondo, retrotrae a los wésterns españoles realizados antes de la era Leone. Quizás en ello no fuera ajeno, dada su querencia por este tipo de planteamientos, el que se tratara de una coproducción de la Copercines de Eduardo Manzanos, cosa que no sucedía en la filmografía de su responsable desde ¿Quién grita venganza?/I morti non si contano (1968). Una razón a la que cabría añadir la participación en el libreto del italiano Ernesto Gastaldi, que, aunque no ajeno al género, como demuestra su autoría en clásicos de la talla de Mi nombre es ninguno (El mio nome è Nessuno, 1973) o El día de la ira (I giorni dell’ira, 1967), ambos dirigidos por Tonino Valerii, es más recordado por ser uno de los más prolíficos e importantes guionistas del thriller all’italiana, esto es, el giallo[1]. Sin embargo, Gastaldi no tuvo nada que ver con la película en realidad. Preguntado por su grado de participación en el guion, me respondía con franqueza: “Ninguno. Pusieron mi nombre por razones de coproducción”[2].

Sea como fuera, en Un dólar de recompensa Peter Lee Lawrence vuelve a ser testigo de la muerte de su padre en la pantalla cuando, tras salir despedido de la diligencia en la que viajaba durante su asalto, presencie escondido entre unos matorrales cómo unos forajidos enmascarados ejecutan al resto del pasaje. Su posición privilegiada le permite memorizar algún detalle relacionado con cada uno de los criminales con los que espera poder identificarlos a posteriori, tal y como sucedía, salvo pequeñas variaciones, en De hombre a hombre (Da uomo a uomo, Giulio Petroni, 1967), retomando así una influencia ya manifestada en Uno a uno sin piedad/Ad uno ad uno… spietatamente (1968),no por casualidad la primera asociación entre el actor alemán y el cineasta madrileño. Así las cosas, las principales diferencias existentes con respecto a la cinta encabezada por Lee Van Cleef y John Phillip Law se encuentran en que, si en aquella el interés del relato se centraba en la relación que se establecía entre sus dos protagonistas, aquí el foco de atención se pone en el descubrimiento por parte del personaje encarnado por Lawrence de los autores del asesinato de su padre, para lo cual se vale de sus dotes artísticas inmortalizando en el papel sus recuerdos, antes de que se esfumen de su cerebro; algo que hará una vez alcance una cercana localidad llamada Blackpoint, en la que acabará instalándose a causa de los indicios que señalan que las personas a las que persigue se encuentran entre algunas de las fuerzas vivas de la localidad, en un nuevo detalle que retrotrae al film de Petroni.

Dentro pues de lo formulario de semejante planteamiento, la idea más interesante se encuentra en el modus operandi que emplea el personaje principal para llevar a cabo su venganza. En los primeros compases hemos sido testigos de cómo su padre le expresa su intención de que cambie el revólver por los pinceles, motivo por el que ha vendido el rancho familiar para trasladarse al este y que pueda allí desarrollar su carrera artística. Un deseo que es cumplido por el hijo metafóricamente acto seguido, cuando, tras demostrar su buena puntería disparando a varios objetos, entregue el revólver ya descargado a su progenitor. Aunque en ningún momento se explicita, es de suponer que esa es la causa por la que, una vez llegado el momento, en lugar de ejecutar su venganza en primera persona, como sería lo esperable dentro del género, lo que hace es obligar a la banda de forajidos a eliminarse unos a otros ante el temor a ser descubiertos. Para tal fin, cada vez que identifica a uno de ellos coloca un cartel en el pueblo en el que, simulando ser uno de los famosos “Wanted” de la época, informa al resto de los vecinos de su identidad y sus fechorías, al tiempo que ofrece un simbólico dólar de recompensa a quien consiga su captura ―de ahí el título de la película–. Firmados con el seudónimo de “El resucitado”, es de resaltar la atractiva idea de que el protagonista utilice la culata de su revólver para clavar los pasquines, sintetizando de este modo de forma alegórica la forma de articular su venganza.

Ahora bien, aparte de por las comentadas inclinaciones hacia este tipo de intrigas de algunos de sus principales responsables, en la elección de este argumento también tuvo mucho que ver la evidente falta de medios con la que fue rodada la película. No hay que olvidar que las propias características de la historia propiciaban que su realización se pudiera desarrollar casi íntegramente en el poblado de Hoyo de Manzanares propiedad de Eduardo Manzanos ―cuyo desvencijado aspecto, por cierto, parece reflejar el ocaso que vivía el wéstern europeo―, utilizando para ello un puñado de personajes. Buena muestra del raquítico presupuesto que se destinó para la realización del film se encuentra en que para completar el metraje se tuviera que echar mano de abundantes planos provenientes de otras películas, empleados, significativamente, para solventar las escenas más costosas. No deja de ser llamativo a este respecto la utilización de secuencias completas procedentes de trabajos previos de Rafael, a las que le son añadidas nuevas imágenes filmadas ex profeso para mantener la continuidad de la historia, si bien el artificio es fácilmente detectable por la diferente colorimetría que lucen unas y otras. Sin ánimo de exhaustividad, estas escenas recicladas provienen de Dos cruces en Danger Pass/Due croci a Danger Pass (1967), de la que recupera el asalto de la granja del sheriff con el que se iniciaba la película y el tumultuoso enfrentamiento con el que finalizaba, y que es aquí también empleado durante el clímax; y de Dos hombres van a morir/Ringo, il cavaliere solitario (1968), en este caso mediante la inserción de la pelea protagonizada por los falsos mormones en el saloon.

Ni qué decir tiene que estos condicionantes acaban por provocar que los resultados globales del conjunto no resulten tan estimulantes como en anteriores títulos de Rafael Romero Marchent dentro del wéstern. A ello también contribuye la poco inspirada dirección de la que hace gala éste, quién sabe si fruto de las circunstancias. En este sentido, además de un poco convincente empleo de las noches americanas, destaca negativamente el encuentro romántico del protagonista con la hija del sheriff[3] debido al inexplicable uso de efectos de reverberación para reproducir el sonido de los diálogos que queda francamente horrible. Una lástima, ya que además de suponer el final de su ciclo con Peter Lee Lawrence, Un dólar de recompensa supondría también el legado del cineasta en los terrenos del wéstern; al menos en un sentido estricto, ya que la influencia del género se dejaría notar en varios de sus films posteriores, empezando por el que sería su siguiente proyecto, El Zorro justiciero/E continuavano a chiamarlo figlio di… (1971), en el que las aventuras del personaje creado para la literatura por Johnston McCulley se desarrollan en el entorno del Far West.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Cabe mencionar que aquel mismo año –según las fuentes italianas, que las españolas lo datan en 1975― Manzanos coproduciría el film dirigido por Mario Bianchi La máscara de cuero/In nome del padre, del figlio e della Colt, en el que se fusionan sin ambages los modos del spaghetti wéstern y la narrativa del giallo.

[2] En este sentido resulta de lo más curioso que, mientras que en la versión española se incluye el nombre de Gastaldi y no el de Fernando Popoli, el guionista de su nacionalidad que sí aparece en la copia italiana, en esta sí se acredite al español José Luis Navarro, ausente en cambio en el montaje patrio. En fin, el típico baile de nombres tan habitual en las fichas técnicas de los wésterns dirigidos por Rafael Romero Marchent.

[3] En una nueva analogía con Uno a uno sin piedad, a su vez heredada de la oblicua El sabor de la venganza/I tre spietati (1963), el interés amoroso del protagonista es hija del hombre que sospecha que es uno de los asesinos de su padre.

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