Esta Noite Encarnarei no Teu Cadáver

Título original: Esta Noite Encarnarei no Teu Cadáver

Año: 1967 (Brasil)

Director: José Mojica Marins

Productor: Augusto Pereira

Guionistas: José Mojica Marins, Aldenora de Sá Porto (diálogos)

Fotografía: Giorgio Attili

Música: Herminio Giménez

Intérpretes: José Mojica Marins (Zé do Caixão), Roque Rodrigues (Coronel), Tina Wohlers (Laura), Nádia Freitas (Marcia), William Morgan (Truncador), Nivaldo de Lima (Bruno), Tânia Mendonça (Jandira)…

Sinopsis: Zé do Caixão está más obsesionado que nunca con tener un hijo que suponga un súper hombre, sobrepasando incluso sus propias imperfecciones. En su búsqueda de la mujer idónea para concebirlo, rapta a varias jóvenes y las somete a diversas torturas, granjeándose nuevos enemigos entre sus conciudadanos que intentan infructuosamente detener sus fechorías.

Para el aficionado al fantástico, la figura de José Mojica Marins tiene un componente exótico, por tratarse de un fenómeno aislado. Su cine, tal vez sin pretenderlo, ha trascendido su tiempo y lugar, popularizándose a nivel global. Tres años después de À Meia-Noite Levarei Sua Alma (José Mojica Marins, 1964), gran parte del equipo técnico repitió en su secuela, Esta Noite Encarnarei no Teu Cadáver, con la intención no solo de darle continuidad, sino de repetir y acrecentar sus méritos[1]. Lo primero que llama la atención es que al contar con un presupuesto mayor (siempre dentro de los límites de la serie B brasileña), se añaden más personajes, subtramas y localizaciones, y cuenta con un acabado más profesional; las escenas ya no se despachan con un solo plano conjunto, sino que hay más variedad de encuadres, incluyendo grandes generales de situación y el uso del plano/contraplano.

Narrativamente, desde el primer momento Esta Noite Encarnarei no Teu Cadáver corre paralela a su precursora, con la que comparte un potente inicio, sobre el que merece la pena detenerse:

 “¿Es la vida todo y la muerte nada?    

¿O es la vida nada y la muerte todo?”

Con estas palabras dirigidas al espectador, Zé do Caixão abre la película, sintetizando las inquietudes del personaje, empeñado en desmantelar toda creencia religiosa o superstición de sus semejantes.

De ahí pasamos a un prólogo en el que se retoma el final de À Meia-Noite Levarei Sua Alma, añadiendo nuevo metraje en el que vemos que Zé, en contra de lo que parecía, sí que ha sobrevivido, una argucia ya empleada en 1935 por La novia de Frankenstein(The Bride of Frankenstein, James Whale) para dar continuidad a El doctor Frankenstein (Frankenstein, James Whale, 1931). No será en absoluto la última vez que encontremos ecos de las películas con monstruos clásicos de la Universal en Esta Noite Encarnarei no Teu Cadáver, siendo las referencias más claras la turba enfurecida, antorchas en mano, que, de nuevo, quieren acabar con Zé, y el personaje de Bruno, su ayudante desfigurado y jorobado.

Unos dinámicos créditos iniciales nos avanzan los momentos más intensos que nos esperan, aunque el montaje es tan rápido, los planos tan cerrados y las letras tapan tanto la imagen, que no destripan la película (al contrario de lo que ocurría en la anterior). Estos locos créditos se alternan con la recuperación en una cama de hospital y el proceso judicial en el que Zé do Caixão sale absuelto. La siguiente escena muestra una bulliciosa calle de un pueblecito indeterminado. Ante el regreso del dueño de la funeraria, los vecinos corren a esconderse en sus casas mientras se santiguan, quedando la vía completamente desierta. Esta excelente idea le confiere al personaje un carácter mítico. Si Zé do Caixão ya quedó completamente definido en la primera película, en la secuela vuelve más obsesionado y perturbado, dando rienda suelta a sus panfletarios discursos a la menor ocasión: mirando a cámara expresa sus ansias de venganza contra sus conciudadanos, a los que considera seres inferiores. Cuando finalmente aparece el título del film, tenemos al protagonista en perfecto estado de salud y libre para continuar sus fechorías, ¡y solo han pasado cuatro minutos de película!

Aunque se pierde el elemento sorpresa, Esta Noite Encarnarei no Teu Cadáver, sigue poseyendo el encanto de su singular personaje. Con sus teatrales interpretaciones y sus artificiales decorados, el film desprende una actitud granguiñolesca de vocación popular; su burda simplicidad, que algunos podrán percibir como un defecto, es lo que la hace tan disfrutable, cumpliendo sobradamente sus aspiraciones de divertir aterrorizando. Puestos a comparar, À Meia-Noite Levarei Sua Alma resulta más directa y efectiva como entretenimiento macabro, por sus mayores dosis de perversidad y depravación. En aquella, Zé asesinaba a sus seres más allegados, su mujer y su mejor amigo, y violaba a la novia de éste, provocando su suicidio. La continuación no llega a alcanzar tanto sadismo, como tampoco sus cotas de brutalidad (el ejemplo más claro es la salvaje agresión a Terezinha). A cambio eleva los niveles de erotismo, mostrando mucha más epidermis de sus actrices.

Esta Noite Encarnarei no Teu Cadáver cuenta con unos referentes estéticos y temáticos muy marcados: principalmente las paródicas historias de miedo de los EC Comics de los años cuarenta y cincuenta, y, como hemos visto, anteriores películas de terror de los veinte, treinta y cuarenta. Las obsesiones de Zé do Caixão tienen ecos de las teorías de Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud. Su aspecto recuerda a un cruce entre Lon Chaney en la perdida La casa del horror (London After Midnight, Tod Browning, 1927) y el Nosferatu (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, 1922) de Murnau, con sus características uñas, esta vez mucho más largas (”¿hasta dónde crecerán estas uñas si no las corto?”). El protagonista no es el único personaje con una caracterización exagerada; hay otros que también podrían haber salido de las ilustraciones de un tebeo, como Truncador, o los sicarios que contrata para acabar con Zé. Cementerios, mausoleos, ciénagas, mazmorras, laboratorios propios de un científico loco y hasta el mismísimo Infierno constituyen los artificiales escenarios. Hay una evidente intención de crear situaciones e imágenes similares a las viñetas de un cómic de terror o la portada de una novela pulp, como la escena en la que media docena de chicas en camisón transparente son cubiertas por decenas de tarántulas, o aquellas en las que Zé acaricia con sus imposibles garras el rostro y cuerpo de una joven[2], o en la que el villano porta en sus brazos el cadáver de una mujer, entre muchas otras.

En su afán por superar los momentos más celebrados de su precursora, la chica que era torturada con una araña, como hemos visto, aquí se multiplica por seis féminas y muchas más tarántulas. Luego, cuatro de ellas se verán sometidas a similar agonía, esta vez con serpientes de todo tipo. Hay un clímax paralelo al de la anterior película, en el que Zé era atormentado por los espíritus de su víctimas. Esta vez sufre una surrealista pesadilla en la que es arrastrado desde su cama a un lisérgico infierno, algo desfasado, de yeso y cartón piedra con brillantes colores primarios; la escena destaca especialmente gracias a la feliz idea de ser la única grabada en color. También se recrean otros momentos de À Meia-Noite Levarei Sua Alma, como la maldición lanzada a Zé por una de sus víctimas, la posterior reaparición de ésta como un espectro flotante para cobrarse venganza, o los accesos de furia de Zé, con sus ojos inyectándose en sangre, como le ocurría al Drácula interpretado por Cristopher Lee en las películas de la Hammer.

Zé do Caixão, obsesionado por alcanzar la perfección a través del “control del instinto”, es decir, regirse por el instinto y anular los sentimientos[3], es consciente de sus limitaciones, heredadas de condicionantes como el entorno o la genética (“no puedo negar las imperfecciones de mis padres, las obsesiones y el estúpido legado de una raza mediocre”). Por ello busca crear una raza superior engendrando un hijo (“el hombre perfecto solo puede venir de la unión de dos seres perfectos”), para lo que busca una mujer que no esté limitada por los sentimientos: “los que aman son débiles; el amor corrompe el alma, luego es malo”, llega a decir. Si Zé provoca el temor entre la población, también seduce a las mentes depravadas: la obsesiva atracción que sienten por él Laura y Marcia parece sobrenatural, como si fueran víctimas de algún tipo de hipnosis. De este modo, solo accede a copular con Laura tras comprobar su inhumana frialdad (“He asesinado a tu hermano” le espeta Zé; ”Quiero ser tuya” contesta Laura). Zé la posee en un montaje paralelo con momentos de dolor durante el entierro de su hermano, en el más claro ejemplo de que en la película el sexo siempre va asociado con la muerte. Los dos instintos más básicos que rigen al hombre, la vida y la muerte, las dos pulsiones principales, según Sigmund Freud, enfrentadas e idefectiblemente unidas.

La culpa, otro concepto freudiano, solo empieza a atormentar a Zé cuando descubre que una de las mujeres a las que mató (Jandira, la que le maldijo) estaba embarazada. Es ahí cuando se produce la pesadilla en la que es arrastrado al multicolor averno y acosado por las almas de sus víctimas, en lo que parece una recreación del clímax de À Meia-Noite Levarei Sua Alma, convenientemente ampliado para la ocasión. Pero como si el personaje hubiera aprendido de los acontecimientos acaecidos en el film anterior, Zé se sobrepone a su fatal destino racionalizando sus visiones como los remordimientos de su inconsciente (“Debe ser mi alma torturada”), autoafirmándose en que necesita un hijo que superará sus limitaciones. El film continúa y Mojica Marins sorprende así a los espectadores que pensaran que, siguiendo el esquema argumental de su precedente, esta escena iba a suponer el final de Zé y de la película.

Cuando Truncador y los sicarios apalean a Zé, éste saca fuerzas para defenderse porque sabe que está a punto de cumplir su objetivo; su hijo aún no ha nacido y él debe resistir hasta que su descendiente esté a salvo. Pero cuando Laura sufre un aborto, la férrea voluntad de Zé comienza a resquebrajarse, perdiendo la noción de la realidad, la carga religiosa del film entonces aumenta (“Lleva en su vientre sagrado el niño que salvará a la raza humana” dice Zé negando la pérdida), precipitándose en un clímax de reminiscencias bíblicas, deus ex machina incluido, que contradecirá toda la ideología de Zé. Cuando ya es demasiado tarde para él, su férrea certeza se ve quebrantada y reconoce la existencia de Dios, traicionando su esencia, en lo que puede parecer una conclusión en exceso mojigata, pero también supone el final más cruel imaginable para el personaje.

Nacho Carrero Contreras

[1] Las andanzas de Zé do Caixão continuarían más de cuarenta años después con Encarnação do Demônio (José Mojica Marins, 2008), pero el personaje también aparecerá en otras películas, cómics, radio, novelas o televisión, muchas veces confundiéndose con el propio José Mojica Marins. Algunos filmes en los que aparece son: O Estranho Mundo de Zé do Caixão(José Mojica Marins, 1968), O Ritual dos Sádicos (José Mojica Marins, 1970), Exorcismo Negro (José Mojica Marins, 1974), A Estranha Hospedaria dos Prazeres (Marcelo Motta, 1976) y Delírios de um Anormal (José Mojica Marins, 1978).

[2] Que remite, entre otras cosas, a una icónica imagen de El legado tenebroso (The Cat and the Canary, Paul Leni, 1927).

[3] Maneja conceptos filosóficos de Nietzsche, como el superhombre, las ventajas del instinto, la superación de la religión o la creación de un nuevo código moral.

Un comentario en “Esta Noite Encarnarei no Teu Cadáver

  1. Con esta reseña damos inicio a un dossier semanal coordinado por Javier Pueyo en el que repasaremos los principales hitos de la trayectoria del recientemente fallecido cineasta brasileño José Mojica Marins.

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