Vivre pour survivre/White Fire [vd: White Fire]

 

Sinopsis: Estamos en un futuro cercano. Dos niños son testigos de cómo sus padres son asesinados. Veinte años después en Estambul una pareja de hermanos trafica con diamantes para sacar dinero y luchar contra el sistema. El descubrimiento de una pieza mítica conlleva la muerte de la chica, Ingrid. Su hermano llevará a cabo un retorcido plan para descubrir a los culpables y vengarse.

 


Título original: Vivre pour survivre/White Fire
Año: 1984 (Turquía, Francia, Reino Unido)
Director: Jean-Marie Pallardy
Productores: Jean-Marie Pallardy, Alan G. Rainer
Guionista: Jean-Marie Pallardy [acreditado como Edward John Francis]
Fotografía: Roger Fellous
Música: Jon Lord
Intérpretes: Robert Ginty (Boris “Bo” Donnelly), Fred Williamson (Noah Barclay), Belinda Magne (Ingrid Donnelly/Olga), Jess Hahn (Sam), Gordon Mitchell (Olaf), Henri Guégan (Mike Henchman), Jean-Marie Pallardy (padre), Benito Stefanelli (Barbossa), Bruno Zincone (interrogador)…

En 1980 la película El exterminador (The Exterminator), de James Glikenhaus, sacudía la cartelera[1] y convertía en un nuevo héroe de acción a Robert Ginty gracias al papel de John Eastland, algo así como una vuelta de tuerca un poco más a la derecha al Paul Kersey que hiciera Charles Bronson en El justiciero de la ciudad (Death Wish, 1974), de Michael Winner[2]. A pesar de haber comenzado una década antes y principalmente en el medio televisivo, Ginty se vio encasillado a partir de entonces en papeles de action-hero duro y de una pieza, en alguna secuela de su hit con Glikenhaus y otras películas de corte similar. De este modo, la Cannon anduvo detrás de Exterminador 2 (Exterminator 2, 1984), con realización de Mark Buntzman, prolongando el gran éxito de Glikenhaus, donde Robert Ginty volvía a encarnar el mismo personaje, a lo que hay que sumar que varios títulos de su filmografía se distribuyeron en España -y en algún otro país- como continuaciones de su tan cacareado hit aunque en realidad no lo fueran; tal sería el caso de The Bounty Hunter (1989), dirigido –es un decir- por el propio Ginty, que aquí llegó a los videoclubs como Exterminador III, y que tenía sus miras puestas en Ruta suicida (The Gauntlet, 1977) de Clint Eastwood; o de Out on Bail (1989), de Gordon Hessler, enésima revisión de Raíces profundas (Shane, 1953) de George Stevens, y  cuya carátula española se anunciaba con el nombre de Exterminador IV. Es más, en la portada del VHS que por estos lares llegó del film que aquí nos interesa, Vivre pour survivre/White Fire [vd: White Fire, 1984] rezaba el eslogan “Exterminación es el tributo de los ricos”[3]. White Fire no fue ninguna excepción en la tónica habitual de las cintas protagonizadas por Ginty; el actor de prominentes mofletes vuelve a encarnar en esta coproducción turco-franco-británica a un tipo rudo que lo soluciona todo a base de golpes y tiros, dentro de una narración donde se impone la máxima del “más es más”, es decir, avanza por medio de acumulación.

Acompaña a Robert Ginty en esta ocasión, en el rol de un policía corrupto, la antigua estrella del fútbol americano y la blaxploitation Fred Williamson -que hace aparición a partir de la mitad del metraje-, por aquellos primeros ochenta muy activo en Europa en producciones transalpinas[4]. El año anterior, Ginty y Williamson habían trabajado juntos en otra película de corte futurista, la delirante coproducción entre Estados Unidos e Italia El guerrero del mundo perdido (Warriors of the Lost World/I predatori dell’anno omega, 1983), dirigida –siguiendo con las conjeturas- por David Worth. Como principal villano de Vivre pour survivre/White Fire tenemos al veterano del peplum y el spaghetti-western Gordon Mitchell, a quien ya habíamos visto antes en otras películas del director. Tras la aquí tratada, Pallardy aparece como director -sin acreditar- junto con Fred Williamson en Foxtrap [vd: Trampa a Mr. Fox, 1986], que el intérprete de El padrino de Harlem (Black Caesar, 1973) también produjo y protagonizó, como es habitual en él, lo que hace pensar que el francés empezaría a dirigirla, pero Williamson, con el carácter controlador que le caracteriza, prescindió de sus servicios encargándose también él, como suele hacer, de la realización.

Aunque hoy no mucha gente se acuerda del realizador de El parador del placer (L’amour chez les poids lourds/I grossi bestioni, 1978)[5], Jean-Marie Pallardy comenzó de modelo en los sesenta para reconvertirse en la década siguiente en director, productor, guionista e intérprete[6] de un buen puñado de softcores con muy buena aceptación en la taquilla francesa –él afirma que también fue una estrella en Italia, desbancando, en sus propias palabras, a Stallone, Ornella Muti y Marcello Mastroianni-. Pallardy trató en la cima de su carrera de cambiar de registro hacia un cine más serio, más de autor, con Le Ricain [vd: Venganza en el hampa, 1975], un título que no funcionó como a su responsable le hubiera gustado, teniendo que volver por sus fueros. La espinita sigue clavada, pues el realizador francés asegura que el libreto, así como la carátula de dicha película, fueron copiados por los estudios de Hollywood en la super producción Un mundo perfecto (A Perfect World, 1993), que dirigiera Clint Eastwood y que éste protagonizara junto a la estrella de aquel momento, Kevin Costner. A Pallardy no le quedó otra que continuar facturando exploits, metiendo, conforme avanzaban los ochenta, más acción en detrimento del erotismo, según exigía el público. Así lo ejemplifica la cinta que aquí tratamos y que supondría a la postre el título más ambicioso de su director y el que gozó de una mejor distribución, incluso a día de hoy, a nivel internacional. Siempre satisfecho de su carrera tras las cámaras -Pallardy es su mayor fan-, incluso remakeó en 2001 uno de sus más sonados éxitos, La donneuse (1976), retitulada The Donor, ahora con vistas a venderla también fuera de las fronteras de su país, contando para ello con conocidos nombres del cine norteamericano -que no estaban entonces en su mejor momento- como David Carradine o Karen Black, acompañados por una de las sex-symbols de carrera más fugaz, Florence Guérin.

Vivre pour survivre/White Fire se erige como ejemplo perfecto de film exploitation de su tiempo concebido para su distribución en formato doméstico, aprovechando el boom del magnetoscopio, donde no faltan los esperados desnudos femeninos gratuitos, gore, peleas -incluyendo sierras mecánicas-, música hortera a base de sintetizadores y cajas de ritmo… que sobresalen por encima de un guion muy endeble firmado por el propio director bajo seudónimo, y donde, para más inri, Ginty intenta dar sin mucho éxito un toque dramático a su papel. Llama la atención la naturalidad con la que se trata la atracción física entre el personaje del héroe y su hermana: cuando la otra chica protagonista se somete a cirugía estética para hacerse pasar por Ingrid (¡!), aquél encuentra la excusa perfecta para conseguir su anhelado deseo de acostarse con ella.

La fotografía corrió a cargo de Roger Fellous, todo un veterano en el cine epidérmico del país vecino, tanto erótico como porno, contando en su currículum con numerosos clásicos. Con Turquía metida en el meollo, abundan los planos turísticos de rigor mostrando los soleados y exóticos paisajes y las bellas construcciones de Estambul, donde tuvo lugar el rodaje. De igual modo no faltan, por supuesto, villanos de frondosos mostachos. Sólo se echa en falta que se hubiera dejado caer por la película Cüneyt Arkin.

Alfonso & Miguel Romero

[1] En España, debido a su violencia, se estrenaría con la etiqueta de “clasificada S”. Algo que repercutió positivamente de cara a la taquilla, pues motivó que el público se interesase más en verla.

[2] Bronson retomaría el papel de Kersey, ya para la Cannon, en Yo soy la justicia (Death Wish 2) en 1982, nuevamente dirigido por Winner, abriendo una saga que duraría hasta Death Wish V: The face of Death [tv/vd/dvd: El rostro de la muerte], de Allan A. Goldstein, fechada en 1994, veinte años después de la original, y producida por la 21st Century Films de Menahen Golam. El intérprete estaría en la nómina de la pareja Golam-Globus en un buen puñado de títulos que hicieron del reaganismo su bandera.

[3] Y ya puestos, no podemos olvidar el capítulo de los Simpson Más allá de la cúpula del fracaso (Beyond Blunderdome, 1999), donde Homer, quejándose de la corrección política que se apoderaba ya de las pantallas, viene a decir algo así como: “¿Qué hay de aquellos tiempos cuando el hombre del lanzallamas impartía justicia?”, en claro guiño a la película de James Glikenhaus protagonizada por Robert Ginty.

[4] Williamson comentó en una entrevista que los italianos buscaban en él un sustituto para los papeles que solía interpretar Woody Strode.

[5] Régis Brochier  comentaba al respecto en relación al episodio dedicado a Pallardy en la serie de documentales Nanarscope para Arte Creative: “Por ejemplo, el capítulo de Nanaroscope sobre el director francés Jean-Marie Pallardy creo que es el único reportaje que se ha hecho sobre su carrera. Desgraciadamente, las cadenas de televisión de nuestro país no se interesan actualmente por el trabajo de un director como él, ni tampoco en los sitios webs de cine generalista”. En https://cerebrin.wordpress.com/2018/03/09/entrevista-a-regis-brochier-y-regis-autran-directores-de-nanaroscope/

[6] En la aquí reseñada, Pallardy, que ya no era un mozalbete, deja a otros los roles principales, reservándose él un cameo –sin acreditar- como el padre de los dos hermanos protagonistas.

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