Avisa a Curro Jiménez

 

Sinopsis: Lord Killarney, delegado del Museo Británico, adquiere en Córdoba un valioso tratado de botánica árabe, pero en su camino de vuelta es asesinado y el libro desaparece. Las sospechas recaen sobre el Lince, un anticuario que había pujado con el inglés para hacerse con el incunable, y que al ser detenido solicitan que avise a Curro Jiménez para que le ayude.

 


Título original: Avisa a Curro Jiménez
Año: 1978 (España)
Director: Rafael Romero Marchent
Productora: Ízaro Films
Guionista: Antonio Larreta
Fotografía: Hans Burmann
Música: Camp, Waldo de los Ríos (tema principal)
Intérpretes: Sancho Gracia (Curro Jiménez), Ágata Lys (Henriette), José Sancho (El Estudiante), Álvaro de Luna (El Algarrobo), Alfredo Mayo (Don Fulgencio), Alberto de Mendoza (El Jándalo), Eduardo García (El Gitano), Walter Vidarte (Lince), Sara Lezana (Araceli), Enrique García (Remigio),Lorenzo Ramírez, Julia Lorente, Chiro Bermejo, Francisco Sanz (mesonero), Fabián Conde (viajero en diligencia), Ángel Álvarez (fraile), José Nodar, Miguel Jara, Román Ariznavarreta, Manolo Cal, Luis Agudín, Ricardo Hurtado, Luis Barboo (asaltante diligencia), Laura Campos, Rosa Quesada…

Superado el ecuador de la década de los setenta, la trayectoria como director de Rafael Romero Marchent abandonaba temporalmente la gran pantalla para pasar a desarrollarse durante una corta pero intensa temporada entre las 625 líneas catódicas. Casualidad o consecuencia, lo cierto es que este cambio de formato se produciría en un momento en el que el hasta entonces boyante cine de género español donde se había circunscrito el grueso de la andadura del madrileño comenzaba a manifestar los primeros síntomas de su decadencia artística y productiva, lo que coincidió en el tiempo con el inicio de una auténtica edad dorada por parte de la ficción televisiva hecha en nuestro país. No en vano, durante esta primera incursión en el medio, Rafael participó en dos de los más grandes hitos en la historia de Televisión Española. Por un lado, realizando Cañas y barro (1978), adaptación a formato serie de la popular novela de Vicente Blasco Ibáñez que dio inicio al ciclo de traslaciones de prestigiosas obras de nuestra literatura que durante una época se erigiera en el principal distintivo de la producción del ente público, al tiempo que supuso, probablemente, el mayor éxito profesional del director de Garringo (1969). Y por otro, mediante su incorporación en el elenco de directores de la mítica Curro Jiménez (1976-1979), junto a su hermano Joaquín, Mario Camus, Francisco Rovira Beleta, Antonio Drove, Pilar Miró y Fernando Merino; ahí es nada.

Creada por el escritor uruguayo y posterior premio Planeta Antonio Larreta, su protagonista, Sancho Gracia, y el propio Joaquín Romero Marchent, la serie narraba las andanzas de una partida de bandoleros liderada por Curro Jiménez en la Sierra de Ronda. Si bien su personaje principal se inspira en la figura del bandolero real Andrés López, el Barquero de Cantillana, su planteamiento conceptual se deriva de la aclimatación de varios ingredientes del relato de aventuras a la idiosincrasia de la Andalucía de comienzos del siglo XIX. Sin ir más lejos, Curro Jiménez es, en realidad, un buen ladrón a lo Robín de los Bosques, que lucha en pos del pueblo y en contra de la injustica, ya sea enfrentándose a otros bandidos, a terratenientes abusivos o al invasor francés. Lo mismo ocurre con los integrantes de su cuadrilla, dibujados según ciertos arquetipos. Algo que se hace especialmente detectable en sus más populares subalternos. Mientras que “El Algarrobo” encarna al característico comilón algo bruto pero de buen corazón, el inteligente, mujeriego y algo pícaro “El Estudiante” funciona como su contrapunto. Todo ello es presentado, además, con un tratamiento muy cercano al del wéstern clásico, similitud que, aunque presente en la mayoría de exponentes de lo que podríamos denominar el cine de bandoleros, desde Amanecer en Puerta Oscura (José María Forqué, 1957) a Llanto por un bandido (Carlos Saura, 1964), pasando por Carne de horca (Ladislao Vadja, 1953), es potenciada en los muchos capítulos dirigidos por los hermanos Romero Marchent, no por casualidad los más consumados especialistas con los que contó dicho género en España.

En un país que por entonces tan solo contaba con un único canal televisivo totalmente operativo, el impacto causado por Curro Jiménez resulta difícilmente inimaginable a más de cuarenta años vista. Formada por 54 episodios divididos en cuatro temporadas, la emisión de cada nuevo capítulo acabó convirtiéndose en todo un acontecimiento que congregaba ante la pequeña pantalla a millones de espectadores semana tras semana, constituyendo todo un fenómeno sociológico que propició que sus personajes principales se transformaran en verdaderos iconos de nuestra cultura popular. Buena muestra de ello es que sus tres actores protagonistas, el mencionado Sancho Gracia, Álvaro de Luna y Pepe Sancho, pasados varios años de la finalización de la serie continuaban siendo conocidos entre muchos espectadores por el nombre de los personajes a los que habían dado vida en la  ficción en lugar de por el suyo en la vida real. No solo eso, sino que ya en los noventa, la llegada de las televisiones privadas a España propició la realización de una nueva serie sobre el personaje titulada Curro Jiménez. El regreso de una leyenda (1995) por parte de la recién nacida Antena 3, en la que unos ya maduros Sancho Gracia y Álvaro de Luna volverían a encarnar sus antiguos roles.

A tenor de lo expuesto, no resulta extraño que cuando la serie original se encontraba en su periodo de máximo apogeo, sus responsables decidieran aprovechar el contexto para llevar las aventuras de Curro a la gran pantalla, confiando su dirección a Rafael Romero Marchent, a quien le acompañaron otros habituales del equipo técnico de la versión televisiva, comenzando por Antonio Larreta a cargo del guion. Un ejemplo de lo más significativo del aire continuista con el que fue encarado un proyecto que llevaría por nombre Avisa a Curro Jiménez (1978). Y es que, más allá del cambio de medio, la película se limita a repetir el modelo ya conocido en forma y fondo, resultando intercambiable con cualquiera de las entregas de su precedente catódico. Tanto es así que el único reclamo de cara a la audiencia que sus ideólogos parecían manejar era el de ofrecer el mismo producto que había triunfado en televisión, pero con el añadido de hacerlo en formato panorámico[1] y color[2], lo cual es convenientemente subrayado por el uso de flou que preside la fotografía de Hans Burmann. Por lo demás, el film sigue el mismo esquema de la serie, si acaso con el tono más festivo de las primeras temporadas y no con el aire trágico y fatalista que caracterizara su última época, por medio de una historia autoconclusiva protagonizada por unos personajes que ni siquiera son presentados al considerarles de sobra conocidos por los espectadores.

Una jugada comercial en toda regla, en definitiva, orquestada sin mayor afán que el de aprovechar el momento para exprimir económicamente el fenómeno, como ponen de relieve un par de detalles. Uno se encuentra en el cartel original de la película, donde el nombre de su personaje protagonista aparece en un lugar predominante y a un tamaño bastante más grande que el del auténtico título. Y el otro está en el significativo hecho de que Avisa a Curro Jiménez fuera estrenada escasos meses después de la conclusión de la serie[3], con el gancho que tal circunstancia suponía de cara a taquilla. Dentro pues de lo rutinario del conjunto, lo más destacable se encuentra, siquiera de forma anecdótica, en que varias secuencias transcurran en el interior de la Mezquita de Córdoba; la apropiación que el argumento hace de ciertos motivos sacados de uno de los Cuentos de la Alhambra de Washington Irvin, y que es acompañada a varias referencias culturales e históricas al pasado árabe de España; o la inclusión de diferentes números de flamenco ejecutados por Sara Lezana. Por más que este tipo de secuencias fueran habituales en el original, además de para dar ambiente a la historia, su concurso en este caso parece estar orientado a aportar la media hora de metraje de diferencia entre la duración de los capítulos de la serie y la del título que nos ocupa. No obstante, fruto de ello es el momento más inspirado de la realización de Rafael Romero Marchent, cuando en medio de la pelea a navaja entre Curro Jiménez y el villano de la función, el personaje de Lezana se arranque con un zapateao, en una idea que sobre el papel puede parecer surrealista y hasta ridícula, pero que en pantalla posee una rara magia, además de explicitar ese componente racial que fuera uno de los ingredientes más característicos de Curro Jiménez y el causante de buena parte de su éxito. 

José Luis Salvador Estébenez

[1] Pues la serie se rodó, como era norma en la época, en formato 1.33:1, aunque TVE insista en los últimos años, en las reemisiones de la serie, en convertirla en panorámica amputando con ello su formato original.

[2] Cabe recordar que, aunque la serie fue filmada en color, la mayoría de las televisiones en España en aquel entonces eran en blanco y negro.

[3] La premier de Avisa a Curro Jiménez en el Palacio de la Prensa madrileño resultaría todo un suceso. Además de contar entre sus espectadores con numerosos famosos, los protagonistas de la película llegaron al cine entre gran expectación a caballo en plena Gran Vía ataviados como sus personajes en la pantalla, tal y como puede verse en el siguiente video:

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