The Flying Serpent

 

Sinopsis: El profesor Forbes habita en San Juan, Nuevo México, cerca de unas ruinas recién descubiertas, y tiene enjaulado a Quetzalcóatl, un ser mitad serpiente mitad pájaro, que se supone era la deidad que adoraban los antiguos aztecas. La esposa de Forbes muere en horribles circunstancias: ha sido atacada por la criatura, que ha seguido el rastro de una pluma suya, que el científico le arrancó y regaló a la mujer. Conocedor de esa circunstancia, Forbes hará uso de la bestia para sus pérfidos fines…

 


Título original: The Flying Serpent
Año: 1946 (Estados Unidos)
Director: Sherman Scott [Sam Newfield]
Productor: Sigmund Neufeld
Guionista: John T. Neville
Fotografía: Jack Greenhalgh
Música: Leo Erdody
Intérpretes: George Zucco (profesor Andrew Forbes), Ralph Lewis (Richard Thorpe), Hope Kramer (Mary Forbes), Eddie Acuff (Jerry ‘Jonsey’ Jones), Wheaton Chambers (Louis Havener), James Metcalf (Dr. John Lambert), Henry Hall (sheriff Bill Hayes), Milton Kibbee (Hastings), Budd Buster (director de la investigación), Terry Frost (Vance Bennett), Richard Crane (locutor de radio)…

En 1940, el guionista John T. Neville escribió (a partir de un argumento de George Bricker) The Devil Bat [tv/dvd: El murciélago diabólico], que dirigió Jean Yarbrough. En ella, un científico loco interpretado por Bela Lugosi, el doctor Paul Carruthers, disponía de un murciélago gigante que utilizaba para deshacerse de sus víctimas, por medio de una colonia con la que obsequiaba a estas, y a la que el quiróptero podía seguir el rastro. La película fue un enorme éxito de público, así que, cuando surgió el presente proyecto —el último guion que escribió—, Neville optó por repetir la estructura: prácticamente la historia es la misma, solo que en esta ocasión tenemos a un arqueólogo, el profesor Andrew Forbes (George Zucco), que ha descubierto una entrada secreta a unas ruinas aztecas, donde tiene enjaulado a nada menos que a Quetzalcóatl, un monstruo con cuerpo de serpiente, cola de reptil y alas de ave, y que tiene el tamaño de un águila real. Por lo demás, las víctimas son rastreadas por la criatura por medio de una de sus plumas, arrancada por el científico y luego colocada en aquéllas…


Esta vez el director es Sam Newfield, escudado en su habitual seudónimo de Sherman Scott, que utilizó profusamente (junto al de Peter Stewart) para ocultar lo prolijo de su labor: dirigió 243 películas desde 1926 hasta 1964 (62 de ellas cortometrajes), de las que lo que más realizó fueron westerns. Su estilo siempre resultó muy funcional: planos generales para ubicar al espectador en el entorno donde acontece la escena, y planos medios para los diálogos, sin más florituras.

El héroe de la película es el actor Ralph Lewis —un intérprete de brevísima carrera, que rodó catorce cintas de Serie B entre 1944 y 1946—, con un personaje denominado Richard Thorpe, igual que el célebre director de cine, y que es escritor de historias de misterio y de detectives, tal como es anunciado en la cadena de radio para la cual prepara un programa, donde va informando sobre los crímenes que están aconteciendo, en los que las víctimas aparecen sin una gota de sangre, como si hubieran sido atacadas por un vampiro. De hecho, la comparación con un vampiro es hecha en más de una ocasión, y en uno de los programas Thorpe habla de criaturas mitológicas como éste, el hombre lobo o los “hombres gato” de los países del este de Europa, en una sorprendente cita cinéfila por aquella época a La mujer pantera (Cat People, 1942), de Jacques Tourneur.

Precisamente, aunque la trama sea un remedo de la referida The Devil Bat, también acaba siendo un precedente de otra película de Tourneur, La noche del demonio (Night of the Demon, 1957), pues en ambas las víctimas de la criatura perecen como consecuencia de disponer de una “reliquia” (en el clásico tourneriano, un manuscrito), que al final llegará al poder de su perpetrador, quien huirá sin lograr escapar del ataque del monstruo —no destrozaré a nadie la presente por desvelar el destino final del malo—, siendo en ambas cintas los crímenes consumados por una criatura perteneciente a una civilización perdida (en el film de Tourneur, un demonio sumerio). En este caso, lo que busca el científico de turno es un tesoro azteca, por lo que va eliminando a todos lo que se interponen en su camino por el método referido. George Zucco encarna al genio loco con la potencia que lo caracteriza, y su hija (o hijastra, puesto que es llamada de las dos formas a lo largo de los diálogos) la encarna Hope Kramer, actriz que sólo haría una película más, I Was a Communist for the FBI (1951), de Gordon Douglas.

Por supuesto que, pese al sugestivo telón de fondo que tiene The Flying Serpent, con la mitología azteca de por medio y la aparición de Quetzalcóatl, todo ello es desaprovechado, siendo una mera película de monstruos de Serie B de la época, donde la condición divina de la criatura no es en nada explorada; en más de una ocasión se la denominará monstruo prehistórico, sin escarbar en absoluto en las posibilidades que podría tener como entidad sobrenatural. La cinta es, pues, una clásica muestra representativa de su época, ni mejor ni peor que otras, dirigida con discreta funcionalidad por Newfield, con un reparto típico de Serie B, y que incorpora unos poquísimos elementos humorísticos casi con pudor, destacando que el beso final de la pareja protagonista es en off, oído por las ondas de la radio, mientras dos personajes secundarios rubrican la cinta con una broma y un puñetazo.

Carlos Díaz Maroto

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