Leyenda urbana

 

Sinopsis: Un asesino en serie comienza a actuar en una universidad recreando diferentes leyendas urbanas. Paul Gardener, un estudiante de periodismo, se obsesiona con el tema; desvelar la identidad del criminal se convertirá en algo más que un reto para él.

 


Título original: Urban Legend
Año: 1998 (Estados Unidos)
Director: Jamie Blanks
Productores: Gina Matthews, Michael McDonnell, Neal H. Moritz
Guionista: Silvio Horta
Fotografía: James Chressanthis
Música: Christopher Young
Intérpretes: Alicia Witt (Natalie Simon), Jared Leto (Paul Gardener), Rebecca Gayheart (Brenda Bates), Joshua Jackson (Damon Brooks), Taea Reid (Sasha Thomas), Robert Englund (William Wexler), Danielle Harris (Tosh Guaneri), Vince Corazza (David Evans), Brad Dourif [sin acreditar](Michael McDonnell)…

Es bien sabido por los aficionados al cine terror que el estreno en 1996 de la película Scream: vigila quién llama (Scream, 1996) supuso el inicio de una moda, podría decirse pasajera, plagada de slashers modernos que emulaban como podían el modelo expuesto por Wes Craven y su guionista, Kevin Williamson, quienes a su vez homenajeaban una corriente que había dejado multitud de muestras durante la década de los ochenta. Ello propició un aluvión en el decenio de los noventa de whodunits protagonizados por adolescentes, aderezados todos ellos con ciertas gotas sangrientas y erotismo dosificado, que asustaban y divertían a la platea a partes iguales. Los ejemplos son muy claros, pues todos recordamos cintas como Sé lo que hicisteis el último verano (I Know What You Did Last Summer, 1997), Cherry Falls (Cherry Falls, 2000) o la patria Tuno negro (2001), por mencionar algunos títulos. Leyenda urbana, el filme que nos ocupa, también entraría en esa lista, posicionándose, eso sí, unos peldaños por encima de la media por méritos propios.

Presentada en un principio como una teen horror movie del montón, Leyenda urbana es un slasher de manual que cumple con todas y cada una de las reglas adscritas a la vertiente. De este modo, la cinta está interpretada por jóvenes rostros en un ambiente estudiantil donde un asesino en serie da rienda suelta a su imaginación, en este caso cometiendo crímenes que recrean diferentes historias bien conocidas -el homicida escondido en el asiento trasero de un coche, el animal quemado vivo en un microondas…-. Averiguar quién y por qué está perpetrando tales atrocidades será el objetivo principal de los protagonistas y de los espectadores, por supuesto. Por lo demás, ya se sabe: música jovial, salvajes hachazos y desmembramientos, asesinos de rostro oculto, falsos culpables, algo de sexo, llamadas telefónicas con la voz distorsionada, diálogos cargados de humor, un final sorpresivo y, de regalo, un divertido epilogo. Lo habitual en estos casos, aunque en esta ocasión serido de tal forma que resulta preferible a la mayoría de filmes coetáneos cortados por el mismo patrón. ¿Por qué? Probablemente la razón principal sea que sus máximos responsables, el realizador Jamie Blanks y el guionista Silvio Horta, eran dos veinteañeros que conocían a la perfección el tema del que estaban hablando, así como al público al que se dirigían.

Blanks, en una entrevista realizada por el Herald Sun casi veinte años después del estreno, comentó que “sinceramente, en ese momento no había nadie en Hollywood que amara más el cine slasher que yo“1. Puede que no le falte razón a tenor de los homenajes que a lo largo del metraje dedica a cintas como Pesadilla en Elm Street (A Nightmare on Elm Street, 1984), La noche de Halloween (Halloween, 1978) o La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974), así como a otras categorías cinéfilas – tenemos a esa guardia de seguridad fanática de las blaxploitation, una alumna apellidada Bates, e incluso uno de los protagonistas, Jared Leto, da vida a un estudiante de periodismo, cuya actitud y personalidad recuerda a la de similares personajes vistos en infinidad de gialli italianos-. Y ya que hablamos de Leto, otro de los puntos fuertes del filme se encuentra en su reparto al combinar diferentes estilos actorales, lo que le otorga una amalgama precisa y eficaz. Leto era en aquel momento uno de los actores jóvenes con mayor proyección, con poco interés en aparecer en productos sencillos y vacíos; algo similar a Alicia Witt, la protagonista femenina, conocida por sus frecuentes colaboraciones junto a David Lynch así como a su participación junto a cineastas de culto como Allison Anders o Alexander Payne; por su parte, la nota más comercial venía marcada por la implicación en el cast de Rebecca Gayheart (vista en Scream 2[Scream 2, 1997]) y Joshua Jackson, popular gracias a su papel de Pacey en Dawson Crece (Dawson´s Creek), serie a la que, además, se dirige una mofa en el filme. Por último, el apartado de homenajes es cubierto por el concurso de Brad Dourif (la voz del inmortal Chucky de Muñeco diabólico [Child´s Play, 1988]) protagonizando el prólogo, Danielle Harris (siempre recordada por su intervención en las partes 4 y 5 de la saga Halloween) como compañera de habitación de Witt, y el mítico Robert Englund, quién no podía faltar a la cita, aquí dando vida a un profesor de universidad de oscuro pasado.

Bien rodada, eficaz y correctamente interpretada, Leyenda urbana obtuvo unas críticas mixtas. Por un lado, algunos medios la recibieron como un exploit sin más, como un producto fabricado únicamente aprovechando la coyuntura de aquel preciso momento. Otros fueron más positivos y valoraron las intenciones de Blanks y su equipo, viendo que no se trataba de un slasher random, si no que contenía algunas virtudes que no había que dejar pasar. Aunque, tampoco nos engañemos, no es ni una excelente película, ni una obra maestra en el género de terror. Se trata, sencillamente, de un divertido pasatiempo con un guion competente, una ambientación cuidada y una cierta preocupación por dotar a los personajes de cierta identidad y no mostrarlos como meras víctimas andantes. Y también debe destacarse, en el apartado técnico, la decisión de crear los efectos especiales a la vieja usanza, apoyándose en técnicas artesanales para confeccionar los acuchillamientos, cadáveres y demás. En la citada entrevista Blanks se refería a ese hecho con estas palabras: “lo que más me enorgullece de Leyenda urbana es que en ella no hay efectos digitales (…) A excepción de dos o tres escenas en las que se incluyeron unos relámpagos y lluvia artificial, todo lo demás fue creado directamente en el set”2.

Y lo cierto es que todas estas virtudes no fueron pasadas por el público, hasta el punto de que Leyenda urbana acabó resultando un éxito de taquilla. Una muestra de que, por unas razones u otras, la fórmula funcionó, además de alargar su prevalencia, propiciando así en los años siguientes la llegada de muchos más slashers a nuestras pantallas, entre ellos, las diferentes secuelas originadas por la propia Leyenda urbana, la segunda de ellas, Leyenda urbana 3: La maldición de Mary (Urban Legends: Bloody Mary, 2005) dirigida por la antes interesante Mary Lambert. En cuanto a Blanks, tres años más tarde volvería al subgénero con su siguiente trabajo, Un San Valentín de muerte (Valentine, 2001), adaptación de una novela de Tom Savage en la que, en esta ocasión, el cineasta y músico australiano no se mostró tan acertado, hasta el punto que tardaría seis años en volver a ponerse detrás de las cámaras con el horror survival Storm Warning (Storm Warning, 2007), ya de vuelta a su país natal tras su pequeño periplo en Hollywood.

Javier Pueyo

1: Cita extraída de la entrevista realizada por Mark Smith para el portal Herald Sun (18 de octubre de 2017)
2: Ibíd

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