Pop, rock (alternativo) e incluso jazz en el cine español de los noventa

Si hay una característica recurrente en un buen número de bandas sonoras del cine español durante la década de los noventa, ésta es, sin duda, el uso habitual de música rock. La popularidad y las buenas ventas discográficas de estilos como el grunge o el recién bautizado por la época como rock alternativo -etiqueta que a día de hoy se ha transmutado probablemente en otra más extendida y mainstream: indie-, ayudaron a que las guitarras distorsionadas y las voces desgarradas encontraran su hueco ejerciendo de colchón sonoro en películas de muy distinto género. Ejemplos de ello los podemos encontrar en las dos primeras películas de Álex de la Iglesia, Acción mutante (1993) y El día de la bestia (1995), con sendos temas centrales y homónimos a cargo de Def Con Dos[1], además de las canciones de otras bandas de rock duro en la segunda de ellas[2]; en thrillers como Salto al vacío (1995), valiente y arriesgado debut de Daniel Calparsoro[3] que cuenta con la música de The Smashing Pumpkins y El inquilino comunista; o en comedias, en su vertiente negra, como es el caso de Dame algo (Héctor Carré, 1996), cuya partitura al completo viene firmada por Rosendo Mercado, y más livianas, como Se buscan fulmontis (Alejandro Calvo-Sotelo[4], 1999), tan divertida como reivindicativa cinta con Los Enemigos al cargo de la totalidad de las piezas musicales.

La banda liderada por Josele Santiago del mismo modo tuvo un papel destacado realizando la banda sonora de Tengo una casa (Mónica Laguna, 1996), título perteneciente a una canción del primer disco del grupo que nos da pie a profundizar un poco más en lo que viene siendo el objetivo principal de este dossier; esto es, indagar en aquellas películas del cine español protagonizados por músicos. Sin ser éste al cien por cien el propósito del citado filme, no hay que pasar por alto el rol que en él ejerce Ernesto Alterio[5], un guitarrista de blues algo desnortado cuyas notas las tocan en realidad Los Enemigos, consiguiendo una sonoridad cercana a la americana music muy acorde con la historia y la ambientación que nos propone esta producción de El Deseo de los hermanos Almodóvar, donde la música de raíz norteamericana está muy presente entre los gustos de los singulares personajes que pueblan la casa en el bosque a la que hace referencia el título[6].

También a un músico, pero de jazz en esta ocasión, encarna Alterio en Cuarteto de La Habana (1998) de Fernando Colomo, disfrutable comedia de enredo localizada en Cuba que incluye algunos apuntes melómanos marca de la casa de su director, como puede ser ese inicio con el mencionado actor tocando con su banda en la mítica sala madrileña Clamores Jazz, o la ficticia canción “Tan lejos de aquí” que sirve como tema central de la película, a la que Alterio pone voz (o algo así) al frente del no menos ficticio conjunto setentero Los Cometas[7]. Cuarteto de La Habana podría incluirse dentro de un pequeño ciclo de películas del periodo que de una forma u otra se acercaron al jazz, conformado por exponentes como El invierno en Lisboa (José A. Zorrilla, 1991), Demasiado caliente para ti (Javier Elorrieta, 1996) y Nadie como tú (Criso Renovell, 1997).

La primera de ellas, pese a estar basada en una premiada novela de Antonio Muñoz Molina, no llega a disipar el aburrimiento que por momentos induce su visionado, en gran parte por el miscasting que supone el actor francés Christian Vadim a la hora de meterse en la piel del protagonista. A su favor hay que destacar, sin embargo, un conseguido ambiente noir, los bellos parajes retratados de la ciudad de San Sebastián y la banda sonora de una leyenda del jazz como Dizzy Gillespie, quien además acapara uno de los principales roles interpretativos del filme, con sus característicos y enormes mofletes increíblemente hinchados al tocar la trompeta. Demasiado caliente para ti es aún peor y casi resulta una aberración incluirla dentro de este bloque, pero un músico de jazz es asimismo su estrella principal, el televisivo Andoni Ferreño -bien flanqueado por otro “astro” catódico de la época, José María Sánchez “Kimbo”-, y, al igual que le pasaba a Ernesto Alterio en Cuarteto de La Habana, un viaje a Cuba le servirá para exorcizar sus fantasmas interiores, nunca mejor dicho, pues Elorrieta hijo -también músico de jazz, por cierto- se atreve con una historia de tintes fantásticos que chirría sobremanera dentro de un argumento ya de por sí infumable. En cuanto a Nadie como tú, poco podemos revelar al tratarse de una de esas cintas de muy difícil acceso en la actualidad. Ganas no nos faltan, ya que a decir de su sinopsis parece girar en su totalidad en torno al jazz y cuenta entre el elenco de actores con otro nombre importante del género, el legendario organista Lou Bennett.

Volviendo a Fernando Colomo, la otra aportación musical del director madrileño al cine de la década la podemos situar en El efecto mariposa (1995), con Coque Malla de Los Ronaldos en uno de sus primeros papeles destacados en la gran pantalla[8]. En ella, Ketama se encargan de poner música a las imágenes, e incluso aparecen tocando en varias ocasiones, un poco al estilo de lo que el director hizo con Pata Negra en Bajarse al moro (1988).

Killer Barbys (Jesús Franco, 1996) parecía que iba a ser el gran fenómeno cinéfilo-musical del momento, una conjunción casi perfecta entre uno de los directores españoles más independientes, auténtico outsider por su propia cuenta y riesgo, y el grupo estrella de la discográfica nacional underground por excelencia, Subterfuge Records. El sello, además, venía revolucionando a los amantes de lo freak con un fanzine contracultural de temática variada que reivindicaba figuras de lo que se denominó “la caspa”, término muy en consonancia con lo que representaba “el tío Jess”. Nada salió según lo previsto, la cosa quedó en ensayo y error; no hay más que ver (y padecer) la cascada de tópicos, chistes burdos y realización pedestre con la que, como era de esperar, nos obsequió el ya otoñal pope del fantástico y el erotismo patrio. Aunque nadie duda de las posibilidades en la pantalla y del sex-appeal que Silvia Superstar demuestra en esta película, lo cierto es que el punk melódico de Killer Barbies no es la única colaboración musical presente en ella. Sexy Sadie, banda balear de sonido cercano al grunge, firman algunos cortes que en honor a la verdad llegan a funcionar bastante mejor dentro de la “atmósfera” del filme; no en vano su tema “In The Water” es el escogido para los títulos de crédito.

Y si de tendencias de la época hay que hablar, el novelista José Ángel Mañas puso mucho de su parte de cara a que el cine español de los noventa mostrara más abiertamente todo tipo de excesos juveniles. La vieja máxima “sexo, drogas y rock and roll” predomina en sus “nobelas”, o “novelas-punk”, como a él le gusta llamarlas, “Historias del Kronen” (1994) y “Mensaka” (1995). Montxo Armendáriz se encargó en 1995 de la adaptación a celuloide de la primera novela, muy exitosa por ser finalista del Premio Nadal el mismo año de su publicación, y Salvador García Ruiz en 1998 fue el elegido para dirigir la segunda; en ambos casos se respetó el título original de las obras literarias.

El filme de Armendáriz cuenta en su banda sonora con más canciones del sello Subterfuge[9], como es el caso del “Chup chup” de Australian Blonde, asociada para muchos con esta película. En Mensaka, además de todos los desfases químicos y etílicos ya vistos en Historias del Kronen, en este caso los protagonistas son músicos de un conjunto que nunca llega a despegar por una u otra razón. Posiblemente por estar Salvador García Ruiz más alejado de toda esa nueva ola contracultural, y más cercano al cine intimista, al drama clásico -como demostraría posteriormente tras ésta su ópera prima-, el resultado es cuanto menos original, exento de muchos tópicos coyunturales del momento, si bien el tiempo en pantalla que la banda tiene en la película es casi anecdótico. Tanto es así que solo podemos escuchar un pequeño fragmento en un concierto. Mensaka supone una ocasión no del todo aprovechada por el cine español sobre bandas de rock.

Ese mismo enfoque introspectivo es el que imprime Manuel Huerga a su primera película, la interesante Antártida (1995), en la que aparece John Cale, fundador de The Velvet Underground, actuando en directo en una de sus secuencias. Ariadna Gil interpreta a una nihilista y junkie cantante de rock que se ve envuelta en un feo asunto de tráfico de drogas. El consumo de sustancias prohibidas, y no solo entre los jóvenes, se refleja también con total naturalidad en la coproducción hispano-argentina Martín (Hache) (Adolfo Aristarain, 1997). Aquí Juan Diego Botto -con acento argentino- es guitarrista de una banda hardcore punk que llega a sufrir una sobredosis en el escenario, aunque más adelante veremos que no es más que una locura de juventud y que los personajes adultos encargados de ayudarle a cambiar de aires, Eusebio Poncela y Cecilia Roth, no son los más indicados para alejar del mundo de las drogas al muchacho.

Estupefacientes, y no pocos, se pueden ver en la muy olvidada hoy en día Shacky Carmine (Chema de la Peña, 1999), otra de esas grandes ocasiones perdidas en cuanto a películas musicales rockeras más o menos recientes. Promocionada a bombo y platillo en su momento por la red de tiendas musicales Tipo, cuenta con una buena lista de músicos ejerciendo pequeños papeles: Antonio Vega, Josele Santiago, Manolo Kabezabolo, Julián Hernández[10], Kiko Veneno, Raimundo Amador, Albert Pla[11]…, y una copiosa banda sonora con lo más granado de aquel emergente nu metal español, pero la estética videoclipera y un discurso demasiado hiperbólico frustra el relato de la gira por garitos de mala muerte que realiza la banda que da nombre a la película, así como sus encontronazos con la industria discográfica independiente, que no queda precisamente muy bien retratada.

Pero no todo iba a ser rebelde y contestatario. Desde el arranque de la década se produjeron títulos que más bien parecían mirar hacia épocas pasadas, dado su escaso grado de innovación o/y transgresión. Ahí está para refrendarlo el ejemplo de Ni se te ocurra… (Luis María Delgado, 1990), vehículo al servicio de los chascarrillos del dúo cómico formado por Juan Muñoz y José Mota, en arte Cruz y Raya. Entre chistes y gags se las apañan para que el grupo La Frontera interprete algunos temas en la película; todo muy televisivo, como se puede comprobar. Bastante más agradable y digna de ver resulta Orquesta Club Virginia (Manuel Iborra, 1992).  En la película, Jorge Sanz se enrola como guitarrista mercenario en una orquesta de baile y pachanga dirigida por su padre, encarnado por Antonio Resines. Entre boleros y rumbas, de vez en cuando le permiten tocar algún tema de los Beatles, e incluso conocerá en la gira a un conjunto de féminas cuyo repertorio está basado únicamente en bandas de la british invasión, liderado por Emma Suárez, con la que obviamente mantendrá un apasionado romance. Se trata de un biopic sobre el músico catalán Santi Arisa, y en su reparto también figura el cantante balear Pau Riba.

Supernova (1993) de Juan Miñón buscaba lanzar como actriz a Marta Sánchez, que venía de arrasar en los ochenta con Olé Olé y por entonces empezaba a despegar en solitario. Cinta fallida, aunque no tan horrible como a menudo se comenta, emplea insensatamente la excusa de la ciencia ficción -normalmente un tema tabú, poco explotado en nuestro país, a pesar de contar incluso con un precedente musical: Juan y Junior… en un mundo diferente (Pedro Olea, 1969)- para articular su relato, seguramente buscando el mismo reconocimiento obtenido por Álex de la Iglesia en su coetáneo debut cinematográfico. Musicalmente, tan solo podemos escuchar un tema cantado en inglés por la diva, “Before and Ever After”, compuesto y producido por los reputados músicos Jon Carin y Sterling Campbell[12].

Tampoco predomina lo musical en una película como El amor perjudica seriamente la salud (Manuel Gómez Pereira[13], 1996). Sin embargo, tiene el mérito de ambientar la presentación de sus dos personajes principales en el marco del primer concierto de los Beatles en España en 1965, concretamente en una habitación de hotel ocupada por John Lennon, donde Gabino Diego y Penélope Cruz se ven obligados a ocultarse bajo la misma cama donde el astro musical retoza con una groupie en una escena muy divertida y mitómana. Un poco antes se había estrenado el documental de TVE ¡Que vienen Los Beatles! (Pedro Costa, 1995), tratando idéntica temática y periodo histórico. El comienzo del nuevo milenio era inminente y, en consecuencia, ya se empezaba a hacer balance de lo que había dado de sí la música popular del siglo XX en nuestro país.

                                                                                                                     Francisco Arco

[1] Inicialmente, el grupo previsto para hacerse cargo de la canción del film era Siniestro Total. Desconocemos las razones por las que al final Def Con Dos fueron los elegidos, aunque no estaría de más recordar que el cantante de los primeros, Julián Hernández, formó parte de Def Con Dos en sus inicios. El frontman de éstos últimos, César Strawberry (junto al citado líder de Siniestro Total y Silvia Superstar de los Killer Barbies), aparece también como actor en la cinta gore de culto La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos (Antonio Blanco y Ricardo Llovo, 1993), distribuida únicamente en vídeo.

[2] Banda sonora que propició incluso una gira conjunta por todo el territorio español de algunas de las bandas que participaron en la película. Además de los ya citados Def Con Dos: Extremoduro, Ktulu, Soziedad Alkoholika, The Pleasure Fuckers o Eskorbuto fueron algunos de los integrantes del cartel de esta serie de conciertos.

[3] Calparsoro contaría también para su segunda película, A ciegas (1997), interesante pero irregular relato sobre el terrorismo de ETA, con una canción de Dover, “Loli Jackson”, de la cual también dirigió el videoclip.

[4] Los Enemigos se hicieron cargo de la música de un cortometraje anterior del mismo director, Igual caen dos (El atardecer del Pezuñas) (1997), donde aparecían como actores dos de los componentes del grupo, Josele Santiago y Fino Oyonarte, además del conocido guitarrista sevillano Raimundo Amador.

[5] El propio Josele Santiago iba a ser uno de los actores previstos para la película, aunque, nuevamente, algo debió pasar para que al final no fuera así. En el siguiente enlace se ofrece alguna información al respecto: https://elpais.com/diario/1994/10/06/madrid/781446276_850215.html

[6] Nancho Novo interpreta a un locutor de radio que en un momento de la cinta llega a dedicar la canción “Country Girl” de Crosby, Stills, Nash & Young al personaje que interpreta Silke, una chica de campo un poco asilvestrada.

[7] Cuyos músicos pertenecen, en realidad, al grupo de metal cubano Zeus.

[8] Previamente, Coque Malla se había hecho cargo de la música de El columpio (1993), Premio Goya al mejor cortometraje de ficción, y del largometraje Todo es mentira (1994), ambos dirigidos por Álvaro Fernández Armero con protagonismo del cantante. El mundo de la interpretación actoral no le era ajeno a Coque Malla, cuyos padres, Gerardo Malla y Amparo Valle, fueron actores con amplia experiencia, tanto en cine como en teatro.

[9] Otro ejemplo de banda sonora del sello Subterfuge, aunque menos conocida, es la del cortometraje Entre vías (Juan Vicente Córdoba, 1995), con bandas como Doctor Explosion, Mercromina y Australian Blonde, estos últimos acreditados con otro nombre: The Australian Blondes. A modo de curiosidad, Daniel Guzmán, protagonista del cortometraje, aparece tocando con el que era su grupo por entonces, Slow Rebel. Es llamativo el eclecticismo artístico de este popular actor, protagonista asimismo del documental de TVE Mi firma en las paredes (Pascual Cervera, 1990), sobre los graffitis y el hip hop en el Madrid de entonces.

[10] Aunque nos haya sido imposible acceder a su visionado, conste por aquí que Julián Hernández de Siniestro Total llegó a protagonizar una película (pornográfica, según se cuenta) por esta época: Caspa Brothers: The Movie (Marco Aurelio Beviá y Narcís Bosch, 1998). Aclarar que el músico aparece en las escenas de, digamos, transición.

[11] Albert Pla había aparecido asimismo en Airbag (1997) de Juanma Bajo Ulloa, haciendo una peculiar versión de “Soy Rebelde”, tema compuesto por Manuel Alejandro que llevó a la fama Jeanette. La película es otro buen ejemplo de banda sonora a base de grupos de rock; incluso los miembros de Barricada efectúan un pequeño cameo en la misma.

[12] Productor en varios discos de Pink Floyd el primero, y miembro de Duran Duran el segundo.

[13] Manuel Gómez Pereira, junto a Manu Berastegui y Raimundo García, fueron los directores del documental de culto Nos va la marcha (1979), sobre el festival madrileño de 1978 “Rocktiembre”, con Teddy Bautista, Coz, Cucharada, Mad, Topo y Leño actuando en directo en la Plaza de Toros de Vista Alegre.

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