Entrevista a Manuel de Blas, Premi Nosferatu del Festival de Sitges 2020

Un año más el honorífico Premi Nosferatu entregado por la quincuagésimo tercera edición del Festival de Sitges a través de su sección Brigadoon sirvió para reconocer la trayectoria de una personalidad vinculada al cine fantástico. Tras el paréntesis que en este sentido significó la elección del cineasta italiano Pupi Avati en el pasado 2019, el certamen recuperó la tradición de entregar el galardón a un ilustre veterano de nuestro cine, recayendo en esta ocasión en Manuel de Blas, uno de los más destacados nombres de nuestra escena teatral, y eterno secundario durante la edad dorada del cine de género de nuestro país. Y es que, como él mismo afirma en la siguiente entrevista, transitó por todos los géneros cultivados por el cine popular español durante los sesenta y setenta, ya fuera la mal llamada españolada, el denominado spaghetti wéstern y, cómo no, el fantaterror, donde trabajó en algunos films tan emblemáticos de la corriente como El jorobado de la morgue (1973), La orgía nocturna de los vampiros (1973) o El buque maldito (1974), donde coincidió con varios nombres icónicos de nuestro cine fantástico, caso de Paul Naschy, Amando de Ossorio, León Klimovsky o Juan Piquer Simón. Un listado en el que no podemos olvidar a la recordada Patty Shepard, quien fuera su esposa en la vida real hasta el fallecimiento de la actriz estadounidense el pasado 2013.

Manuel de Blas con el Premi Nosferatu

La sección Brigadoon del Festival de Sitges te entrega el honorífico Premi Nosferatu como homenaje a tu trayectoria cinematográfica, especialmente dentro del género fantástico y de terror. ¿Qué supone para ti este reconocimiento?

Una satisfacción muy grande. Me supone una alegría y, por supuesto, un agradecimiento. Además, a mí el Festival de Sitges siempre me ha caído muy bien. Me acuerdo cuando empezó, que yo llevaba ya algunos años en este mundo, y ahora tanto Sitges como yo llevamos ya unas cuantas décadas. Así que, de alguna manera, me siento identificado con el festival, porque somos más o menos de la misma quinta, aunque yo sea un poquito mayor que él (risas).

A lo largo de tu carrera has participado en muchas películas de género fantástico o de terror. ¿A nivel interpretativo existe alguna diferencia en trabajar en una película de este tipo a hacerlo en una comedia o un drama?

Diría que de alguna manera tienes que simplificar. En el cine de género realmente los personajes, y sobre todo los personajes que he hecho yo, que he sido un actor de reparto, lo que se ha llamado secundario toda la vida, suelen ser muy lineales. Son personajes en función del argumento, que sirven para contar el desarrollo del argumento; no es para contar una obra de Chéjov, ni de Tennessee Williams o García Lorca. Entonces tienes que simplificar un poco los planteamientos, porque si te pones en plan profundo lo estropeas; te sales del tiesto. Esto no quita para que a mí me guste el cine de género. Piensa que yo he transitado por todos los géneros: terror, fantástico, spaghetti… Y es un trabajo divertido para nosotros. Y de alguna manera, ¿qué quieres que te diga? Es un poco descanso. Te metes en un personaje lineal que es menos interesante, pero más cómodo.

Tu debut dentro del género se produce en El coleccionista de cadáveres (1967) de Santos Alcocer, en la que coincides nada menos que con Boris Karloff. ¿Cómo fue trabajar al lado de una leyenda como él, siendo tú un recién llegado al medio, como quien dice?

Yo debía de tener como veinticuatro años, o una cosa así, y era tan joven, porque entonces tener veinticuatro años era como ahora tener dieciséis, que era bastante novato en todos los sentidos. Y entonces tal vez no me di cuenta de lo que era estar trabajando al lado de aquel mito que era Boris Karloff. Fue muy agradable. La película la rodamos en la Costa del Sol, y me acuerdo que era el mes de enero o febrero. Durante el rodaje empezó a llover y no paró, así que estábamos recluidos en un buen hotel todo el equipo y este hombre, Boris Karloff, era un encanto. Era super educado, super amable y muy interesante. La película, además, tenía un reparto muy atractivo. Estaba Jean-Pierre Aumont, que era un actor francés con una carrera en Hollywood importante y que después en Europa hizo La noche americana (La nuit américaine, 1973) con Truffaut, y estaba Viveca Lindfords, Rubén Rojo o Rosenda Monteros, que era una actriz mexicana que en aquel momento era muy importante. Es una película de la que guardo buen recuerdo.

Caracterizado como vampiro en “Los monstruos del terror”

Tu siguiente película dentro del género es Los monstruos del terror/Dracula jagt Frankenstein/Operazione terrore (1969), que la comenzó a rodar Hugo Fregonese y la finalizó Tulio Demicheli. ¿Qué ocurrió para que se produjera este cambio de directores?

Sí, la empezó Hugo Fregonese y a las dos semanas o así se interrumpió la película. Y cuando se reanudó el rodaje, lógicamente no nos dieron muchas explicaciones, pero el caso es que se había marchado Hugo Fregonese y ahora la dirigía Tulio Demicheli, que era un director argentino de oficio, de esos que saben resolverlo todo. Entonces había realizado algunas películas en España y que después realizó muchísimas más. Su familia se quedó aquí y su hijo, Richard Demicheli, ha sido un estupendo ayudante de dirección.

En Los monstruos del terror coincides por primera vez con Paul Naschy, con el que posteriormente coincidirías en varias ocasiones en los años siguientes…

Trabajamos juntos y nos tratamos mucho también. Incluso en una película medio rara que creo que nunca se ha estrenado estaba también Paul[1]. Bueno, Paul… Se me hace raro llamarle Paul, porque yo toda la vida le llamé Jacinto. Precisamente, de Los monstruos del terror recuerdo que todo el mundo se cachondeaba de él por detrás. Decían: “Este loco, que se cree el hombre lobo…” En fin, lo ridiculizaban. Había sido campeón de halterofilia y como era un tipo tan ancho la gente se cachondeaba de él. Nadie pensaba que Paul Naschy iba a ser verdaderamente un icono del cine de terror español. Pero un icono no solo en España, sino en todo el mundo. Sus películas se ven y se siguen viendo en todo el mundo y él estaba muy orgulloso de que Tarantino una vez en unas declaraciones alabó este tipo de cine. Era un hombre estupendo, un tipo muy sencillo.

Así que, aunque le ridiculizaran, el tiempo le dio la razón. Además, su contribución fue grande para impulsar para que en aquella época, durante quince o veinte años, se hicieran un montón de películas en España de terror y fantásticas.

Al hilo de lo que comentas, ¿cómo eran tomadas aquellas películas de terror dentro de la industria?

El cine de terror era un subgénero. Pero, cuidado, el cine de terror abarca un abanico muy amplio. Si piensas en el cine de terror que hacía México, eran, con todos mis respetos, películas muy zafias y muy elementales en argumentos y en medios. Pero al lado de eso tienes Nosferatu (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, 1922), El gabinete del doctor Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, 1920), Los ojos sin rostro (Les yeux sans visage,1960)… Hay verdaderas obras maestras, porque si lo piensas hay también un significado más allá de lo que ves en la pantalla a primera vista, que posiblemente sea parte de su fuerza. Piensa, por ejemplo, esa maravilla de película que es La bella y la bestia (La belle et la bête, 1946) de Jean Cocteau, que no será exactamente cine de terror, pero es cine fantástico. Con toda su dosis de surrealismo, no hay nada más hermoso que la historia que cuenta. ¿Por qué los monstruos no se pueden enamorar? Y ahí está El doctor Frankenstein (Frankenstein, 1931) y un montón de títulos…

Carlos Lesmes, Jack Taylor, Maria Perschy y Manuel de Blas en una imagen de “El buque maldito”

Volviendo a tu trayectoria dentro del cine de terror, otro de los nombres propios del género en nuestro país con el que trabajaste fue Amando de Ossorio, del que algunos actores se quejan de que en los rodajes solo se preocupaba de sus “monstruitos”. A partir de tu experiencia con él en El buque maldito, ¿cómo era dirigiendo?

No sé qué decirte… Bueno, te voy a ser sincero. No es que Amando de Ossorio no dirigiera, es que no dirigía nadie. Lo que es dirigir, entiéndeme. Hoy día, afortunadamente, cuando haces una película normalmente hablas con el director, se hace algún ensayo… Pero entonces no. Llegabas le primer día de rodaje con el papel aprendido, con el enfoque del personaje hecho y el director te daba una pequeñas instrucciones, pero poco más. Y Amando de Ossorio era así. Era uno más, porque esa era la forma de dirigir que se llevaba entonces.

Otro director con el que también trabajaste varias veces dentro del género fue León Klimovsky, con el que hiciste La orgía nocturna de los vampiros y Odio mi cuerpo (1974), y que tenía fama de rodar muy rápido…

Iba muy rápido, sí (risas). Pero era un tipo estupendo. Leo Klimovsky era argentino de origen polaco y era un hombre encantador. Y rodaba muy deprisa, pero no porque a él le gustara rodar muy deprisa, sino porque los productores se lo exigían. Es que estábamos en eso, en aquello del subgénero, y les daba igual, porque aquello se vendía, y si no iba a un cine de primera categoría lo hacía a los pueblos o se exportaba para Checoslovaquia, para India o Turquía. De lo que se trataba era que la película se acabara en cuatro semanas, con cinco mil metros de película y no se podía repetir a no ser que fuera por cámara o algún problema técnico. Pero si te equivocabas, así se quedaba. Además, se rodaba sin sonido directo, porque después nos doblaban y se acabó. Es curioso porque antes, en los años cuarenta y así, el cine español se había rodado con sonido directo. Pero yo desde que empecé siempre me doblaron, porque no había sonido directo.

Y nunca te doblaste a ti mismo, si no me equivoco, ¿verdad?

Te diré la verdad: a mí un par de veces me echaron del doblaje, porque yo no sabía hacer el doblaje (risas). Yo respeto muchísimo a los actores de doblaje precisamente por eso; no es tan fácil como parece. Si lo piensas, y aunque estamos muy acostumbrados a él, nadie habla como lo hacen en el doblaje. Nadie habla así en la calle, nadie habla así en los escenarios… Es hablar en función de un micrófono que tienes delante. Y, claro, yo no sabía hacer eso y hablaba de un modo que sonaba horrible (risas). En vista de eso me dijeron: “Manolo, mira, mejor déjalo” (risas). Y, ya te digo, un par de veces me echaron del doblaje. Pero bueno, yo me lo tomé con calma.

Al no haber sonido en directo y en muchas ocasiones confluir actores de diversas nacionalidades, ¿qué idioma se utilizaba a la hora de rodar? ¿Cada uno hablaba en el suyo?

Yo rodé muchas películas en inglés, cuando yo no hablaba inglés. Te pedían que te aprendieras el papel en inglés y yo me lo aprendía y me defendía como podía. Era por el tema del doblaje. Según parece, a los americanos si una película estaba rodada en otro idioma y después la doblaban al inglés no les gustaba cómo quedaba, porque no están acostumbrados, y lo rechazaban. Lo que pasa es que a veces en esta película había un actor americano que hablaba en inglés, una actriz italiana que lo hacía en italiano, y otros cuantos españoles que hablábamos en castellano. Yo siempre recuerdo el rodaje de una secuencia que me pareció totalmente surrealista para una película llamada Sharon vestida de rojo (1968) que dirigía Germán Lorente, que era un tipo excelente con el que hice ocho o nueve películas. Estaba George Chakiris que hablaba en inglés; Beba Loncar, que era una actriz yugoslava pero que profesionalmente se había formado en el cine italiano, que hablaba en italiano; luego estaba Silvia Solar, que era una actriz francesa afincada en Cataluña, que hablaba en francés, y estaba yo, que hablaba en español. Entonces uno hablaba en inglés, otro le respondía en italiano, el otro en español, y todos tan normal.

Patty Shepard como la condesa Wandesa Dárvula de Nadasdy en “La noche de Walpurgis”

Te quería preguntar por tu esposa, Patty Sephard, quien también estuvo muy vinculada en su carrera al cine de terror, hasta el punto de haber pasado con el tiempo a convertirse en una especie de icono de aquel cine de terror español de los sesenta y setenta. ¿Le gustaba el género?

Patty se lo tomaba un poco a broma. Ella, precisamente, estaba en Los monstruos del terror y luego unos años después hizo La noche de Walpurgis/Nacht der Vampire (1971) que es un poco por la que a ella se la recuerda. La película tuvo un éxito enorme. Yo me acuerdo de estar semanas y semanas en cartel. Y la película está muy bien, se sigue viendo, y ella estaba bellísima en el papel de vampira. Recuerdo que de La noche de Walpurgis contaba la anécdota de una noche que estaba rodando una pelea con Paul Naschy y le dio un ataque de risa. “Cortad, cortad”, dijo, “que tengo un pelo del hombre lobo en la boca”. 

Retomando tu carrera, en los ochenta rodaste a las órdenes de otro cineasta emblemático del cine fantástico español como Juan Piquer Simón en Slugs, muerte viscosa (1988). ¿Tenía una visión diferente a como se hacían este tipo de películas en España durante los setenta? Lo digo porque siempre se ha comentado que él tenía una mentalidad y una forma de trabajar más cercana al del cine norteamericano que a la que entonces era habitual en España…

Sí. La rodamos en inglés y yo hacía el papel del alcalde de la ciudad en la que comenzaban a aparecer los gusanos aquellos espantosos. Como Patty había trabajado antes con esa productora y necesitaban a alguien que hablara inglés me ofrecieron el papel. He de decir que Patty no quería trabajar en la película en un principio, porque para entonces ya estaba bastante retirada de la profesión. Pero, bueno, la hizo. Y la anécdota de esa película fue una que me contó Patty. Estaban rodando una escena que transcurría en un restaurante y de pronto estaba allí Silvana Mangano, que era la madre de una de las productoras de la película, Francesca De Laurentiis. Resulta que le habían pedido a Silvana Mangano si quería hacer una figuración. Dijo que sí y hay un plano de la película en la que se la ve. Y, claro, Patty estaba fascinada, porque, imagínate, Silvana Mangano era lo más como actriz.

Ya para ir terminando, ¿qué valoración haces de esta parte de tu trayectoria que ha estado relacionada con el cine de género? Recuerdo que en tus memorias comentabas que no era de lo que te sentías más orgulloso, pero que lo respetabas porque te había dado de comer…

Eso está muy claro. El actor muerto no hace nada, ni bueno ni malo. Aparte, yo me lo paso tan bien rodando, me gusta tanto el cine, que no me importa trabajar en lo que sea, aunque sea consciente de lo que estoy haciendo. Piensa que yo tengo una carrera en el teatro paralela en la que, por darte algunos nombres, he hecho tres Valle Inclán, tres Lorca, tres Shakespeare, Chéjov, Bertold Brecht… Y, claro, de repente te ponías a hacer La orgía nocturna de los vampiros. Pues bueno, ahora toca hacer esto y ya está. Yo lo hacía sin problemas.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Probablemente se refiera a El lado oscuro (2002) de Luciano Berriatúa.

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