Una aventurera en Macao

 

Sinopsis: Nick Cochran es un jugador que ha tenido graves problemas con la Ley en el pasado. Decidido a cambiar su suerte, pone rumbo a Macao; en el viaje conoce a una cantante que también anda con ganas de cambiar su situación, Julie Benton, y un hombre de negocios llamado Lawrence Trumble. La ciudad está bajo control de Halloran un mafioso que controla el negocio del juego y el tráfico de diamantes, apoyado por la policía local, totalmente corrupta, dirigida por el teniente Sebastian. Recién llegado a Macao, Halloran y Sebastian sospechan que Cochran puede ser un policía que anda deseoso de infiltrarse en sus sucios negocios, por lo que empiezan a hacerle la vida imposible. Pero lo único que quiere Cochran es ganar algo de dinero en el casino y, ya de paso, el corazón de Julie, una mujer que no está para perder el tiempo con juegos de amor y menos si provienen de un policía de incógnito…

 


Título original: Macao
Año: 1952 (Estados Unidos)
Directores: Josef Von Sternberg, Nicholas Ray [sin acreditar]
Productores: Alex Gottlieb, Samuel Bischoff
Guionistas: Bernard C. Schoenfeld, Stanley Rubin, a partir de un argumento de Bob Williams
Fotografía: Harry J. Wild
Música: Anthony Collins
Intérpretes: Robert Mitchum (Nick Cochran), Jane Russell (Julie Benson), William Bendix (Lawrence C. Trumble), Thomas Gomez (teniente Sebastian), Gloria Grahame (Margie), Brad Dexter (Vincent Halloran), Edward Ashley (Martin Stewart), Philip Ahn (Itzumi), Vladimir Sokoloff (Kwan Sum Tang), Don Zelaya (Gimpy, el pianista)…

Cuando Josef Von Sternberg se hace cargo de la filmación de Una aventurera en Macao (Macao, 1952) llevaba desde 1943 sin dirigir una película. Su último trabajo tras las cámaras había sido The Town, un cortometraje destinado a la Oficina de Guerra realizado con fines propagandísticos. Parecía que Hollywood ya no se acordaba de él y viceversa, dedicado en cuerpo y alma a su galería de arte. Todo indicaba que no volvería a ponerse tras las cámaras, pero he aquí que a primeros de la década de los cincuenta firma un contrato con la RKO Studios, dirigida por aquellos días por el magnate Howard Hughes.

No puede decirse que dicha etapa resultara positiva, ya que Hughes, un fanático del control, supervisó con mano de hierro las dos películas que el cineasta llegó a realizar para la compañía. Amor a reacción (Jet Pilot, 1950-51) tuvo un rodaje plagado de problemas del que, finalmente, Von Sternberg fue apartado, siendo terminada la película por otras manos, entre las que estaban las de Nicholas Ray, remontada y no estrenada hasta 1957, cuando la RKO ya ni pertenecía a Hughes. En el caso de Una aventurera en Macao, el motivo de la discordia fueron los desencuentros entre Von Sternbeg y la estrella, Robert Mitchum, quien no congenió demasiado con los métodos del realizador. Apeado del rodaje, éste recayó de nuevo en Ray, quien contó con la opinión de Mitchum para realizar diversos retoques en la parte final del mismo, con objeto de dotarlo de mayor ritmo y emoción, según declaró el director de Rebelde sin causa (Rebel Without a Cause, 1955). Ni que decir tiene que Von Sternberg renegó por completo del planteamiento de Ray, echando pestes de su labor, aunque Ray aseguró en diversas entrevistas que Von Sternberg le llamó por teléfono y  no puso objeción alguna a su trabajo o a los cambios que pudiera llegar a realizar, pues él ya no estaba en el rodaje y no era cosa suya.

Sea como fuere, Una aventurera en Macao es, a ojos del que esto suscribe, una muy dinámica muestra de cine negro, muy típica del estilo que se producía en la RKO por aquellos días, aun cuando Howard Hughes pudiera meter mano si la película contenía elementos que no terminaban de cuadrarle, lo que en última instancia podía terminar con la destitución del director o de algún que otro miembro del reparto. La RKO cimentó su prestigio sobre el cine negro, amén de las maravillosas aportaciones de Val Lewton al fantástico, y tras la Segunda Guerra Mundial el auge de la serie B permitió que directores como Anthony Mann o Richard Fleischer velaran sus primeras armas como directores de cine en productos baratos pero muy efectivos, compactos en su modestia. En última instancia, a finales de los cuarenta, llega al estudio el ya citado Nicholas Ray, quien de algún modo intenta abrir nuevas vías dentro del género, aunque sin lograr asentarse del todo. Tanto es así que si pudo mantenerse profesionalmente fue gracias al apoyo entusiasta de Howard Hughes, quien contó con él como su hombre de confianza para resolver rodajes conflictivos. Gente como Fleischer nunca se sintieron cómodos en esa posición, por lo que tan pronto pudieron se largaron a buscar nuevos aires en estudios más saneados a nivel financiero, como la Fox. Por su parte, Ray, un cineasta que no puede situarse como un realizador acomodado en la serie B, siendo más bien un alma libre en busca de libertad creativa, algo que le une con Josef Von Sternberg, se sirvió de dicha ayuda para liberarse de las sospechas de comunista durante la tristemente célebre Caza de brujas del senador Joseph McCarthy y de ahí pasar a realizar el grueso de sus mejores obras, como la ya citada Rebelde sin causa, antes de que Samuel Bronston lo sumiera en el mayor de los desesperos profesionales y hasta de salud.

Una aventurera en Macao no es en ningún caso encuadrable entre el segmento de films noirs de serie B producidos por la compañía. Se trata de un vehículo para el lucimiento de dos estrellas que la RKO tenía en muy alta consideración y que, además, poseían una notable química en pantalla. No en vano, el estudio ya les había reunido un año antes en otra cinta de género policiaco, la muy divertida Las fronteras del crimen (His Kind of a Woman, 1951), con Vincent Price ejerciendo una descomunal parodia de Errol Flynn en una película, normas de la casa obligan, que fue dirigida inicialmente por John Farrow para luego ser dejada en manos de Richard Fleischer, quien prácticamente la rodó de nuevo, dejando muy poco de lo filmado inicialmente por Farrow.

Mitchum vuelve en esta película a su rol habitual de tipo duro, que sale de situaciones harto complicadas para meterse en otras todavía peores, pero manteniendo siempre un optimismo a prueba de balas y de puñetazos. Nick Cochran es todo un héroe de novela pulp, un tipo de acostumbrado a pasarlo mal pero que espera que algún día su suerte cambie. Algo parecido puede decirse del personaje encarnado por Jane Russell; Julie Benton es una cantante cuya carrera ha ido por derroteros bastante duros y llenos de piedras, pero está convencida que con su talento y algo de suerte puede salir indemne de cualquier situación, por difícil que ésta sea. Ambos se atraen, pero Julie quiere mantener su independencia por encima de todo. Y entre los dos tenemos a ese gran secundario de Hollywood que fue William Bendix, reconocible en papeles de sujeto bonachón o sin muchas aristas. Bendix encarna a un hombre de negocios, Trumble, que en última instancia tendrá un papel esencial en esta peripecia, pese a que con ello tenga que pagar un alto precio.

Von Sternberg, muy probablemente, quiso asumir el encargo de Una aventurera en Macao como su última oportunidad en un lugar, Hollywood, que detestaba. El guion no es que fuera de su agrado, los actores quizá tampoco, por lo que imprimir su sello personal se le hizo complicado y, lejos de claudicar, quiso imponer su flema de origen alemán hasta que finalmente fue apeado del rodaje sin demasiados miramientos. En Hollywood no había espacio para volar por libre entre el sistema de estudios, por lo que tuvo que replegar velas y buscar la autofinanciación para irse al Japón y rodar un drama, Anatahan (The Saga of Anatahan, 1953) que sí casaba con sus intereses personales y no tanto con las pretensiones de un Howard Hughes que andaba mayormente en la industria del cine como quien hace salchichas. Entonces sí, entonces el director de la maravillosa El expreso de Shangai (Shanghai Express, 1932) pudo dejar el cine con la conciencia bien tranquila.

Josep Manel Rosell  Subirats

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