Contagio en alta mar

 

Sinopsis: Siobhán es una estudiante de biología marina que tiene que hacer sus prácticas en un barco pesquero. Una vez en alta mar, la embarcación es atacada por una enorme y misteriosa criatura marina que la inmoviliza. Al poco tiempo, uno de los marineros enferma sin motivo aparente. Siobhán descubre entonces que el suministro de agua dulce está infestada por parásitos procedentes de la misteriosa criatura…

 


Título original: Sea Fever
Año: 2019 (Irlanda, Gran Bretaña, Bélgica, Sueca, Estados Unidos)
Directora: Neasa Hardiman
Productores: Brendan McCarthy, John McDonnell
Guionista: Neasa Hardiman
Fotografía: Ruairí O’Brien
Música: Christoffer Franzén
Intérpretes: Hermione Corfield (Siobhán), Ardalan Esmaili (Omid), Jack Hickey (Johnny), Olwen Fouéré (Ciara), Dougray Scott (Gerard), Connie Nielsen (Freya), Elie Bouakaze (Sudi), Dag Malmberg (profesor)…

Echando un somero vistazo a su argumento, Contagio en alta mar (Sea Fever, 2019) se antoja una más de las muchas películas que en los últimos años ha basado su propuesta en repetir la fórmula popularizada entre finales de los setenta y principios de los ochenta por dos títulos tan fundamentales en el cine fantástico del último medio siglo como Alien, el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979) y La cosa (The Thing, John Carpenter, 1982). Como en ambos films, la ópera prima de la hasta ahora directora televisiva Neasa Hardiman, quien también firma el guion, sigue las peripecias de un grupo de personajes enclaustrados en un espacio cerrado y aislado, en este caso la tripulación de un barco pesquero varado en alta mar, que tiene que hacer frente a una entidad parasitaria de origen desconocido y en principio invisible que va diezmándolos a medida que el tiempo y las circunstancias juegan en su contra. Y por más que sea contradecir el saber popular, lo cierto es que las apariencias no engañan. A grandes rasgos, el desarrollo de la historia repite el esquema acostumbrado y conocido en este tipo de productos. Tanto es así que incluso no faltan momentos que remiten a los dos films capitales de la corriente, singularizados por cierta escena idéntica en su planteamiento a la de la prueba de sangre de la película de Carpenter.

Sin embargo, a pesar de similitudes como las apuntadas, Contagio en alta mar dista mucho de limitarse a ser un mero remedo al uso. Significativamente, ello se debe, en gran medida, a la inclusión de una serie de variaciones en sus ingredientes principales que evitan que se convierta en más de lo mismo. Sin ir más lejos, frente al origen extraterrestre de las entidades de Alien, el octavo pasajero y La cosa, aquí se trata de un desconocido y gigantesco organismo marino tentacular surgido del fondo del abismo y, por tanto, de procedencia cien por cien terráquea. En consonancia con esta circunstancia, el protagonismo de la función recae en una joven estudiante de biología marina que, al contrario que la Ripley de la saga Alien, no lucha contra el ente parasitario cuerpo a cuerpo empleando la fuerza física, sino que aplica sus conocimientos científicos para detener única y exclusivamente la amenaza vírica provocada por la criatura sobre ella y sus compañeros de travesía sin que en ningún momento se plantee destruirla. Un cambio de paradigma que, en definitiva, propicia que el título que nos ocupa abandone los modos del cine de terror de acción para acercarse en cambio a los terrenos del thriller psicológico, a lo que contribuye el manejo de la tensión y el suspense del que hace gala la puesta en escena de su debutante realizadora, si bien su labor flojee durante el último tramo a causa de cierta precipitación en la sucesión de acontecimientos durante la resolución.

Pero, con ser una película eficaz, el interés de Contagio en alta mar no radica en su vertiente más puramente genérica. Tampoco en el estereotipado proceso de evolución que experimenta su heroína a lo largo de la narración que le permite vencer a su individualismo y sus problemas para socializar, ni en la trasnochada crítica al capitalismo personificada en el capitán del barco, quien pondrá en riesgo su vida y la de su tripulación al adentrarse en secreto en una zona prohibida reservada a la cría de ballenas detrás de un banco de peces, donde se topará con un monstruo abisal que castigará así su atrevimiento en un evidente alegato ecologista. Ni siquiera en el atractivo uso que la trama realiza de las tradiciones y supersticiones marineras. No. El verdadero interés de la película se encuentra en la forma en la que se hace eco de diferentes aspectos de nuestra actualidad, ya sea de forma consciente o inconsciente.

En el primer apartado se encuentra el tema del racismo y la estigmatización del diferente que sufrirá la heroína a causa de ser pelirroja, algo que, según parece, es síntoma de mal augurio entre los marineros, lo que provoca que una vez surjan los problemas alguno de ellos busquen en la presencia de la joven en la embarcación el origen de los males. O el drama de la inmigración y los refugiados que se deriva de la comparecencia en la tripulación de un ingeniero sirio en cometidos muy por debajo de su nivel, tal y como le llega a comentar la protagonista al conocerle y ver su trabajo, y al que los patrones del barco adeudan dinero de anteriores faenas, para más inri. En este sentido no puede olvidarse el simbolismo que adquiere el que sea este mismo personaje el que en los instantes finales acabe a la deriva en una lancha neumática haciendo señales de auxilio a un buque cercano para que le rescate, en una estampa que, ni qué decir tiene, retrotrae a la, por desgracia, coetánea situación de los inmigrantes ilegales que se aventuran en el mar en pateras y cayucos desde el norte de África para alcanzar la costa europea en busca de una vida mejor.

Ahora bien, si hay un tema que destaca de entre todas las alusiones a la coyuntura actual que desfilan durante la poco más de hora y media de metraje, esta es la extrapolación a la que puede someterse ciertos elementos de la historia a la situación en la que nos encontramos instalados a día de hoy a causa del Covid-19. Así, durante el último tercio el argumento pivota en torno a los esfuerzos de la protagonista por intentar prevenir el contagio entre sus compañeros de los parásitos que han infectado el suministro de agua del barco, mediante la realización de cuarentenas que eviten que, una vez llegados a puerto, puedan propagar una pandemia a escala mundial, a los que la mayoría de ellos se resisten. En efecto, todo de lo más familiar y cercano, pero con el plus de que la película fue filmada a finales del 2018, cuando ni siquiera el SARS-CoV-2 había sido descubierto. Y ahí está lo más inquietante y terrorífico de Contagio en alta mar; que lo que en un principio estaba concebido como una película de ciencia ficción, con el transcurrir de los meses se haya convertido en realidad pura y dura.

José Luis Salvador Estébenez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s