Posse from Hell [tv/dvd: Los justicieros del infierno]

 

Sinopsis: Un grupo de forajidos llega a una pequeña población con la intención de robar el dinero del banco local. Junto con el botín se llevan consigo a una atractiva muchacha como rehén, además de dejar tras su paso algunos cadáveres entre los lugareños. En la refriega el sheriff resulta herido y en el pueblo organizan una partida para salir tras los malhechores, al mando de la cual irá Benner Cole, un joven que acaba de llegar para convertirse en el ayudante del sheriff.

 


Título original: Posse from Hell
Año: 1961 (Estados Unidos)
Director: Herbert Coleman
Productor: Gordon Kay
Guionista: Clair Huffaker
Fotografía: Clifford Stine
Supervisión musical: Joseph Gershenson
Intérpretes: Audie Murphy (Benner Cole), John Saxon (Seymour Kern), Zohra Lampert (Helen Caldwell), Vic Morrow (Crip), Robert Keith (capitán Jeremiah Brown), Rodolfo Acosta (Johhny Caddo), Royal Dano (tío Billy), Frank Overton (Burt Hogan), James Bell (Benson), Paul Carr (Jock Wiley), Ward Ramsey ( marshal Isaac Webb), Lee Van Cleef (Leo), Ray Teal (banquero), Forrest Lewis (doctor Welles), Charles Horvath (Hash)…

John Ford concibió Tres padrinos (The Three Godfathers, 1948) como homenaje y despedida a su amigo Harry Carey, uno de los habituales secundarios del western en general y de su cine en particular. Por ello también le dio un papel de mayor envergadura de lo habitual al hijo de aquél, Harry Carey Jr. Al parecer, el susodicho no estaba a la altura de lo que el mítico director requería de él, y durante el rodaje, para presionarlo, Ford gritaba: “Aún estamos a tiempo de contratar a Audie Murphy”.

Siendo el soldado más condecorado durante la Segunda Guerra Mundial, a Audie Murphy no le faltó trabajo en Hollywood cuando volvió de la contienda[1] en una serie de películas, bélicas –of course– y, sobre todo, acompañado de su ligero acento tejano, westerns de serie B[2], donde interpretaba al héroe inquebrantable. Fueron muchos los títulos de este segundo género los que protagonizó el exsoldado, de los que irónicamente él decía: “los guiones eran siempre iguales, sólo cambiaban los caballos”. Murió joven, y de su extensa filmografía cabría destacar, entre otros trabajos de interés, La última bala (Night Passage, 1957), de James Neilson, donde compartió protagonismo nada menos que con James Stewart, aunque, eso sí, le tocó hacer de malo; o la primera adaptación en 1958 de la novela de Graham Greene El americano tranquilo (The Quiet American, 1958), a las órdenes de Joseph L. Mankiewicz. Se despidió del cine con A Time for Die [tv: Un tiempo para morir, 1969], bajo la dirección de uno de los grandes nombres del cinema bis, Bud Boetticher, con quien ya había trabajado algo más de quince años antes en The Cimarron Kid [tv: Cimarron Kid, 1952]. Abandonaba las pantallas en un momento en que las películas del Oeste que él protagonizaba habían dejado de ser rentables, los gustos del público habían cambiado radicalmente y hacían aparición los chicos del Nuevo Hollywood.

Herbert Coleman, en no pocas ocasiones director de segunda unidad de Alfred Hitchcock, debutaba en 1961 como realizador con dos largometrajes protagonizados por Murphy: el bélico Battle at Bloody Beach y el western Posse From Hell [tv/dvd: Los justicieros del infierno]. En este segundo al lado de Murphy estaba John Saxon, con quien el año anterior había coincidido en otro film del género, Los que no perdonan (The Unforgiven, 1960), alegato antirracista de John Huston, donde los nombres de estos dos intérpretes ocupaban, respectivamente, la tercera y cuarta posición en el reparto, si bien el personaje de Murphy era mucho más destacado, ya que hacía del hermano del protagonista, encarnado por Burt Lancaster, mientras que Saxon interpretaba a un indio[3] de entre los hombres contratados en Wichita.

Resulta curioso que Saxon, con una más que longeva carrera en el western, tanto en cine como principalmente en televisión, en sus muchos trabajos en Italia -en la añorada época dorada del cine de género europeo- sólo rodara una película del Oeste[4], el film de Enzo G. Castellari Llego, veo, disparo/I tre che sconvolsero il West (Vado, vedo e sparo) (1968). Se le recuerda más por su participación en dos giallos esenciales, que la crítica considera, respectivamente, el primero y el último del periodo clásico del mismo, La muchacha que sabía demasiado (La ragazza che sapeva troppo, 1963) y Tenebre (Tenebrae, 1983), firmados respectivamente por nada menos que Mario Bava y Dario Argento[5], los dos nombres capitales del thriller all’italiana. Pero sería el poliziesco el género en el que más veces reincidió en un buen puñado de títulos para algunos de sus más destacados responsables, como fueron Umberto Lenzi, Stelvio Massi, Marino Girolami o Alberto De Martino.

Posse from Hell, la cinta que aquí nos interesa, es en sí misma otra película al estilo de la media de las que rodó Murphy[6]: un western enmarcado en los presupuestos y estilemas de la Serie B: grabado en estudio, con música de archivo –Universal usó la de otras producciones de la compañía, It Came from Outer Space [tv/vd/dvd: Vinieron del espacio, 1953] y This Island Earth [tv/dvd: Regreso a la Tierra, 1955]-, donde los villanos son todos malos y pagan sus fechorías, el héroe y la chica acaban juntos, concluye con el esperado e inevitable final feliz, etc. Pero no por ello carece de interés. Al contrario, el film está lleno de ideas y sugerencias que lo hacen muy atractivo. Encontramos en él una cierta postura inconformista para con las autoridades; de este modo el personaje de Jeremiah Brown, un viejo militar retirado, es representado como un idiota e inútil con ínfulas cuyas altivas sugerencias siempre son equivocadas e incluso chapuceras, como bien le espeta siempre Benner Cole, dejándole en ridículo delante de todos. Reincidiendo en esta mirada desconfiada hacia los mandos, el mismo Cole termina haciéndose cargo de la empresa de ir tras los forajidos porque se lo pide el sheriff del pueblo, herido por los villanos, pero no lo hace por cuestión legal alguna, sino como favor a un viejo amigo, y de igual manera será muy reacio a colocarse en el pecho la estrella de latón como todos esperan.

Por su parte, el personaje al que da vida John Saxon, Seymour Kern, es un empleado de banca que se alista en la partida por insistencia de su jefe, que le obliga a ir en busca de quienes han robado el dinero de la sucursal. Kern también detesta a su superior, sentimiento que se acrecentará más aún conforme avanza la aventura y él crezca como persona al lado de Benner, siendo ambos en principio muy diferentes entre sí pero finalmente complementarios; la evolución de Kern es palpable no sólo en su forma de actuar frente a los acontecimientos, sino también en lo físico, en su modo de vestir e incluso en sus ademanes. También hay un alegato pro-indio a través del personaje de Hash, un tipo educado y capaz de sacrificarse por los demás, quien se unirá a la expedición con el propósito de demostrar que los suyos forman también parte de la comunidad -por tanto, se les exige más que a quienes no son pieles rojas-. Además, el film también trata uno de los temas tabú en los tiempos del entonces aún vigente Código Hays, la violación[7]: la muchacha secuestrada no quiere regresar a su casa por lo que vayan a pensar de ella los del pueblo al haber sido ultrajada por los cuatro bandidos[8]. La joven acabará aceptando quedarse allí donde pertenece, al igual que hará el protagonista, a quien desde un primer momento no le gustó el lugar ni sus gentes. Y Cole decide aceptar el cargo de sheriff y permanecer en dicha población por los inocentes, por la chica y por el chaval que operan de la vista y a quien él echó una mano al poco de llegar.

Destacar entre los malvados a Lee Van Cleef, no mucho antes de convertirse en uno de los más importantes rostros del western mediterráneo; y a Vic Morrow, quien, once años después de debutar ante las cámaras como uno de los gamberros de Semilla de maldad (Blackboard Jungle, 1955), seguía reincidiendo en papeles de tipo malo, aquí con una expresión igualita a la que pondrá en muchas ocasiones en el futuro su hija, la actriz Jennifer Jason Leigh.

Poco más dirigió Coleman, y el resto sería ya para el medio televisivo. Más se prodigó sin embargo en tareas de producción, a menudo para su amigo Hitchcock. Su último trabajo en estas lides fue en The Borrower [tv/vd: Mutación asesina, 1991], de John McNaughton, cinta que mezclaba ciencia ficción -con extraterrestre haciendo de las suyas en nuestro planeta- y policiaco, al estilo de Hidden: Lo oculto (The Hidden, 1987) de Jack Sholder-.

Aún en sus últimos años, Saxon recordaba la anécdota de cuando fue a buscar a Murphy a su camerino y éste abrió la puerta con una sonrisa en la cara… y su pistola en la mano.

Alfonso & Miguel Romero

[1] De la que se trajo veintiocho medallas y un trauma que le acompañaría hasta el fin de sus días. Cuentan que era incapaz de dormir sin un arma bajo la almohada.

[2] Otro de los combatientes que se labraron una larga carrera en el cine tras finalizar la guerra fue Neville Brand. Considerado el cuarto soldado más condecorado, también trabajó en no pocos westerns, pero se le recordará especialmente por encarnar gánsteres en la pantalla: fue Al Capone en la serie Los intocables (The Untouchables, 1959-1963), y lo vimos igualmente en clásicos del calibre de Con las horas contadas (D.O.A., 1949), de Rudolph Maté, o Cautivos del terror (Cry Terror!, 1958), de Andrew L. Stone. “Era una gran persona cuando no estaba borracho”, dijo de él Kirk Douglas, quien lo dirigió en Pata de palo (Scalawag, 1973). Los fans del fantástico no pueden olvidar sus incursiones en el género en títulos como Trampa mortal (Eaten Alive, 1976), de Tobe Hooper, donde el malcarado Brand era el dueño del destartalado hotel y del enorme cocodrilo que por allí pululaba, o Llegan sin avisar (Without Warning, 1980), de Greydon Clark, en la que el director contó en el reparto con un puñado de veteranos, ya que junto al aludido estaban Jack Palance, Martin Landau, Cameron Mitchell, Sue Ane Langdon o Ralph Meeker.

[3] No fueron pocas las ocasiones que John Saxon interpretó en el celuloide a diferentes razas. De este modo, en el western fue corriente verle en papeles de mexicano, como sucede en Sierra prohibida (The Appaloosa, 1966), de Sidney J. Furie, o La ciudad sin ley (Death of a Gunfighter, 1969), firmada con el seudónimo de Alan Smithee tras renegar de ella Don Siegel y terminarla Robert Totten.

[4] De hecho, no rodaría otra producción del Oeste en Italia hasta el año 1994. Sería en Jonathan degli orsi, de nuevo para Castellari en un desgraciadamente infructuoso intento por revitalizar el género en Europa tras el éxito internacional (Oscars incluidos) del Bailando con lobos (Dance with Wolves, 1990) que dirigiera y protagonizara Kevin Costner.

[5] Con Argento volvería a colaborar en 2006 en el episodio Pieles (Pelts), perteneciente a la segunda temporada de la serie de Showtime Masters of Horror (Masters of Horror, 2005-2007).

[6] Un planteamiento similar al del film que aquí tratamos lo encontraríamos pocos años después en otro de los westerns protagonizados por Murphy, Gunpoint [tv/dvd: Traición y olvido, 1966], dirigido por el catódico Earl Bellamy.

[7] Este escabroso tema había sido tratado unos años antes en otras películas de Hollywood, de las que nos viene nombrar entre las pioneras a La acusada (The Accused, 1949), dirigida por William Dieterle y protagonizada por una de las grandes estrellas de la llamada meca del cine, Loretta Young, si bien en el citado film no llegaba a consumarse el estupro.

[8] Las violaciones iban poco a poco adentrándose en las tramas del western, asomando en algunos títulos destacados, como podríamos ser El último tren de Gun Hill (Last Train from Gun Hill, 1959), de John Sturges, o Cuatro confesiones (The Outrage, 1962), de Martin Ritt -en sí un remake adaptado al género del Rashomon (Rashômon, 1950) de Akira Kurosawa-. Pero fue una vez caído el dichoso código cuando los estupros prescinden de las elipsis y se convierten en algo habitual en las películas del Oeste, siendo fundamentales en la historia, como en Caza implacable (The Hunting Party, 1972), de Don Medford, cuando no en el eje central de las mismas, caso de Grito de sangre apache (Cry Blood, Apache, 1970), de Jack Starrett, Cain’s Cutthroats [vd/dvd: El camino de Caín, 1970], de Ken Osborne, The Animals [tv/vd/dvd: Cinco hombres salvajes, 1970], de Ron Joy, o Chato el apache (Chato’s Land, 1972), de Michael Winner.

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