L’uomo del labirinto [tv: El hombre del laberinto]

 

Sinopsis: Samantha es secuestrada cuando volvía a casa. Quince años después se despierta en la cama de un hospital. Aunque está en shock, pronto comprende que lo más importante es que sigue con vida. El Doctor Green intenta guiarla por el arduo camino de recuperar su memoria. Entre los dos trazan el diseño del laberinto, una prisión subterránea aparentemente sin salida en la que “alguien” obligó a la pobre Samantha a superar extrañas pruebas y acertijos. Bruno Genko, un detective privado en sus horas más bajas, decide participar también en el caso. Aunque no le queda mucho de vida, trata de ofrecer lo mejor de sí mismo dado que piensa que éste será su último caso y siente que se lo debe a los padres de la chica.

 


Título original: L’uomo del labirinto
Año: 2019 (Italia)
Director: Donato Carrisi
Productores: Maurizio Totti, Alessandro Usai
Guionista: Donato Carrisi
Fotografía: Federico Masiero
Música: Vito Lo Re
Intérpretes: Dustin Hoffman (doctor Green), Toni Servillo (Bruno Genko), Valentina Bellè (Samantha Andretti), Vinicio Marchoni (Simon Berish), Katsiaryna Shulha (Linda), Orlando Cinque (Bauer), Filippo Dini (Delacroix)…

Donato Carrisi, guionista de televisión, es más conocido por su faceta como escritor de exitosos thrillers literarios. Su novela La ragazza nella nebbia se tradujo a veinticuatro idiomas y llegó a vender dos millones y medio de ejemplares[1]. Esto animó al autor a adaptarla a la gran pantalla, encargándose él mismo del libreto y de la dirección. La chica en la niebla (La ragazza nella nebbia/Der Nebelmann/La fille dans le brouillard, 2017), coproducción entre Italia, Alemania y Francia, fue todo un éxito de taquilla, y convenció también a la crítica, siendo su responsable galardonado con el David de Donatello al mejor realizador novel en 2018. Carrisi construyó de manera inteligente una historia criminal donde no aparecía una sola arma, no había violencia, ni tampoco un cadáver. Como él mismo decía: “el secreto de un thriller es transformar lo normal en peligroso”, o, como explicaba a sus alumnos en la película el profesor Loris Martini (Alessio Boni): “el mal es el auténtico motor de cualquier historia”. Un film, en resumidas cuentas, muy en sintonía con la denominada “generación Millennium”, a lo que además ayuda el paisaje nevado y la profunda religiosidad más cercana al protestantismo -tan caro al policiaco criminal escandinavo- de los lugareños que encontramos en la trama. La chica en la niebla se beneficiaba, además, de la presencia en su reparto de dos pesos pesados: Jean Renó, en un papel que parece en un principio más bien corto, pero que desde luego es determinante en la historia; y Toni Servillo como el inspector de policía, cubierto de sangre, que le narra al primero todo lo sucedido.

Vistos los buenos resultados, críticos y monetarios, Medusa Films confió de nuevo en nuestro protagonista para que trasladara a imágenes otro de sus bestsellers, L’uomo del labirinto, éste sobre una niña raptada, para el que el autor volvió a contar con Federico Masiero en la fotografía y con Servillo como el intérprete que encarna al encargado de dar con el culpable. ¿Nos quiere vender la misma película? Todo lo contrario. Frente a la fotografía de tonos claros, con predominio del blanco de su primera adaptación, en la que nos ocupa priman los colores fuertes, cálidos y chillones, dando unos resultados pretendidamente irreales, muchas veces oscuros y tétricos, según la psicología de los distintos personajes. Y el papel del que fuera protagonista de La gran belleza (La grande bellezza, 2013) no es el de aquel antipático y prepotente agente Vogel, que sentenciaba: “La justicia no le interesa a nadie. La gente quiere al monstruo, y yo le doy lo que quieren”. Aquí es un detective de tercera, especializado en asuntos triviales de morosos e infidelidades-“el hombre es el animal más difícil de cazar”, comenta un par de veces-, que quiere terminar sus días –enterado que le quedan dos meses de vida a causa de una infección cardíaca- resolviendo un caso que dejó a medias muchos años atrás, exorcizando de este modo los fantasmas del pasado y encontrando un final digno a una vida de mierda.

Pese a ser en esta ocasión una producción netamente italiana, el autor de El maestro de las sombras o El cazador de la oscuridad contó con siete semanas de rodaje y un presupuesto holgado que le permitió incluso contratar a una estrella de Hollywood como Dustin Hoffman[2], a quien vimos en varios capítulos de la primera temporada de la serie Los Medici: Señores de Florencia (Medici, 2016-2019), coproducida entre Italia, Reino Unido y Francia y rodada en la propia Florencia. Antes de ésta no trabajaba en el país transalpino desde El divorcio es cosa de tres (Alfredo Alfredo) de Pietro Germi, y eso fue en 1972. En la que aquí nos interesa Hoffman es el doctor Green, un perfilador, y desarrolla casi todo su papel en un mismo escenario, como hiciera Renó en la anterior cinta del director.

Entre la crítica y el fandom han ido sacando a esta segunda cinta de Carrisi parecidos, copias y guiños, a veces más forzados que otra cosa, apuntando sus dardos a conocidas cintas como la saga Saw -por los macabros y retorcidos juegos a los que el secuestrador somete a sus víctimas-; la cult-movie de este siglo Donnie Darko (Donnie Darko, 2001), de Richard Kelly, por la máscara de conejo que luce Robin Basso, el villano -algo que el autor niega; su inspiración fue, dice, es Alicia en el país de las Maravillas de Lewis Carroll-,… y muchas más, algunas de lo más descabelladas. Aunque más evidentes resultan otras como el cubo del universo de Hellraiser, o las escenas en plan cine negro con el detective Bruno Genko conduciendo por la ciudad, rodadas al estilo que Robert Rodriguez impusiera en Sin City: Ciudad del pecado (Sin City, 2005)[3]. Se han querido ver también –esta vez de forma más acertada- distintos homenajes al giallo, tanto en cuestiones temáticas y narrativas como en la ejecución de algunos asesinatos: véanse las creativas muertes por mano ajena de la prostituta amiga del detective -¿les suena de algo?-, o la de la anciana al frente del orfanato estando Genko encerrado en el sótano; o en el trauma infantil que lleva al asesino a cometer tales actos, siguiendo la estela marcada por Dario Argento –y continuada por tantos otros-.

Si su anterior trabajo podría pasar por un thriller nórdico –sobrio, frío, pausado-, en L’uomo del labirinto Carrisi se desmelena, y si bien se le va de las manos en más de una ocasión, juega con los tiempos y los espacios, y mientras unas escenas resultan realistas otras se desmarcan y parecen meternos en un mundo surrealista, lynchiano incluso, y no queda claro si lo que vemos está ocurriendo realmente o sólo en la mente de alguno de los personajes. Un buen ejemplo, cuando Genko visita al oficial Simon Berish en el registro de personas desaparecidas, lo que llaman “el limbo”, estamos ante un archivo a todas luces imposible, la pesadilla de Karl Marx; o que este citado funcionario vaya a todas partes acompañado de la hija pequeña de su compañero porque éste no aparece.

Cargada de guiños y detalles para el ojo avizor –tal vez demasiado sobredimensionada en esto para el actual espectador medio-, como ese cómic en el que el joven Robin Basso se refugió huyendo de lo que le había ocurrido -cuando lo llevaron a la zona oscura-, con el conejo con corazones rojo sangre por ojos. Una imagen que aparece por todos lados, ya desde el mismo comienzo de la película, cuando vemos un dibujo de dicho animal en los lavabos en los que el detective piensa suicidarse tras conocer su incurable enfermedad.

Carrisi de nuevo nos pega un par de giros bruscos en la parte final del metraje, demostrando que nos ha llevado de la mano por donde quería y nos ha hecho creer que se trata de una trama, cuando en realidad son dos levemente conectadas. Un par de historias que confluirán en una escena al final de la cinta -que para nada es la conclusión de éstas-, la mejor de todas, donde por fin veremos juntos a los dos titanes de la película, Servillo y Hoffman, midiendo su calidad de actores a la vez que confrontan a sus personajes.

Alabada una vez más por crítica y público en su país, donde consiguió exhibirse en salas. su carrera comercial internacional, como la de tantos otros trabajos que tenían previsto estrenarse en 2020, se vio sin embargo truncada por la pandemia del Covid 19, estrenándose en muchos países, entre ellos el nuestro, directamente en las televisiones de pago por visión –los actuales videoclubs-. Esperemos que ello no repercuta negativamente en la trayectoria profesional tras las pantallas de quien ha demostrado ser uno de los más interesantes realizadores de thrillers que hay hoy día en Italia. Pues tras ver el film, haber conseguido salir de todos esos intrincados pasadizos con ecos de Argento, Fulci o incluso Pupi Avati, y después de superar las pruebas a que hemos sido sometidos, miramos atrás y descubrimos quién es el verdadero hombre del laberinto: Donato Carrisi.

Alfonso & Miguel Romero


[1] Publicada en España por Duomo Ediciones en 2017 como La chica en la niebla.

[2] Que le pregunten a Álex de la Iglesia lo que les pedía el protagonista de Perros de paja (Straw Dogs, 1971) por una simple prueba de voz para su nunca realizada película sobre Fu Manchú.

[3] Servillo también protagonizó en 2019 la traslación de un cómic noir: 5 è il numero ferfetto/5 est le numéro parfait [tv: 5 es el número perfecto], coproducción entre Italia, Bélgica y Francia donde Igor Taveri (más conocido por Igort) adaptaba su propia novela gráfica.

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