Drácula negro

 

Sinopsis: En 1780 el príncipe africano Mamuwalde es vampirizado por el mismísimo conde Drácula. Maldito a su pesar, Mamuwalde resucita en nuestros días, vagando por las calles de Los Ángeles en busca de sangre y de su amor perdido.

 


Título original: Blacula
Año: 1972 (Estados Unidos)
Director: William Crain
Productor: Joseph T. Naar
Guionistas: Joan Torres, Raymond Koenig
Fotografía: John M. Stevens
Música: Gene Page
Intérpretes: William Marshall (Mamuwalde/Blacula), Vonetta McGee (Tina/Luva), Denise Nicholas (Michelle), Thalmus Rasulala (Gordon Thomas), Gordon Pinsent (Tt Jack Peters), Charles Macaulay (Dracula), Emily Yancy (Nancy), Lance Taylor Sr. (Swenson), Ted Harris (Bobby), Rick Metzler (Billy), Elisha Cook Jr. (Sam), Ketty Lester (Juanita), Ji-tu Cumbuka (Skillet)…

El género terrorífico repercutió en el cine afroamericano de los setenta ofreciendo variaciones muy libres de mitos básicos del género como Drácula, Frankenstein o el doctor Jekyll & Mr. Hyde y acercando temas clásicos del mismo con un claro sesgo racial, ya fueran muertos vivientes, posesiones diabólicas, monstruos mutantes, fantasmas o casas encantadas. Frente a un proxeneta escapado de la justicia en plena persecución, un camello negro de armas tomar o un detective de color impartiendo justicia de manera implacable, las calles del gueto empezaron a dar muestras de presencias tan anómalas como Blackenstein (William A. Levey, 1973), Sugar Hill [vd/dvd/bd: La venganza de los zombies, Paul Maslansky, 1974] o Abby (William Girdler, 1974). Como ya hemos indicado en otras ocasiones, los resultados no fueron muy satisfactorios salvo contadas excepciones o algún que otro delirio que sigue animando las veladas de los aficionados a las rarezas de difícil catalogación. Con todo, el conjunto de estas obras definen una época donde se aplicó al color de la sangre un tinte social, incluso político, sin esconder sus claras tendencias mercantiles.

Drácula Negro (Blacula, William Crain, 1972) apareció en un momento de ebullición dialéctica entre los sectores más comprometidos de la sociedad afroamericana. Películas como Sweet Sweetback Baadassss Song (Melvin Van Peebles, 1971) y Superfly (Superfly, Gordon Parks Jr, 1972) fueron colocadas en el punto de mira por la imagen negativa que se daba en ellas de la población negra, generando e induciendo problemas a nivel público. Si bien el debate podría tener sus claras connotaciones oportunistas, resulta evidente que era necesaria la aparición de alguna obra que desviara la atención de ese ambiente crítico que había ido floreciendo. La historia de un vampiro negro enamorado y condenado ayudó a ello, aportando una variante a los habituales thrillers que definieron los primeros años de la denominada blaxploitation, aparte de consolidar la actualmente discutida etiqueta.

Entrando en la materia que nos ocupa, Blacula mantiene las pautas clásicas del vampirismo cinematográfico con pequeñas innovaciones. Nos encontramos con uno de los primeros vampiros románticos del cine moderno cuya condición racial le imprime un insólito aspecto reivindicativo. Como recordaba el actor William Marshall[i], este elemento fue una contribución completamente suya, ausente en el guion original y que no interesaba a los productores del film. De esa manera la vinculación africana del protagonista y la nada velada cita a la esclavitud cobran un sentido especial en la secuencia inicial cuando Mamuwalde y su compañera Luva son atacados por un supremacista Dracula y su cubil de criaturas nocturnas. Un príncipe africano brutalmente agredido por un salvaje vampiro blanco que le transmite su decadente maldición eterna adquiría una lectura simbólica para la población afroamericana del momento.

Lo que seguía era un nuevo intento de actualizar la imagen del vampiro en un contexto contemporáneo. Blacula es revivido por la imprudencia de dos anticuarios gays (sic) y empieza a disfrutar de la noche angelina frecuentando clubs nocturnos con capa demodé  al ritmo ambiental de los impresionantes The Hues Corporation, cuyas apariciones animan a la par que entorpecen el tono narrativo de la propuesta. En una de sus primeras incursiones tiene un encuentro fortuito con la supuesta reencarnación de su amada Luva y el que será su posterior antagonista, el doctor Gordon Thomas, acompañado de su pareja Michelle. El vampiro cometerá una serie de crímenes con la pretensión de ocultar su verdadera identidad que serán investigados de manera infructuosa por la policía. Las fuerzas del orden, en su mayoría caucásicas, asediaran tanto a nuestro chupador nocturno (todos los policías a los que se enfrenta son blancos) como a su legión de seguidores, y Blacula perecerá en un inesperado acto suicida enfrentado a la luz solar dado que el  previsible love-never-dies no tiene el efecto deseado.

La interpretación del actor William Marshall resulta estimable, aportando la elegancia y compostura necesaria al rol, si bien el personaje central se humaniza en exceso, convirtiéndole en un antihéroe dentro de una sociedad que no puede admitir su existencia[ii]. En ocasiones su presencia parece fuera de lugar, como si el actor visitase el set de una película que no le corresponde. Este detalle provoca momentos francamente divertidos, amen de ocasionales apuntes netamente delirantes[iii].

Destaquemos algunos momentos puntuales como los diversos ataques de los vampiros: concretamente el asalto a Nancy en su casa mientras revela las fotografías, precedido de un inquietante plano donde se ilumina la luz del pasillo sin mostrar al intruso, y el de Juanita al encargado de la morgue, donde se explicita toda la agresividad gracias al contrastado montaje. Cuando esta última es acorralada por Gordon Thomas y el teniente Peters, sus alaridos animalescos provocan una perversa e involuntaria sugerencia de índole racista. No podemos olvidar el enfrentamiento de los cazavampiros contra las legiones de la noche en un inhóspito almacén, la histeria final provocada por la presencia física del upiro  y el citado suicidio del protagonista en el clímax de la película. En otro orden se encuentran  sus excelentes títulos de crédito a cargo de Sandy Dvore y la banda sonora de Gene Page, donde destacan los temas cantados por The Hues Corporation (There he is again, I´m gonna get you y What the World knows).

La película fue dirigida por William Crain[iv] y acompañando a Marshall nos encontramos a Voneta Mcgee, Thalmus Rasurala (ambos habituales del cine blaxploitation), Charles Macaulay y el entrañable Elisha Cook Jr. A pesar de las dudas iniciales de la AIP, Drácula negro funcionó comercialmente muy bien e, incluso, ganó el premio a la mejor película de terror otorgado por la Academia de Films de Horror, Fantasía y SF (un dato que ahora nos puede sorprender). Se abría así una nueva vía dedicada al cine de terror para público de color imitada por muchas producciones. incluida una secuela de Blacula que no rindió en taquilla de la manera deseada.

Fernando Rodríguez Tapia


[i] Walker David, Rausch Andrew J., Watson Chris: Reflections on Blaxploitation. Actors and Directors speak. The Scarecrow Press inc. 2009. Pg. 121

[ii] Posiblemente este aspecto entraría en los cambios sugeridos por Marshall a los productores.

[iii] Las apariciones de Skillet indicando repetidamente en referencia a Blacula: “Este tipo es muy raro…” y la huida repentina de Mamuwalde ante su presencia otorgan un sentido del humor disparatado y fuera de lugar o cierta autoconsciencia ante el despropósito de la propia trama.

[iv] Cineasta afroamericano nacido en 1949 en Columbus (Ohio), su filmografía se nutre esencialmente de trabajos televisivos salvo el film reseñado y el posterior Dr. Black, Mr. Hyde (1976), otro curioso y destacable acercamiento al cine de terror con connotaciones raciales.

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