Joe Kidd

 

Sinopsis: Joe Kidd es detenido y tras ser juzgado entra en el tribunal Luis Chama, quien pretende que los norteamericanos devuelvan a los suyos las tierras que legítimamente les corresponde. Tras un enfrentamiento, Chama escapa, y días después aparece en el lugar Frank Harlan junto a su séquito, quien intentará acabar con el mexicano y con lo que este representa.

 


Título original: Joe Kidd
Año: 1972 (Estados Unidos)
Director: John Sturges
Productor: Sidney Beckerman
Guionista: Elmore Leonard
Fotografía: Bruce Surtees
Música: Lalo Schifrin
Intérpretes: Clint Eastwood (Joe Kidd), Robert Duvall (Frank Harlan), John Saxon (Luis Chama), Don Stroud (Lamarr), Stella Garcia (Helen Sanchez), James Wainwright (Mingo), Paul Koslo (Roy), Gregory Walcott (Mitchell), Dick Van Patten (encargado del hotel), Lynne Marta (Elma), John Carter (juez), Pepe Hern (sacerdote), Joaquín Martínez (Manolo), Ron Soble (Ramón), Pepe Callahan (Naco), Clint Ritchie, Gil Barreto, Ed Deemer, Maria Val, Chuck Hayward, Michael R. Horst, Fred McDougall…

John Sturges (1910–1992), dentro del eclecticismo que representa su carrera, fue un hombre importante dentro del género del wéstern. Comenzó en este dentro de los terrenos de la serie B ―The Walking Hills [tv: Mares de arena, 1949], Fort Bravo (Escape from Fort Bravo, 1953)…―, se sumó a la corriente psicológica del mismo ―Duelo de titanes (Gunfight at the O.K. Corral, 1957), Desafío en la ciudad muerta (The Law and Jake Wade, 1958), El último tren de Gun Hill (Last Train from Gun Hill, 1959)…― y fue uno de los fundadores del macrowéstern con la emblemática Los siete magníficos (The Magnificent Seven, 1960). Clint Eastwood, productor y estrella[1] de Joe Kidd (Joe Kidd, 1972) era consciente de lo que Sturges representaba cuando lo contrató para dirigir la presente película, y es posible que uno de los motivos para ello fuera que ya había tocado la temática del pueblo mexicano oprimido con Los siete magníficos.

El guion, titulado originalmente The Sinola Courthouse Raid, está inspirado en un personaje real, Reies López Tijerina (1926-2015), un ferviente partidario de Robert F. Kennedy, conocido por asaltar un juzgado en Tierra Amarilla, Nuevo México, en un incidente en junio de 1967, donde tomó rehenes y exigió que el pueblo hispano recuperase sus tierras ancestrales. Escrito originalmente para la pantalla por el novelista Elmore Leonard, podría considerarse el film como una puesta al día de las antiguas películas de Budd Boetticher para Randolph Scott. El guion de Leonard, no por casualidad autor de la novela  que diera origen a la excepcional The Tall T [tv/dvd/bd: Los cautivos, 1957], presenta ciertos puntos de contacto entre el referido ciclo y, en particular, la citada: Randolph Scott no hubiera cometido los actos que llevan a Joe Kidd inicialmente a la cárcel, pero sí casaría muy bien con todos los eventos que después protagoniza. El personaje de Frank Harlan (al que da vida con su rotundidad habitual Robert Duvall) vendría a ser una especie de versión más “refinada” del Frank Usher (Richard Boone) del film de Boetticher, rodeado además de una serie de curiosos acólitos muy típicos de esta y otras muestras del grupo de películas de Boetticher.

Muy distintos personajes se cruzan a lo largo de la historia, y todos parecen manifestar aristas que nublan sus objetivos. Luis Chama lucha por motivos nobles, recuperar las tierras que las leyes norteamericanas han usurpado a sus legítimos propietarios, pero no siempre utiliza medios honestos ―roba algunos caballos de Kidd y mata al resto para que no puedan ser utilizados― y muchas veces se parapeta en su gente para huir de las responsabilidades ―en el guion original Chama era un personaje de perfil más heroico, pero Clint Eastwood lo varió para resaltar a Joe Kidd[2]―. No obstante, el rol de Eastwood tampoco es el héroe deslumbrante que podría parecer, pese a solventar toda la situación. Es un hombre egoísta y que solo se rige por su beneficio propio, representando de tal manera el clásico individualismo norteamericano; al inicio del film se ve que se conduce del modo que a él le parece, sin importarle los demás, y participará en la “caza” de Chama cuando ello le afecte personalmente, si bien cuando comprueba la falta de escrúpulos de Harlan y sus hombres tomará partido.

En todo caso, el malo de la película no es el mexicano perseguido por la ley, sino el mencionado Harlan, aquel que representa la justicia o, mejor dicho, un modo muy particular de utilizar la justicia en beneficio propio. El cazador no se ve impulsado por un motivo noble, sino que simplemente quiere deshacerse de Chama porque él es propietario de algunas de esas tierras que el mexicano reclama, y por tanto se ve impelido únicamente por su avaricia. Rodeado de un séquito de ayudantes, estos matan sin el menor escrúpulo sin necesidad real de ello, ante la mirada despreocupada de su jefe.

John Sturges y Clint Eastwood durante una pausa del rodaje de “Joe Kidd”

Poco a poco, pues, Joe Kidd, cínico, chulesco y despreocupado, irá implicándose en la lucha a favor de los más débiles. Clint Eastwood, como se ha referido, es productor de la película a través de su compañía Malpaso. Aquí tomó buena nota del estilo narrativo empleado por Sturges en este film ―aunque la relación entre ambos no fue muy boyante en el transcurso del rodaje―, en la que sería la última vez que en esa etapa de su carrera se viera dirigido en un wéstern: después fue él mismo quien se pondría detrás de la cámara, utilizando los conocimientos adquiridos de Sturges y, en especial, Sergio Leone y Don Siegel. El clímax final enfrenta a Harlan contra Kidd, y de un modo muy simbólico acontece dentro del juzgado: Kidd se ubica en la silla del juez y administra justicia del modo que le parece, ejecutando al perro rabioso con el cual se ha debido enfrentar del único modo que conoce.

Pese a ser un wéstern de serie A, su concisión narrativa y brevedad (84 minutos) remite a los antiguos clásicos de la serie B, y todo evoluciona de un modo rápido y enérgico. Los actores ―que lucen una tipología muy setentera― resultan excelentes, en especial el trío protagonista; añadamos a Lynne Marta como la amante de Harlan, con la cual Kidd tiene un breve flirteo, y que dispone del físico típico de las féminas del cine de Eastwood, un estupendo Don Stroud como uno de los acólitos, o Paul Koslo como otro de los compinches, y que muestra un parecido físico sorprendente con Heath Ledger.

En cuanto a John Saxon, encargado de dar vida a Chama, ya había debutado en el wéstern con el excelente Los que no perdonan (The Unforgiven, John Huston, 1960), y lo abordaría en más ocasiones antes de la presente. Gracias a sus rasgos exóticos originados por sus orígenes italianos ―su nombre auténtico era Carmine Orrico― interpretó en muchas ocasiones personajes raciales, y aquí, provisto de un adecuado mostacho, confiere un mexicano convincente, siempre dentro de los estereotipos de Hollywood. Es un personaje que bascula entre la honestidad y la cobardía, y el personaje pierde un poco de dimensión debido a su dudosa óptica originada por los cambios de guion. Después de Joe Kidd, precisamente, John Saxon volvería al cine italiano, que en cierto modo lo adoptaría, con el film sobre la Mafia El besamanos (Baciamo le mani, Vittorio Schiraldi, 1973), y a continuación acogería su mítica condición de artista marcial con la esencial Operación Dragón (Enter the Dragon, Robert Clouse, 1973).

Carlos Díaz Maroto


[1] Antes de protagonizarla él, para el rol de Joe Kidd fueron considerados Charles Bronson, Steve McQueen y Robert Mitchum.

[2] En un encuentro con NOSOTROS, una organización latinoamericana que se opone a los estereotipos, John Saxon se disculpó públicamente por interpretar a un personaje tan dudoso.

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